Archivo de la categoría: Economía

(Re)definiendo el objeto de la Economía

Como cada inicio de curso, toca empezar definiendo lo que es la Economía. Cualquier libro de texto que cojan vendrá a decir cosas más o menos parecidas a que «la economía es a ciencia que estudia la asignación eficiente de los recursos escasos» o que «la economía es el estudio de cómo la sociedad gestiona sus recursos escasos».

Definición que si ya poco me gustaba antes, cuando estudiante, ahora, como profesor, no me gusta nada; no por incierta, sino por incompleta.

En primer lugar, teniendo en cuenta que la escasez de recursos es un concepto extremadamente relativo y contextual geográfica y temporalmente, ¿Quiere ello decir que donde no hay escasez de un determinado recurso, la ciencia económica no tiene nada que decir? La respuesta convencional nos diría que los recursos son escasos por definición, dado que las necesidades son ilimitadas; pero lo que realmente es ilimitado son los deseos  no las necesidades (biológico-culturales). Y eso sitúa la discusión en un plano totalmente distinto: el de la creciente desigualdad en la distribución de recursos y el de la ética de un sistema en el que se da la paradójica situación de no saber qué hacer con los excedentes alimentarios con las hambrunas, al tiempo que aumenta la miseria y desnutrición a nivel global. No me gusta ponerme cuasi-demagógico con estas cuestiones, pero es lo que hay.
En segundo lugar porque la «eficiencia» en la asignación dependerá de los criterios que «a priori» establezcamos cómo válidos sobre la conducta de los agentes económicos. Si consideramos que los agentes son maximizadores de utilidad y beneficios, lo que consideremos eficiente, habrá de ser necesariamente distinto de si, por ejemplo, los individuos son principalmente satisfacedores de necesidades y que sus objetivos vitales van más allá del meramente material-crematístico.
Por tanto pienso que lo relevante para la Economía no es sólo estudiar la asignación eficiente de recursos asociada a una determinada racionalidad del agente económico (también conocido como homo oeconomicus), sino ir mucho más allá y cuestionar y estudiar la validez universal de dicha racionalidad. Por tanto la economía más que la ciencia que estudia la gestión de recursos escasos, realmente es la ciencia que estudia los incentivos y las consecuencias distributivas de los mismos. 
Desde hace ya algunas décadas, numerosos economistas y psicológicos andan desbrozando la senda de la «Economía del Comportamiento» y, aunque lentamente, sus conclusiones se van colando en los manuales de Microeconomía. No obstante, hasta que la definición clásica en los manuales no cambie de la primera a la segunda no habremos concedido a los incentivos el formidable poder que tienen para modelar el mundo que nos rodea. Los impulsos agregados de millones de personas y nada más es lo que mueve el mundo, y esos impulsos están condicionados por incentivos .
El próximo campo de batalla en el que se diriman los éxitos o fracasos tanto de las organizaciones (Empresas, instituciones, estados…) como el de las sociedades será el del «diseño de los incentivos». Vaya por delante que creo que la libertad de elegir está por encima de cualquier consideración de ingeniería social, pero no es menos cierto que los miembros de una colectividad tienen el derecho de decidir libremente los incentivos que mejor satisfacen sus preferencias como colectivo.
Hizo falta un holocausto para ponernos de acuerdo sobre los derechos universales del ser humano, esperemos que no haga falta otra catástrofe similar para diseñar y educar en los incentivos que nos dignifican como especie.

El triunfo de la Economía

Me viene a la memoria estos días algo que escuché hace unos años: «La Economía sería la ciencia «dominante» en el siglo XXI, al igual que la Teología lo fué durante buena parte de la Edad Media y Moderna». Me acordaba estos días pues, desde el inicio de esta crisis, parece que no hay vida más allá de la Economía. Todas las mañanas nos despertamos con noticias sobre bancos, empresas, déficit público, rescates, préstamos, recortes, desempleo, divisas, comercio exterior… conocemos mejor el valor de la prima de riesgo española que del precio del Kg de patatas (si no me creen, hagan la prueba). En definitiva, la Economía nos ha dominado… y es una pena.
Digo que es una pena, pues el «Proyecto vital» que se nos ofrece, basado en el enriquecimiento personal (ingresos) y el colectivo (PIB), nos está llevando a confundir el medio con el fín. Los recursos económicos son un medio para vivir más, para vivir mejor, para ser más felices. Sin embargo, relacionamos prosperidad con placeres materiales (consumo conspicuo), olvidándonos de aquellos bienes de orden superior (salud y felicidad de nuestras familias y amigos, confianza en la comunidad, carácter dignificador del trabajo, placeres intelectuales, disfrutar de la naturaleza…) que, aunque requieren dinero, no requieren ser esclavos del dinero. Es sorprendente, cómo las horas de trabajo que libera el desarrollo tecnológico se destinan a trabajar más para producir más y consumir más y no al cultivo de la dimensión personal y social.

