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Lecciones del pasado: el cambio climático pudo evitarse

María Ángeles Tobarra (MariaAngeles.Tobarra@uclm.es)

El New York Times ha publicado recientemente un reportaje,  resultado de 18 de meses de trabajo de investigación (del autor Nathaniel Rich), sobre cómo los científicos comparten sus descubrimientos sobre los efectos de la emisión de dióxido de carbono y otros gases, cómo los políticos reciben e interpretan dicha información y cómo eso se traslada (o no) a medidas de política.

El artículo incluye científicos convencidos sobre el origen humano del cambio climático y los efectos futuros sobre la vida y la economía de nuestras comunidades y economistas y expertos en Ciencia Política que evalúan las consecuencias y buscan movilizar apoyos para cambiar las políticas energéticas y medioambientales. También habla sobre los intentos de lograr acuerdos internacionales para reducir las emisiones a nivel global. O el cambio político a un gobierno del partido republicano que promociona los combustibles fósiles, paraliza el fomento de las energías renovables y retira fondos e influencia a las agencias científicas americanas (como la EPA) que estudian e intentan proteger el medioambiente. Y cómo eso perjudica gravemente las opciones de parar los efectos más perniciosos del calentamiento global, en nombre de la defensa del crecimiento económico.

Lo diferente de este artículo es que lo que analiza con enorme detalle es la década de 1979-1989. Su título, “Losing Earth: The Decade We Almost Stopped Climate Change”, nos habla de la oportunidad perdida de haber evitado que la temperatura global superara los famosos 2°C (de incremento de la temperatura global sobre los niveles anteriores a la revolución industrial). Recordamos que ése es el límite fijado por los científicos para evitar los efectos más catastróficos del calentamiento global. A partir de ese nivel, como se ha publicado recientemente en nuevos estudios, la Tierra dejará de poder “curarse” a sí misma y la única alternativa para evitar que el medio en el que vivimos pase de ser nuestro aliado a ser nuestro enemigo será nuestra intervención en sentido contrario a lo que hemos hecho hasta ahora, capturando por ejemplo dióxido de carbono de la atmósfera. Y sabiendo que no podremos recuperar todo lo ya perdido.

El artículo del NY Times, con lujo de vídeos y fotos, actuales y pasados, y considerable extensión, nos explica cómo la información sobre el potencial destructivo del efecto de los gases invernadero llegó por primera vez hasta los círculos políticos, el congreso y el gobierno de los Estados Unidos. Cómo se alcanzó un consenso, entre políticos de ambos partidos, sobre la necesidad de actuar, a nivel internacional, bajo el liderazgo de este país, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Y cómo, para desgracia de todos nosotros y, más aún, de los que vendrán después, ese proceso no resultó en el necesario acuerdo mundial, pese a estar a punto de conseguirse.

En esta época del año en que muchos tendemos a leer novelas, historias de suspense, les recomiendo la lectura de este artículo. Es una historia con vueltas y revueltas y bien contada. Tiene personajes interesantes, como los científicos, líderes políticos, incluyendo algunos conocidos, como ese Al Gore treintañero que descubre qué es el calentamiento global. Es educativo en términos de qué es el cambio climático, cómo se generan o no cambios en la opinión pública y cómo eso se traslada o no en políticas, a nivel internacional. Y sirve para practicar el inglés, cosa siempre útil.

Siguiendo la sabiduría de que quien no recuerda el pasado está condenado a repetirlo, los paralelismos entre la situación que se describe en el artículo y la actualidad nos obligan a plantearnos qué podemos aprender de lo ocurrido. ¿Cómo influyen las crisis económicas en países desarrollados, o la necesidad de crecimiento en países en desarrollo, en la percepción de los problemas medioambientales? ¿Qué papel pueden jugar las empresas en la generación de opinión pública e influencia política? ¿Cómo evitar que el cortoplacismo de muchos políticos impida avanzar en problemas cuyos efectos son graduales y a largo plazo? ¿Por qué es tan importante el papel de los medios de comunicación y la divulgación científica?

Como conclusión, la reflexión principal del artículo es que la tendencia humana al enfrentarnos al dilema de cómo afrontar el problema del cambio climático es intentar aparentar que hacemos lo que podemos sin comprometernos a sacrificios demasiado duros. Ese resultado procede, desde una perspectiva económica, de nuestra miopía, de forma que nuestra valoración presente de una catástrofe futura es inferior a la que debería ser objetivamente. Y de que los beneficios de seguir emitiendo se concentran sobre todo en algunos países y empresas, mientras que los costes empiezan a sentirse principalmente en otros países y colectivos mucho más pobres y vulnerables.

