{"id":3269,"date":"2011-01-23T15:27:00","date_gmt":"2011-01-23T15:27:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/?p=3269"},"modified":"2025-07-05T06:36:57","modified_gmt":"2025-07-05T06:36:57","slug":"punto-omega-2010-de-don-de-lillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/2011\/01\/23\/punto-omega-2010-de-don-de-lillo\/","title":{"rendered":"Punto Omega, de Don de Lillo"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"375\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/Punto-Omega.-Don-de-Lillo.-24-hour-psycho.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3270\" style=\"width:394px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/Punto-Omega.-Don-de-Lillo.-24-hour-psycho.jpg 500w, https:\/\/blog.uclm.es\/joseasanchez\/wp-content\/uploads\/sites\/195\/2025\/06\/Punto-Omega.-Don-de-Lillo.-24-hour-psycho-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Punto Omega est\u00e1 protagonizada por dos hombres. El primero, en los cap\u00edtulos que enmarcan la novela como pr\u00f3logo y ep\u00edlogo y que llevan por t\u00edtulo \u201cAnonimidad\u201d, observa y trata de sumergirse en la obra de un artista. El segundo, en los cuatro cap\u00edtulos centrales, es observado y acompa\u00f1ado por otro artista. El primer artista, Douglas Gordon, crea una instalaci\u00f3n a partir de la pel\u00edcula de Hitchcock, Psicosis, ralentizando su proyecci\u00f3n para que dure 24 horas; el primer protagonista, un hombre an\u00f3nimo, pasa horas y horas apoyado contra la pared, contempl\u00e1ndola. En los cuatro cap\u00edtulos centrales, el artista es tambi\u00e9n un cineasta experimental que pretende hacer una pel\u00edcula sobre un hombre contra una pared, pero en este caso el hombre habla y cuenta su experiencia (estos cuatro cap\u00edtulos, en los que se narra la acci\u00f3n de varias semanas, se encuentran parad\u00f3jicamente enmarcados por los otros dos fechados respectivamente el 3 y el 4 de septiembre, es decir, comprimidos a 24 horas). Los dos protagonistas, los dos hombres apoyados contra la pared, intentan descansar de su individualidad, descansar de su consciencia. El primero lo intenta acomod\u00e1ndose a un tiempo lento, dej\u00e1ndose absorber por las im\u00e1genes; el segundo, retir\u00e1ndose al desierto, tratando de identificarse con la permanencia del paisaje, de las piedras, abandon\u00e1ndose al ritmo c\u00edclico, el sol cegador, el calor que quema su cuerpo. Del primero no sabemos nada; del segundo sabemos que es un intelectual conservador, que durante dos a\u00f1os estuvo encerrado en una sala del Pent\u00e1gono con otros militares e intelectuales, construyendo la ficci\u00f3n sobre la que se sustent\u00f3 la guerra de Irak y la que habr\u00eda de dise\u00f1ar la postguerra. Este segundo hombre ha publicado un ensayo titulado \u201cRendici\u00f3n\u201d y ha pronunciado conferencias en Suiza sobre la \u201cEl sue\u00f1o de la extinci\u00f3n\u201d. En un momento de la novela reflexiona sobre el \u201cpunto omega\u201d, ese momento en que se produce una inflexi\u00f3n en la evoluci\u00f3n, cuando el movimiento de la materia hacia la consciencia es interrumpido por un deseo de la consciencia de volver a la materia.<\/p>\n\n\n\n<p>Este pensamiento, que justifica la voluntad de anular la individualidad y perderse en el tiempo lento o perderse en el espacio vac\u00edo, est\u00e1 contrarrestado por otra necesidad que nunca desaparece, que es la necesidad de relaci\u00f3n. Elster no soporta estar solo, por eso el propio Elster acepta la compa\u00f1\u00eda del joven cineasta aun no estando interesado en su proyecto, por eso su segunda exmujer env\u00eda a Jessie, la hija de ambos, a visitarle. Y el personaje an\u00f3nimo imagina ya en la primera parte de la novela encontrarse con una mujer con la que hablar, una mujer a la que finalmente encuentra (en el \u00faltimo cap\u00edtulo) y de la que consigue su tel\u00e9fono. A los j\u00f3venes les est\u00e1 dada la esperanza de una relaci\u00f3n que eventualmente puede transformarse en una relaci\u00f3n sexual o afectiva. Para los viejos, esa