Educación insta a vigilar vestuarios y baños en caso de acoso escolar

Podemos preguntarnos hasta dónde debe llegar la vigilancia de los alumnos por parte de sus profesores en un colegio.
Compartimos un artículo tomado de la sección de Educación de El Mundo
La Consellería de Educación propone que: Baños y vestuarios son para la Administración espacios susceptibles de caer bajo la supervisión de un docente en caso de acoso escolar.
El departamento de María José Catalá remitió  a los sindicatos para debatir en la mesa de negociación. En el documento se actualiza la normativa sobre la elaboración de los planes de convivencia en los centros e incorpora además los protocolos de actuación e intervención ante supuestos de violencia escolar. Se detallan exhaustivamente las instrucciones que deben seguir los centros en cada caso.
Reflexión:

¿Qué pensáis vosotros sobre esta noticia? ¿Creéis que los profesores pueden tener derecho a entrar en los vestuarios y a los baños mientras están los alumnos? ¿Pueden vigilar los baños y los vestuarios? ¿Puede ser una solución para el acoso escolar o tal vez, puede dar lugar a más abusos?

Poneros bajo la situación de cualquier alumno que pueda ser observado en el vestuario o en el baño por algún docente siendo un chico normal, el cuál no se mete con nadie ni sufre ningún tipo de acoso o perjuicio. ¿Os gustaría ser observados?

 Ahora poneros bajo la situación del chico acosado. El alumno que tiene serios problemas y necesita una solución rápida.

Finalmente esta la  situación del acosador, que necesita un escarmiento y es necesario arreglar la situación cuanto antes.

Desde mi punto de vista es imprescindible luchar contra el acaso escolar, y deben estudiarse y aplicarse cualquier tipo de medida contra este acoso. Sin embargo, ¿a qué precio? Yo pienso que si se aprueba esta propuesta se está creando otro problema igual o incluso más serio, pues se estaría vulnerando la intimidad del estudiante.

Por lo tanto, mi opinión es sí a la lucha contra el acoso escolar, pero respetando siempre el derecho a la intimidad.

Alejandro García Doblado 2º A Primaria.

Experimento sociológico BULLYING

Me ha llamado mucho últimamente la atención el poder buscar por medio de la web como www.youtube.com vídeos sobre experimentos que hace la gente en y con la sociedad, en este caso me topé por medio de las redes sociales un vídeo en Facebook en el que un chico repartía flores a las chicas que se encontraba por la calle y las deseaba que tuvieran un buen día, que pasarán una buena tarde, que fueran felices, para ver su reacción, y que las intentará hacer ver que pueden ser apreciadas y amadas por otra persona a la vieja usanza, en persona, ya que al principio del vídeo el autor del mismo asegura que las redes sociales han insensibilizado a toda una generación, y que tenemos dificultades para hacer cumplidos fuera de instagram, twitter o facebook, y creo que está en lo cierto, de hecho en el vídeo se demuestra que muchas chicas no aceptan la flor, no saben qué decirle o pasan de él sin más.

(Aquí os dejo ese vídeo por si queréis verle) 



En este caso os traigo un vídeo en el que este mismo genio de los experimentos con las personas, intenta denunciar el Bullying que tanto se está sufriendo últimamente y cada vez más si no hacemos nada para evitarlo, sobre todo en nuestras escuelas que al fin y al cabo son la base de todo. El autor de este canal de youtube y autor de los vídeos e ideas de las mismas, en este caso está compinchado con otro amigo, el cual hace de chico que sufre el acoso, ambos representan escenas de acoso, en el que el «acosador» llega a hacer que le «agrede» para ver la reacción de la gente que tienen alrededor, así que os recomiendo que lo veáis porque no tiene desperdicio. Al final del vídeo denuncia el Bullying y nos deja la reflexión de que si nos quedamos impasibles nos ponemos del lado del opresor, y acaba con la gran frase de que el bullying empieza y acaba con nosotros. El vídeo está en inglés y no tiene subtitulos en español, pero merece la pena verlo por las reacciones de la gente. 


Irene López Rubio Estudiante de 2º Magisterio Infantil
Irenene94@gmail.com

EL BULLYING: CÓMO DETECTARLO Y TRABAJARLO EN EL AULA

En los últimos años se está produciendo un cambio significativo en la concepción de la educación. Hoy en día se está haciendo un gran esfuerzo por superar la concepción de la escuela como mero agente transmisor de conocimiento, a favor de una ampliación de competencias que incluya la educación en valores y actitudes que se necesitan para saber convivir y ser un ciudadano con derechos y deberes.

