SMS, WhatsApp y las «actitudes» tecnológicas de las empresas

Las fiestas de Navidad y las telecomunicaciones han mantenido siempre una relación muy especial. En estas fechas, todo el mundo quiere enviar sus mejores deseos a familiares, amigos y conocidos y claro, los sistemas se colapsan. En su momento, primero, la Felicitaciones postales no llegaban siempre a tiempo; luego, costaba establecer conferencias telefónicas en la últimas horas del día 24 y 31 de diciembre. Más recientemente, nos apuntamos al SMS y millones de mensajes circulaban por las redes telefónicas, colapsando los sistemas en las navidades de años anteriores. Este año, lo problemas parecen haber sido menores, pese a que en Nochevieja se enviaron cerca de 18.000 millones de mensajes; ello se debe en gran parte a una de la APPS que ha revolucionado el mercado de la comunicación: el WhatsAPP.
Es cierto, que esta tecnología es más eficiente y ofrece más posibilidades que el SMS (hacer grupos, mantener conversaciones…) pero no es menos cierto que la forma en que ha canibalizado a los SMS es una perfecta ilustración de cómo evoluciona el mercado tecnológico y de lo que las grandes compañías no quieren ver mientras su cuenta de resultados engorda a costa del consumidor.
Los SMS ha sido una tecnología con importantes réditos, pero la avaricia de las operadoras les ha hecho matar a la gallina de los huevos de oro, además de enfrentarse a una multa de 119 millones de euros por precios excesivos impuesta por la Comisión Nacional de la Competencia.
¿Que hubiera ocurrido si algún directivo de las operadoras se hubiera leído cualquier manual de Introducción a la Economía y hubiera descubierto que, en ausencia de restricciones, el precio de mercado tiende al coste de producción? La historia se repite una y otra vez, confías en tu poder de monopolio para cargar precios excesivos y luego, cuando la gallina empieza a morir, o bien tomas decisiones a destiempo (desarrollos tecnológicos como segundón, o parches para contener la hemorragia como las tarifas planas SMS) o acudes al gobierno a que regule en tu favor (propiedad intelectual de contenidos).
En el en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación, más tarde o más temprano aparece un desarrollo tecnológico que romperá con un el poder de mercado. Y cuanto mayor sea el poder, más incentivos para acelerar el cambio, pues la oportunidad de negocio es mayor. Los directivos se resisten a reconocer que el coste de reproducción (marginal) de cualquier producto informacional es 0 y el coste medio cercano a 0.
No digo yo que si el precio del SMS se hubiera acercado al del coste de producción, no hubiera aparecido el WhatsApp, pero posiblemente no hubiera habido la emigración masiva hacia los SmartPhones que hemos visto en el 2012. La gente prefirió hacer desembolsos de 150-200€ por un móvil y no pagar 15Cts/SMS. Algo para pensar.
La historia es similar a la de los contenidos visuales. Hoy nadie está dispuesto a pagar 18€/Cd con canciones de relleno o 30€ BlueRay por una película que ves una par de veces. Lo que deben hacer las propietarias de contenidos es ofertarla legalmente a precios ajustados al coste de producción y en plataformas de contenidos sencillas, ágiles y con las características deseadas. Intenten ver una películas en un videoclub online de cualquier SmartTV, en versión oríginal y con subtítulos en inglés y luego me cuentan si lo han conseguido.   

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