Las personas que aparecen en el artículo pensaban que empezar a reducir las emisiones en 1990 ya era esperar demasiado. Aunque no podamos recuperar el tiempo perdido, esperar aún más no es una opción.

¿Y si los residuos se transformaran en recursos? La economía se hace circular.

Nuria Gómez Sanz (nuria.gomez@uclm.es)

El uso eficaz de los recursos es un tema recurrente en economía, el concepto está incluso recogido en la misma definición de economía como ciencia, al menos según el enfoque de algunas de sus principales escuelas. Las escuelas medioambientales se han preocupado, desde sus distintas visiones, por este tema. Aquellas con origen en la ciencia económica se han centrado fundamentalmente en el proceso habitual de extraer-fabricar-desechar, estudiando cómo estos elementos se pueden llevar a cabo reduciendo la utilización de recursos y la generación de residuos, así como minimizando el empleo de energía. Sin embargo, esa idea de uso eficaz ha evolucionado en los últimos tiempos al reconocer que dicho uso no tiene porqué ser lineal, o “de la cuna a la tumba”, si no que la clave está en la reutilización, a través de procesos y servicios que se complementan para lograr la realización del “de la cuna a la cuna” o la economía circular.

Ciclo de vida de un producto. /Wikipedia
Ciclo de vida de un producto. /Wikipedia

La idea ha calado también en las instituciones políticas más sensibles a esta temática.

«Una Europa que utilice eficazmente los recursos» es el eslogan de una campaña diseñada desde el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo y que persigue el desarrollo y crecimiento sostenible. En España desde los ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y de Economía, Industria y Competitividad se ha impulsado el Pacto por la Economía Circular y hay otros países que han implementado la economía circular como política estratégica, como son Alemania, China o Japón.

Para su plena implementación se deben considerar buena parte de los principios tradicionales de las economías domésticas, que exigen la reparación, reutilización y recuperación de las mercancías, pero a partir de un diseño que implique no sólo a los consumidores finales sino también a las empresas, que juegan un papel fundamental en el pleno desarrollo de la economía circular. Para las empresas tiene sentido recuperar materiales valiosos, más aún en un mercado con incertidumbre sobre su disponibilidad o sus precios en el futuro. Y se necesita también un marco legal que fomente la economía de la “funcionalidad”, donde las empresas permanezcan vinculadas a sus productos para privilegiar el uso frente a la posesión, comprometiéndose a recuperar los productos cuando dejan de ser útiles para el consumidor. Esta idea obliga a las empresas a valorizar sus productos después de que éstos dejen de tener el uso para el que fueron originalmente producidos y exige que en su diseño se incorpore también la idea de la reutilización o la recuperación, totalmente ajena a la actual economía del “usar y tirar”.

Algunos ejemplos de este tipo de producción ya empiezan a ser conocidos: botellas que se convierten en alfombrillas y salpicaderos para los coches o incluso en prendas de ropa o bolígrafos, neumáticos que se convierten en zapatos o empresas cuyo producto principal es el zumo de naranja y convierten un subproducto, las cáscaras, para su uso en la alimentación animal y para la extracción de su aceite esencial que es reutilizado para producir perfumes o chicles.

Proyectos más complejos y con un gran impacto ya se están implementando, como empresas automovilísticas que diseñan sus vehículos para permitir el máximo aprovechamiento de sus componentes cuando el vehículo se retire, empresas textiles que producen solo sobre pedidos, para reducir los stocks que finalmente no encuentran salida en el mercado, y “alquilan” sus productos, recuperándolos de sus consumidores, cuando estos los desechan, para reutilizarlos en nuevos procesos productivos o empresas de telefonía móvil que informan a sus clientes del precio de recompra de sus teléfonos usados y facilitan la devolución en tienda con pago inmediato.

El proceso de lo lineal a lo circular se ha iniciado, las tecnologías de la información facilitarán esa transición impulsada por empresas y consumidores.

El consumo de soja importada daña el medio ambiente local

Luis Antonio López Santiago (Luis.LSantiago@uclm.es)

El reciente artículo publicado en PNAS en 2018 nos muestra como el comercio internacional de alimentos puede ser perjudicial para el medio ambiente del país importador.