Por cierto, el paralelismo como ciencia dominante Teología (S. XVI)-Economía (S. XXI) resulta interesante en su interpretación literal, pero lo es más, en su lectura simbólica. ¡Quizás la Economía ortodoxa tenga más de Fe y Creencia que de racionalismo científico! No se explica de otra manera la cantidad de paradigmas económicos que coexisten en la actualidad y la feroz crítica a la sabiduría convencional  desde corrientes alternativas o heterodoxas

Por otra parte, la realidad es tozuda y parece empeñarse en desdecir continuamente lo que la corriente principal (Consenso Washington o similar) demuestra con elegantes modelos matemáticos.

Artículo en «Economía Digital»: Sobre «¿Quien se está comiendo la tarta?»

Hoy se pone en marcha el períodico «Economía Digital» de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Albacete, centro en el que trabajo.
Interesante iniciativa para acercar la universidad a la sociedad que la sustenta y a la que se debe.
Mi primera colaboración se titula  ¿Quién se está comiendo la tarta?

Una de las metáforas preferidas entre los adalides de la eficiencia de los mercados y del estado mínimo suele ser la de la tarta. Consideran que lo realmente importante es el crecimiento de la misma (léase riqueza) sin importar su distribución. De hecho, si la tarta es mayor, todo el mundo recibirá una porción superior a la del año anterior, lo cual redundará en una mejora de la situación de la población con menores ingresos. Lo importante, pues, no son las comparaciones interpersonales sino los incrementos de riqueza individual; que la porción que corresponde al 10% más rico crezca mucho más que la que corresponde al 10% más pobre, es hasta cierto punto irrelevante pues todo el mundo pilla bocado. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la tarta deja de crecer y, sin embargo, la porción de los ricos sigue aumentando?
Recientemente la OCDE ha publicado un interesantísimo informeen el que muestra cómo la desigualdad entre ricos y pobres ha aumentado en todos los países miembros de la organización durante las tres últimas décadas. En términos medios, el 10% de la población más rica tiene un ingreso nueve veces superior al del 10% de la población más pobre. Estas cifras han aumentado incluso en países con amplia tradición redistributiva como Alemania, Dinamarca y Suecia. En el extremo de la escala se encuentra Chile, país en el que la diferencia se eleva a 25 veces.  ¿Tendrán algo que ver los Chicago Boys? En el caso de España, la desigualdad se sitúa alrededor de la media OCDE, pero contrariamente al resto de países, ésta se ha reducido en un 20% hasta el año 2008. No obstante, en los dos últimos años la diferencia está aumentando. Veremos cómo evoluciona en el futuro, pero o mucho me equivoco o aumentará espectacularmente, dado el desempleo masivo en el sector de la construcción, cuyos altos salarios durante el boom seguramente explicarían buena parte de la disminución de la desigualdad hasta el 2008.
En cualquier caso, los datos y el diagnóstico por parte de la OCDE son contundentes. Los ricos son mucho más ricos y siguen apropiándose de porciones mayores de una tarta que, por el momento, ha dejado de crecer; estrategia que puede volverse dramáticamente en su contra. Esta situación rompe con el contrato social que ha dado estabilidad a las sociedades occidentales en los últimos 60 años. Poner en riesgo dicha estabilidad por una actitud de maximización de beneficios a corto plazo puede ser como tirar piedras contra el propio tejado. En un interesante artículoJoseph E. Stiglitz sugiere que los ricos están jugando con fuego, pues su destino y bienestar está asociado al del resto de la población. Los muros de sus mansiones  y urbanizaciones no los protegerán de las revueltas sociales, como la historia ha mostrado en repetidas ocasiones. Incluso un razonamiento economicista advierte de lo equivocado de esta estrategia, pues si quieren preservar su status quo a largo plazo, deberán empezar por devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad les da. Mayores impuestos u otras formas de compartir parte de su riqueza no deberían ser anatema sino su tabla de legitimización ante la sociedad.

