FemSTEAM: fomento feminista de vocaciones STEAM. Las mujeres y las niñas en las ciencias

El 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, y este año, en 2025, es su décimo aniversario y el treintavo de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (ONU 2025).

La declaración de Beijing (1995) supone un programa en favor del empoderamiento de la mujer a través de unos objetivos estratégicos y medidas para el progreso de las mujeres y el logro de la igualdad de género, en el marco de 12 esferas significativas como son: 1) la mujer y la pobreza; 2) educación y capacitación de la mujer; 3) la mujer y la salud; 4) la violencia contra la mujer; 5) la mujer y los conflictos armados; 6) la mujer y la economía; 7) la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones; 8) mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; 9) los derechos humanos de la mujer; 10) la mujer y los medios de difusión; 11) la mujer y el medio ambiente; 12) la niña.

Específicamente, en dicha declaración de Beijing se concluye, en el punto 75, que: “Hay sesgo de género en los programas de estudio de las ciencias. Los libros de texto sobre ciencias no guardan relación con la experiencia cotidiana de las mujeres y las niñas ni dan el debido reconocimiento a las mujeres científicas. A menudo, no se imparten a las niñas nociones y aptitudes técnicas básicas en las matemáticas y las ciencias, que les proporcionarían conocimientos que podrían aplicar para mejorar su vida cotidiana y aumentar sus oportunidades de empleo…”.

Además, debemos tener en cuenta algunos datos muy significativos, como que los estereotipos de género surgen ya de forma temprana en las fases iniciales de la educación obligatoria, propiciando futuras diferencias en la presencia de mujeres y hombres en la educación superior universitaria, esbozando así la brecha de género existente en el sistema de ciencia y tecnología en la fase postdoctoral de algunas áreas de conocimiento (Científicas en cifras, 2023 – Unidad Mujeres y Ciencia del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades); que el 53,7% del alumnado de bachillerato en el curso 2021/2022 son chicas y que según la modalidad cursada, más de la mitad de los chicos (el 52,5%) han optado por la modalidad de Ciencias y tecnología, en relación con el 43,6% de las jóvenes, hecho que se acentúa en estudios de enseñanzas universitarias donde las alumnas representan el 71,8% del total de alumnado en la rama de Ciencias de la salud, 62,7% en la rama de Artes y humanidades y el 60,6% en Ciencias sociales y jurídicas. En la rama de Ciencias todavía ellas son en torno a la mitad (50,8%), mientras que, en la rama de Ingeniería y arquitectura, las alumnas representan un 26,5% del total de alumnado en esas enseñanzas universitarias (datos y cifras del curso escolar 2022/2023) – Ministerio de Educación y Formación Profesional).

Todos estos datos hacen que sea necesario impulsar actividades educativas que fomenten el interés de niñas y jóvenes por vocaciones relacionadas con las áreas STEAM (ciencias, tecnologías, ingenierías, arte y matemáticas), que desde el sistema educativo garanticen la igualdad de oportunidades.

Actividades como las que desarrolla, en el marco de la enseñanza universitaria en los Grados en Maestro/a de Educación Infantil y primaria, desde donde se forma a futuros/as docentes de educación obligatoria, la docente e investigadora Ariadna Gómezescobar Camino (https://www.instagram.com/lafabricadelasmates/), que lidera el proyecto titulado “FemSTEAM: fomento feminista de vocaciones STEAM”, subvencionado por convocatoria competitiva, por el instituto de las Mujeres del Ministerio de Igualdad y en el que tengo el placer de colaborar.

Con este proyecto, la profesora Ariadna Gómezescobar pone su granito de arena con el fin de erradicar los estereotipos todavía vigentes en torno al género y transformar socialmente desde la educación.

Enlace: https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/femsteam-fomento-feminista-vocaciones-steam-mujeres-ninas-ciencias_132_12043141.html

¿Cambian los programas de juventud la vida de las personas? Nosotras creemos que sí

Foto: María Díaz

Hoy tengo la gran suerte de compartir el espacio con María Díaz Durillo, directora de la entidad Proyecto Kieu (https://www.proyectokieu.org/). Pero no sólo es directora, María es mucho más, es enredadora, activadora y teatrera. Juntas hemos escrito esta entrada, y sinceramente espero que sea la primera de muchas más. ¿Por qué? Porque nos une una convicción, la necesidad urgente de no mirar más a otro lado cuando hablamos de juventud.

El pasado lunes 24 de febrero, el Instituto de la Juventud, más conocido como el INJUVE, entregó los reconocimientos a las buenas prácticas en programas europeos a las entidades que trabajan con Erasmus+ y Cuerpo Europeo de Solidaridad (E+ y CES respectivamente), y Proyecto Kieu fue la entidad galardonada desde Castilla La Mancha. Prácticamente a la vez, fuimos conocedoras de los resultados de las elecciones alemanas: el partido heredero de los valores nacionalsocialistas, los nazis, han sido segunda fuerza más votada.

Vayamos por partes.