El comercio internacional de alimentos desempeña un papel importante en la seguridad alimentaria mundial y en la sostenibilidad ambiental global. En general, se ha llegado a la conclusión de que en el comercio internacional de alimentos los países importadores obtienen beneficios ambientales, mientras que los países exportadores sufren problemas ambientales al utilizar la tierra y otros recursos para producir alimentos para la exportación. Sin embargo, contrariamente a la sabiduría convencional el estudio señalado muestra que el comercio internacional de alimentos también puede conducir a la contaminación ambiental en los países importadores.

Plantas de soja creciendo en plantación de trigo. / wikipedia
Plantas de soja creciendo en plantación de trigo. / wikipedia

A nivel mundial, los autores llevan a cabo un metaanálisis que indica que hubo una mayor contaminación por nitrógeno (N) después de que gran parte de las tierras cultivadas previamente dedicadas a la soja se convirtiera en otros cultivos con una alta demanda de nitrógeno (trigo, maíz, arroz y hortalizas). Los hallazgos fueron posteriormente verificados por un estudio intensivo a nivel regional en China, el mayor país importador de soja, donde la conversión de tierras de soja en campos de maíz y arrozales ha llevado a un aumento de la contaminación por nitrógeno.

Los resultados encontrados por este trabajo sugieren la necesidad de evaluar las consecuencias ambientales del comercio internacional de todos los demás bienes y productos importantes en todos los países importadores, que tienen implicaciones significativas para el replanteamiento fundamental en la formulación de políticas globales y debates sobre responsabilidades ambientales entre consumidores, productores y comerciantes en todo el mundo.

Sostenibilidad: ¿soluciones sencillas para problemas complejos?

María Ángeles Tobarra (MariaAngeles.Tobarra@uclm.es)

Ampliar el número de personas informadas y sensibilizadas acerca de los problemas medioambientales que nos afectan es, sin duda, uno de los objetivos fundamentales si realmente queremos generar cambios a largo plazo. Por un lado, porque es más fácil conseguir avances en políticas medioambientales cuando los políticos saben que esos temas son relevantes para un porcentaje significativo del electorado. Y por otro, porque otra parte importante de los cambios necesarios proviene de nuestras decisiones como consumidores. Sin embargo, eso genera diferentes problemas. Ante el bombardeo de información, ¿qué criterio usar para decidir qué temas son más relevantes, o acuciantes? ¿Debe centrarse la información en aquellos aspectos en los que podemos tomar decisiones a nivel individual? ¿Qué nivel de detalle o análisis deberíamos considerar?

A veces creemos encontrar un problema grave, que genera considerables daños medioambientales o sociales, y que podemos contribuir a su solución de forma decisiva. Pero, ¿hasta qué punto sirven las soluciones “fáciles” para resolver dichos problemas? Ejemplo reciente es el uso del aceite de palma, o su prohibición. Como todos sabemos, dicho aceite se utiliza de forma muy generalizada en numerosos productos alimenticios y estéticos, y en menor medida, como biodiésel. Y nos hemos enterado de ello gracias a las campañas alertando de los problemas medioambientales que genera. El aceite de palma se produce principalmente en zonas del Asia tropical, como Malasia e Indonesia (aunque también en algunos países africanos y americanos, como Colombia y Ecuador) y ello ha llevado a la deforestación de grandes extensiones de bosque tropical en zonas como Borneo, reduciendo el hábitat en el que habitan especies amenazadas, como el orangután. Gran parte de los productos que lo contienen son consumidos en países desarrollados como el nuestro.

Aceite de palma.
Aceite de palma.

Ante ello, la solución más inmediata parece clara: reducir drásticamente nuestro consumo de productos que utilicen aceite de palma. De ahí las peticiones para que se prohíba su utilización en productos vendidos dentro de la UE y la proliferación de productos que indican en su etiquetado que no utilizan este aceite. Sin embargo, un estudio reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza muestra que la realidad es más compleja de lo que parece. Y nos sirve para introducir un elemento general y fundamental en todas las discusiones sobre sostenibilidad: ¿qué alternativas son probables o deseables si tomamos una decisión sobre este producto?

Aunque este cultivo ha generado una importante deforestación concentrada en zonas limitadas (50% en Borneo), sólo supone el 0,5% de la deforestación mundial. Además, produce nueve veces más aceite por hectárea que la soja y siete más que el girasol, de forma que el aceite de palma supone el 35% de todo el aceite vegetal a nivel mundial, pero sólo ocupa el 10% de la Tierra. Y se trata de una importante fuente de ingresos en algunos países en desarrollo. Si se prohíbe su uso, ¿cuánta deforestación se producirá en otros sitios para producir la soja necesaria para sustituirlo? ¿Qué otras especies pondremos entonces en peligro? ¿Qué comunidades se beneficiarán y cuáles perderán?