relaci\u00f3n no es m\u00e1s un consuelo. Sin embargo, en el planteamiento de la novela, cualquier relaci\u00f3n no deja de ser, para unos y otros, un mero aplazamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos tensiones, la de aniquilaci\u00f3n y la de relaci\u00f3n, se equilibran en la novela. En el personaje an\u00f3nimo, prevalece el deseo de relaci\u00f3n, pero en la parte final es absorbido de hecho por la pel\u00edcula. En el discurso de Elster prevalece la voluntad de aniquilamiento, pero en su pr\u00e1ctica se deja cuidar por el joven. El pensamiento y el afecto se entrecruzan sin que los personajes acierten del todo a distinguir que operan en diferentes escalas.<\/p>\n\n\n\n<p>El afecto se ve reducido a una relaci\u00f3n org\u00e1nica (el sue\u00f1o del narrador con Jessie, o su relaci\u00f3n f\u00edsica con Elster). La consciencia se radicaliza y se convierte en matem\u00e1ticas. La estructura cristalina de la novela, el tratamiento implacable de la narraci\u00f3n, donde la l\u00f3gica se impone al tiempo, el talento (ficticio) del personaje an\u00f3nimo para las multiplicaciones de varios d\u00edgitos, apuntan a una fascinaci\u00f3n por lo matem\u00e1tico como medio de conocimiento y dominaci\u00f3n de la realidad. El deseo de Elster de un retorno a la materia org\u00e1nica implica el pensamiento de un mundo sin consciencia, pero que sigue obedeciendo a las leyes de la matem\u00e1ticas. \u00bfNo ser\u00e1 entonces la hiperconsciencia el punto m\u00e1s pr\u00f3ximo a la ausencia de consciencia? Lo que queda en medio es el campo de la vida. Y es que la matem\u00e1tica, por definici\u00f3n, excede lo org\u00e1nico, excede el l\u00edmite de lo experimentable. El exceso de consciencia produce un deseo de no-consciencia. Hiperconsciencia y no-consciencia son inhumanas: crean un espacio en que la vida no es posible.<\/p>\n\n\n\n<p>El nihilismo de Elster le lleva a denunciar que \u201ctodo gobierno es una empresa criminal\u201d y al mismo tiempo a colaborar con su gobierno en el dibujo de un nuevo mapa que para ser realizado justifica la dominaci\u00f3n y asume los \u201cda\u00f1os colaterales\u201d. Pero la muerte real no es como la muerte imaginada ni como la muerte proyectada. La muerte que en el juego matem\u00e1tico es la condici\u00f3n de la infinitud, en el juego real de la vida descubre el choque de la finitud. En el traslado de escalas se produce un error en que se anuncia el caos. La muerte de Jessie abre el espacio de la complejidad. La realidad de los seres humanos se resiste a la realidad de la abstracci\u00f3n filos\u00f3fica tanto como a la de la abstracci\u00f3n matem\u00e1tica. El agotamiento de la hiperconsciencia, el deseo de retorno a la materia queda silenciado por la muerte real, individual, por la imaginaci\u00f3n de la sangre, del cuerpo perdiendo la calidez. Y la inteligencia radical queda desconcertada por un episodio provocado por la pasi\u00f3n o la brutalidad de un desconocido al margen de cualquier ficci\u00f3n construida.<\/p>\n\n\n\n<p>El agotamiento de la hiperconsciencia se desvela entonces como un miedo a la complejidad, no a la complejidad de las matem\u00e1ticas, sino a aquello que escapa a su l\u00f3gica. La renuncia o el rechazo a tomar en consideraci\u00f3n los modos m\u00faltiples de la realidad humana esconden la pereza a enfrentarse a un caos no tan formalizable como el que la matem\u00e1tica permite pensar. Elster proyecta su cansancio individual, f\u00edsico y biogr\u00e1fico, sobre la humanidad. Tambi\u00e9n proyecta sobre ella el agotamiento y el cansancio de un intelectual occidental blanco conservador. El \u00e9xito de su posici\u00f3n intelectual ya no s\u00f3lo arrebatar\u00eda vidas, riqueza y culturas a otros pueblos, sino tambi\u00e9n negar\u00eda millones de ni\u00f1os y j\u00f3venes la posibilidad de albergar esperanza, sustray\u00e9ndoles el derecho (filos\u00f3fico) a pensar alternativas de felicidad y de sentido. Elster formula sus demoledoras reflexiones con el mismo convencimiento con el que dise\u00f1\u00f3 las ficciones que animaron la guerra, con un convencimiento