Erasmus+ y los programas que lo precedieron figuran entre los logros más tangibles de la Unión Europea. Desde hace más de treinta años, ofrecen a los/as jóvenes oportunidades para descubrir otras realidades en Europa y, al mismo tiempo, proseguir sus estudios. Para el periodo de programación 2021-2027, los Estados miembros y el Parlamento Europeo aprobaron un nuevo programa más inclusivo e innovador, más digital y ecológico, decisivo para lograr el Espacio Europeo de Educación, movilizando a los sectores de la educación, la formación, la juventud y el deporte, con vistas a una rápida recuperación y a un crecimiento futuro. Este programa, denominado Cuerpo Europeo de Solidaridad, se basa en iniciativas anteriores de la Unión Europea en el ámbito de la solidaridad y la juventud; su objetivo es ofrecer un portal único a las organizaciones activas en el sector de la solidaridad y a los jóvenes que deseen contribuir a la sociedad en los ámbitos que más les importan.

Por otro lado, en dicha jornada de reconocimientos del INJUVE, celebrada en la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid se subraya cómo los programas de juventud europeos cambian la vida de las personas jóvenes, especialmente las que tienen menos oportunidades.

En este sentido, mi compañera María Díaz, tras una larga conversación incide en la importancia de recordar que fueron los nazis alemanes los que provocaron la Segunda Guerra Mundial que dejó Europa devastada con millones de personas muertas, muchas de ellas ejecutadas por motivos racistas, homófobos o ideológicos. Los/as jóvenes de esa generación, como consecuencia del impulso nazi fueron masivamente empujados al frente a matar y a morir.

Cierto es que fueron esas mismas generaciones de jóvenes, obviamente las que sobrevivieron y pudieron envejecer, quienes tuvieron la, seguramente, mejor idea ‘made in Europe’ de los últimos siglos: la de dejar de guerrear para comenzar la cooperación entre países, dando así origen a la Unión Europea que hoy conocemos.

En los tiempos que corren, conviene comparar ambas propuestas: la propuesta de los valores que representan los nazis que (casi) ganan las elecciones, frente a los valores que representan los programas de juventud de la Unión Europea, que son expresión directa de las ideas que nuestros abuelos y abuelas pusieron en marcha para reconstruirse y salir adelante en una versión mejorada de sí mismas.

Por todo ello nos preguntamos, ¿Quién podría estar en contra de semejante programa? ¿Quién no querría que sus hijos e hijas participasen en un programa así? ¿Por qué motivos?

Veamos:

·        Frente al racismo, al machismo y la homofobia que vuelven a reverdecer en Europa, los programas de juventud de la Unión Europea ofrecen un diálogo entre las personas de distintos orígenes, géneros y orientaciones; diálogo y encuentro que son la base del humanismo y la cultura de paz.

·        En el actual clima de ideas antidemócratas y antieuropeas, E+ y CES difunden la idea de una Europa donde las personas deciden sobre su destino no solo a través de las instituciones, sino con posibilidad de acciones concretas de desarrollo social y cultural en libertad.

·        Frente a las fake news y los bulos, estos programas ofrecen experiencias de primera mano que ayudan a conformar ideas propias, fomentan el pensamiento crítico y permiten tomar decisiones informadas.

Frente a la mentira, el cinismo y la hipocresía ofrecen experiencias de autenticidad y conexión humana donde poder convertirte en la mejor versión posible de una misma.

·        Frente al nacionalismo de “lo mío es lo mejor y está por encima de lo tuyo”, ofrecen más conocimiento de lo diferente; y ponen la atención no en las diferencias sino en lo que se comparte con los que, “a priori”, parecen distintos aunque quizá no lo sean tanto.

·        En lugar de fomentar la división y el conflicto, cooperan para crear una convivencia mejor para todos y todas.

·        Frente al extremismo y la acción que se ejecuta desde las vísceras, sin razonar, E+ y CES ofrecen pensamiento crítico que parte del vínculo entre personas, desde el corazón.

·        Frente al individualismo al que nos invita la sociedad contemporánea (especialmente post-pandemia) nos ofrece posibilidad de encuentro humano, cooperación, solidaridad y empatía.

Frente a la sociedad cada vez más desigual, donde los que más tienen tienden a acumular sin freno, y los que menos cada vez están más desposeídos, ofrecen oportunidades a la juventud más vulnerable; oportunidades que reducen la desigualdad y ayudan a salir de la pobreza y la exclusión porque son palancas de cambio de la vida de las jóvenes.

·        Frente a la desafección con las instituciones, estos programas ofrecen entendimiento de por qué las instituciones saludables y fuertes son importantes para mantener un buen nivel de vida con seguridad jurídica y servicios que nos permiten desarrollar todo nuestro potencial. También herramientas de construcción de unas instituciones estables y justas.

·        Frente a la confrontación y el grito ofrece cuidado y comprensión de una misma y sus semejantes.

·        Frente al odio que destruye tanto lo externo, como lo interno, ofrece amistad, amigos, apoyo y amor, que buena falta nos hace.

Frente al miedo que nos aísla, nos hace peores y nos deja huérfanos de futuro, ofrece alegría y esperanza para seguir mejorando individualmente y como sociedad.