Los autores del informen piden a la UE que no prohíba radicalmente este aceite, puesto que si lo hace dejará de tener voz y voto en su producción y comercio. Los otros consumidores, China e Indonesia, no van a fomentar las plantaciones de aceite de palma sostenibles. Y aunque éstas aún presentan graves deficiencias de funcionamiento, podrían contribuir a ser parte de la solución. Sobre todo, si sirve para reforestar algunas zonas previamente deforestadas, como en ciertas partes de la Amazonia brasileña. También aportar incentivos económicos a la protección de las especies en peligro. Mejorar la biotecnología para hacer más productivos otros cultivos es igualmente un elemento fundamental. Otro es reconsiderar el uso de biocombustibles frente a otras opciones, como la progresiva electrificación del transporte junto a la creciente generación de electricidad renovable.

En resumen, la sostenibilidad suele ser un equilibrio complejo entre necesidades sociales, económicas y medioambientales. Las soluciones rápidas y aparentemente fáciles no siempre producen los efectos deseados. Deben analizarse todos los factores en juego, así como las posibles alternativas. Y la opinión pública es un elemento tan importante de ese proceso que debe recibir suficiente información sobre las ventajas y desventajas de las opciones. Aunque eso complique el mensaje a transmitir y las decisiones a tomar.

Turismo y emisiones de carbono

María Ángeles Cadarso (angeles.cadarso@uclm.es)

Ahora que muchos estamos de vacaciones o volviendo de ellas, me gustaría hablar en este post del impacto ambiental del turismo, en concreto de la huella de carbono del turismo. Es algo en lo que habitualmente no pensamos cuando planificamos y decidimos nuestras vacaciones, pero nuestras decisiones son importantes para el medio ambiente también en este aspecto, como turistas, y no solo cuando decidimos reciclar las botellas y el cartón o regulamos la temperatura del aire acondicionado.

Como turistas generamos emisiones de carbono, CO2, que es uno de los gases más importantes de los responsables del efecto invernadero y el cambio climático. Cuando viajamos generamos emisiones directamente, por la combustión del combustible del coche o el avión en el que viajamos, por ejemplo, pero también indirectamente por el proceso de producción de la electricidad que utilizamos en el hotel o el apartamento que hemos alquilado (sobre todo si ha sido producida con combustibles fósiles).

Circulación de vehículos por una autovía.

Y no solo ahí, también generamos emisiones de carbono indirectamente cuando vamos a un restaurante a comer o compramos cualquier cosa de recuerdo para la familia o amigos. En estos casos serían todas las emisiones que se realizaron para que yo pueda tomar esa comida en el restaurante o comprar ese recuerdo, las del funcionamiento del horno y las de la agricultura para hacer crecer esos tomates de la ensalada. Todas esas emisiones son las que recoge la huella de carbono del turismo.

Alguien puede pensar que tampoco será tan importante comparado con las emisiones de, por ejemplo, una central térmica, pero es fácil darse cuenta de que sí lo son si pensamos primero en el volumen del turismo. ¡El año pasado visitaron solo España 82 millones de turistas! Y, segundo, que para hacer turismo viajamos y usamos medios de transporte y el transporte es una de las actividades más intensivas en emisiones por su uso de combustibles fósiles.

Recientemente, un grupo de investigadores australianos ha calculado la huella de carbono del turismo global y ésta supone un 8% de las emisiones a nivel mundial (tanto como las emisiones de Japón, Alemania, Francia, Italia, España y Portugal, juntas). Además, el turismo tendría una intensidad de emisiones (CO2 emitido por euro gastado) mayor que la media de la economía y mayor que la de la industria o la construcción.

Hay varias buenas noticias. Una es que esos datos que proporciona ese estudio son de la media a nivel mundial y España, por ejemplo, es un país más eficiente en cuanto a emisiones que la media y el turismo aquí sería menos contaminante. Otra es que una evaluación de la sostenibilidad del turismo debería tener en cuenta también las aportaciones positivas que éste realiza a la economía y al desarrollo, en el empleo, por ejemplo. Y una más, que nosotros como turistas también podemos guiar un turismo más sostenible y eficiente medioambientalmente, eligiendo medios de transporte menos contaminantes, hoteles y productos con certificación ambiental.

Es importante tomar conciencia de ello y actuar.