Es obvio que familia y docentes son la clave para abordar este tipo de conflictos de forma educativa. Si se puede sensibilizar a las familias, al alumnado y a nuestro profesorado sobre los efectos perjudiciales de los comportamientos de intimidación, las futuras generaciones serán a su vez sensibilizadas. Los niños de hoy serán los padres de mañana, con la adecuada formación, todos podremos conseguir una sociedad en la que el acoso escolar pase a ser una excepción.

Es por ello fundamental que entre todos tratemos de hacer prevención, manejando toda la información que podamos y, sobre todo, transmitiendo esa información tanto a la familia como al centro escolar. No debemos olvidar que el «acosador de hoy puede ser el maltratador de mañana» y que nuestra obligación como padres, profesores y profesionales es evitar que la violencia germine en nuestros niños.

A continuación podemos ver un vídeo donde Javier Urra, doctor en Psicología con la especialidad de Clínica y Forense, en Ciencias de la Salud y Pedagogo Terapeuta nos explica cómo detectar el ciberacoso y trabajarlo en el aula. Además, en esa página aparecen recursos para trabajar con los niños en el aula.

Publicado por en 12:21

VALORES EDUCACIONALES: ¿Es favorable o desfavorable la participación que hay actualmente de los padres en la escuela?

Hace 30 o 40 años los padres no tenían el poder participativo y decisivo de hoy en día en la educación escolar de sus hijos, eso creaba mayor autoridad a los maestros y más respeto por la mayoría de los alumnos hacia los profesores, teniendo éstos la autonomía total sobre los temas educativos dentro del ámbito de la escuela. 
Los alumnos se hacían más responsables de sus actos dentro del recinto y más responsabilidad a la hora de ser ellos mismos los que más se ocupaban de sus tareas en la propia casa. Los padres se limitaban a que hicieran sus deberes. Las visitas a los profesores eran más escasas y generalmente cuando esto ocurría eran por temas excepcionales, bien por la buena conducta del alumno o todo lo contrario.
El alumno sabía quién tenía la autoridad en clase y que salvo raras excepciones se recurría a los padres, estos mismos inculcaban a sus hijos que allí mandaban ellos (los profesores) y tenían que tenerlos obediencia y respeto. Al mismo tiempo, el profesor sabía que era su deber la enseñanza total del alumno y que un fracaso de su alumno en cuestión de estudios, era suyo también, puesto que era él el único que daba clase a esos cursos ya que un maestro daba todas las asignaturas de un curso hasta que salían con 14 años.
También sabía que la gran mayoría de los padres de sus alumnos, habían ido poco a la escuela, por lo tanto entre unos y otros sabían muy bien sus obligaciones y deberes que se repartían así:
Padres: inculcar a sus hijos el respeto hacia el profesor, la obediencia en clase y ser responsables de hacer sus tareas, y hacia ellos mismos la supervisión de que las hagan.
Alumnos: tener respeto y educación en clase hacia el profesor y sus compañeros. Saberse ellos los únicos responsables de sus tareas, deberes, notas,actos y todo lo que conlleva ser un estudiante.
Profesores: Estar concienciado de que el éxito o fracaso de una clase en una asignatura es en trabajo en conjunto de profesores y alumnos.
El profesor es el que guía a su ganado dentro del aula, no tiene que dejar a ninguna oveja descarriada, debe enseñar a no comer el pasto que no corresponde y enseñarlos a tener temor al lobo para que no se les coma, y de todo esto, saldrá un buen rebaño y un estupendo pastor”.
Todo esto se logra cuando estos tres grupos que menciono, tengan las prioridades: RESPETO, OBEDIENCIA y RESPONSABILIDAD.
Pregunta que formulo al lector de esta revista: ¿SERÁ QUE ESTOS TRES GRUPOS HEMOS PERDIDO O NO HEMOS APRENDIDO ÉSTOS VALORES Y POR ESO HAY TANTO FRACASO ESCOLAR…?
Por Nazaret AparicioGutiérrez (2º de Ed. Primaria A)

VALORES EDUCACIONALES: ¿Es favorable o desfavorable la participación que hay actualmente de los padres en la escuela?