Nosotras sí, estamos convencidas del poder que tienen estos programas en la transformación de las personas jóvenes en particular y de la sociedad en general. Nuestra percepción del futuro de Europa tiene en cuenta todas estas aportaciones planteadas anteriormente, un análisis exhaustivo que María ha realizado y que hoy me permite compartir en este espacio.

Y todo ello, porque se dice, se oye, se comenta…, que estos programas podrían verse afectados por un drástico recorte presupuestario en Juventud, y ya sabemos que cuando el río suena, agua lleva.

Enlace: https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/dialogando-con-la-sociedad-y-las-ciencias-politicas/cambian-programas-juventud-vida-personas-creemos-si_132_12091542.html

La energía social: lo que nos sostiene cuando todo falla

Foto: Natalia Simón

El apagón del 28 de abril nos ha demostrado, como ya lo hicieron otras situaciones de emergencia, por cierto, cada vez más frecuentes, cómo respondemos como sociedad. Y no como una suma de individuos aislados, sino como un entramado de sujetos interconectados.

Cómo nos relacionamos y cómo reaccionamos ante fenómenos inesperados son dos elementos esenciales para comprendernos como sociedad, en su sentido más profundo y social.

Este apagón afectó a prácticamente todo el territorio peninsular con la excepción de Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla, y también a países vecinos como Portugal. Pero, como ocurre siempre, no afectó a todos por igual. Las crisis tienen el poder de desnudar desigualdades y visibilizar tanto fortalezas como fragilidades sociales.

Un apagón masivo es mucho más que una interrupción del suministro eléctrico es una sacudida a la supuesta “normalidad”. De repente, a eso de las 12.30 del mediodía, las luces se apagaron y con ellas, también muchas de nuestras certezas. ¿Supimos reaccionar? No del todo. O, al menos, no todos lo hicimos por igual. De pronto, la sociedad se enfrentó a su propia fragilidad.

Zygmunt Bauman definía nuestra época como una modernidad líquida, marcada por la inestabilidad, la incertidumbre y la disolución de los vínculos duraderos. En este mundo, todo cambia rápido, el empleo, las relaciones, las redes de apoyo… Vivimos inmersos en un sistema que privilegia la adaptación individual por encima de la solidez colectiva.

Desde esta perspectiva, el apagón puede leerse como una metáfora brutal de la sociedad líquida, personas solas, desconectadas, sin apoyos ni recursos para afrontar una situación crítica. Donde los lazos previos son débiles o inexistentes, la vulnerabilidad se hizo mayor. Pero también emergió lo contrario, solidaridad espontánea, vínculos vecinales, infraestructuras de cuidado que resistieron la lógica líquida dominante.

Ya lo vimos con la Covid-19, con Filomena, con la DANA… y ahora, con este apagón. Pero ¿qué ha traído de nuevo esta situación inesperada? La incomunicación total. No solo se fue la luz, también colapsaron los móviles, Internet y el acceso al dinero. En una sociedad acostumbrada a la hiperconectividad, nos vimos sin información, sin contacto, sin saber qué ocurría.

El silencio digital se convirtió en aislamiento emocional y social. Y eso dejó al descubierto hasta qué punto dependemos de la tecnología no solo para comunicarnos, sino también para sentirnos acompañados y seguros.

En última instancia, este apagón no ha sido solo un fenómeno técnico, sino también sociológico. No podemos vivir únicamente conectados a lo digital ni encerrados en burbujas individuales. Necesitamos reconstruir formas más sólidas de comunidad, de pertenencia y de responsabilidad colectiva. Porque cuando todo se apaga, lo que permanece (o lo que falta) revela mucho sobre el tipo de sociedad que hemos construido.

Este texto propone una mirada sociológica a nuestra reacción colectiva ante el apagón. Y aunque estamos agotados de vivir estos “momentos históricos”, lo cierto es que no dejan de ofrecer lecciones valiosas. En esta ocasión, me quedo con una, la formación ciudadana en emergencias es indispensable. Necesitamos saber cómo actuar, pero también cómo resistir la desinformación y la manipulación informativa, que no solo viene de medios, sino también de usuarios comunes en redes sociales.

Por eso, deberíamos prepararnos no solo técnicamente, sino socialmente. Fomentar la cultura del cuidado mutuo, fortalecer los lazos comunitarios y confiar en que muchas veces, las soluciones no vienen “de arriba”, sino “de al lado”.

No caigamos en el olvido cuando todo pase. No pensemos ingenuamente que no volverá a ocurrir. No cedamos ante el “sálvese quien pueda”. Porque hoy más que nunca, la fuerza de una sociedad reside en su resiliencia.

El apagón fue un espejo. Nos permitió observar, en tiempo real, cómo funcionamos socialmente cuando el sistema se detiene. Y puso en el centro algo fundamental, la importancia del capital social. Porque más allá de la falta de energía eléctrica, lo que sí hubo el 28 de abril fue, de nuevo, una avalancha de energía social. Y esa, cuando se enciende, no se apaga con facilidad.

Enlace: https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/dialogando-con-la-sociedad-y-las-ciencias-politicas/energia-social-sostiene-falla_132_12259422.html