Pintan bastos a menos que las autoridades monetarias tiren de chequera

Cuando la deuda pública parece que nos da un respiro y los mercados nos prestan más dinero a un precio menor (aquí), va el FMI y nos fastidia el desayuno. Por lo visto se ha filtrado un documento en el que el organismo financiero rebaja su previsión respecto al crecimiento de la economía española; de hecho no es una rebaja sino un cambio de signo. De afirmar hace 4 meses que España crecería al 1,7% (aquí) pasa a sostener que entrará en recesión los dos próximos años. Hasta la semana que viene no publicarán el informe oficial, pero ya vemos por donde pueden ir los tiros.

La pregunta realmente interesantes es qué ha ocurrido en el interín para que el FMI cambie tan drásticamente sus proyecciones. Pues o mucho me equivoco o la respuesta hemos de buscarla en el monumental ajuste fiscal que se está aplicando en la economía española. Este ajuste tendrá un impacto directo en la contracción de la demanda y, lo que es más preocupante, en las expectativas de la ciudadanía. Los agentes económicos no acaba de confiar en el efecto expansivo de la austeridad fiscal, principal argumento teórico subyacente a las políticas contractivas que se vienen aplicando desde el 2010. Políticas que parece que no acaban de funcionar. ¿persistir en el error no será errar dos veces? Esto me recuerda una conversación de hace un par de noches con un amigo que con mucho cinismo (leáse mala leche) me preguntaba: oye Fabiete, ¿con tantos economistas listos que hay en el mundo (también había mala leche en la omisión personal implícita al formular la pregunta) cómo es que no acabamos de salir de ésta?
Mi respuesta fue la que ya vengo dando, más o menos explícitamente, en este blog. Nos hemos empeñado en el control del déficit como principal política contra la crisis, esperando que el ajuste devuelva la confianza a los agentes privados, olvidando que el principal problema es la demanda, el crédito y la nula inflación. El dinero que las autoridades monetarias inyectan en la banca no llega a los hogares pues prefieren utilizarlo para recapitalizarse o comprar deuda pública (lo de que el BCE preste barato a la banca para que ésta preste más caro a los gobiernos es para nota) y el dinero que llega a los hogares se ahorra en espera de tiempos peores o se utilizar para pagar deudas con lo cual no moviliza nueva producción. ¿Qué hacer pues? Mi propuesta, sabiéndome del guión, de los textos cuasi-bíblicos que proponen los manuales de economía convencional sería: Línea de crédito ilimitada a interés 0 por parte de las autoridades monetarias para que las administraciones públicas puedan pagar las deudas ya contraídas (no para nuevas).
Nota.- si constitucionalmente el BCE no puede hacerlo (Art. 101), pues se cambia la constitución UE, pues «la ley está hecha para el hombre…» o bien se hace a través de otros intermediarios (FMI)
Las ventajas serían:
  • Introducir liquidez en la economía.
  • Minorar el déficit público, debido al menor coste de financiación.
  • Acabar con la incertidumbre de los proveedores del sector público.
  • Leve inflación que desapalanque en parte las economías domésticas y las empresas.
Los posibles inconvenientes
  • Descontrol de la inflación.
  • Pérdida de competitividad exterior; aunque vemos que en el contexto internacional llevamos las de perder en la competencia vía precios.
  • Riesgo moral del derroche público; al final viene alguien y paga la factura de la fiesta. 

Creo que los dos primeros son asumibles dado el nivel de desempleo y las nulas perspectivas de crecimiento.

En relación con el «riesgo moral», creo que se ha aprendido la lección de que en época de auge el Estado debe ahorrar, y no derrochar suntuariamente, para cuando vienen mal dadas; siendo entonces el momento de gastar. Y si los políticos no lo han aprendido, pues se aplican con rigor las leyes de estabilidad. En cualquier caso, errores pasados no debe estar permanentemente lastrando el futuro. La factura de la fiesta hay que pagarla como sea y cuanto antes y pasar página y si cierta heterodoxia monetaria nos puede ayudar a salir de ésta, pues bienvenida sea.

