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Enseñanza de técnicas de documentación y escritura académica

Una queja eterna del profesorado universitario es que sus estudiantes no saben escribir. La falta de competencias para la escritura de textos académicos por parte de nuestros estudiantes es un problema al que nos enfrentamos cuando, acabado el grado, se tienen que enfrentar a la prueba final: el Trabajo Fin de Grado. Entonces, en unos pocos meses, tienen que escribir un monográfico poniendo en marcha habilidades y procedimientos que, en algunas ocasiones, nunca han puesto en práctica.

Es por ello que convierto mis asignaturas en lo que viene a llamarse «materias de escritura intensiva». En este post, voy a explicar una de las actividades que llevo a cabo con mis estudiantes de 2º de Trabajo Social. Esta actividad forma parte de la evaluación continua de la asignatura y consiste en elaborar un trabajo sobre un tema relacionado con la Psicología Evolutiva, que es la asignatura que imparto.

En esta actividad, intento evitar que la elaboración de este trabajo se convierta en un corta-pega de múltiples fuentes de dudosa calidad, sin coherencia y sin ningún significado para el estudiante, más allá de recibir una calificación para aprobar la asignatura. A continuación, comparto el enunciado que recibieron los estudiantes, que, como podréis comprobar, se divide en tres partes: proceso de elección del tema y documentación, primer borrador y texto definitivo

PROCESO DE ELECCIÓN DEL TEMA Y DOCUMENTACIÓN

Este trabajo tiene varias fases. En las primeras fases, de documentación, debéis participar en el foro on-line para ser guiados por la profesora. Esta fase consiste en buscar al menos tres estudios de investigación (NO artículos teóricos, libros, tesis, TFGs, etc) publicados en una revista científica a partir de 2016 sobre alguno de los siguientes temas: 

– Influencia del nivel sociocultural en el desarrollo cognitivo

– Procesos de acogida y fomento del establecimiento del vínculo de apego

– Diferencias en el desarrollo en distintas culturas

– Adolescencia en distintas culturas

– Prácticas de crianza y maternaje en distintas culturas

– La vejez en el ámbito rural y el urbano

– Influencia de la pandemia en el desarrollo (puede ser en cualquier edad)

Una vez elegido el tema, se debe participar en el foro de moodle para compartir por qué se ha elegido ese tema y qué palabras clave se van a usar para buscar los 3 artículos en google académico. Cuando yo os de el visto bueno, podéis hacer la búsqueda y seleccionar los tres artículos.

Una vez seleccionados los artículos, debéis mandar otro mensaje al foro citando los mismos en formato APA (dejo vínculo en el aula virtual para que sepáis las características de este formato).

Estos dos mensajes en el foro constituirán en 20% de la calificación del trabajo individual y deben ser enviados antes del 9 de noviembre. 

PRIMER BORRADOR

Posteriormente, debéis redactar un trabajo escrito basado en los artículos de investigación encontrados. Este trabajo consistirá en desarrollar un texto sobre el tema que habéis elegido, usando la información de las investigaciones que habéis revisado. 

En cuanto al trabajo escrito, se valorará la construcción de argumentos de calidad basados en los artículos encontrados y la capacidad de pensamiento crítico. El plagio supondrá un suspenso automático. No se puede entregar un trabajo que consista en el resumen de los artículos. El trabajo tiene que tener un argumento sobre el tema escogido. Se entregará un primer borrador del trabajo el día 25 de noviembre. La longitud máxima será de 1500 palabras (formato times new Roman 12, interlineado doble), sin contar con las referencias bibliográficas . No poned portada, solo título. Este primer borrador supondrá el 40% de la nota total. 

TEXTO DEFINITIVO

La profesora enviará el borrador revisado antes del 9 de diciembre. Los estudiantes enviarán el texto definitivo de su trabajo el 21 de diciembre. Este texto definitivo supondrá el 40% de la calificación total del trabajo. 

MATERIAL ADICIONAL

Los estudiantes contaban también con la siguiente imagen interactiva de Genial.ly que les guiaba en la estructura que podría tener su texto.

En la siguiente entrada, publico uno de los mejores textos que fueron producidos siguiendo este procedimiento.

