Archivo de la categoría: Noticias

Informe macroeconómico del sector fotovoltaico elaborado por profesores del Máster CryDeS

Jorge Zafrilla (jorge.zafrilla@uclm.es)

Durante los últimos meses, ocho miembros del grupo de investigación GEAR de la UCLM, entre ellos, cinco profesores del Máster CryDeS*, han desarrollado el informe macroeconómico del sector fotovoltaico en España para los años 2016 y 2017 a petición de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

El pasado jueves, 13 de septiembre, en la sede de UNEF (Madrid), tuvo lugar la presentación en rueda de prensa de dicho informe, titulado “El desarrollo actual del sector fotovoltaico en España”.

Imagen de la rueda de prensa. / Grupo GEAR.

 

Como principales conclusiones, podemos destacar que a pesar de que el sector fotovoltaico ha sufrido en los últimos años una moratoria en lo referente a nuevas instalaciones, en 2017 la contribución total del sector al PIB español supera los 3.350 millones de euros. Las condiciones del mercado en los últimos años han hecho que las empresas españolas hayan hecho un notable esfuerzo por internacionalizar sus servicios. En la actualidad, más de 70 empresas españolas prestan sus servicios en más de 70 países, generando un saldo neto exportador entorno a los 400 millones de euros. En términos de empleo, el sector genera la contratación directa de más de 6.100 trabajadores, y de casi 13.000 trabajadores adicionales indirecta e inducidamente, los cuales gozan de una estabilidad y calidad superior a la de la media española. Los altos ratios de inversión en I+D del sector y los importantes efectos arrastres sobre otros sectores clave de la economía española, están, en parte, detrás de estos relevantes datos macroeconómicos. En términos ambientales, la casi nula generación de emisiones directas de gases efecto invernadero de la energía solar fotovoltaica favorece el ahorro de emisiones en la economía española y reduce la dependencia energética exterior al prescindir de la importación de tecnologías fósiles.

Los retos climáticos a los que se enfrenta el planeta, la nueva normativa europea sobre energías renovables y las últimas acciones y disposiciones del Ministerio para la Transición Ecológica del Gobierno de España, hacen que seamos optimistas respecto de la evolución del sector en los próximos años. La instalación masiva de paneles solares y el fomento del autoconsumo harán del sector fotovoltaico uno de los sectores clave de la economía española en un intervalo de tiempo relativamente corto pues hacia 2030, países como España tendrán ya que haber convertido las energías renovables en su principal fuente de energía primaria.

*El informe “El desarrollo actual de la energía fotovoltaica en España” ha sido desarrollado por los investigadores de la UCLM, y miembros de GEAR (Global Energy and Environmental Economic Analysis Research Group), Guadalupe Arce, María Ángeles Cadarso, Carmen Córcoles, Nuria Gómez, Luis Antonio López, Fabio Monsalve, María Ángeles Tobarra y Jorge Zafrilla (coordinador).

Comercio internacional como fuente de contaminación y muertes prematuras

Luis Antonio López Santiago (Luis.LSantiago@uclm.es)

El comercio internacional contribuye a la globalización de las emisiones y la contaminación como resultado de la producción de bienes (y sus emisiones asociadas) en una región para el consumo en otra región. Los efectos del comercio internacional en las emisiones de contaminantes atmosféricos, calidad del aire y salud se han investigado a nivel regional, pero faltaba una evaluación global combinada de los impactos en la salud relacionados con el comercio internacional y el transporte de la contaminación del aire atmosférico.

El artículo publicado en NATURE por Zhang y coautores combina cuatro modelos globales para estimar la mortalidad prematura causada por la contaminación por partículas finas (PM2.5) como resultado del transporte atmosférico y la producción y el consumo de bienes y servicios en diferentes regiones del mundo.

Chimeneas industriales en Nuevo México. / Wikipedia.
Chimeneas industriales en Nuevo México. / Wikipedia.

Los autores encuentran que de las 3,45 millones de muertes prematuras relacionadas con la contaminación por PM2.5 en 2007 en todo el mundo, alrededor del 12% (411,100 muertes) se relacionó con contaminantes atmosféricos emitidos en una región del mundo distinta a aquella en que ocurrió la muerte, y alrededor del 22 por ciento (762,400 muertes) con bienes y servicios producidos en una región para el consumo en otra.

Los resultados encontrados por este trabajo muestra que los impactos transfronterizos sobre la salud de la contaminación PM2.5 asociados con el comercio internacional son mayores que los asociados con el transporte de contaminantes atmosféricos a larga distancia.Por ejemplo, la contaminación por PM2.5 producida en China en 2007 está relacionada con más de 64.800 muertes prematuras en regiones distintas de China, incluidas más de 3.100 muertes prematuras en Europa occidental y los Estados Unidos; por otro lado, el consumo en Europa occidental y los Estados Unidos está relacionado con más de 108.600 muertes prematuras en China.