La energía del futuro y del presente: aguas residuales

Inmaculada Carrasco. (inmaculada.carrasco@uclm.es)

Con este título tan prometedor, la estudiante de doctorado Sara Mateo Fernández se hacía con el segundo premio (ex aecuo) del concurso “Tu Tesis en tres minutos” (Three Minute Thesis -3MT), cuya fase final se disputó el pasado viernes, día 29 de junio en el Campus de Albacete de la UCLM. El certamen está organizado por la Escuela Internacional de Doctorado con el fin de promover el desarrollo de habilidades de comunicación académica y científica de los estudiantes de doctorado.

Por segundo año consecutivo, doctorandos de la Universidad de Castilla-La Mancha, han participado en este certamen, en el que tienen que explicar sus respectivas tesis doctorales, en tres minutos. La UCLM se suma de nuevo a esta iniciativa, iniciada en el año 2008 en la Universidad de Queensland (Australia).

Sara Mateo sostiene que es posible aprovechar la energía contenida en el agua residual. ¡Qué buena noticia! Pues sería una fuente inagotable y gratuita de energía y evitaría el alto coste asociado al tratamiento de aguas residuales. La estudiante de doctorado de la UCLM ha conseguido crear Celdas de Combustible Microbiológicas a base de microorganismos que encuentran su alimento en el agua residual, generando electrones.

En el experimento que sustenta la tesis doctoral, mediante dispositivos de tamaño muy reducido, capaces de acumular dicha electricidad, Sara Mateo, ha sido capaz de iluminar 220 leds durante varia semanas.

Podemos decir por tanto, que se ha materializado una nueva fuente de energía que nos acerca a un futuro más sostenible.

Sara Mateo (derecha de la imagen) con su premio. Fuente: UCLM.

El gran negocio de lo biodegradable

Nuria Gómez Sanz (nuria.gomez@uclm.es)

¿Qué sorprendente invento tarda 1 minuto en producirse, tiene una vida útil aproximada de 10 minutos y necesita 1000 años para descomponerse?

Las cifras son muy llamativas, pero las pajitas no son un caso aislado, los productos de plástico de un solo uso, tan comunes como los envoltorios, vasos o botellas de plástico, bolsas y un largo sin fin de artículos habituales en nuestro consumo diario, tienen unos ciclos de vida similares. Y a pesar de ello las cifras no reflejan el daño que estos elementos causan al medioambiente, con un impacto muy marcado en la pérdida de biodiversidad.

Los efectos nocivos son especialmente visibles en el entorno marino, donde ya son habituales las imágenes de fauna afectada por estrangulación, enredos, asfixia de animales afectados por desnutrición al bloquear el tránsito intestinal. Menos visibles, pero con la misma capacidad destructiva, son los microplásticos, que se producen en este formato para productos de uso cotidiano o se generan como resultado de la rotura de piezas más grandes. Y cuando las fracciones son aún más pequeñas aparecen los nanoplásticos. Todos esos residuos entran en la cadena trófica y, además de su conocido efecto devastador en la fauna marina y en un buen número de aves, ya han pasado en la cadena alimentaria humana, según informaba en diciembre el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

La solución que se ha propuesto hasta ahora, el reciclaje, no está funcionando, en parte porque es más barato producir plástico nuevo que reciclarlo. A esto debemos añadir que algunos productos de plástico no pueden reciclarse porque están combinados con otros materiales o por los aditivos que se emplean en su proceso productivo. Buena parte del plástico que los confiados consumidores llevamos a los contenedores se incinera, con devastadores efectos medioambientales, o se exporta a países en desarrollo, con normativas medioambientales más laxas donde no sabemos qué uso tendrá pero no somos muy optimistas al respecto.

Algunos empresarios aventajados ya han visto el filón. Aunque en un número aún pequeño, se están estableciendo nuevas empresas que producen pajitas, bolsas, envoltorios y otros artículos de un solo uso en materiales biodegradables que se descomponen fácilmente. Es un mercado en crecimiento gracias a la presión de los consumidores que empiezan a reaccionar a los escalofriantes datos que ofrecen ONGs, institutos de investigación y administraciones públicas sobre la necesidad de modificar nuestras pautas de consumo. Pajitas comestibles, botellas fabricadas a base de algas, bolsas compostables, platos de fabricados con hojas de plantas, envoltorios ecológicos de papel o cera para alimentos, artículos de bioplástico…

El compromiso de los consumidores y las normativas que se está aprobando a nivel europeo darán el impulso definitivo a este mercado.