Hiperparentalidad y padres helicóptero: la psicologización de fenómenos sociales

 

A finales de los 90 se comenzó a hablar, principalmente en EE.UU., de padres helicóptero. Fueron los periodistas los que acuñaron este término, que, más adelante, pasó al entorno académico con el nombre, más moderado, de hiperparentalidad. Según los reporteros, distintas universidades habían alertado sobre las nuevas prácticas de las madres y padres de sus estudiantes, incluso de los ya graduados. Madres y padres que supervisaban con cuidado el proceso de emancipación de sus hijos e hijas en el primer año de universidad, seleccionando su lugar de residencia y pidiendo información precisa sobre las condiciones de su estancia. Padres y madres que solicitaban audiencia con el profesorado para informarse de los criterios de evaluación y revisar exámenes suspensos de sus hijas e hijos e, incluso, padres que acudían a las entrevistas de trabajo de sus hijos e hijas recién graduadas.

No tenemos una cifra  de las familias que adoptan este supuesto constructo de parentalidad. Dada la cantidad de artículos periodísticos que encontramos sobre el tema en los primeros años del milenio, principalmente en el mundo anglosajón, pareciera ser que es un fenómeno multitudinario. Sin embargo, no he logrado encontrar un solo artículo de investigación en el que se de una cifra de prevalencia de estos fenómenos. A partir de la primera década de nuestro siglo han ido apareciendo investigaciones correlacionales, llevadas a cabo principalmente en EE.UU., en las que se busca (y se encuentra) la relación entre la hiperparentalidad (medida con un cuestionario que cumplimentan los padres y/o los hijos) y distintos constructos psicológicos como la ansiedad y el arrepentimiento por parte de los padres, y el narcisismo y la falta de estrategias eficaces de afrontamiento por parte de las hijas e hijos (Segrin y cols., 2013)

No hace falta decir que el método correlacional no demuestra ningún tipo de causalidad. El hecho de que las familias que puntúen más alto en un cuestionario en el que se les preguntan cosas como “hago sugerencias a mi hijo/a para ayudarle a conseguir las cosas”, “Hago lo que puedo para evitar a mi hijo/a situaciones difíciles” o “Dejo que mi hijo/a adopte responsabilidades personales relacionadas con su felicidad o su vida”, también puntúen más alto en medidas de ansiedad y de arrepentimiento y sus hijos puntúen menos en un cuestionario sobre estrategias de afrontamiento no significa que las conductas de los padres sean la causa de las características de los hijos/as o que la causa de las conductas paternas sean procesos de arrepentimiento sobre cómo han tratado a sus hijos e hijas en el pasado que les llevan a estados de ansiedad que, a su vez, les impulsan a sobreproteges a su descendencia. Podría suceder, perfectamente, al contrario: niños y niñas que desarrollan pocas habilidades de afrontamiento o que tienen determinadas características personales producen ansiedad en los padres y madres, cierto arrepentimiento y eso les conduce a desarrollar conductas hiperparentales.

Por otra parte, estas investigaciones no nos dicen nada de los contextos en los que se producen estos supuestos episodios de hiperparentalidad y la forma en que estos episodios son interpretados por los protagonistas y por los demás agentes implicados en los mismos. La forma en que este fenómeno empieza a cobrar cuerpo socialmente es a partir de las quejas de los responsables de los campus universitarios anglosajones, que informan de que, en cada vez más ocasiones, tienen que dar explicaciones a las familias sobre el bienestar de sus hijos e hijas y los procesos de calificación y revisión de exámenes. A este respecto, es interesante el artículo de la periodista canadiense Adriana Barton (2010), quien señala la existencia de una presión social creciente para que las familias protejan y vigilen a sus hijos e hijas desde pequeños y la cada vez mayor demanda para entrar en la universidad, lo que hace necesario prácticamente un programa de entrenamiento académico desde primaria. Barton señala:

“Las escuelas se quejan de los padres que llaman continuamente a los profesores, incluso cuando estos profesores piden niveles de implicación parental sin precedentes. Los deberes comienzan en la educación infantil. Luego llegan los proyectos de ciencias, los informes para aumentar los fondos para las escuelas y los viajes al campo que confían en que los padres se ofrecerán como choferes voluntarios.  Antes, era suficiente con tener buenas calificaciones para que un estudiante de bachillerato pudiese acceder a una buena universidad. Ahora, los responsables de las admisiones favorecen a los candidatos que están enrolados en gran cantidad de actividades extracurriculares que requieren más tiempo y dinero de las familias. La dificultad para entrar en la universidad no está solo en las cabezas bien educadas de los padres. Hay un número récord de bachilleres- 3,2 millones -graduados en los EE. UU. el último año, y las solicitudes en la universidad han alcanzado cifras récord también en Canadá, EE. UU. y U.K. Para que tus hijos entren en una buena universidad – dice el Dr. Nelson- tienes que trabajar con ellos desde una edad muy temprana.”

