Archivo por meses: julio 2018

Sostenibilidad: ¿soluciones sencillas para problemas complejos?

María Ángeles Tobarra (MariaAngeles.Tobarra@uclm.es)

Ampliar el número de personas informadas y sensibilizadas acerca de los problemas medioambientales que nos afectan es, sin duda, uno de los objetivos fundamentales si realmente queremos generar cambios a largo plazo. Por un lado, porque es más fácil conseguir avances en políticas medioambientales cuando los políticos saben que esos temas son relevantes para un porcentaje significativo del electorado. Y por otro, porque otra parte importante de los cambios necesarios proviene de nuestras decisiones como consumidores. Sin embargo, eso genera diferentes problemas. Ante el bombardeo de información, ¿qué criterio usar para decidir qué temas son más relevantes, o acuciantes? ¿Debe centrarse la información en aquellos aspectos en los que podemos tomar decisiones a nivel individual? ¿Qué nivel de detalle o análisis deberíamos considerar?

A veces creemos encontrar un problema grave, que genera considerables daños medioambientales o sociales, y que podemos contribuir a su solución de forma decisiva. Pero, ¿hasta qué punto sirven las soluciones “fáciles” para resolver dichos problemas? Ejemplo reciente es el uso del aceite de palma, o su prohibición. Como todos sabemos, dicho aceite se utiliza de forma muy generalizada en numerosos productos alimenticios y estéticos, y en menor medida, como biodiésel. Y nos hemos enterado de ello gracias a las campañas alertando de los problemas medioambientales que genera. El aceite de palma se produce principalmente en zonas del Asia tropical, como Malasia e Indonesia (aunque también en algunos países africanos y americanos, como Colombia y Ecuador) y ello ha llevado a la deforestación de grandes extensiones de bosque tropical en zonas como Borneo, reduciendo el hábitat en el que habitan especies amenazadas, como el orangután. Gran parte de los productos que lo contienen son consumidos en países desarrollados como el nuestro.

Aceite de palma.
Aceite de palma.

Ante ello, la solución más inmediata parece clara: reducir drásticamente nuestro consumo de productos que utilicen aceite de palma. De ahí las peticiones para que se prohíba su utilización en productos vendidos dentro de la UE y la proliferación de productos que indican en su etiquetado que no utilizan este aceite. Sin embargo, un estudio reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza muestra que la realidad es más compleja de lo que parece. Y nos sirve para introducir un elemento general y fundamental en todas las discusiones sobre sostenibilidad: ¿qué alternativas son probables o deseables si tomamos una decisión sobre este producto?

Aunque este cultivo ha generado una importante deforestación concentrada en zonas limitadas (50% en Borneo), sólo supone el 0,5% de la deforestación mundial. Además, produce nueve veces más aceite por hectárea que la soja y siete más que el girasol, de forma que el aceite de palma supone el 35% de todo el aceite vegetal a nivel mundial, pero sólo ocupa el 10% de la Tierra. Y se trata de una importante fuente de ingresos en algunos países en desarrollo. Si se prohíbe su uso, ¿cuánta deforestación se producirá en otros sitios para producir la soja necesaria para sustituirlo? ¿Qué otras especies pondremos entonces en peligro? ¿Qué comunidades se beneficiarán y cuáles perderán?

Los autores del informen piden a la UE que no prohíba radicalmente este aceite, puesto que si lo hace dejará de tener voz y voto en su producción y comercio. Los otros consumidores, China e Indonesia, no van a fomentar las plantaciones de aceite de palma sostenibles. Y aunque éstas aún presentan graves deficiencias de funcionamiento, podrían contribuir a ser parte de la solución. Sobre todo, si sirve para reforestar algunas zonas previamente deforestadas, como en ciertas partes de la Amazonia brasileña. También aportar incentivos económicos a la protección de las especies en peligro. Mejorar la biotecnología para hacer más productivos otros cultivos es igualmente un elemento fundamental. Otro es reconsiderar el uso de biocombustibles frente a otras opciones, como la progresiva electrificación del transporte junto a la creciente generación de electricidad renovable.

En resumen, la sostenibilidad suele ser un equilibrio complejo entre necesidades sociales, económicas y medioambientales. Las soluciones rápidas y aparentemente fáciles no siempre producen los efectos deseados. Deben analizarse todos los factores en juego, así como las posibles alternativas. Y la opinión pública es un elemento tan importante de ese proceso que debe recibir suficiente información sobre las ventajas y desventajas de las opciones. Aunque eso complique el mensaje a transmitir y las decisiones a tomar.