Para reducir la alta mortalidad asociada al comercio internacional los gobiernos y organismos internacionales han de evitar que las industrias más contaminantes migren hacia regiones con una legislación medioambiental más laxa y, al tiempo, facilitar la trasferencia de tecnología entre empresas de países con distinto nivel de desarrollo.

Macrogranjas en Castilla-La Mancha: dos preguntas para el consejero

Gregorio López Sanz (gregorio.lopez@uclm.es)

La proliferación de macrogranjas de porcino en Castilla-La Mancha, con el visto bueno del Gobierno de la Comunidad Autónoma, incluso con su apoyo financiero, se han convertido en tema de preocupación para muchas personas y colectivos que luchan por el cuidado de la naturaleza y del medio rural.

Imagen de una macrogranja de cerdos.

Dos preguntas le hago llegar al Consejero de Agricultura y Medio Ambiente de Castilla-La Mancha respecto a este asunto.

La primera es una repregunta, por si el Consejero quisiera rectificar o matizar una contestación que dio hace apenas 5 meses. El pasado 23 de abril, en Albacete, interpelado por la posición de la Junta de Castilla-La Mancha respecto a las macrogranjas el Consejero afirmó: “la responsabilidad de que se instale una macrogranja en cualquier municipio de la región es del Ayuntamiento en cuestión que es el “órgano sustantivo”. La Administración local recoge el proyecto de la empresa y pide la Declaración de Impacto Ambiental a la Consejería de Medio Ambiente.  Son los ciudadanos y el alcalde quienes tienen que decidir si quieren una granja de cerdos en su municipio. Es una cuestión que les compete a ellos. El alcalde tendrá que asumir el coste de promocionar una granja o no hacerlo y es una decisión que le compete al Ayuntamiento de manera exclusiva y que en ningún caso es competencia del Gobierno de Castilla-La Mancha. El Gobierno regional hace la Declaración de Impacto Ambiental que es siempre muy exigente (1), imponiéndose unos requisitos al promotor del proyecto”.

Esta respuesta no me sirve. Creo que entra en abierta contradicción con lo establecido en el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha, que en su artículo 31 señala que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha asume competencias EXCLUSIVAS, entre otras materias, en ordenación del territorio, urbanismo y vivienda, agricultura y ganadería e industrias agroalimentarias y planificación de la actividad económica y fomento del desarrollo económico de la Región. Por ejemplo, la Junta no deja que los municipios decidan sobre expedientes de transformación o nuevos derechos para plantación de viñedo, ni sobre incorporación de jóvenes a la agricultura, ni sobre ganadería extensiva o agricultura ecológica, ni sobre subvenciones a empresas productivas. En otros casos, como urbanismo, los municipios proponen, pero la Junta dispone. Entiendo que la Junta debe abandonar esta posición de equidistancia y tomar partido del lado de las preocupaciones de la gente.

Creo que la creciente movilización ciudadana contra las macrogranjas a las puertas de elecciones autonómicas ha llevado a la Junta a “echar balones fuera a la desesperada”. Al actuar así deja el problema de las macrogranjas en una situación de mayor vulnerabilidad aún. Para bien o para mal, los Ayuntamientos serán quienes decidan. Habrá algunos que cuenten con la opinión de la ciudadanía a través de procesos participativos transparentes. Habrá otros donde la Alcaldía tomará la decisión que estime conveniente sin consultar a sus vecinos/as. Lógicamente, los promotores de macrogranjas, buscarán éstos últimos Ayuntamientos para sacar adelante sus negocios sucios. Lamayor parte de los Ayuntamientos son muy pequeños, sin medios para desarrollar un proceso con plenas garantías en materia de impacto socioambiental y menos aún para el control estricto de la gestión de residuos y de bienestar animal en el caso de que finalmente salgan adelante dichos proyectos.

Y otra cuestión no menor. Si un proyecto de macrogranja cuenta con una Declaración de Impacto Ambiental positiva por parte de la Junta de Castilla-La Mancha, ¿cómo podría un Ayuntamiento evitar la instalación de la misma sin ir contra la ley, es decir, sin prevaricar? Los ayuntamientos deberíanjustificar que la licencia no se puede otorgar por algún motivo mediante un informe técnico muy bien fundamentado en razones ambientales, sociales o económicas. Es decir, debería confluir la firmeza y valentía de la Alcaldía con la pericia de quienes elaboren los informes técnicos municipales. Y claro, frente a ello, estarían las empresas promotoras de macrogranjas con toda su artillería jurídica para recurrir cualquier acto administrativo contrario a sus intereses. Es decir, con mucha probabilidad se entraría en pleitos prolongados ante los tribunales de incierta resolución.Incluso podríamos encontrar fallos judiciales que obligaran a las maltrechas arcas municipales a indemnizar a empresas promotoras de macrogranjas a las que se les hubiera negado la licencia de obra y actividad de manera contraria a derecho.