que ofrece justificaci\u00f3n al cinismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El personaje an\u00f3nimo que busca su aniquilaci\u00f3n en la instalaci\u00f3n 24 hours Psycho es inofensivo (de hecho es posible que retorne de su abismamiento en la proyecci\u00f3n y consiga una cita con la mujer desconocida). El que busca su aniquilamiento en la realidad hist\u00f3rica es altamente peligroso y en cualquier caso culpable. Ninguna instancia trascendente podr\u00e1 juzgarle, pero es culpable de acuerdo a la moralidad de las gentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Filos\u00f3ficamente la posici\u00f3n de Elster puede resultar irrebatible y ser entendida como la versi\u00f3n negativa del realismo especulativo, aunque en el caso de los fil\u00f3sofos reunidos bajo esta etiqueta no se trata de un agotamiento, sino m\u00e1s bien de la voluntad de un esfuerzo tit\u00e1nico por pensar un mundo sin pensamiento. Se tratar\u00eda de, seg\u00fan sostiene Quentin Meillassoux, superar el c\u00edrculo correlacionista y recuperar para el pensamiento racional la posibilidad de pensar lo absoluto, de modo que \u00e9ste pueda ser pensado de modos diferentes a lo absoluto sagrado, monopolio por las religiones (aunque el absoluto filos\u00f3fico no responda a la imagen de Dios, sino a la imagen imposible del Caos). La empresa de quienes apuestan por esta v\u00eda neo-realista est\u00e1 justificada en la necesidad de plantar cara desde el pensamiento racional al retorno de lo religioso en el espacio desocupado de lo absoluto. Sin embargo, la perspectiva que ofrecen puede resultar tan desoladora como la que resulta de las reflexiones del degradado Elster.<\/p>\n\n\n\n<p>Don de Lillo realiza precisamente lo que su personaje niega: una nueva narraci\u00f3n cuya impecable estructura y el implacable sucederse de las palabras que la componen s\u00f3lo se sostienen gracias a la presencia de hombres que miran a otros hombres. En un universo radicalmente desencantado por la ciencia, la literatura ya no puede explotar nichos de fantas\u00eda o misterio: \u00e9stos han sido arrojados afuera. S\u00f3lo las religiones insisten en explotar ese espacio para la construcci\u00f3n de sus absolutos, desde los que ejercer su labor alquiladora de la subjetividad y de la libertad. La literatura se sit\u00faa entonces muy cerca de la filosof\u00eda, en la tarea de construir ficciones no idealistas y no idealizantes, desde las que responder tanto a los sue\u00f1os de extinci\u00f3n como a la sumisi\u00f3n a anacr\u00f3nicas trascendencias. En la tensi\u00f3n entre la realidad matematizable y la ficci\u00f3n consciente reside la posibilidad de aceptar una complejidad en la que s\u00f3lo es posible sobrevivir mediante un h\u00e1bil manejo de las escalas. La mujer del narrador (del cineasta experimental), acierta a preguntar ret\u00f3ricamente a \u00e9ste: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 es tan dif\u00edcil ser serio, por qu\u00e9 es tan f\u00e1cil ser demasiado serio?\u201d Un simple problema de escalas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/joseasanchez.arte-a.org\/\">Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez<\/a>, Londres, enero 2011<\/p>\n\n\n\n<p>-Don de Lillo, Point Omega, Scribner, New York, 2010<br>-Quentin Meillassoux, Apr\u00e8s la finitude. Essai sur la n\u00e9cessit\u00e9 de la contingence, Seuil, Par\u00eds, 2006.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\"><\/a><br>Este texto est\u00e1 bajo una&nbsp;<a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\">licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Espa\u00f1a<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Punto Omega est\u00e1 protagonizada por dos hombres. El primero, en los cap\u00edtulos que enmarcan la novela como pr\u00f3logo y ep\u00edlogo y que llevan por t\u00edtulo \u201cAnonimidad\u201d, observa y trata de sumergirse en la obra de un artista. El segundo, en los cuatro cap\u00edtulos centrales, es observado y acompa\u00f1ado por otro artista. 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