Hace 30 o 40 años los padres no tenían el poder participativo y decisivo de hoy en día en la educación escolar de sus hijos, eso creaba mayor autoridad a los maestros y más respeto por la mayoría de los alumnos hacia los profesores, teniendo éstos la autonomía total sobre los temas educativos dentro del ámbito de la escuela. 
Los alumnos se hacían más responsables de sus actos dentro del recinto y más responsabilidad a la hora de ser ellos mismos los que más se ocupaban de sus tareas en la propia casa. Los padres se limitaban a que hicieran sus deberes. Las visitas a los profesores eran más escasas y generalmente cuando esto ocurría eran por temas excepcionales, bien por la buena conducta del alumno o todo lo contrario.
El alumno sabía quién tenía la autoridad en clase y que salvo raras excepciones se recurría a los padres, estos mismos inculcaban a sus hijos que allí mandaban ellos (los profesores) y tenían que tenerlos obediencia y respeto. Al mismo tiempo, el profesor sabía que era su deber la enseñanza total del alumno y que un fracaso de su alumno en cuestión de estudios, era suyo también, puesto que era él el único que daba clase a esos cursos ya que un maestro daba todas las asignaturas de un curso hasta que salían con 14 años.
También sabía que la gran mayoría de los padres de sus alumnos, habían ido poco a la escuela, por lo tanto entre unos y otros sabían muy bien sus obligaciones y deberes que se repartían así:
Padres: inculcar a sus hijos el respeto hacia el profesor, la obediencia en clase y ser responsables de hacer sus tareas, y hacia ellos mismos la supervisión de que las hagan.
Alumnos: tener respeto y educación en clase hacia el profesor y sus compañeros. Saberse ellos los únicos responsables de sus tareas, deberes, notas,actos y todo lo que conlleva ser un estudiante.
Profesores: Estar concienciado de que el éxito o fracaso de una clase en una asignatura es en trabajo en conjunto de profesores y alumnos.
El profesor es el que guía a su ganado dentro del aula, no tiene que dejar a ninguna oveja descarriada, debe enseñar a no comer el pasto que no corresponde y enseñarlos a tener temor al lobo para que no se les coma, y de todo esto, saldrá un buen rebaño y un estupendo pastor”.
Todo esto se logra cuando estos tres grupos que menciono, tengan las prioridades: RESPETO, OBEDIENCIA y RESPONSABILIDAD.
Pregunta que formulo al lector de esta revista: ¿SERÁ QUE ESTOS TRES GRUPOS HEMOS PERDIDO O NO HEMOS APRENDIDO ÉSTOS VALORES Y POR ESO HAY TANTO FRACASO ESCOLAR…?
Por Nazaret AparicioGutiérrez (2º de Ed. Primaria A)

GRACIAS, PAPÁS, POR VUESTRA HERENCIA

El maltrato infantil, desafortunadamente, está presente en nuestra sociedad y, aunque a veces intentemos taparnos los ojos y los oídos y hacer como que no existe, eso no hará que desaparezca. Quizá, uno de los principales obstáculos que nos encontramos a la hora de denunciar un caso de maltrato infantil es el miedo, o el no saber cómo proceder o a quién recurrir.


En el aula puede suceder lo mismo, cuando nos enfrentamos a esta realidad, nos surgen muchas dudas: “¿cómo puedo reconocer un caso de posible maltrato infantil?”, “¿qué puedo hacer al respecto?”, “¿cómo debo hacerlo?”, “¿como docente del niño, es mi deber denunciar el maltrato?”.


Por supuesto al ser docentes, tenemos no sólo el deber de educar y formar a nuestros alumnos para convertirlos en ciudadanos aptos, sino que también debemos asegurarnos de su absoluto bienestar en todos los aspectos de su vida, y ello incluye el respeto y cuidado de su integridad física y psicológica.


Por ello, es importante conocer algunas pautas para identificar un caso de maltrato y proceder como corresponde.


¿QUÉ ES EL MALTRATO?
Entendemos por maltrato toda aquella conducta o conjunto de conductas que provocan en una o varias personas un perjuicio, daño, sufrimiento y/o malestar.
Encontramos dos tipos fundamentales de maltrato: maltrato físico y maltrato psicológico. El primero es aquél que se caracteriza por sus manifestaciones físicas o materiales (abuso sexual, violencia doméstica…).
El segundo se caracteriza por sus manifestaciones a nivel psicológico, emocional y mental (acoso sexual, racismo…).


¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE EL MALTRATO PARA LOS NIÑOS?
El que un niño sea maltratado por sus padres o algún familiar, tutor o persona cercana, puede tener numerosas y graves consecuencias.

