{"id":4424,"date":"2016-03-22T10:34:00","date_gmt":"2016-03-22T10:34:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/?p=4424"},"modified":"2025-09-22T10:35:31","modified_gmt":"2025-09-22T10:35:31","slug":"despues-de-los-incontados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/2016\/03\/22\/despues-de-los-incontados\/","title":{"rendered":"Despu\u00e9s de los incontados"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy so\u00f1\u00e9 que despert\u00e1bamos bajo los restos de una fiesta: cintas de colores, m\u00e1scaras arrugadas, una tarta que nadie hab\u00eda probado y los \u00fatiles de un mago, abandonados, desvelando sus trucos. El mago viste entre dom\u00e9stico y agreste, con sus altas botas de cuero, y un gesto perdido, como en permanente desaparici\u00f3n. El humo lo envuelve y lo evapora. Y cuando regresa hace un juego con un cono de peri\u00f3dico y un vaso de leche. La leche pasa de la jarra al cart\u00f3n, del cart\u00f3n a un vaso, y acaba en las manos de una ni\u00f1a que lo observa hacer atenta. La ni\u00f1a bebe, porque tiene que beber. Y mientras bebe, su rostro se transforma, su cuerpo se agranda, se convierte en una mujer de mirada sonriente, que recuerda.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos ver sus recuerdos, tienen cuerpo, podr\u00edamos incluso tocarlos si nos acerc\u00e1ramos, podr\u00edamos escucharlos si abri\u00e9ramos la tapa de la caja y nos inclin\u00e1ramos hacia el interior de la vieja radio de la que ahora emanan voces y m\u00fasicas, tambi\u00e9n olores, a jab\u00f3n y a chocolate. El mago de botas altas y chaquet\u00f3n ca\u00eddo observa a la mujer que escucha la radio. Al sentarse, su cuerpo se ha comprimido en el de un mu\u00f1eco de madera, que voltea la cabeza, a un lado y a otro, antes de que su mand\u00edbula tambi\u00e9n se mueva, arriba y abajo. Por su boca habla el ventr\u00edlocuo. \u00bfEstar\u00e1 escondido dentro de la caja? La voz suena lejana, como si viajara desde los confines del presente. Pero a la mujer de la mirada sonriente debe resultarle muy familiar. Piel de armi\u00f1o, el aroma de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos de nuestra posici\u00f3n de observadores y nos sentamos en el sof\u00e1, junto a un ni\u00f1o que toca un tambor, ante una ni\u00f1a que toca una lira. Forman parte de una banda de guerra. Una l\u00e1mpara con pantalla p\u00e1lida ilumina el sal\u00f3n de casa. Los ni\u00f1os sueltan los globos y mueven sus palillos musicales como si interpretaran una alegre melod\u00eda. Pero lo que nosotros escuchamos son disparos, explosiones, r\u00e1fagas, gemidos, \u00f3rdenes, alaridos de angustia, tanto sufrimiento que ti\u00f1e de sangre las palabras, piel de armi\u00f1o, clase media, carnaval, silencio. No tengas miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ni\u00f1o negro camina hacia nosotros y me ofrece un bombo. Lo acepto, y me sumo a la banda. Las ni\u00f1as ofrecen sus liras. Y los otros ni\u00f1os sus tambores. Marchamos disciplinadamente, sin mirar atr\u00e1s, sobre el tapete estampado de cad\u00e1veres. Algunos tienen rostro, y nos responden con estupor, otros con simpat\u00eda. \u00bfLlevan mucho tiempo muertos? Yo ca\u00ed en una emboscada del ej\u00e9rcito. A m\u00ed me desaparecieron hace treinta a\u00f1os y a\u00fan me ando buscando. \u00bfY usted por qu\u00e9 no tiene cara? \u00bfQui\u00e9n habla por usted?<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os se han ido, nos hemos quedado solos. El mu\u00f1eco avanza hacia nosotros con su mand\u00edbula articulada: dame tu fusil, ya no lo necesitas. Y mientras el mu\u00f1eco nos desarma, la mujer de la mirada sonriente nos ofrece su mano y nos arrastra al interior de la nube de humo. Corremos sobre el vapor, sin que nuestros pies sientan el calor del fuego ni el bochorno de la selva, nos dejamos llevar, y la m\u00fasica nos mece en un agradable balanceo, es tan bello que agradecemos mucho la invitaci\u00f3n. Ella nos habla de su infancia, nos canta una canci\u00f3n que persiste en su memoria, y con su canci\u00f3n llega la noche, y aparecen las luci\u00e9rnagas. Ah, es otro truco del mago. Miradlo all\u00e1. Las saca de la noche y las vuelve a su bolsillo. La ni\u00f1a sonr\u00ede y desde el sof\u00e1 nos saluda con un pa\u00f1uelo rojo. \u00bfNos cantan la canci\u00f3n del cura guerrillero?