En el caso de que fuera posible prohibir macrogranjas vía ordenanzas municipales (tras pasar el filtro administrativo de la correspondiente comisión provincial o regional de urbanismo), una corporación municipal posterior podría modificar dichas ordenanzas para que de nuevo fueran permisivas. Así, el riesgo de esta espada de Damocles siempre estaría ahí, preparada para caer en cuanto la correlación de fuerzas políticas en un ayuntamiento se mostrara proclive. Como la administración autonómica deja la decisión en los municipios, más allá de la emisión de la correspondiente Declaración de Impacto Ambiental, se convertiría en una simple espectadora respecto a un asunto de vital transcendencia para el medio ambiente y la salud de las personas en su ámbito de competencias.

Y ya puestos, una segunda pregunta muy concreta. ¿Existe algún documento o plan elaborado por la Junta de Comunidades, donde se valore el impacto socioambiental acumulativo sobre la tierra, el agua y el mundo rural, de los agronegocios ligados a los mercados internacionales, tales como la agricultura intensiva de secano y regadío, así como de la ganadería industrial que se están promocionando en esta región?

[1] Es cuestionable que las Declaraciones de Impacto Ambiental sean tan “exigentes”. El hecho de que se necesiten más de 2.000 plazas de cerdos para que sea exigible estudio de impacto ambiental es excesivo. Implícitamente se está considerando que con menos de 2.000 plazas no hay impacto en el medio natural, y eso es muy cuestionable. Por ejemplo, podría darse el caso de muchas granjas de 2.000 plazas en una comarca, que tendrían efectos acumulativos sobre el suelo y las aguas. Antes de la actual Ley de Evaluación Ambiental el límite para tener que someterse a estudio de impacto ambiental era 400 plazas de cerdos, por tanto, la evolución ha sido a cada vez más laxa, no cada vez más exigente.

Por otro lado, la Junta de Castilla-La Mancha está incumpliendo su ley de manera sistemática. Otorga Declaraciones de Impacto Ambiental a proyectos que no cumplen criterios exigidos como la presentación de estudios específicos sobre afecciones al medio cuando el proyecto está en zona protegida (red natura o zona ZEPA), ni la presentación de plan de abonado cuando el proyecto está en zona vulnerable a la contaminación de aguas subterráneas por nitratos (donde se incluye buena parte del territorio de la región).

Igualmente, en 2012 el Gobierno de Castilla-La Mancha derogó la normativa que regulaba la gestión de los purines de porcino, y hasta ahora no se ha sacado ninguna norma que la sustituya, a pesar de tratarse de una actividad con un elevado potencial de impacto ambiental negativo.

Lecciones del pasado: el cambio climático pudo evitarse

María Ángeles Tobarra (MariaAngeles.Tobarra@uclm.es)

El New York Times ha publicado recientemente un reportaje,  resultado de 18 de meses de trabajo de investigación (del autor Nathaniel Rich), sobre cómo los científicos comparten sus descubrimientos sobre los efectos de la emisión de dióxido de carbono y otros gases, cómo los políticos reciben e interpretan dicha información y cómo eso se traslada (o no) a medidas de política.

El artículo incluye científicos convencidos sobre el origen humano del cambio climático y los efectos futuros sobre la vida y la economía de nuestras comunidades y economistas y expertos en Ciencia Política que evalúan las consecuencias y buscan movilizar apoyos para cambiar las políticas energéticas y medioambientales. También habla sobre los intentos de lograr acuerdos internacionales para reducir las emisiones a nivel global. O el cambio político a un gobierno del partido republicano que promociona los combustibles fósiles, paraliza el fomento de las energías renovables y retira fondos e influencia a las agencias científicas americanas (como la EPA) que estudian e intentan proteger el medioambiente. Y cómo eso perjudica gravemente las opciones de parar los efectos más perniciosos del calentamiento global, en nombre de la defensa del crecimiento económico.

Lo diferente de este artículo es que lo que analiza con enorme detalle es la década de 1979-1989. Su título, “Losing Earth: The Decade We Almost Stopped Climate Change”, nos habla de la oportunidad perdida de haber evitado que la temperatura global superara los famosos 2°C (de incremento de la temperatura global sobre los niveles anteriores a la revolución industrial). Recordamos que ése es el límite fijado por los científicos para evitar los efectos más catastróficos del calentamiento global. A partir de ese nivel, como se ha publicado recientemente en nuevos estudios, la Tierra dejará de poder “curarse” a sí misma y la única alternativa para evitar que el medio en el que vivimos pase de ser nuestro aliado a ser nuestro enemigo será nuestra intervención en sentido contrario a lo que hemos hecho hasta ahora, capturando por ejemplo dióxido de carbono de la atmósfera. Y sabiendo que no podremos recuperar todo lo ya perdido.