· Consecuencias físicas. Alteraciones del sueño y la alimentación, retraso del desarrollo motor… · Consecuencias emocionales. Estrés, ansiedad y depresión, baja autoestima, inseguridad… · Consecuencias cognitivas. Dificultades en el rendimiento escolar, absentismo, miedo al fracaso… · Problemas de conducta. Irritabilidad, agresividad, inhibición… ¿CÓMO PUEDO RECONOCER UN CASO DE MALTRATO INFANTIL?Aunque no siempre existan signos visibles que evidencien un maltrato físico, sí podemos observar las “marcas” que deja en la conducta de los niños y, en función del tipo de indicador y la frecuencia con que lo detectemos, podemos considerar si nos encontramos ante un caso de maltrato o no. Algunos de estos indicadores son:

· Fisiológicos. hematomas, suciedad y descuido en la ropa, dolores diversos, trastornos en la alimentación, problemas físicos o médicos que los padres no atienden. · Actitudinales y emocionales. Nerviosismo, ansiedad, hostilidad, aislamiento, pasividad, depresión, tristeza, cambios bruscos en el estado de ánimo, aversión al contacto físico. · Conductuales. Absentismo, bajo rendimiento escolar, no quiere ir a casa al acabar las clases, explosiones de llanto, teme el contacto con otros adultos. · Respecto a la familia, también podemos encontrar otros indicadores: dan muestra de no preocuparse por su hijo, niegan que el niño tenga problemas, cuestionan todo lo que hace el niño, exigen un nivel académico a su hijo inalcanzable para él, menosprecian o culpan al niño, ante una lesión física, no dan una explicación convincente del motivo, en ocasiones, existen antecedentes de maltrato. ¿NEGLIGENCIA Y ABUSO SEXUAL?Aunque no los englobemos dentro de los maltratos físicos y psicológicos, también son situaciones de perjuicio al niño que pueden afectar muy negativamente a su desarrollo.

· Signos de negligencia o abandono: el niño falta frecuentemente a clase, pide o roba objetos o dinero a sus compañeros, viste con ropa inadecuada o sucia, tiene problemas de salud, el niño dice que frecuentemente se queda sólo en casa. · Signos de abuso sexual: dificultades para sentarse o caminar, conocimientos o comportamientos sexuales inusuales para su edad, repentina negativa a realizar ejercicios físicos… Ninguno de estos indicadores demuestra por sí solo la existencia de maltrato, sólo cuando aparecen de forma reiterada y combinándose entre sí podemos comenzar a considerar que el menor esté sufriendo una situación de violencia en el hogar.¿QUÉ DEBO HACER PARA TRATAR UN CASO DE MALTRATO?

· Creer siempre en lo que el niño manifiesta. · Contribuir a atenuar el sentimiento de culpabilidad del niño. · Buscar el asesoramiento de los servicios sociales y psicológicos. En caso de determinarse la necesidad de intervenir, acudir inmediatamente a los organismos pertinentes (fiscal de menores, sanidad, guardia civil…) ¿DEBO DENUNCIAR?Denunciar el maltrato de un niño es una obligación para los docentes. Como denunciantes, no tenemos necesidad de demostrar ese maltrato, de ello se encargará la justicia.
¿CÓMO PODEMOS AYUDAR AL NIÑO MALTRATADO?

· Escuchándolo. · Hablando de sus sentimientos. · Comprendiéndolo y apoyándolo emocionalmente. · Ayudándolo a reestructurar sus valores y creencias sobre la violencia. · Disminuyendo su inseguridad. ¿CÓMO PUEDO FOMENTAR LA PREVENCIÓN DEL MALTRATO EN MI AULA? · Promoviendo la relación igualitaria entre los alumnos. · Educando en el respeto por la sexualidad de los demás. · Canalizando la agresividad. · Desarrollando habilidades sociales y emocionales. · Introduciendo actividades de revisión crítica del uso de la violencia. · Fomentar la confianza y el autoestima de los alumnos. · Controlar en los recreos las actividades y conductas de los niños. · Realizando actividades que favorezcan la resolución de conflictos. · Revisar nuestras propias actitudes, evitando formas de corrección tradicionales tales como gritos, amenazas, agresión verbal, retirada del afecto…   Considerando todo lo anterior, tendremos una pequeña ayuda para saber cómo actuar en caso de que nos encontremos con un caso así en el aula y asegurar por tanto, el bienestar de nuestros alumnos.

Ana Martín García (3º Primaria)

ACOSO ESCOLAR EN LAS AULAS

Como futuros docentes tenemos que tener muy en cuenta que el acoso escolar ocurre en las escuelas. Se trata, en su mayoría, de un acoso “invisible” para los adultos, los profesores difícilmente tendrán conocimiento de lo que está sucediendo. El agresor acosa a la víctima en los baños, en los pasillos, en el comedor, en el patio, reservando sus acciones durante la ausencia de mayores. En algunos casos, el acoso sobrepasa las paredes del colegio, pasando a ser telefónico e incluso por correo electrónico.
El acoso escolar hace referencia a un grupo de alumnos que se dedican a la agresión de sus compañeros de clase o del colegio, o bien a una persona que atormenta o molesta a otra en los centros docentes. Las características de este tipo de acoso son: ataques o intimidaciones físicas, verbales o psicológicas, destinadas a causar miedo, dolor o daño a la víctima; abuso de poder, del más fuerte sobre el más débil; ausencia de provocación por parte de la víctima; decir a otros que no estén con él o que no le hablen; ponerle en ridículo ante los demás; pegarle collejas, puñetazos y patadas; burlarse de su apariencia física o insultarle.



