{"id":3472,"date":"2017-10-13T15:06:00","date_gmt":"2017-10-13T15:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/?p=3472"},"modified":"2025-07-22T07:08:25","modified_gmt":"2025-07-22T07:08:25","slug":"dispositivos-poeticos-disidencia-y-cooperacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/2017\/10\/13\/dispositivos-poeticos-disidencia-y-cooperacion\/","title":{"rendered":"Dispositivos po\u00e9ticos: disidencia y cooperaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p id=\"block-4920b72e-1828-4f51-ab4f-5414b3dbcff8\"><br>En Juan Dom\u00ednguez y Victoria P\u00e9rez Royo (eds.), <em>Dirty room, <\/em>Continta me tienes, Madrid, 2017, pp. 309-340. ISBN: 978-84-947096-4-7.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"block-f3db97ad-2cc2-4ef0-809a-9a504cd176a3\">La reflexi\u00f3n que hoy propongo tensa mi discurso en dos direcciones: hacia el delito y hacia lo com\u00fan, y ambas arrancan de la invitaci\u00f3n formulada por Juan Dom\u00ednguez para que participemos en una conspiraci\u00f3n. Toda conspiraci\u00f3n requiere el secreto; \u00e9ste es necesario para asegurar la realizaci\u00f3n del acto para el que se conspira, pues tal acto comporta infligir ciertas normas o lealtades. Se conspira para subvertir el orden establecido y, seg\u00fan el tipo de conspiraci\u00f3n en la que nos impliquemos, de ser descubiertos, nuestra participaci\u00f3n podr\u00eda ser considerada como traici\u00f3n o como delito. Pero en la conspiraci\u00f3n no estamos solos: la conspiraci\u00f3n presupone la imposibilidad de que un solo individuo tenga capacidad para realizar el acto de subversi\u00f3n. Somos muchos conjurados en torno a un objetivo com\u00fan, y esa conjura nos permite liberarnos temporalmente de nuestra necesidad de afirmar nuestra libertad individual: nos ponemos al servicio de un bien com\u00fan, aunque temporalmente tenga una condici\u00f3n negativa. Aquello en que la actividad delictiva y la participaci\u00f3n en lo com\u00fan se encuentran es en el anonimato, en la borradura temporal de los nombres. Lo que trataban de evitar los delincuentes (a excepci\u00f3n de los delincuentes-h\u00e9roes) es que se averiguara su identidad. Y lo que tradicionalmente sosten\u00eda el pensamiento anarquista era la ilegitimidad de que un individuo vinculara su nombre a un bien del tipo que fuera, es decir, que se apropiara de lo com\u00fan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p id=\"block-37484e64-2438-4f7c-86b9-94071c2f1d59\">Ahora bien, la conspiraci\u00f3n a la que se nos convoca no es pol\u00edtica, sino po\u00e9tica. Es cierto que, en la tradici\u00f3n rom\u00e1ntica, la figura del poeta ha aparecido en ocasiones identificada a la del criminal. El poeta delinqu\u00eda al no aceptar lo existente, y tal rebeli\u00f3n llevada al extremo pod\u00eda incurrir en quebrantamientos de la ley. El poeta delinqu\u00eda tambi\u00e9n por su resistencia al trabajo productivo, y su resistencia pod\u00eda ser considerada, tanto por los burgueses adoradores del capitalismo como por los bur\u00f3cratas custodios de lo colectivo, como un \u201ccapricho\u201d. \u201cCaprichoso\u201d es quien abandona el compromiso de solidaridad y se aparta de la ley que rige la vida en com\u00fan. En realidad, lo \u201ccaprichoso\u201d es resultado de una condici\u00f3n inherente al trabajo po\u00e9tico: la de una constante desestabilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"block-cec1474e-7bdd-4845-9c8f-8c3329884d52\">La conspiraci\u00f3n po\u00e9tica se muestra como una empresa incompatible con el imaginario tradicional. Porque el objetivo no es desestabilizar el orden, sino provocar una desestabilizaci\u00f3n colectiva que haga aparecer lo inexistente. \u00bfC\u00f3mo organizar la desorganizaci\u00f3n? \u00bfCabr\u00eda pensar en dispositivos cuya funci\u00f3n fuera la desestabilizaci\u00f3n del propio dispositivo?<\/p>\n\n\n\n<p>Leer texto completo en:<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/contintametienes.com\/dirty-room\/\" target=\"_blank\" rel=\" noreferrer noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"569\" height=\"447\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/2017.-Dirty-Room.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3371\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/2017.-Dirty-Room.jpg 569w, https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/2017.-Dirty-Room-300x236.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 569px) 100vw, 569px\" \/><\/a><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Juan Dom\u00ednguez y Victoria P\u00e9rez Royo (eds.), Dirty room, Continta me tienes, Madrid, 2017, pp. 309-340. 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