El artículo del NY Times, con lujo de vídeos y fotos, actuales y pasados, y considerable extensión, nos explica cómo la información sobre el potencial destructivo del efecto de los gases invernadero llegó por primera vez hasta los círculos políticos, el congreso y el gobierno de los Estados Unidos. Cómo se alcanzó un consenso, entre políticos de ambos partidos, sobre la necesidad de actuar, a nivel internacional, bajo el liderazgo de este país, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Y cómo, para desgracia de todos nosotros y, más aún, de los que vendrán después, ese proceso no resultó en el necesario acuerdo mundial, pese a estar a punto de conseguirse.

En esta época del año en que muchos tendemos a leer novelas, historias de suspense, les recomiendo la lectura de este artículo. Es una historia con vueltas y revueltas y bien contada. Tiene personajes interesantes, como los científicos, líderes políticos, incluyendo algunos conocidos, como ese Al Gore treintañero que descubre qué es el calentamiento global. Es educativo en términos de qué es el cambio climático, cómo se generan o no cambios en la opinión pública y cómo eso se traslada o no en políticas, a nivel internacional. Y sirve para practicar el inglés, cosa siempre útil.

Siguiendo la sabiduría de que quien no recuerda el pasado está condenado a repetirlo, los paralelismos entre la situación que se describe en el artículo y la actualidad nos obligan a plantearnos qué podemos aprender de lo ocurrido. ¿Cómo influyen las crisis económicas en países desarrollados, o la necesidad de crecimiento en países en desarrollo, en la percepción de los problemas medioambientales? ¿Qué papel pueden jugar las empresas en la generación de opinión pública e influencia política? ¿Cómo evitar que el cortoplacismo de muchos políticos impida avanzar en problemas cuyos efectos son graduales y a largo plazo? ¿Por qué es tan importante el papel de los medios de comunicación y la divulgación científica?

Como conclusión, la reflexión principal del artículo es que la tendencia humana al enfrentarnos al dilema de cómo afrontar el problema del cambio climático es intentar aparentar que hacemos lo que podemos sin comprometernos a sacrificios demasiado duros. Ese resultado procede, desde una perspectiva económica, de nuestra miopía, de forma que nuestra valoración presente de una catástrofe futura es inferior a la que debería ser objetivamente. Y de que los beneficios de seguir emitiendo se concentran sobre todo en algunos países y empresas, mientras que los costes empiezan a sentirse principalmente en otros países y colectivos mucho más pobres y vulnerables.

Las personas que aparecen en el artículo pensaban que empezar a reducir las emisiones en 1990 ya era esperar demasiado. Aunque no podamos recuperar el tiempo perdido, esperar aún más no es una opción.

Huella ecológica y consumo insostenible

María Ángeles Cadarso (angeles.cadarso@uclm.es)

¿Cuántos planetas necesita la Humanidad para mantener su nivel de vida? Pues según cálculos de Global Footprint Network y WWF necesitamos 1,7 planetas, pero sólo tenemos uno, luego el resto lo obtenemos sobreexplotando los recursos de la Tierra y a costa de recursos de las siguientes generaciones.

Estos cálculos están realizados a partir del concepto de huella ecológica (ecological footprint). Ésta es el conjunto de recursos ecológicos necesarios para generar los productos que demanda una determinada población y para asimilar los residuos que genera (alrededor del 60% de esa huella ecológica lo constituye la huella de carbono, el CO2 que emitimos a la atmósfera).

El nombre de huella viene del hecho de que su cálculo se basa en la estimación de la superficie requerida para la producción de recursos y asimilación de residuos y, por ello, está expresada en hectáreas por habitante y año.

El problema, como señalaba al principio, es que nuestra huella ecológica es mayor que el planeta en el que vivimos. De hecho, el 1 de agosto de este año 2018 la Humanidad ya hemos consumido todos los recursos naturales que la Tierra es capaz de regenerar en un año y entramos en números rojos. Es el llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Cada vez se es más consciente de ello y esta noticia fue recogida por el Telediario de la 1 el mismo día 1 de agosto en un reportaje de Natalia Kolotúskina. Además, este día no hace más que adelantarse cada año. En la década de los 60 no se entraba en números rojos. En 2012, la fecha de agotamiento de los recursos fue el 22 de agosto, según los datos de la Global Footprint Network.

Impacto de la huella ecológica.
Impacto de la huella ecológica.

Y el problema se agrava si pensamos que no todos los países tienen el mismo nivel de consumo, sino que éste es mucho más alto en los países desarrollados. Si todos consumieran al nivel de los países ricos, ¿cuántos planetas necesitaríamos entonces?

Aunque esta preocupación parece nueva, por desgracia no lo es. En vísperas de la independencia de la India le preguntaron a Gandhi si creía que la India podía seguir el modelo de desarrollo industrial británico y Gandhi dijo: «Alcanzar su prosperidad ha llevado a Gran Bretaña a consumir la mitad de los recursos del Planeta. ¿Cuántos planetas necesitaría un país como la India para lograr ese nivel de desarrollo?».