TIPOS DE ABUSOS
El acoso escolar puede ser sexual, cuando existe un asedio, inducción, y abuso sexual; puede tratarse de una exclusión social cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro; puede ser psicológica, cuando existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro; y puede ser física, cuando se golpea, empuja, se organiza una paliza al acosado. Se han descrito diversas modalidades de acoso escolar, con la siguiente incidencia entre las víctimas:

-Bloqueo social (29,3%):

Agrupa las acciones de acoso escolar que buscan bloquear socialmente a la víctima. Todas ellas buscan el aislamiento social y su marginación impuesta por estas conductas de bloqueo. Son ejemplos las prohibiciones de jugar en un grupo, de hablar o comunicar con otros, o de que nadie hable o se relacione con él, pues son indicadores que apuntan un intento por parte de otros de quebrar la red social de apoyos del niño.
Se incluye dentro de este grupo de acciones el meterse con la víctima para hacerle llorar. Esta conducta busca presentar al niño socialmente, entre el grupo de iguales, como alguien flojo, indigno, débil, indefenso, estúpido, llorica, etc. El hacer llorar al niño desencadena socialmente en su entorno un fenómeno de estigmatización secundaria conocido como mecanismo de chivo expiatorio. De todas las modalidades de acoso escolar es la más difícil de combatir en la medida que es una actuación muy frecuentemente invisible y que no deja huella. El propio niño no identifica más que el hecho de que nadie le habla o de que nadie quiere estar con él o de que los demás le excluyen sistemáticamente de los juegos.

-Hostigamiento (20,9%):

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que consisten en acciones de hostigamiento y acoso psicológico que manifiestan desprecio, y falta de respeto y de consideración por la dignidad del niño. El desprecio, el odio, la ridiculización, la burla, el menosprecio, los motes, la crueldad, la manifestación gestual del desprecio, la imitación burlesca son los indicadores de esta escala.

-Manipulación social (19,9%):

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden distorsionar la imagen social del niño y “envenenar” a otros contra él. Con ellas se trata de presentar una imagen negativa, distorsionada y cargada negativamente de la víctima. Se cargan las tintas contra todo cuanto hace o dice la víctima, o contra todo lo que no ha dicho ni ha hecho. No importa lo que haga, todo es utilizado y sirve para inducir el rechazo de otros. A causa de esta manipulación de la imagen social de la víctima acosada, muchos otros niños se suman al grupo de acoso de manera involuntaria, percibiendo que el acosado merece el acoso que recibe, incurriendo en un mecanismo denominado “error básico de atribución”.

-Coacción (17,4%):

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden que la víctima realice acciones contra su voluntad. Mediante estas conductas quienes acosan al niño pretenden ejercer un dominio y un sometimiento total de su voluntad.
El que la víctima haga esas cosas contra su voluntad proporciona a los que fuerzan o tuercen esa voluntad diferentes beneficios, pero sobre todo poder social. Los que acosan son percibidos como poderosos, sobre todo, por los demás que presencian el doblegamiento de la víctima. Con frecuencia las coacciones implican que el niño sea víctima de vejaciones, abusos o conductas sexuales no deseadas que debe silenciar por miedo a las represalias sobre sí o sobre sus hermanos.

-Exclusión social (16,0%):

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan excluir de la participación al niño acosado. El “tú no”, es el centro de estas conductas con las que el grupo que acosa segrega socialmente al niño. Al ningunearlo, tratarlo como si no existiera, aislarlo, impedir su expresión, impedir su participación en juegos, se produce el vacío social en su entorno.

-Intimidación (14,2%):

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que persiguen amilanar, amedrentar, apocar o consumir emocionalmente al niño mediante una acción intimidatoria. Con ellas quienes acosan buscan inducir el miedo en el niño. Sus indicadores son acciones de intimidación, amenaza, hostigamiento físico intimidatorio, acoso a la salida del centro escolar…

-Amenaza a la integridad (9,1%):