<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00fabitamente, unas presencias inquietantes nos detienen. Son tres hombres de piel oscura, cubiertos con trajes de mujer ra\u00eddos y m\u00e1scaras de goma. Bin Laden, La Bruja y Hugo Ch\u00e1vez. Percibo ahora la presencia de los l\u00e1tigos, amenazantes, en sus manos. Nuestros cuerpos tiemblan. Intentamos pedir clemencia. Tus padres no fueron esclavos. Tampoco esclavizadores. Te lavaste las manos con piel de armi\u00f1o. No es verdad, mirad. \u00bfQu\u00e9 quieres que miremos? R\u00eden. Tienes las manos blandas, se te caen. Los cueros se tensan. Esas no son mis manos. Y los m\u00fasculos de los antebrazos. La piel negra, tersa, de sus hombros y sus piernas. La imagino desgarrada, la carne abierta, rojo en negro. \u00bfTambi\u00e9n los ni\u00f1os deben pasar por el l\u00e1tigo?<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre sus pelucas de colores se ilumina un cartel: si usted lo desea puede girar el bot\u00f3n hacia la derecha para producir el gesto que completa la acci\u00f3n. Y de repente los pu\u00f1os se relajan, las piernas se aligeran, y los tres al un\u00edsono comienzan a bailar. Es la voz quebrada de un viejo cantante la que les ha robado la violencia. El hombre canta y los matachines bailan. Me recuerdan al mu\u00f1eco de ventr\u00edlocuo. Pero ellos no hablan, s\u00f3lo menean la cabeza, de un lado a otro, se balancean sobre las piernas, en un hipn\u00f3tico vaiv\u00e9n. \u00bfY los l\u00e1tigos? Se los llev\u00f3 el patr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ste es un rostro sin m\u00e1scara. Su expresi\u00f3n no deja lugar a dudas: para \u00e9l la muerte es una nimiedad. \u00bfA cu\u00e1ntos mat\u00f3 usted? Ni me acuerdo. \u00bfQu\u00e9 se siente al matar? Indiferencia. \u00bfQu\u00e9 es para usted la inocencia? El sonido de una marimba. La mirada de un hipop\u00f3tamo. El despertar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mujer sobre tacones afilados como sables se eleva entre las matas. De su boca emanan flujos de ondas brillantes y su pelo dispara fuegos de artificio que iluminan de colores el espacio. Ya no s\u00e9 d\u00f3nde estamos. S\u00f3lo que los enmascarados parecen enloquecer y se lanzan sobre las cintas de colores, se enredan en ellas, se intercambian sus m\u00e1scaras. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Gadafi? \u00bfQui\u00e9n se acuerda?<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de la mirada sonriente tambi\u00e9n parece pose\u00edda por la furia; cambia compulsivamente su disfraz. Nosotros decidimos sumarnos a la fiesta. Los vestidos vuelan con las cintas de colores y las explosiones de papel; se amontonan sobre el tapete, hasta volverlo invisible. Bailamos y rodamos entre los globos, los trajes y las m\u00e1scaras. Aqu\u00ed est\u00e1 Chaplin. Parece Hitler. Nos hace su numerito. Y nosotros lo imitamos hasta resbalar. All\u00e1 est\u00e1 Timochenko. Y all\u00e1 Hillary. Tambi\u00e9n baila. Michael Jackson ha perdido su cuerpo, est\u00e1 arrugado a la espera de otro. Y el Oso. Y el Mono. Y la Leona. Y el Viejo An\u00f3nimo. Y en medio del bullicio, una m\u00e1scara con cuerpo. No es de goma, fijaos, es el rostro pintado de la mujer de cejas como garfios. Se asoma entre los trajes amontonados y gatea hacia nosotros&nbsp;con algo en la mano. Esta tarta es para ti. Sopla. De la vela sale un chorro de fuego. Y al apagarse, los enmascarados se desploman.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos llega el murmullo de una memoria terrible. Nos tapamos los o\u00eddos, pero contin\u00faa acos\u00e1ndonos, en blanco y negro. No es una voz, es una m\u00fasica el\u00e9ctrica, y es tambi\u00e9n un silencio intolerable. Ya no vemos al viejo m\u00fasico, ni al mago. S\u00f3lo silencio el\u00e9ctrico y la memoria de una danza que no queremos seguir mirando.