Nuestro consumo y nuestro nivel o estilo de vida es insostenible y hay que cambiarlo.

¿Por qué lo que hay en mi plato le importa al clima?

Guadalupe Arce (Guadalupe.Arce@uclm.es)

Se estima que entre el 19 y el 31% de las emisiones globales de gases efecto invernadero(GEI) están relacionados con la producción de alimentos. El total de emisiones de GEI procedente de la ganadería a nivel mundial asciende a 7,7 Gigatoneladas de CO2 equivalente (Gt CO2eq.), lo que representa el 14,5% del total de emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico en el mundo. El ganado bovino (criados para la carne de vacuno y la leche, así como para usos no comestibles como el estiércol y fuerza de tiro) son las especies animales responsables de la mayoría de las emisiones, representando alrededor del 65% de las emisiones del sector ganadero.

Realizando el análisis a nivel “producto”, se encuentra que la carne y la leche de ganado son responsables de la mayoría de estas emisiones, alcanzando el 41 y 20% del total del sector, respectivamente. Seguidos por la carne de cerdo (9%), leche y carne de búfalo (8%), carne de pollo y huevos (8%) y carne y leche de pequeños rumiantes como las ovejas (6%). Las emisiones restantes proceden de otras especies de aves de corral y productos no comestibles.

Algunos estudios han cuantificado las emisiones de GEI de distintas dietas, demostrando que dichas emisiones están fuertemente relacionadas con el consumo de productos de origen animal. Por ejemplo, en un estudio realizado por investigadores de la Fundación Británica del Corazón estudian las emisiones de GEI asociadas a una dieta de 2.000 kcal estándar, en Reino Unido, en cuatro versiones: omnívoros, comedores de pescado, vegetarianos y veganos, distinguiendo además entre hombres y mujeres.

Filete de vaca sobre una sartén. / Wikipedia.
Filete de vaca sobre una sartén. / Wikipedia.

Las emisiones más altas se encontraron en los hombres con una dieta omnívora, comedores de carne, mientras que las menores emisiones se encontraron en la dieta de las mujeres veganas. Las emisiones medias de GEI en la dieta de los consumidores de carne fueron (resultados para mujeres y hombres) de un 46% y 51% superiores a los comedores de pescado; un 50% y 54% más altas que para los vegetarianos y un 99% y un 102% más altas que para los veganos. Por tanto, pasar de una dieta de alto consumo de carne a una dieta baja en carne reduciría la huella de carbono de un individuo alrededor de 920kgCO2eq. cada año, pasar de una dieta alta en carne a una dieta vegetariana reduciría la huella de carbono en 1.230kgCO2eq. por año, y pasar de una dieta alta en carne a una dieta vegana reduciría la huella de carbono en 1.560kgCO2eq. por año.

Resultados similares se encuentran en otras investigaciones para otros países como Dinamarca, donde estimaron que una dieta vegetariana reduciría las emisiones de GEI en la dieta un 27%,en comparación con la dieta media danesa; o Australia, donde encuentran que los grupos de alimentos que hacen la mayor contribución a las emisiones relacionadas con la dieta en la dieta promedio australiana son las carnes rojas (8,0 kg CO2eq. por persona por día) y alimentos no básicos (3,9 kg CO2eq. por persona por día). Además, alimentos no básicos (como los snacks) representaron el 27% de las emisiones de la dieta promedio.

Entonces, ¿cuánto impacto tiene mi filete?

Un filete de 150 gramos de carne roja emite alrededor de 16,52 Kg CO2eq. (directa e indirectamente) y son necesarios 2.043 litros de agua. La misma cantidad de carne de pollo, 1,03 Kg CO2eq. Y 531,9 litros de agua. Por contextualizar, para la producción de tu filete de 150 gramos de ternera las emisiones a la atmósfera equivalen a un viaje de 110 Km en coche y con el agua necesaria para la producción de 184 kg de carne roja se podría llenar una piscina olímpica.Y es que para producir la misma cantidad de carne roja que de verduras son necesarios 48 litros de agua más.

¿Significa esto que los amantes de la carne son los causantes del cambio climático?

La respuesta es, obviamente no, pero con matices. Todos los individuos somos responsables en mayor o menor medida del incremento de las emisiones de GEI. Todos utilizamos el coche, tren, avión, compramos ropa “made in China”… o Bangladesh y nos encantan los zumos de naranja en agosto. El consumo de los hogares (el que hace referencia a todos los bienes y servicios que todos consumimos cada día) contribuye en más de un 60% al total de emisiones de GEI y entre un 50% y un 80% del total de la huella de materiales, tierra y agua . En España, la huella de carbono asociada al consumo total de los hogares representó, en 2013, aproximadamente el 70% del total de la huella del carbono española, aunque muy diferente en función del nivel de renta de los hogares.