Ponerle puertas al campo

La noticia de que la justicia absuelve a un creador de programas de intercambio de archivos del delito de infracción de la propiedad intelectual (aquí) me recuerda aquella primera entrada con la que iniciaba este blog hace 9 meses (aquí). De alguna manera esta sentencia, algunas anteriores, (y las que creo vendrán) confirman la tesis que entonces defendía. Decía entonces que la industria de contenidos culturales, especialmente la audiovisual, encontró un auténtico filón de oro en la música enlatada. El precio de venta que la gente estaba dispuesto a pagar por un cd (en muchos casos infamemente presentado y empaquetado, por el que pagamos 3.000pts, cuando el mismo vinilo, mucho más costoso, de producir se vendía rentablemente por 1.000) permitió que la industria gozara de unos «beneficios extraordinarios»; descontados incluso los multimillonarios contratos con los artistas, que subireron como la espuma en los 80 o 90. Ahora bien, como todo estudiante de Economía de primer curso bien sabe, los beneficios extraordinarios no son sostenibles a largo plazo, pues atraen nuevos capitales al negocio en busca de explotar el mismo producto o innovar sobre él producto o el proceso.
El sector audiovisual, al igual que el informático, es un ejemplo de manual sobre el que poder aplicar la teoría de la destrucción creativa de Schumpeter. Negocio que se van y negocios que vienen, empleos que se destruyen pero que se ven compensados por aquellos otros que se crean impulsados por un emprendedor con la mirada puesta en el horizonte del monopolio, con el deseo de conquistar el mercado sabiendo que su reinado siempre será efímero, pues el beneficio extraordinario atrae la competencia sin que regulaciones y límites lo puedan contener.
Por todo ello, no entiendo porqué la industria cultural sigue empecinada en parapetarse, con millonarios gastos en costas y minutas, en un modelo de negocio caduco. Como mucho conseguirán dilatar la transición, pero no impedirla. Considerando los recursos de que disponen, mejor les iría en liderar el cambio en el modelo de negocio del mundo digital, ofreciendo contenidos de calidad, fácilmente accesibles y a precios justos. Pero no, parecen empeñadas en ponerle puertas al campo y en prolongar artificialmente una guerra que van a perder. No obstante, bien pensado lo mismo es una inteligente táctica dilatoria que les permita ganar tiempo mientras encuentran las estrategias que les permitan encontrarse a sí mismas «en la nube». Aunque no creo.

Ecuaciones vs Arte y buen oficio

Lo siento, pero creo que de esta no salimos a base de ecuaciones.
La instrumentalidad de la economía axiomática es indudable, pero la realidad suele ser muy tozuda. Las ecuaciones, los modelos y las políticas económicas (herramientas) que de ellos se derivan funcionan relativamente bien en circunstancias «normales» pero no en circunstancias «extraordinarias», como con las que ahora mismo nos toca lidiar. Para arreglar el euro, vamos a necesitar algo más que las herramientas convencionales.
El siguiente ejemplo puede ser ilustrativo. Imaginemos un ingeniero al que le encargan la construcción de un puente. Con toda seguridad el proyecto será «perfecto» en los planos y las cargas, medidas, distancias… cuadrarán con precisión milimétrica. Ahora bien, en la fase de ejecución, la dirección de obra se enfrentará a innumerables contratiempos que habrá de solucionar sobre el terreno, tomando decisiones que alteren los parámetros inicialmente proyectados; de lo contrario, peligra la el puente en sí y su buen funcionamiento. por otra parte, no está de más recordar que cuando los técnicos se empecinan en obviar la realidad, aumentan las posibilidades del desastre, como de cuando en cuando nos recuerdan trágicas noticias (un puente o una carretera arrastrados por la riada, una urbanización anegada….). Como ya hemos señalado la realidad suele ser muy tozuda. Abro paréntesis. Este ejemplo me vino a la cabeza al recordar la historia que un abuelo me contó sobre la construcción de la variante de su pueblo. Los ingenieros diseñaron el trazado y los mayores del lugar les advirtieron el trazado pasaba por una torrentera natural; los ingenieros obviaron el consejo con el resultado de que cuando llueve en abundancia el agua impide la circulación. Cierro paréntesis.
Retomo el discurso económico. Pensemos ahora cual es la actitud de nuestros prohombres europeos a la hora de afrontar los problemas asociados al Euro. Puede que los mercados funcionen eficientemente pero, habrá de reconocerse que no siempre es así, que surgen contratiempos y que los contratiempos requieren «modificar» los planos originales y aplicar soluciones imaginativas. No parece ser el caso. Los líderes europeos, asesorados por sesudos (y ortodoxos) economistas, han decidido seguir construyendo el Euro con los planos originales (sin inflación y controlando el déficit público). Esta ortodoxa política económica, que sería muy recomendable en «circunstancias normales», no parece serlo ahora pues o bien no conseguirá solucionar el problema a corto plazo o bien lo conseguirá a un coste humano y social altísimo.
Ya comenté anteriormente que la Economía tiene algo de Alquimia (Aquí). Las formulas magistrales (léase ecuaciones) no suelen ser de aplicabilidad universal y el buen economista es aquel que sabe cómo combinar los ingredientes, según las cambiantes circunstancias, para obtener el resultado deseado. Es decir, que necesitamos mucho arte y buen oficio y no sólo ecuaciones convencionales, válidas sólo para circunstancias normales.