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan amilanar mediante las amenazas contra la integridad física del niño o de su familia, o mediante la extorsión.
PERFIL DEL AGRESOR
Normalmente, el agresor tiene un comportamiento provocador y de intimidación permanente. Posee un modelo agresivo en la resolución de conflictos, presenta dificultad de ponerse en el lugar del otro, vive una relación familiar poco afectiva, y tiene muy poca empatía.
Suelen ser grupos de chicos (45%) o de chicos y chicas (23%), o un chico solo (14%). Más raros son los grupos de chicas. Suelen ser chicos conflictivos, que no se identifican con el colegio. A veces hay consumo de drogas y alcohol. No controlan sus impulsos y emociones.
Según los expertos criminalistas y psicólogos, un niño puede ser autor de acoso escolar cuando solo espera y quiere que hagan siempre su voluntad, cuando le gusta probar la sensación de poder, cuando no se siente bien o no disfruta con otros niños, si sufre intimidaciones o algún tipo de abuso en casa, en la escuela o en la familia, cuando es frecuentemente humillado por los adultos, o cuando vive bajo constante presión para que tenga éxito en sus actividades. Los agresores ejercen su acción contra su víctima de diversas formas: les golpean, les molestan, provocan, acosan con empujones y golpes, les nombran de una forma desagradable o despectiva, les generan rumores, mentiras o bulos, les aíslan del grupo, les ofenden y les anulan.
Puede ser cualquiera. Habitualmente, son niños que no disponen de recursos o habilidades para reaccionar, son poco sociables, sensibles y frágiles, son los “esclavos” del grupo, y no saben revidar por vergüenza o por conformismo, siendo muy perjudicados por la amenazas y agresiones.
Puede haber rasgos que hagan especialmente vulnerables a algunos, como ser tímido, introvertido, hiperactivo, encerrado en sí mismo o tener alguna característica física que le diferencia como estar gordo, llevar gafas, ser bajito, o bien una característica académica, como ser “empollón” o llevarse bien con los profesores (“pelota”). Los efectos en la víctima pueden ser devastadores: se siente violentada, desprotegida, humillada, insegura, aislada, indefensa…
Jokin iba a cumplir 15 años. De madrugada, cogió su bici, salió de su casa, subió a lo alto de la muralla de Hondarribia (Guipúzcoa) y dio un paso. Un solo paso que separaba la vida y la muerte.
Jokin llevaba más de un año soportando humillaciones, vejaciones y palizas constantes en su instituto. Una paliza el lunes, el martes y otra el miércoles. Palizas propinadas por, entre otros, hijos de profesores.
El jueves y el viernes no quiso ir al colegio. Sabía que tendría que volver tarde o temprano. Y que, incluso si no volvía, viviendo en un pueblo, sus pequeños pero grandes torturadores le seguirían amargando la existencia. Él no contó nada de esto a nadie.
Probablemente pensaba, como le repetían sus verdugos, que alguien fuerte resuelve sus propios problemas sin implicar a los otros. Finalmente, el martes siguiente, en la oscuridad de la noche, imaginando lo que le tocaría soportar al día siguiente, Jokin decidió que la paz eterna era mejor que el infierno cotidiano, y se marchó.
Dejo un enlace de un artículo del ABC, a mi parecer bastante interesante.
-Ya se pasará. Todos hemos pasado por esto.
-Escarmiento del provocador. Verás cómo se le quitan las ganas.
-Han sucedido desde siempre y no pueden cambiarse”.
-Los afectados son chicos/as problemáticos/as.
-Esas agresiones “son cosa de los chavales”, como sinónimo de poco importante.
Comparto dos vídeos:
– El primero se trata de una entrevista a una psicóloga experta en el tema.
Este segundo vídeo, es un spot, que lo dejo para concienciar a todos los que lean este articulo, ya que el acoso escolar es un problema de todos.

Iván Palmero Seldas

Del acoso escolar y sus consecuencias

«Comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y agresividad física de unos niños hacia otros que se convierten, de esta forma, en víctimas de sus compañeros» (Olweus).

El problema de la violencia (acoso) que se produce en el entorno escolar se inscribe en un espectro mucho más amplio: el fenómeno social (afecta a las relacionas humanas) y psicológico (afecta a personas que se enfrentan a estas situaciones) de la violencia que se da en la calle, en la vida doméstica, en el ámbito económico, político… porque no es sino un reflejo de ello. Y todos son víctimas y responsables: los agresores, agredidos y (también) los espectadores.
Ante estas situaciones, algunas víctimas del maltrato de sus iguales, terminan reaccionando aprendiendo que la única manera de sobrevivir es convertirse, a su vez, en violentos (“La mejor defensa es un buen ataque”) y desarrollar actitudes maltratadoras hacia otros. Los violentos, frente a la indefensión de la víctima y la actitud pasiva de los espectadores, actúan reforzando sus actitudes abusivas, trasladando estos comportamientos a otras situaciones sociales, encontrando siempre una “justificación” a sus actos de provocación o acoso, desde “era una broma”, hasta la típica “me estaba molestando”: en este entorno, siempre busca –y encuentra- la complicidad de otros, logrando en muchas ocasiones la tolerancia de los adultos. El agresor/a transgrede las normas crecido en la fuerza moral que le otorga “el privilegio” de saltarse todo lo impuesto, que a su vez le proporciona cierto prestigio social y una no menor degradada autoimagen de seguridad ganada a golpes de fuerza y poder. Ello degenera en un deterioro encubierto de su desarrollo moral, acercándose a una conducta precriminal. Asimismo, los espectadores valoran el fenómeno de la violencia como “algo grave y frecuente”), pero el miedo difuso conlleva a ser objeto de violencia, algo muy negativo desde el punto vista psicológico y moral. Se aprende a no involucrarse, a pasar por alto los actos injustos y a callar ante el dolor ajeno. Aquí nadie sale impune.