Los datos, por tanto, son concluyentes: los consumidores, a través de nuestras decisiones de compra y consumo, podemos hacer más de lo que creemos en el camino hacia un desarrollo más sostenible, reduciendo nuestras emisiones teniendo en cuenta de dónde proceden los bienes que compramos,realizando cambios hacia una dieta más saludable o practicando el consumo de proximidad y de temporada. Sin embargo, no cabe duda que la intervención más grande que los consumidores podrían hacer hacia la reducción de su huella de carbono no sería abandonar los coches, sería comer una cantidad de carne roja significativamente menor.

Un primer paso y una gran oportunidad: Europa y su lucha contra el cambio climático

Jorge Zafrilla Rodríguez (jorge.zafrilla@uclm.es)

En las últimas semanas, la Unión Europea ha confirmado su apuesta por la lucha contra el cambio climático alcanzando un ambicioso acuerdo en materia energética. La oportunidad es de oro para los países miembros. La estrategia debe conducir a Europa hacia una reconversión industrial clave para el desarrollo del empleo de media y alta cualificación, la atracción de inversiones, la apertura a mercados internacionales y en definitiva hacia un crecimiento económico con pilares (algo) más sostenibles. Sin duda, un buen primer paso para afrontar muchos de los retos del presente siglo.

Las recientes negociaciones en materia energética en el seno de la Comisión Europea han resultado en un acuerdo sin precedentes en la Unión sobre la potenciación y promoción de las energías renovables. Con los compromisos del Acuerdo de París en mente, Europa, por fin, ha movida ficha conjuntamente con una cifra y un objetivo claro: en 2030 el 32% de la energía final en la Unión Europea tiene que tener origen renovable.

La cifra supone un reto mayúsculo para muchos de los países miembros. Los esfuerzos regulatorios y la capacidad de articulación de los mismos han de ser ágiles. Es por ello que, quizás, el gran logro de este acuerdo no sea tanto la cifra (ya vienen siendo llamativas en los últimos años) como las medidas adoptadas en materia regulatoria: 1) Se irán revisando los esfuerzos de los países miembros a lo largo del periodo (monitorización); 2)Se mejorarán el diseño y la estabilidad de los planes de apoyo a las renovables (ayudas); 3) Se forzará a reducir las trabas regulatorias y procedimientos administrativos (inversión); 4) Se potenciará el auto-consumo (eficiencia); 5)Se amplía el foco a los sectores del transporte y de calefacción y refrigeración (…más ayudas y visión más realista); 6)Mejora de la sostenibilidad en el uso de bioenergía (responsabilidad ampliada). Dinero en forma de ayudas, facilidades para los inversores, homogenización regulatoria, búsqueda de la eficiencia en el sistema, ampliación de las responsabilidades y monitorización del éxito son las bases que diferencian y hacen confiar en el éxito de esta estrategia.

Mapa de luces de la Tierra de noche. /nasa.gov
Mapa de luces de la Tierra de noche. /nasa.gov

Para España, la oportunidad es magnífica, pero supone y precisa de un giro inmediato en materia de política energética. Algunos estudios que simulan la implementación de este tipo de escenarios para España parten de la necesidad de, en 2030, lograr que la energía eólica y la fotovoltaica, a partes iguales, sean las dos principales fuentes de energía primaria del mix eléctrico. El logro de este objetivo pasa, entre otras cosas, por la instalación de más de 40GW de potencia renovable en la próxima década.

¿Lo lograremos? Este es un buen momento para recordar que España viene aplicando una moratoria a las energías renovables más que visible desde 2012 hasta la actualidad. Una moratoria que ha desmembrado el sector nacional de las energías renovables y cercenado la confianza de los inversores. Recuperar altos niveles de inversión y la confianza precisa de una serie de movimientos rápidos y seguros en los próximos meses, decir años nos haría llegar tarde.

El recientemente creado Ministerio para la Transición Ecológica que, por primera vez en España, aúna medio ambiente, energía y sostenibilidad en un mismo marco ministerial, nos permite ser optimistas. Sin embargo, por el principio de prudencia (no contable si no política) tendremos que esperar y analizar con calma los primeros pasos y estrategias que se implementen para saber si éstos nos alinean, o no, con el cumplimiento de estos grandes objetivos climáticos y energéticos. Por suerte (o por desgracia), no tendremos esperar mucho para empezar a hacer este análisis. El tiempo apremia.

Lo dicho, buen primer paso, ¿cuál debe ser el segundo? Continuará…

¿Y si los residuos se transformaran en recursos? La economía se hace circular.