Eurobonos SI, Eurobonos NO

Si algo está dejando claro la señora Merkel estos días-semanas es que hay dos cosas de las que no quiere ni oir hablar y mentárselas es mentarle a la bicha, a saber: los Eurobonos y la posibilidad de monetizar la deuda (que el BCE compre deuda pública de forma ilimitada). Las razones, a mi juicio, son principalmente tres de índole económico y una de índole pedagógico-punitivo. Empecemos por las económicas. En primer lugar, hay que señalar el pavoroso miedo a la inflación que campa por aquel país (el trauma de la hiperinflacción, el caos económico y su influencia en la llegada del nazismo ha quedado grabado de forma indeleble en la psicología colectiva alemana). En segundo lugar, no debemos olvidar la racionalidad maximizadora de beneficios que les lleva a preferir endeudarse más barato individualmente que más caro colectivamente; la pela es la pela. En tercer lugar, Alemania quiere preservar el interés de su banca con grandes cantidades de deuda soberana de dudosa solvencia y salvar los trastos lo más que pueda. Todas ellas razones muy ortodoxas y muy respetables.

Ahora bien, a mi juicio, la principal es el deseo de disciplinar a los díscolos y perezosos vecinos del sur que andan de fiesta en fiesta, viviendo a crédito por encima de sus posibilidades y queriendo dilatar el momento en que llega el cobrador del frac a base de nuevos préstamos. Si mamá Merkel viene ahora con la eurochequera, paga los desperfectos de la fiesta y simplemente da una reprimenda a los niños puede que éstos se lo tomen a chunga y vuelvan a las andadas. Por eso, dice que no paga hasta que no mejoren su compartamiento. (Esto es lo que los economistas llamamos técnicamente problema de riesgo moral).
Varias cuestiones habría que indicarle a la señora Merkel al respecto.

  • Primero, que el problema del riesgo-moral-país es importante pero no lo es menos que el riesgo-moral-banca TBTF (too big to fall) y, sin embargo, parece que el tratamiento ha sido completamente distinto. Los rescates billonarios desde el 2008 parece que no duelen al bolsillo; máxime cuando alguna porción del déficit fiscal se debe a esos rescates.
  • Segundo, el ambicioso y utópico proyecto de la Unión Europea, que Jean Monnet supo condensar en una preciosa frase (no coaligamos estados, unimos hombres), y que ha permitido el mayor período de paz y prosperidad en toda la historia de Europa, no puede construirse sólo en torno al mero concepto economicista de «¿Cuanto pastel me toca? o ¿qué hay de lo mío?».
  • Tercero, Alemania parece querer empujar al díscolo Sur al abismo con intención terapéutica; es decir, sólo cuando veamos el precipicio bajo nuestros pies nos pondremos en serio a trabajar (reformas, austeridad…). En otras palabras quiere meter miedo pero no nos dejará caer, porque no le interesa. El problema es que cuando se juega tan al borde, alguno puede tropezar y caerse.

 Si creemos, de verdad, en el proyecto de los «Estados Unidos de Europa» (Churchill Dixit) la actitud no puede ser dejar caer al rezagado. Como, de hecho, Alemania no hizo con sus hermanos del Este, aunque le costara incurrir en enormes déficits. Ya sabemos que el cáncer de pulmón lo provoca el consumo de tabaco y por esos invertimos en educar contra el tabaquismo; ahora bien, no se le niega la atención médica necesaria cuando el fumador cae enfermo y todos corremos con el gasto, aunque sea exclusivamente culpa de quien decidió comprar una cajetilla de tabaco (riesgo-moral-tabaco) . Pues esto es parecido, hay que educar en la disciplina fiscal, el esfuerzo, la austeridad… y en vigilar que todos remamos en la misma dirección pero si alguien se cae del barco hay que lanzarle un flotador antes que permitir que se ahogue. No vale el argumento de que así la barca más ligera. Si todos nos beneficiamos del Euro, todos tenemos que remar.
Señora Merkel, ¡hay que estar a las duras y las maduras!