Desde este punto de vista, los estudios que he encontrado sobre hiperparentalidad carecen de lo que Bonfenbrenner (1988) aludiría como un análisis del proceso que da lugar a este tipo de conductas parentales y la forma en que estas afectan al desarrollo de las hijas e hijos. Como podemos comprobar, leyendo el extracto del artículo de Barton, la hiperparentalidad no es algo que se produzca en un vacío social. Deberíamos analizar los procesos que se dan en los múltiples sistemas que influyen en el desarrollo de la persona, desde los contextos más próximos en los que participa directamente (el contexto familiar y los centros educativos), las relaciones entre estos contextos, los contextos en los que no participa pero que influyen en su desarrollo (el trabajo de los padres, por ejemplo) así como los entornos culturales en los que se desarrolla y marcan patrones de comportamiento definidos, como la clase social o el grupo cultural de pertenencia. Por último, el momento histórico en el que se transita también impone unas condiciones de desarrollo concretas que no pueden ser pasadas por alto. No podemos estar atribuyendo conductas hiperparentales, de las que no tenemos siquiera una cifra de prevalencia, a las características internas y psicológicas de los padres y las madres, sin analizar todos los condicionamientos históricos, sociales y contextuales que pueden estar incidiendo en su supuesta aparición.

En muchos de los artículos periodísticos a los que he podido acceder, se atribuyen estas formas de hiperparentalidad a los “babyboomers”, como un supuesto resultado de un rechazo a la forma en que ellos y ellas fueron criados, con cierto desapego y desatención, lo que podría haber producido un efecto contrario en sus prácticas de crianza. De nuevo, no encuentro ningún dato empírico que avale esta hipótesis. Sí considero, sin embargo, que esta psicologización de problemas sociales traslada la culpa al terreno individual y, de esta forma, las soluciones propuestas son solo personales e individuales. De esta manera, sale mucho más barato el cambio social, un cambio que, por alguna razón, y dado el impresionante boom de artículos y libros sobre este tema en nuestro país, debe interesar que se produzca.

El hecho de que el fenómeno de la hiperparentalidad y los llamados “padres helicóptero” haya surgido fundamentalmente de manos de periodistas que, de repente, se han erigido en expertos en Psicología del Desarrollo, da mucho que pensar. ¿Por qué ese empeño en rebajar las conductas de cuidado de las madres y padres hacia sus hijos/as, cuando el gran problema de nuestra sociedad es, en todo caso, la desatención a la infancia? ¿Por qué molestan tanto los padres y las madres ocupándose de sus hijos e hijas, y se les ridiculiza constantemente aludiendo a ejemplos extremos que, quizás, sucedieron alguna vez en algún lugar? Lo que está claro es que, de alguna forma, el celo en el cuidado y supervisión de los hijos e hijas está convirtiéndose en un estorbo.

En conclusión, podemos decir que no hay datos empíricos sobre un aumento exacerbado y no motivado de conductas de hiperparentalidad, ya sea en los países anglosajones o en nuestro país. Tampoco existen análisis serios de por qué y en qué contextos surgen los conflictos supuestamente motivados por estas conductas de hiperparentalidad. Sería sumamente interesante un análisis de estos conflictos y de las percepciones que tienen de los mismos todos los agentes implicados. Pero, de momento, lo único que tenemos son cientos de artículos periodísticos haciendo afirmaciones contundentes sobre las malas prácticas familiares. ¿Podemos llamar a esto “pseudociencia”?

Referencias bibliográficas

Bronfenbrenner, U. (1988). Interacting systems in human development. Research paradigms: Present and future. Persons in context: Developmental processes, 2, 25-49.

Segrin, C., Woszidlo, A., Givertz, M., & Montgomery, N. (2013). Parent and child traits associated with overparenting. Journal of Social and Clinical Psychology32(6), 569-595

Estudios sobre hiperparentalidad 

Darlow, V., Norvilitis, J. M., & Schuetze, P. (2017). The relationship between helicopter parenting and adjustment to college. Journal of Child and Family Studies26(8), 2291-2298.