Nuria Gómez Sanz (nuria.gomez@uclm.es)

El uso eficaz de los recursos es un tema recurrente en economía, el concepto está incluso recogido en la misma definición de economía como ciencia, al menos según el enfoque de algunas de sus principales escuelas. Las escuelas medioambientales se han preocupado, desde sus distintas visiones, por este tema. Aquellas con origen en la ciencia económica se han centrado fundamentalmente en el proceso habitual de extraer-fabricar-desechar, estudiando cómo estos elementos se pueden llevar a cabo reduciendo la utilización de recursos y la generación de residuos, así como minimizando el empleo de energía. Sin embargo, esa idea de uso eficaz ha evolucionado en los últimos tiempos al reconocer que dicho uso no tiene porqué ser lineal, o “de la cuna a la tumba”, si no que la clave está en la reutilización, a través de procesos y servicios que se complementan para lograr la realización del “de la cuna a la cuna” o la economía circular.

Ciclo de vida de un producto. /Wikipedia
Ciclo de vida de un producto. /Wikipedia

La idea ha calado también en las instituciones políticas más sensibles a esta temática.

«Una Europa que utilice eficazmente los recursos» es el eslogan de una campaña diseñada desde el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo y que persigue el desarrollo y crecimiento sostenible. En España desde los ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y de Economía, Industria y Competitividad se ha impulsado el Pacto por la Economía Circular y hay otros países que han implementado la economía circular como política estratégica, como son Alemania, China o Japón.

Para su plena implementación se deben considerar buena parte de los principios tradicionales de las economías domésticas, que exigen la reparación, reutilización y recuperación de las mercancías, pero a partir de un diseño que implique no sólo a los consumidores finales sino también a las empresas, que juegan un papel fundamental en el pleno desarrollo de la economía circular. Para las empresas tiene sentido recuperar materiales valiosos, más aún en un mercado con incertidumbre sobre su disponibilidad o sus precios en el futuro. Y se necesita también un marco legal que fomente la economía de la “funcionalidad”, donde las empresas permanezcan vinculadas a sus productos para privilegiar el uso frente a la posesión, comprometiéndose a recuperar los productos cuando dejan de ser útiles para el consumidor. Esta idea obliga a las empresas a valorizar sus productos después de que éstos dejen de tener el uso para el que fueron originalmente producidos y exige que en su diseño se incorpore también la idea de la reutilización o la recuperación, totalmente ajena a la actual economía del “usar y tirar”.

Algunos ejemplos de este tipo de producción ya empiezan a ser conocidos: botellas que se convierten en alfombrillas y salpicaderos para los coches o incluso en prendas de ropa o bolígrafos, neumáticos que se convierten en zapatos o empresas cuyo producto principal es el zumo de naranja y convierten un subproducto, las cáscaras, para su uso en la alimentación animal y para la extracción de su aceite esencial que es reutilizado para producir perfumes o chicles.

Proyectos más complejos y con un gran impacto ya se están implementando, como empresas automovilísticas que diseñan sus vehículos para permitir el máximo aprovechamiento de sus componentes cuando el vehículo se retire, empresas textiles que producen solo sobre pedidos, para reducir los stocks que finalmente no encuentran salida en el mercado, y “alquilan” sus productos, recuperándolos de sus consumidores, cuando estos los desechan, para reutilizarlos en nuevos procesos productivos o empresas de telefonía móvil que informan a sus clientes del precio de recompra de sus teléfonos usados y facilitan la devolución en tienda con pago inmediato.

El proceso de lo lineal a lo circular se ha iniciado, las tecnologías de la información facilitarán esa transición impulsada por empresas y consumidores.

El consumo de soja importada daña el medio ambiente local

Luis Antonio López Santiago (Luis.LSantiago@uclm.es)

El reciente artículo publicado en PNAS en 2018 nos muestra como el comercio internacional de alimentos puede ser perjudicial para el medio ambiente del país importador.

El comercio internacional de alimentos desempeña un papel importante en la seguridad alimentaria mundial y en la sostenibilidad ambiental global. En general, se ha llegado a la conclusión de que en el comercio internacional de alimentos los países importadores obtienen beneficios ambientales, mientras que los países exportadores sufren problemas ambientales al utilizar la tierra y otros recursos para producir alimentos para la exportación. Sin embargo, contrariamente a la sabiduría convencional el estudio señalado muestra que el comercio internacional de alimentos también puede conducir a la contaminación ambiental en los países importadores.

Plantas de soja creciendo en plantación de trigo. / wikipedia
Plantas de soja creciendo en plantación de trigo. / wikipedia

A nivel mundial, los autores llevan a cabo un metaanálisis que indica que hubo una mayor contaminación por nitrógeno (N) después de que gran parte de las tierras cultivadas previamente dedicadas a la soja se convirtiera en otros cultivos con una alta demanda de nitrógeno (trigo, maíz, arroz y hortalizas). Los hallazgos fueron posteriormente verificados por un estudio intensivo a nivel regional en China, el mayor país importador de soja, donde la conversión de tierras de soja en campos de maíz y arrozales ha llevado a un aumento de la contaminación por nitrógeno.