El «imperium» de los mercados

En Historia de la Teoría Política se conoce como la «cuestión de las investiduras» al conflicto, que a finales del siglo XII, enfrentó a papas y emperadores del sacro imperio romano germano. La cuestión la podemos resumir de la siguiente forma: si el papa es la máxima autoridad religiosa, en él recae la facultad de investir a los clérigos y a él le debe obediencia; ahora bien, los feudos territoriales eclesiásticos prestaban vasallaje, al igual que los laicos, al rey quien, por tanto, quería controlar también los nombramientos. Esta cuestión no era sino un enfrentamiento entre el poder civil y el eclesiástico sobre a quien debe obediencia el clero y, en definitiva, sobre quien recaía el «imperium» o la capacidad de ejercer el poder. Ambas trataban de fundamentar teológicamente la fuente de su poder: el papado esgrimía ser el representante de Dios en la tierra; el emperador que gobernaba «por la gracia de Dios». Al final se impuso una distribución de competencias: el papa consagraba y el emperador nombraba titular de un feudo; eso sí, con la capacidad de veto del emperador sobre candidatos conflictivos. Ya se sabe que lo terrenal nos pilla más cerca que el castigo divino.

Me acordaba de esta historia de conflicto de competencias y de confusión de roles a la luz de los recientes acontecimientos en la política italiana que han culminado en la dimisión del primer ministro Silvio Berlusconi. No seré yo quien levante la mano en favor de dicho personaje, pero sí por la forma en que han transcurrido los acontecimientos. Puede que la ciudadanía italiana estuviera harta de su primer ministro, de su desvergüenza, de su descaro, de su falta de escrúpulo al mezclar la esfera público-privada, de su falta de respeto por la dignidad del cargo y por la ética de la profesión política. de su…  ahora bien,  una cosa es que dimita por la presión popular y otra que tenga que huir a la carrera por la presión de los mercados, lo cual parece haber sido el caso.
Si no recuerdo mal de cuando estudiaba teoría política, la soberanía popular reside en el pueblo y, en democracia, se manifiesta en las elecciones y el subsiguiente proceso de votaciones para escoger a los representantes del pueblo (otro día hablaremos de lo poco que hace la clase política por dignificar el cargo). Los mercados no tienen capacidad legal para elegir o destituir (en este caso por la vía de los hechos) a los representantes; sin embargo, parece que el «imperium» moderno reside en estos entes abstractos con la increíble capacidad de determinar con detalle las políticas públicas e, incluso, derrocar gobiernos.
No tengo especial animadversión contra los mercados financieros ni una percepción diabólica de los mismos. Son instituciones que ejercen un papel fundamental: canalizan los ahorros y el dinero en busca de inversiones provechosas y al hacerlo proporcionan el aceite necesario para que funcione el engranaje de la economía de mercado. No obstante, cuando los mercados funcionan de forma descontrolada y desordenada, cuando «todo vale» por ofrecer cifras que aplaquen a las fieras-agencias de rating, cuando se abandona el parqué para entrar en el casino algo deja de funcionar como debe. La teocracia del mercado puede sancionar los cargos y dar su bendición al nuevo gobierno pero la elección es y debe ser del pueblo y sólo de él.

