Gitanos forzados

No son pocos los hombres de esta etnia que pasen por el establecimiento, acusados genéricamente de “ladrones” pero de hecho sin haber cometido otro delito que el ser “vagabundos y mal entretenidos“, o simplemente por “andar en traje de gitano y hablar en lengua jerinzonza“, cosa por otra parte habitual en otros ámbitos penales de la época.

Como la disposición de enviar reos no era restrictiva, el alcalde mayor de Baeza sentenció a seis años en las minas de Almadén a cuatro gitanos y a otros dos gitanillos de 15 y 8 años respectivamente, por el tiempo que estimase el superintendente.

El gitanillo de 8 años fue excluido del servicio de las minas “lo uno principalmente, por no ser capaz de haber cometido delito y no parecerme justo darle pena tan ignominiosa; y usando de caridad, le he traído, con consentimiento de su padre (que es uno de los cuatro referidos), a las casas de este Superintendente, con el fin de dispensarle diariamente alguna limosna y educación“.

Muchos fueron los reos acogidos a la conmutación de pena de galeras por la mitad del tiempo en las minas, de ellos bastantes gitanos. Pero llegado el momento, no se les daba la libertad, porque era condición que tuviesen domicilio ejercicio seguro, cosa muy rara en esta clase de gentes. Así es que la mayoría permanecieron en Almadén hasta 1763-1764, en que se les dio libertad a condición de que se establecieran en sitio fijo. Por último, en 1768 ya no fueron admitidos más gitanos que habían sido sentenciados por el corregidor de Trujillo a trabajar en las minas.

Más adelante, en el último decenio del siglo, hubo una conmutación pero a la inversa. A forzados de Almadén se les concedía la conmutación de su pena de trabajo en las minas por igual tiempo de servicio en algún regimiento del ejército.

Del trato dado y de los trabajos realizados por este colectivo han quedado algunos cantes jondos en la modalidad de tarantas como los que siguen:

De las galeras del Puerto
a las Minas nos trasladan
Hacia el pueblo de Almadén
Revuelto de sangre gitana.

Cuente usted lo que nos hacen
Sacar las ollas del horno
Arde con el fuego
Nos crujen las carnes.
No nos permiten dormir,
La noche se nos pasaba
Amarraitos saques de agua.
Señor Don Mateo Alemán
Cuando la punta baldía
Sacaban las ollas del horno
Los pellejitos nos crujían.
Con los palos los miembros
Insultaban nuestras vidas,
Antes de que nos muramos todos
Señor Don Mateo Alemán
por Dios date prisa.

Otras muestra nos viene dada por un escritor del Siglo XIX, Demófilo que en martinetes escribió:

Los gitanos del puerto
Fueron los más desgraciados
Que a las minas de azogue
Se los llevan sentenciaos
A otro día siguiente
Les pusieron una gorra
Con alpargate de esparto
Que el sentimiento me ahoga
Al otro día siguiente
Les pusieron un maestro
Que a to el que no andaba listo
De un palo lo echara al suelo.