Los resultados encontrados por este trabajo sugieren la necesidad de evaluar las consecuencias ambientales del comercio internacional de todos los demás bienes y productos importantes en todos los países importadores, que tienen implicaciones significativas para el replanteamiento fundamental en la formulación de políticas globales y debates sobre responsabilidades ambientales entre consumidores, productores y comerciantes en todo el mundo.

Sostenibilidad: ¿soluciones sencillas para problemas complejos?

María Ángeles Tobarra (MariaAngeles.Tobarra@uclm.es)

Ampliar el número de personas informadas y sensibilizadas acerca de los problemas medioambientales que nos afectan es, sin duda, uno de los objetivos fundamentales si realmente queremos generar cambios a largo plazo. Por un lado, porque es más fácil conseguir avances en políticas medioambientales cuando los políticos saben que esos temas son relevantes para un porcentaje significativo del electorado. Y por otro, porque otra parte importante de los cambios necesarios proviene de nuestras decisiones como consumidores. Sin embargo, eso genera diferentes problemas. Ante el bombardeo de información, ¿qué criterio usar para decidir qué temas son más relevantes, o acuciantes? ¿Debe centrarse la información en aquellos aspectos en los que podemos tomar decisiones a nivel individual? ¿Qué nivel de detalle o análisis deberíamos considerar?

A veces creemos encontrar un problema grave, que genera considerables daños medioambientales o sociales, y que podemos contribuir a su solución de forma decisiva. Pero, ¿hasta qué punto sirven las soluciones “fáciles” para resolver dichos problemas? Ejemplo reciente es el uso del aceite de palma, o su prohibición. Como todos sabemos, dicho aceite se utiliza de forma muy generalizada en numerosos productos alimenticios y estéticos, y en menor medida, como biodiésel. Y nos hemos enterado de ello gracias a las campañas alertando de los problemas medioambientales que genera. El aceite de palma se produce principalmente en zonas del Asia tropical, como Malasia e Indonesia (aunque también en algunos países africanos y americanos, como Colombia y Ecuador) y ello ha llevado a la deforestación de grandes extensiones de bosque tropical en zonas como Borneo, reduciendo el hábitat en el que habitan especies amenazadas, como el orangután. Gran parte de los productos que lo contienen son consumidos en países desarrollados como el nuestro.

Aceite de palma.
Aceite de palma.

Ante ello, la solución más inmediata parece clara: reducir drásticamente nuestro consumo de productos que utilicen aceite de palma. De ahí las peticiones para que se prohíba su utilización en productos vendidos dentro de la UE y la proliferación de productos que indican en su etiquetado que no utilizan este aceite. Sin embargo, un estudio reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza muestra que la realidad es más compleja de lo que parece. Y nos sirve para introducir un elemento general y fundamental en todas las discusiones sobre sostenibilidad: ¿qué alternativas son probables o deseables si tomamos una decisión sobre este producto?

Aunque este cultivo ha generado una importante deforestación concentrada en zonas limitadas (50% en Borneo), sólo supone el 0,5% de la deforestación mundial. Además, produce nueve veces más aceite por hectárea que la soja y siete más que el girasol, de forma que el aceite de palma supone el 35% de todo el aceite vegetal a nivel mundial, pero sólo ocupa el 10% de la Tierra. Y se trata de una importante fuente de ingresos en algunos países en desarrollo. Si se prohíbe su uso, ¿cuánta deforestación se producirá en otros sitios para producir la soja necesaria para sustituirlo? ¿Qué otras especies pondremos entonces en peligro? ¿Qué comunidades se beneficiarán y cuáles perderán?

Los autores del informen piden a la UE que no prohíba radicalmente este aceite, puesto que si lo hace dejará de tener voz y voto en su producción y comercio. Los otros consumidores, China e Indonesia, no van a fomentar las plantaciones de aceite de palma sostenibles. Y aunque éstas aún presentan graves deficiencias de funcionamiento, podrían contribuir a ser parte de la solución. Sobre todo, si sirve para reforestar algunas zonas previamente deforestadas, como en ciertas partes de la Amazonia brasileña. También aportar incentivos económicos a la protección de las especies en peligro. Mejorar la biotecnología para hacer más productivos otros cultivos es igualmente un elemento fundamental. Otro es reconsiderar el uso de biocombustibles frente a otras opciones, como la progresiva electrificación del transporte junto a la creciente generación de electricidad renovable.

En resumen, la sostenibilidad suele ser un equilibrio complejo entre necesidades sociales, económicas y medioambientales. Las soluciones rápidas y aparentemente fáciles no siempre producen los efectos deseados. Deben analizarse todos los factores en juego, así como las posibles alternativas. Y la opinión pública es un elemento tan importante de ese proceso que debe recibir suficiente información sobre las ventajas y desventajas de las opciones. Aunque eso complique el mensaje a transmitir y las decisiones a tomar.