Leyendo sobre… Los mitos del capitalismo

Decía en una entrada anterior (aquí) que «conviene rebajar la»pureza» de la economía de mercado, pues en altas dosis puede ser letal». Daniel Rodrik (desconozco si de forma original) expresa la misma idea con la metáfora de la limonada: «Los mercados son la esencia de una economía de mercado, de la misma manera que los limones son la esencia de la limonada. El zumo de limón puro no se puede beber. Para hacer buena limonada, necesitas mezclarlo con azúcar y agua. Por supuesto, si pones demasiada agua en la mezcla, arruinas la limonada, al igual que la excesiva intromisión del gobierno puede hacer disfuncionales los mercados. El truco está en no descartar el agua y el azúcar, sino en mezclarlas en la proporción adecuada» (aquí). Ha-Joon Chang, profesor en Cambridge y un reputado economísta neokeynesiano, ha publicado (y vendido por cientos de miles) varios libros para defender, con multitud de ejemplos y de datos, la anterior tesis. En el último de ellos «23 things they don’t tell you about capitalism» disecciona 23 ideas comunes sobre el libre mercado incluidas en el canon de lo que Galbraith denominó «sabiduría convencional». Su lectura resulta instructiva sobre la distancia existente entre el funcionamiento del mercado y cómo se nos cuenta desde la ortodoxia como funciona el mercado. Por ejemplo, Chang muestra claramente como el espectacular éxito del sudeste asiático no es ajeno al fuerte intervencionismo de los gobiernos en aquellos países. Idea que enlaza con la tesis central de un anterior libro «Kicking Away the Ladder» (Retirar la escalera») donde ponía de manifiesto el cinismo de los países desarrollados del mundo occidental al querer negar a los países en desarrollo la «misma escalera» (entiéndase intervención pública) que ellos utilizaron para despegar económicamente en el siglo XIX.
Resumo algunas de las provocativas propuestas con las que Chang finaliza el libro:
1.- El capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos. La crítica es hacia el capitalismo de libre mercado, no a todos los tipos de capitalismo.
2.- Deberíamos construir nuestro sistema económico reconociendo que los seres humanos son agentes de racionalidad limitada.

3.- Aún reconociendo que no somos precisamente ángeles, deberíamos construir un sistema que tome lo mejor, no lo peor, de los seres humanos.
4.- Hay que dejar de creer en que la gente siempre cobran lo que merece.
5.- Es necesario conseguir un equilibrio entre la economía real y la financiera.
7.- Necesitamos gobiernos mayores y más activos.
8- El sistema económico mundial necesita ayudar «injustamente» a los países en desarrollo.
Pues

Sobre deuda pública, inversión y especulación

Para ser sincero, cada vez entiendo menos de Economía.  Estamos viviendo unos meses de una extrema volatilidad en los mercados de deuda soberana y, por arrastre, en las bolsas y restos de mercados financieros. Este comportamiento se asemeja más al de una manada aterrorizada que al que predice la Hipótesis de los mercados eficientes y de la racionalidad de los agentes económicos. Como muestra un botón.

Si nos fijamos atentamente en el gráfico vemos como España tiene el menor déficit público de las economías consideradas y, sin embargo, ha sido objeto de algunos de los ataques más virulentos. Algunos aducen que si el efecto contagio, que si el grupo delos PIIGS, que si la «pereza» del sur, que si las altas cifras de desempleo y la rigidez del mercado laboral… pero a la hora de la verdad nuestras cifras de deuda pública hablan por sí solas y, hasta donde conocemos, las subastas de deuda pública española se colocan sin problemas y no hay en el horizonte cercano perspectivas de impago. Entonces, ¿a qué se deben los ataques? Pues eso, que no entiendo la «racionalidad» de estos mercados. Más bien me creo en la idea de que vivimos unas «finanzas de casino» dominadas por el pavor conscientemente inducido por grandes fondos de inversión con capacidad de «alterar el precio de las cosas», llámese mercados de deuda soberana u otros.
Soy de los que opinan que esta crisis está teniendo unas consecuencias devastadoras sobre la ciencia económica desde el punto de vista epistemológico. Cada día cuesta más ponerse delante de los alumnos a explicar la racionalidad del comportamiento del consumidor o la hipótesis de los mercados eficientes con la que está cayendo. Parece que la corriente dominante es incapaz, con sus elegantes y sólidos modelos teórico-formales, de dar una respuesta satisfactoria tanto teórica como de actuación política; otras corrientes son demasiado débiles como para que los líderes políticos se arriesguen a recorrer caminos nuevos de resultado incierto. Prefieren contemporizar antes que tomar una decisión equivocada, y quedan así, como el protagonista de la canción de Extremoduro: «siempre en estado de espera».
Un colega, con una dilatadísima trayectoria académica, me dice que día a día comprende menos como funciona la economía y que se siente incapaz de dar respuestas cuando sus conocidos le preguntan al respecto; empatizo con la tristeza de dedicar toda una vida al conocimiento de una materia y cuando crees que la has aprehendido darte cuenta que se te diluye entre las manos. como sigamos «a por uvas» desde la disciplina académica acabaremos cambiando el sillón de la política económica por el del psicoanalista.