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, recibimos una se\u00f1al. Es un joven grande, de aspecto sereno. No parece tener miedo del fuego, ni de los disparos que ahora cruzan sobre nuestras cabezas. La desnudez de su torso nos da confianza. Nos miramos y nos sentamos junto a \u00e9l. Abajo, la guerra. Mirad c\u00f3mo se arrastran las mujeres seductoras. Mirad c\u00f3mo se revuelcan los hombres vestidos de mujer. \u00bfQu\u00e9 hace all\u00ed esa ni\u00f1a? Tranquila, no le har\u00e1n nada, s\u00f3lo est\u00e1n jugando. \u00bfY el mago? Ja Ja Ja Ja. La magia no tiene nada que ver. Me gustar\u00eda ser maga para hacerlos desaparecer a todos, a los lobos armados, a los tigres armados, a los perros armados, y hasta los ositos blancos con armas bajo el peluche. \u00bfY la polic\u00eda? \u00bfY el ej\u00e9rcito? Hacen como que ya se fueron. Por arte de magia. Me gustar\u00eda ser maga. A los magos los matan. Matan a los poetas. Matan a los actores. S\u00f3lo nos queda cantar. Cantar con palabras como balas certeras. Bailar con ritmos de artiller\u00eda furtiva. A m\u00ed me estall\u00f3 una bomba delante, dice el&nbsp; viejo m\u00fasico. Mataron a mi mujer y a mis compa\u00f1eros de la banda. Yo estuve perdido, durante a\u00f1os. Ahora tengo que cantar solo. Puedes cantar con nosotros. Pero yo no tengo tu voz. Canta con la tuya. Yo no s\u00e9 cantar. Entonces r\u00edete, me dice. \u00bfC\u00f3mo quieres que me r\u00eda mientras ellos contin\u00faan amenazantes? R\u00edete y se ir\u00e1n \u00bfNo ves los cad\u00e1veres sobre el tapete? Algunos no tienen rostro. Necesitan su boca para cantar con nosotros. R\u00edete y reir\u00e1n contigo, no hace falta lengua para re\u00edr, s\u00f3lo est\u00f3mago. Disfrac\u00e9monos entonces. Hagamos una comedia. La comedia del patr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer ha perdido la sonrisa, sus ojos cubiertos por gafas oscuras. Sonr\u00ede ahora su cuerpo inquieto. De sus brazos han brotado hojas de coca, tambi\u00e9n de su pelo. Y de sus tronco nuevas ramas que la vuelven frondosa. La mata salta y nos hace re\u00edr. Un hombre negro con m\u00e1scara de hombre blanco nos entrega bidones de insecticida. Toma, nos dice. Y los tomamos; jugamos a perseguir a la mata entre las matas. Hay muchas matas, pero s\u00f3lo una de ellas salta. Mientras jugamos, el viejo m\u00fasico canta y el joven de torso desnudo r\u00ede nombres. Nombres y m\u00e1s nombres. De los nombres nacen mosquitos, que se aprietan hasta formar una nube. Nos envuelven. Zumban en torno nuestro y nada parece importarles nuestras armas de fumigaci\u00f3n. \u00a1Van a picarnos! \u00a1Echaos al suelo, con las manos en la cabeza! Ya deja por favor de re\u00edr nombres; su zumbido es m\u00e1s fuerte que tu risa. \u00a1Ya basta, por favor!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a tu mujer? Fue la mata. \u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a tus amigos? Fue el patr\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n te rob\u00f3 la palabra? Fueron ellos. \u00bfQui\u00e9nes son ellos? Los otros. Y mira al cielo. Los que suben tan alto que creen que ninguna piedra les puede alcanzar, los que caminan sobre agujas para no mancharse de sangre, los que bailan sin mover el cuerpo, los que navegan sobre nubes blancas, los que nunca estuvieron aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya dejadla en paz. S\u00f3lo est\u00e1bamos jugando.