Y en estas estamos: en las perniciosas consecuencias que para todos reviste el fenómeno. Las investigaciones apuntan que el abuso y la victimización siempre conllevan efectos a largo plazo y requieren la actuación inmediata de la Comunidad Escolar: la construcción de unas generaciones jóvenes más sanas y justas, porque no hay que olvidar que el núcleo de socialización primera se produce, junto con la familia, en la escuela: si un niño o niña es obligado a sentir la “victimización” se siente afectada su imagen personal y su identidad. En el otro lado, la imagen que se configura respecto al agresor/a es la de la permisividad y la impunidad, con lo que se fragmenta, cualquier aspecto positivo de una personalidad apta para socializar. En todo caso, está claro que la violencia provoca consecuencias negativas para todos, agravadas por un entorno de “tolerancia”, factor añadido que contribuye a aumentar el riesgo de daño psicológico en todos los participantes. Se ha demostrado que el grupo de iguales representa un círculo cerrado: ocultan esta realidad a profesores, padres y adultos; los propios compañeros, a través de la “ley del silencio”, bloquea su denuncia, agrava los hechos y tolera sus consecuencias.

Para las víctimas resulta trágico ser el objeto del abuso, lo que provoca el deterioro personal y académico, llegando a instalarse un autoconcepto de debilidad social con escasa capacidad para afrontar las relaciones interpersonales, produciendo un aislamiento cada vez mayor que afectará gravemente no sólo a su capacidad socializadora, sino también a su propio rendimiento académico e intelectual.

También aquí se produce el “juego del traspaso de la patata caliente”: los padres culpabilizan a los centros escolares, estos a los padres, ambos a las instituciones, todos a los medios de comunicación y, en general, “a la sociedad”. Pero, ¿quién asume las responsabilidades? : de nuevo una llamada a la reflexión y la actuación de toda (digo toda) la Comunidad Educativa.

Miguel Ángel Heredia García
Presidente de la Fundación Piquer

La autoridad del profesor

La propuesta de la Comunidad de Madrid sobre la consideración de los docentes como autoridad a efectos penales me parece en principio adecuada, y así parece que lo considera la mayoría social. Cómo se ha llegado al punto de degradación de las relaciones docentes/alumnos, debería ser un punto de partida para aproximarnos al problema.

La falta de motivación, la crisis de valores como la responsabilidad y el esfuerzo y las consecuencias de no ejercerlos, la heterogeneidad del alumnado, la dejadez de algunos padres, la cultura del éxito fácil, la incomunicación familias/comunidad educativa, la tendencia a responsabilizar a los docentes de las faltas de indisciplina de sus hijos, dar todos los caprichos sin exigir nada a cambio, la falta de sintonía entre lo que se estudia en las facultades de educación y lo que luego debe trasmitirse en el aula y, una vez ejerciendo la docencia, la falta de una verdadera política de formación permanente del profesorado enfocada a la realidad del día a día, son algunos de los factores que han influido en llegar al punto en el que estamos.

Pero cuidado: aquí no se trata de buenos y de malos, de si la educación de antes era mucho mejor y la de ahora no sirve para nada: han existido y existen excelentes docentes. Esta polémica me recuerda a aquello que hablaba Ortega de la ingénita extremosidad del español y no seré yo quien contradiga a tan ilustre pensador; porque no sé cuánto tiempo las palabras disciplina, autoridad, castigo… se han convertido en tabú porque parecía que recordaban a otros tiempos y eran sinónimo de militarismo, fascismo, tortura, etc. ¿Pero sabemos en realidad qué es disciplina, qué supone el principio de autoridad que ahora queremos introducir en el código penal y que castigar no es maltratar?