LeMoyne, T., & Buchanan, T. (2011). Does “hovering” matter? Helicopter parenting and its effect on well-being. Sociological Spectrum31(4), 399-418

Padilla-Walker, L. M., & Nelson, L. J. (2012). Black hawk down?: Establishing helicopter parenting as a distinct construct from other forms of parental control during emerging adulthood. Journal of adolescence35(5), 1177-1190

Rousseau, S., & Scharf, M. (2015). “I will guide you” The indirect link between overparenting and young adults׳ adjustment. Psychiatry research228(3), 826-834.

Scharf, M., Rousseau, S., & Bsoul, S. (2017). Overparenting and young adults’ interpersonal sensitivity: Cultural and parental gender-related diversity. Journal of Child and Family Studies26(5), 1356-1364.

Schiffrin, H. H., Liss, M., Miles-McLean, H., Geary, K. A., Erchull, M. J., & Tashner, T. (2014). Helping or hovering? The effects of helicopter parenting on college students’ well-being. Journal of Child and Family Studies23(3), 548-557

Segrin, C., Givertz, M., Swaitkowski, P., & Montgomery, N. (2015). Overparenting is associated with child problems and a critical family environment. Journal of Child and Family Studies24(2), 470-479.

Segrin, C., Woszidlo, A., Givertz, M., Bauer, A., & Taylor Murphy, M. (2012). The association between overparenting, parent‐child communication, and entitlement and adaptive traits in adult children. Family Relations61(2), 237-252

 

 

 

Conceptos pseudocientíficos sobre desarrollo y educación

Ahora que está de moda eso del escepticismo, no está de más hacer notar que la Psicologia lleva más de un siglo planteandose como una disciplina científica. Desde aquél empeño del conductismo por generar una ciencia de la conducta y los empeños de la Psicología Diferenciar por medir los distintos constructos psicológicos, pasando por los diseños experimentales de la Ciencia Cognitiva en todas las ramas de la psicología, podemos decir que hay un empeño (no sin objeciones filosóficas) de aplicar el método de las Ciencias Naturales al estudio de la mente humana y su desarrollo.

Sin embargo, la difusión del conocimiento generado por la psicología a partir de estudios científicos es escasa. Este conocimiento especializado es sustituido por los conceptos pseudocientíficos que se divulgan en periódicos y blogs por doquier. Una de las ramas más castigadas es la Psicología del Desarrollo: cada día podemos encontrar un artículo de divulgación escrito por personas no especialistas que afirman la existencia de fenómenos evolutivos de dudosa entidad científica. Este es el caso, por ejemplo, del la famosa Hiperparentalidad de Eva Millet, periodista; de las supuestas crisis de los x años que aparecen de manera regular en distintas publicaciones; el concepto de familias tóxicas y un largo etcétera. Sin embargo, la gente conoce poco o nada conceptos procedentes de verdaderas teorías psicológicas, como el concepto de Zona de Desarrollo Próximo de Vygotsky, el de Formatos de Interacción de Brunner, el de Prácticas Guiadas de Rogoff, etcétera.

Abro esta sección para hablar de pseudociencia en Psicología del Desarrollo y la Educación y tratar de desentrañar las múltiples patrañas que se difunden hoy en día para adoctrinar a las familias sobre la educación que deben proporcionar a sus hijas e hijos. Considero que es una responsabilidad de los y las profesionales de la psicología dar información veraz y contrastada sobre los procesos de desarrollo y sobre buenas prácticas en crianza y educación.

Políticas sociales y estilos de parentalidad

Decía el famoso Doctor Spock a los que le acusaban de haber abandonado la pediatría que no era así, que hasta los 60 años no se había dado cuenta hasta qué punto la política forma parte de ella. Spock se hizo popular cuando escribió un libro que suplió la falta de tribu y de seguros sociales de las familias estadounidenses y la dotó de consejos directos y de seguridad en la crianza de sus bebés. En 1946 publicó su popular libro «Tu hijo«, en inglés, «The common sense book of baby and child care«, traducido a 30 idiomas y que vendió más de 50 millones de ejemplares. Podemos decir que este es el origen de los influencers de la crianza infantil.

Dr. Benjamin Spock y su nieta

Los preceptos de crianza en los que se basaba la obra de Spock era la confianza en las propias capacidades de las madres y los padres para solucionar los problemas que surgían en el día a día de la crianza y la educación con sus hijas/os. Además, frente a la rigidez de costumbres que dominaba épocas anteriores, abogó por una relajación en las prácticas en cuanto a horarios y disciplina y animó a las familias a ver a sus hijos e hijas como individuos y educarles con respeto y cariño.

