{"id":785,"date":"2006-09-09T19:58:15","date_gmt":"2006-09-09T18:58:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/?p=785"},"modified":"2025-06-29T11:16:15","modified_gmt":"2025-06-29T11:16:15","slug":"la-construccion-del-accidente-2006","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/2006\/09\/09\/la-construccion-del-accidente-2006\/","title":{"rendered":"La construcci\u00f3n del accidente"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Sobre <em><a href=\"https:\/\/www.cuquijerez.com\/the-real-fiction90\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/www.cuquijerez.com\/the-real-fiction90\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">The real fiction<\/a><\/em>\u00a0de Cuqui Jerez<\/h4>\n\n\n\n<p><em>The real fiction<\/em>\u00a0es una puesta en abismo basada en una minuciosa construcci\u00f3n formal y un humor disparatado que se nutre de los archivos compartidos por\u00a0 la generaci\u00f3n \u201cpostcinema\u201d. El accidente, modo habitual de irrupci\u00f3n de lo real en la ficci\u00f3n construida, se desvela una y otra vez como construcci\u00f3n que destruye la ficci\u00f3n previa (en s\u00ed misma una construcci\u00f3n falsa) y elabora una nueva ficci\u00f3n, abstracta, compuesta de peque\u00f1os fragmentos robados de grandes ficciones. El \u201cfake\u201d cinematogr\u00e1fico se instala en el escenario, s\u00f3lo que no se trata de un ejercicio cr\u00edtico sobre los mecanismos de construcci\u00f3n de realidad ni de una huida hacia delante en los terrenos de la ciencia ficci\u00f3n y la hiperrealidad, sino de una propuesta l\u00fadica, de una comedia absurda que utiliza c\u00f3digos, experiencias e informaciones propias del espectador del siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos actrices se entregan a la realizaci\u00f3n de una partitura de precisi\u00f3n con objetos cotidianos, espacios y tiempos rigurosamente marcados e instrumentos de baja tecnolog\u00eda que, obviamente, comportan un gran riesgo de error. Quien ha visto los anteriores trabajos de&nbsp;Cuqui Jerez&nbsp;y otras artistas de su generaci\u00f3n puede imaginar c\u00f3mo se desarrollar\u00e1 la construcci\u00f3n de la imagen y se prepara para esperar pacientemente la llegada del \u201canverso\u201d que lo explique todo. Pero sobreviene el accidente, representado con naturalidad rayana en la verosimilitud (\u201cverosimilitud\u201d, \u00a1qu\u00e9 palabra tan antigua!), y el espectador se ve obligado a cancelar la atenci\u00f3n, a interrumpir su propia programaci\u00f3n de tiempo y redoblar los esfuerzos por observar lo incomprensible. Pronto advierte que su primera expectativa no ten\u00eda sentido, que estas chicas tan formales se entregan ahora a la construcci\u00f3n del accidente con la misma convicci\u00f3n con la que antes se entregaron a la construcci\u00f3n de una imagen que, empezamos a sospechar, no conduc\u00eda a ninguna ficci\u00f3n revertida.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el segundo accidente, el espectador se prepara para descifrar los c\u00f3digos de la propuesta al tiempo que se da cuenta de que la supuesta formalidad de las actrices manipuladoras podr\u00eda ser tan ficticia, es decir, tan construida como los peque\u00f1os accidentes exhibicionistas o los gui\u00f1os s\u00e1dicos. \u00bfQui\u00e9nes son las actrices? \u00bfEsas j\u00f3venes previsibles que siguen el camino marcado, hablan contenidamente, renuncian al poder de la escena al reconocer sus problemas y sus errores y contin\u00faan su trabajo como si se encontraran en un ejercicio de clase en vez de en un acto p\u00fablico? \u00bfO lo que se adivina en el juego de la sangre, los tangas, el travestismo, el pecho al descubierto y su indiferencia ante el dolor, la destrucci\u00f3n e incluso la muerte del otro?