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien arroja sobre nosotros un saco de polvo. Parece sal. Nos desprendemos de los bidones, nos sacudimos el polvo y caminamos hacia una especie de locomotora, ante la cual nos esperan el mago, la ni\u00f1a, los matachines, la mujer de la mirada sonriente, la figura de un ni\u00f1o decapitado, el mu\u00f1eco de ventr\u00edlocuo, el viejo m\u00fasico, el joven de torso desnudo. Todos subimos a uno de los vagones y la locomotora lanza una bocanada de humo antes de emprender la marcha. \u00bfVamos a hacer la revoluci\u00f3n? Los matachines r\u00eden. El mago devuelve con una ligera explosi\u00f3n de color su cabeza a la figura del ni\u00f1o, que sonr\u00ede impasible. A continuaci\u00f3n levanta la cortina de la ventanilla y tras ella nos saludan los colegiales, nuevamente armados con sus instrumentos de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n cubiertos de sal, dice el Oso. Su mano sostiene suavemente el l\u00e1tigo. No es m\u00e1s que polvo. No tendr\u00edan que haber recurrido a la sal, dice el Mono. No fuimos nosotros, aseguramos. Alguien nos la ech\u00f3 por encima, dijimos. Y a ustedes no les import\u00f3, porque les salv\u00f3 de los mosquitos, dice la Bruja. Los mosquitos eran muy molestos. Y no ten\u00edamos jab\u00f3n. Ahora tendr\u00e1n que bajar de la nube, dice el viejo m\u00fasico. Los ni\u00f1os hacen sonar sus instrumentos con un entusiasmo desconocido. Nosotros s\u00f3lo quer\u00edamos bailar. La mujer de la mirada sonriente nos mira con compasi\u00f3n, pero sus ojos se alejan, se vuelven negros. Se aleja tambi\u00e9n el joven de torso desnudo. Y la voz del viejo m\u00fasico se apaga. La mujer de tacones afilados se hace peque\u00f1a, m\u00e1s peque\u00f1a que la ni\u00f1a. A los matachines, el mago los mete en un sombrero. Y la ni\u00f1a agarra un bast\u00f3n para dirigir la banda. Al ritmo de un son militar, giran en torno a nosotros. No conseguimos responder a sus sonrisas, nos gustar\u00eda hacerlo, nos gustar\u00eda tocar con ellos. \u00bfPor qu\u00e9 nos negamos la m\u00fasica?<\/p>\n\n\n\n<p>La locomotora ruge, el humo nos envuelve. El tren se ha puesto en marcha, y nosotros no vamos en \u00e9l. Los ni\u00f1os agitan sus pa\u00f1uelos rojos, asomando por las ventanillas del \u00faltimo vag\u00f3n. El sonido de sus instrumentos se ha vuelto inaudible. &nbsp;El tren se aleja.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez nos han dejado solos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando el humo de la locomotora se disuelve, vemos entre las v\u00edas, la foto perdida de un poeta de anta\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Y del otro lado, nuestros rostros.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos miramos, perplejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es como si se hubieran independizado de nuestros cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y descubro con espanto, que preferir\u00edamos no despertar.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/\">Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Bogot\u00e1, 19-20 de marzo de 2016<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber presenciado la representaci\u00f3n esc\u00e9nica de&nbsp;<em>Los Incontados,&nbsp;<\/em>en la casa de Mapa Teatro, los d\u00edas 15, 17 y 19 de marzo de 2016, en compa\u00f1\u00eda de Suely Rolnik.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Heidi y Rolf Abderhalden, para Ximena, Jose Ignacio, Agnes, Andr\u00e9s, Santiago, Danilo, Jeihhco, Juli\u00e1n, Santiago, Sof\u00eda, Sebasti\u00e1n, Lesly, Mariana, Dar\u00edo, Melanie, Juan Ernesto, Sandra, Jef, Alex, Vladimir, Jos\u00e9 y Alirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ver m\u00e1s informaci\u00f3n sobre Los incontados en la web de&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.mapateatro.org\/es\/cartography\/los-incontados-un-tr%C3%ADptico\">Mapa Teatro<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Leer tambi\u00e9n&nbsp;<a href=\"http:\/\/joseasanchez.arte-a.org\/node\/491\">Dispositivos po\u00e9ticos I<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy so\u00f1\u00e9 que despert\u00e1bamos bajo los restos de una fiesta: cintas de colores, m\u00e1scaras arrugadas, una tarta que nadie hab\u00eda probado y los \u00fatiles de un mago, abandonados, desvelando sus trucos. 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