Disciplina no es sino cumplimiento de unas normas de convivencia que nos atañen a todos: ¿de qué se tratan las normas que rigen en cualquier institución, empresa, colectivo…?, ¿de qué se trata cuando en cualquier organización debe observarse una estructura, un organigrama y una distribución de roles?, ¿No existen consecuencias por incumplimientos de normas establecidas?: ¿acaso no nos aplican un recargo si no pagamos a tiempo un impuesto, acaso no tiene consecuencias llegar tarde al trabajo o no cumplir con una obligación a tiempo?
De nuevo se trata de los términos, no de lo que realmente éstos significan. Pero no nos equivoquemos: la autoridad es efectiva cuando media el respeto y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar: el respeto no se adquiere ni chillando más, ni castigando más ni suspendiendo más y tampoco siendo más condescendiente, más colega… el respeto empieza por respetarse en primer término a sí mismo, en ser consciente de cuál es la labor del “docente” más que del profesor y todo lo que ello implica y eso sí que no lo mide ninguna oposición ni se impone mediante ningún decreto.

Y lo que no pueden hacer los padres es trasladar al colegio lo que son sus responsabilidades. Si hay alumnos que no respetan las normas del colegio, a los profesores, a sus compañeros… ¿están siendo educados en estos y otros valores en su casa? Porque no deberemos exigir a los demás lo que nosotros somos incapaces de conseguir.
Dejemos de una vez de echarnos la culpa unos a otros y conformemos una verdadera comunidad escolar donde todos cumplan con sus responsabilidades.

Miguel Ángel Heredia García

Presidente de la Fundación Piquer

Ilustración tomada de

La autoridad del profesor

La propuesta de la Comunidad de Madrid sobre la consideración de los docentes como autoridad a efectos penales me parece en principio adecuada, y así parece que lo considera la mayoría social. Cómo se ha llegado al punto de degradación de las relaciones docentes/alumnos, debería ser un punto de partida para aproximarnos al problema.

La falta de motivación, la crisis de valores como la responsabilidad y el esfuerzo y las consecuencias de no ejercerlos, la heterogeneidad del alumnado, la dejadez de algunos padres, la cultura del éxito fácil, la incomunicación familias/comunidad educativa, la tendencia a responsabilizar a los docentes de las faltas de indisciplina de sus hijos, dar todos los caprichos sin exigir nada a cambio, la falta de sintonía entre lo que se estudia en las facultades de educación y lo que luego debe trasmitirse en el aula y, una vez ejerciendo la docencia, la falta de una verdadera política de formación permanente del profesorado enfocada a la realidad del día a día, son algunos de los factores que han influido en llegar al punto en el que estamos.

Pero cuidado: aquí no se trata de buenos y de malos, de si la educación de antes era mucho mejor y la de ahora no sirve para nada: han existido y existen excelentes docentes. Esta polémica me recuerda a aquello que hablaba Ortega de la ingénita extremosidad del español y no seré yo quien contradiga a tan ilustre pensador; porque no sé cuánto tiempo las palabras disciplina, autoridad, castigo… se han convertido en tabú porque parecía que recordaban a otros tiempos y eran sinónimo de militarismo, fascismo, tortura, etc. ¿Pero sabemos en realidad qué es disciplina, qué supone el principio de autoridad que ahora queremos introducir en el código penal y que castigar no es maltratar?

Disciplina no es sino cumplimiento de unas normas de convivencia que nos atañen a todos: ¿de qué se tratan las normas que rigen en cualquier institución, empresa, colectivo…?, ¿de qué se trata cuando en cualquier organización debe observarse una estructura, un organigrama y una distribución de roles?, ¿No existen consecuencias por incumplimientos de normas establecidas?: ¿acaso no nos aplican un recargo si no pagamos a tiempo un impuesto, acaso no tiene consecuencias llegar tarde al trabajo o no cumplir con una obligación a tiempo?
De nuevo se trata de los términos, no de lo que realmente éstos significan. Pero no nos equivoquemos: la autoridad es efectiva cuando media el respeto y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar: el respeto no se adquiere ni chillando más, ni castigando más ni suspendiendo más y tampoco siendo más condescendiente, más colega… el respeto empieza por respetarse en primer término a sí mismo, en ser consciente de cuál es la labor del “docente” más que del profesor y todo lo que ello implica y eso sí que no lo mide ninguna oposición ni se impone mediante ningún decreto.

Y lo que no pueden hacer los padres es trasladar al colegio lo que son sus responsabilidades. Si hay alumnos que no respetan las normas del colegio, a los profesores, a sus compañeros… ¿están siendo educados en estos y otros valores en su casa? Porque no deberemos exigir a los demás lo que nosotros somos incapaces de conseguir.
Dejemos de una vez de echarnos la culpa unos a otros y conformemos una verdadera comunidad escolar donde todos cumplan con sus responsabilidades.

Miguel Ángel Heredia García

Presidente de la Fundación Piquer

Ilustración tomada de