Turismo y emisiones de carbono

María Ángeles Cadarso (angeles.cadarso@uclm.es)

Ahora que muchos estamos de vacaciones o volviendo de ellas, me gustaría hablar en este post del impacto ambiental del turismo, en concreto de la huella de carbono del turismo. Es algo en lo que habitualmente no pensamos cuando planificamos y decidimos nuestras vacaciones, pero nuestras decisiones son importantes para el medio ambiente también en este aspecto, como turistas, y no solo cuando decidimos reciclar las botellas y el cartón o regulamos la temperatura del aire acondicionado.

Como turistas generamos emisiones de carbono, CO2, que es uno de los gases más importantes de los responsables del efecto invernadero y el cambio climático. Cuando viajamos generamos emisiones directamente, por la combustión del combustible del coche o el avión en el que viajamos, por ejemplo, pero también indirectamente por el proceso de producción de la electricidad que utilizamos en el hotel o el apartamento que hemos alquilado (sobre todo si ha sido producida con combustibles fósiles).

Circulación de vehículos por una autovía.

Y no solo ahí, también generamos emisiones de carbono indirectamente cuando vamos a un restaurante a comer o compramos cualquier cosa de recuerdo para la familia o amigos. En estos casos serían todas las emisiones que se realizaron para que yo pueda tomar esa comida en el restaurante o comprar ese recuerdo, las del funcionamiento del horno y las de la agricultura para hacer crecer esos tomates de la ensalada. Todas esas emisiones son las que recoge la huella de carbono del turismo.

Alguien puede pensar que tampoco será tan importante comparado con las emisiones de, por ejemplo, una central térmica, pero es fácil darse cuenta de que sí lo son si pensamos primero en el volumen del turismo. ¡El año pasado visitaron solo España 82 millones de turistas! Y, segundo, que para hacer turismo viajamos y usamos medios de transporte y el transporte es una de las actividades más intensivas en emisiones por su uso de combustibles fósiles.

Recientemente, un grupo de investigadores australianos ha calculado la huella de carbono del turismo global y ésta supone un 8% de las emisiones a nivel mundial (tanto como las emisiones de Japón, Alemania, Francia, Italia, España y Portugal, juntas). Además, el turismo tendría una intensidad de emisiones (CO2 emitido por euro gastado) mayor que la media de la economía y mayor que la de la industria o la construcción.

Hay varias buenas noticias. Una es que esos datos que proporciona ese estudio son de la media a nivel mundial y España, por ejemplo, es un país más eficiente en cuanto a emisiones que la media y el turismo aquí sería menos contaminante. Otra es que una evaluación de la sostenibilidad del turismo debería tener en cuenta también las aportaciones positivas que éste realiza a la economía y al desarrollo, en el empleo, por ejemplo. Y una más, que nosotros como turistas también podemos guiar un turismo más sostenible y eficiente medioambientalmente, eligiendo medios de transporte menos contaminantes, hoteles y productos con certificación ambiental.

Es importante tomar conciencia de ello y actuar.

La energía del futuro y del presente: aguas residuales

Inmaculada Carrasco. (inmaculada.carrasco@uclm.es)

Con este título tan prometedor, la estudiante de doctorado Sara Mateo Fernández se hacía con el segundo premio (ex aecuo) del concurso “Tu Tesis en tres minutos” (Three Minute Thesis -3MT), cuya fase final se disputó el pasado viernes, día 29 de junio en el Campus de Albacete de la UCLM. El certamen está organizado por la Escuela Internacional de Doctorado con el fin de promover el desarrollo de habilidades de comunicación académica y científica de los estudiantes de doctorado.

Por segundo año consecutivo, doctorandos de la Universidad de Castilla-La Mancha, han participado en este certamen, en el que tienen que explicar sus respectivas tesis doctorales, en tres minutos. La UCLM se suma de nuevo a esta iniciativa, iniciada en el año 2008 en la Universidad de Queensland (Australia).

Sara Mateo sostiene que es posible aprovechar la energía contenida en el agua residual. ¡Qué buena noticia! Pues sería una fuente inagotable y gratuita de energía y evitaría el alto coste asociado al tratamiento de aguas residuales. La estudiante de doctorado de la UCLM ha conseguido crear Celdas de Combustible Microbiológicas a base de microorganismos que encuentran su alimento en el agua residual, generando electrones.

En el experimento que sustenta la tesis doctoral, mediante dispositivos de tamaño muy reducido, capaces de acumular dicha electricidad, Sara Mateo, ha sido capaz de iluminar 220 leds durante varia semanas.

Podemos decir por tanto, que se ha materializado una nueva fuente de energía que nos acerca a un futuro más sostenible.

Sara Mateo (derecha de la imagen) con su premio. Fuente: UCLM.