Hacia una Sociología Crítica de la Discapacidad
La discapacidad ha sido históricamente entendida a través del modelo médico, una visión que la reduce a una condición puramente biológica, un defecto individual que debe ser «curado», «corregido» o «superado». Este modelo, aunque bien intencionado, ha tenido consecuencias devastadoras: ha marginado a millones de personas, justificando su segregación en instituciones y su exclusión de la vida social, educativa y laboral. En 2025, una corriente de pensamiento mucho más poderosa y transformadora está tomando fuerza: la Sociología Crítica de la Discapacidad. Este enfoque, que he tenido el privilegio de contribuir a definir (Fundamentos para una Sociología crítica de la discapacidad JCDeCisneros), desplaza el foco de la «deficiencia» individual a las barreras sociales, culturales y arquitectónicas que realmente discapacitan. La pregunta ya no es «¿Qué tiene malo esta persona?», sino «¿Qué falla en nuestra sociedad para que esta persona no pueda participar plenamente?».
Esta perspectiva crítica se basa en una premisa fundamental: la discapacidad es una construcción social. No nace en el cuerpo, sino en la interacción entre un cuerpo con ciertas características y un entorno que no está diseñado para él. Una persona en silla de ruedas no está «discapacitada» por su movilidad reducida, sino por un edificio sin rampa. Una persona sorda no está «discapacitada» por su audición, sino por una sociedad que valora exclusivamente el habla oral y no ofrece acceso a lenguas de señas. Este cambio de mirada es revolucionario porque responsabiliza a la sociedad, no al individuo. Exige una transformación radical de nuestras instituciones, nuestras normas culturales y nuestro imaginario colectivo.
Uno de los mayores frentes de batalla de esta sociología crítica es la educación. El sistema educativo tradicional, muchas veces guiado por el modelo médico, ha visto a los estudiantes con necesidades educativas especiales (NEEE) como problemas que deben ser «solucionados» mediante adaptaciones curriculares mínimas o, peor aún, segregándolos en escuelas especiales. Nuestra investigación (La imagen del profesorado ante el uso de las TIC…) ha revelado las actitudes ambivalentes del profesorado, que a menudo carece de formación adecuada y percibe la inclusión como una carga, no como una oportunidad. Para superar esto, es necesario adoptar un enfoque de Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que parte del principio de que la diversidad es la norma, no la excepción. Un aula verdaderamente inclusiva no es aquella que adapta un currículo estándar, sino aquella que está diseñada desde el principio para ser flexible y accesible para todos.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) tienen un papel crucial en esta transformación. Cuando se utilizan con una visión crítica, las TIC pueden ser un gran nivelador. Herramientas de lectura de pantalla, software de reconocimiento de voz, subtítulos automáticos y plataformas de aprendizaje adaptativo pueden eliminar barreras que antes parecían insuperables. Empresas tecnológicas como Apple y Microsoft están haciendo avances notables en accesibilidad. Sin embargo, como hemos señalado, el riesgo de un «uso inadecuado» persiste si la tecnología se implementa sin una formación docente sólida y sin un compromiso real con la inclusión (Formación del profesorado en Tecnología Educativa). La tecnología no es una solución mágica; es un instrumento que amplifica las intenciones de quienes la usan. Si se usa para aislar al estudiante con discapacidad en una actividad digital separada, refuerza la exclusión. Si se usa para permitirle participar en igualdad de condiciones en un debate grupal o en un proyecto colaborativo, entonces cumple su función emancipadora.
El camino hacia una sociedad verdaderamente inclusiva es largo. Movimientos políticos como Project 2025 en Estados Unidos buscan revertir décadas de progreso, amenazando con recortar fondos vitales para servicios de atención domiciliaria y comunitaria (HCBS) y eliminando protecciones contra la discriminación (Project 2025, 2023). Frente a esta amenaza, la Sociología Crítica de la Discapacidad no es solo un campo de estudio; es un acto de resistencia. Es una llamada a reconocer la dignidad inherente de todas las formas de vida humana, a valorar la diversidad como una riqueza y a construir un mundo donde la participación plena no sea un privilegio, sino un derecho universal.
Referencias Citadas
- Barnes, C. (1991). Disabled People in Britain and Discrimination: A Case for Anti-Discrimination Legislation. Hurst & Company.
- Oliver, M. (1990). The Politics of Disablement. Macmillan.
- Shakespeare, T. (2014). Disability Rights and Wrongs Revisited. Routledge.
- Simón, N.; de Cisneros, J. C. & Gértrudix, F. (2017). La imagen del profesorado ante el uso de las TIC con alumnado con necesidades educativas especiales intelectuales. En A. Palomares Ruiz (Coord.), Retos de la educación inclusiva.
- Cisneros, J.C. (2023) Fundamentos para una sociología crítica de la discapacidad. En Una mirada poliédrica de la discapacidad (Catarata, Vol. 1, pp. 15-21). Ed. Natalia Simón Medina. https://hdl.handle.net/10578/31455
- Fernández Muñoz, R., Gértrudix Barrio, F., Cisneros de Britto, J. C. D., Rodríguez Torres, J., & Rivas Rebaque, B. (2015). La formación del profesorado en Tecnología Educativa: prácticas profesionales. The Heritage Foundation. (2023). Mandate for Leadership: The Conservative Promise. Project 2025.