Años después, cuando en los años 60 participó en movilizaciones y acciones contra la guerra del Vietnam, fue acusado por distintos políticos conservadores estadounidenses, como por ejemplo Spiro Agnew, de haber criado una generación indisciplinada, educada en la tolerancia y el desprecio de las tradiciones y las normas. La generación hippie había crecido educada según los consejos del Doctor Spock y llegaba pidiendo libertad y resistiéndose a participar en los juegos de dominación imperialista.

Desde aquel entonces, la sociedad occidental sabe que las líneas maestras que se ofrezcan a las familias para educar a sus vástagos son de suma importancia para conformar las características de las nuevas generaciones. En nuestro país, tuvimos nuestro propio Doctor Spock, salvando las diferencias, con la publicación del libro Bésame mucho, de Carlos González, en el año 2003. Este libro se convirtió en el estandarte de los  grupos de apoyo a la lactancia materna y supuso el surgimiento de movimientos de crianza basados en el respeto de las criaturas en todos los aspectos de su desarrollo (la crianza natural, con apego, respetuosa, etc.) La némesis del Bésame mucho era (y sigue siendo) el Duérmete, niño, de Eduard Estivill y Sylvia Bejar, en el que se ofrece a las familias un método conductista de adiestramiento del sueño, ya expuesto en los años 60 por Richard Ferber. Durante casi dos décadas hemos sido testigos de enconados enfrentamientos entre las seguidoras (fundamentalmente mujeres) de estas dos filosofías de crianza, enfrentamientos que no son exclusivos del estado español y que se han venido a llamar comúnmente «guerra de las madres«.

Carlos González, autor de Besame Mucho

En la actualidad, existe una presión mediática impresionante para marcar estas líneas conductoras de la crianza desde diversos sectores de la sociedad. No hay día que los periódicos de tirada nacional no publiquen artículos dirigidos a decir a las familias lo que hacen mal en la educación y crianza de sus hijos e hijas y cómo lo deberían hacer. Ya no son solo médicos, psicólogos y pedagogos los que se lanzan a dar consejos y pautas para la crianza adecuada de los bebés y la educación infantil: ahora son los propios periodistas los que se animan a tomar las riendas. Este es el caso de Eva Millet, que ha publicado recientemente dos libros de gran repercusión: Hiperpaternidad, dedicado a poner su acento en lo que, desde su punto de vista, es un celo excesivo de las familias actuales en la crianza de sus hijos e hijas, y el de Hiperniños: ¿Hijos perfectos o hipohijos?

Parece que la tendencia en la época actual es totalmente diferente a la que surgió con los libros del Dr. Spock. El nuevo milenio ha comenzado con la idea de que las nuevas generaciones son blandas y están demasiado cuidadas por sus padres, a los que se aplican apelativos como padres helicóptero, madres malvavisco, madres tigre, etc. Aunque estos distintos términos aluden a distintas casuísticas, en el fondo se basan en los mismos preceptos: las familias cuidan demasiado de sus hijos, no les dejan autonomía, les agobian para que sean los mejores, eliminan todos los obstáculos de su camino para evitar su frustración, dando lugar a una generación de niñas y niños mimados, poco autónomos, sin empatía y narcisistas. 

Lo cierto es que esta presión sobre las familias conduce a una falta de confianza en el propio criterio para educar y a una externalización de la moral que infantiliza a la familia, más que dotarla de recursos para abordar las dificultades y los retos que surgen día a día en las tareas de crianza. El dar fórmulas generalistas para enfrentarse a la tarea de ser madres y padres  no es de gran ayuda, ya que se trata de una labor afectada por miles de variables, contextos que se influyen unos a otros, motivaciones individuales y circunstancias sociales y económicas que escapan de nuestras manos. Además, cada familia es libre de elegir la forma en que quiere educar a sus hijas e hijos, ya sea para que se conviertan en personas inconformistas y revolucionarias o en personas conservadoras de las tradiciones patrias.  Desde los ámbitos profesionales, es nuestra obligación dotar a las familias de recursos que les puedan ser útiles en determinadas circunstancias, sin que esto suponga un adoctrinamiento sobre la cantidad de autoridad y disciplina que deben imponer en sus prácticas y sin perder de vista lo que la investigación sobre el desarrollo humano nos dice sobre las necesidades de los seres humanos. La responsabilidad de que las generaciones que nos siguen sean sanas física y psicológicamente y  respetuosas con los valores democráticos es de todos los estamentos sociales y debemos desarrollar maneras efectivas para formar a los que educan, más allá de la propaganda mediática.