<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede decir que en esta pieza, todo es falso, hasta la falsedad, y sin embargo no faltan momentos en que el espectador siente el v\u00e9rtigo de lo real que se desliza hacia el patio de butacas de manera amenazante: \u00bfser\u00e1 que por fin somos conscientes de que la hiperrealidad tiene un l\u00edmite y que antes o despu\u00e9s sobrevendr\u00e1 un choque mucho m\u00e1s impactante que el de los objetos que caen, los telones que se desprenden o los focos que estallan. De ah\u00ed la paradoja de que una pieza tan aparentemente ingenua como \u00e9sta, en su ejecuci\u00f3n y en sus materiales, ponga tan en evidencia la ingenuidad de ficciones absolutas tipo&nbsp;<em>Matrix<\/em>, donde lo real queda desplazado fuera de la experiencia est\u00e9tica y la sorpresa reducida a unos burdos golpes de efecto.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>The real fiction<\/em>, en cambio, el espectador que ya ha asistido pacientemente a tres repeticiones y que empieza a abandonarse a los peque\u00f1os placeres de esta \u201ccomedia de los errores\u201d, puede verse desconcertado cuando la directora de la pieza pide voluntarios para cantar el karaoke de Abba, y no puede evitar sentir, por m\u00e1s evidente que sea la profesionalidad del espont\u00e1neo, la amenaza de un desplazamiento definitivo de la acci\u00f3n hacia el patio de butacas. As\u00ed ocurre, en parte, s\u00f3lo que por la intervenci\u00f3n de nuevos extras que introducen nuevos dobleces en la pantalla de la ficci\u00f3n, espectadores \u201creales\u201d que recitan su texto con la misma falsa candidez que las actrices ejecutaron en la primera repetici\u00f3n sus acciones, y t\u00e9cnicos y acomodadores \u201cficticios\u201d que se entregan a la disparatada tarea de desmontar el teatro para poner al descubierto sus recursos ficcionales o interrumpir la funci\u00f3n para acortar su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El escenario desmontado, el tiempo destruido, la acci\u00f3n y la imagen sustituida por la descripci\u00f3n acelerada que lleva a prescindir (s\u00f3lo ficticiamente) de la intervenci\u00f3n del veh\u00edculo (real) utilizado por los dos bomberos (ficticios) y la narraci\u00f3n del gran disparate final, la fiesta de la destrucci\u00f3n tan habitual en las pantallas, aqu\u00ed narrada con prudencia y un justo entusiasmo. Una vez m\u00e1s, la correcci\u00f3n de las int\u00e9rpretes, en este caso de la directora (en el papel de falso extra), que aceptan la necesidad de acortar su pieza para no robar tiempo al espect\u00e1culo siguiente, se ve contrastada por esa maligna complacencia en el voyeurismo apocal\u00edptico en el que nos situamos. En esta ocasi\u00f3n toca re\u00edrse, no lamentarse. Y es el humor lo que sostiene la pieza, pero no lo que la justifica: la justificaci\u00f3n est\u00e1 en otra parte: en ese fondo real que las pantallas anuncian, que las construcciones se\u00f1alan y que no tiene sentido hacer visible para no convertirlo en espect\u00e1culo. Ya somos demasiado viejos, hist\u00f3ricamente viejos, y podemos construir nuestras propias ficciones con la misma en\u00e9rgica juventud con la que podemos construir nuestros proyectos. De vez en cuando, sienta bien re\u00edrse con inteligencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid, 9 de septiembre de 2006<\/p>\n\n\n\n<p>Publicado con el t\u00edtulo \u00abLa construcci\u00f3n del accidente\u00bb, en&nbsp;<em>Cairon. Revista de ciencias de la danza n\u00ba 9<\/em>, pp. 55-56. ISSN: 1135-9137<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\"><\/a><br>Este texto est\u00e1 bajo una <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\">licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Espa\u00f1a<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre The real fiction\u00a0de Cuqui Jerez The real fiction\u00a0es una puesta en abismo basada en una minuciosa construcci\u00f3n formal y un humor disparatado que se nutre de los archivos compartidos por\u00a0 la generaci\u00f3n \u201cpostcinema\u201d. 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