Sobre El Euro, la diversidad Europea y la perfecta movilidad de factores

La semana pasada recorrí con mi familia en coche los 2000 Km que separan Albacete de
Cambridge. Un larguísimo viaje que nos permitió recorrer un buen tramo de la geografía Europea, pasando por tres de sus grandes capitales (Madrid-Paris-Londres). En autopista los kilómetros pasan rápido y a la misma velocidad vas viendo como cambian el paisaje, los campos, la orografía, la arquitectura… y, en la última parte, incluso la manera de conducir y el sistema métrico. (Esperemos que la conversión Km-millas no me depare ningún susto de las autoridades de tráfico británicas)
Me decía un viejo profesor que en Estados Unidos recorres 5.000 kilómetros y parece como si no hubieras cambiado de ciudad. Las mismas casas, la misma gastronomía y restaurantes, los mismos espacios de ocio y consumo… y, por descontado, el mismo idioma. Aquí, en Europa, en cambio, recorres 1000 Kms y te encuentras absolutamente desorientado; máxime si esos kilómetros los recorres por el centro del continente, donde cambias varias veces de país. Quizás esta enorme diversidad de usos y costumbre, geografías, culturas y lenguas que es Europa sea uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta el Euro y la consolidación de la Unión Monetaria.

Ya comenté en una entrada anterior (aquí)que la consideración de un espacio geográfico como Zona Monetaria Óptima requería el cumplimiento de algunas o todas de los siguientes condiciones: flexibilidad de precios y salarios, perfecta movilidad de factores y un sistema fiscal centralizado.
Pensemos en el segundo de los requisitos y los obstáculos a la perfecta movilidad de factores productivos. Parece que el factor capital no tiene mayores problemas; ahora bien, en el caso del factor trabajo, la enorme diversidad de la que venimos hablando puede ser una barrera psicológica difícil de superar. No es lo mismo recorrer 5.000 Km y comer las mismas hamburguesas y hablar el mismo idioma que recorrer 2.000 Km y cambiar la paella por el «fish-and-chips» o la «salchicha y el chucrut» y no entender lo programas de humor de la TV. Nos sorprende ver en las películas americanas como una familia empaqueta  su casa y su vida en el maletero de una ranchera e inician una nueva vida en la otra costa americana buscando nuevas oportunidades, aprovechando ofertas de promoción dentro de su empresa o por otras mil razones; ¿se imaginan esa misma disposición a viajar en el ámbito europeo?
En los últimos años parece que esta barrera psicológica ha disminuido sustancialmente debido a las generaciones de jóvenes bien formados, con idiomas y deseos de conocer nuevos países (el programa Erasmus en el ámbito universitario ha contribuido notablemente a esta movilidad); no obstante pensemos ¿qué porcentaje de la masa laboral representan estas generaciones sin miedo a la movilidad? A todas luces parece que las emigración laboral intraeuropea no será la solución para las tensiones que la pérdida de competitividad de algunos países y el enorme desempleo están introduciendo en el Euro. Estamos demasiados apegados al terruño como para dejarlo todo y emprender aventuras en territorios desconocidos. Seguimos pensando que ¡más vale lo malo conocido…!
En resumen, sin perfecta movilidad de factores y con la rigidez a la baja de los precios y salarios sólo queda apostar por un sistema fiscal centralizado para dotar a la Eurozona de la cohesión que requiere la estabilidad de una moneda común; es decir, frente al euroescepticismo y la crisis del proyecto monetario europeo lo que necesitamos es Más Europa.

Escuchando a Sadeq Sayeed

Asistí ayer a la conferencia organizada por la veterana asociación de estudiantes de economía de Cambridge, «Marshall Society». El invitado era el financiero Sadeq Sayeed, Ex-Vicepresidente ejecutivo del Conglomorado financiero-industrial Nomura y arquitecto de la compra en 2008 de la división Europea-Oriente Medio-Africa de Lehman Brothers, que llevó  a la corporación japonesa a la primera división mundial de los bancos de inversión. Un crack de las grandes finanzas, del que dicen que se ha embolsado más de 30 millones de Euros como regalo de jubilación y que ahora dedica su dorado retiro a gestionar, más por entretenimiento que otra cosa, un fondo de inversión y a impartir sabiduría financiera en el Imperial College de London y en el MIT. Imagino que enseñando a sus alumnos como pueden conseguir un bonus de jubilación de tal calibre en vez de un reloj y una palmadita en la espalda.
El señor Sadeq, irradiando confianza en sí mismo y en sus logros, planteó la sesión de la siguiente manera. Imaginen que me ven caminando por la calle y que disponen de 15 minutos de mi valioso tiempo, ¿qué me preguntarían? Obviamente, entre la audiencia  de estudiantes, salieron muchas de las preguntas que rondan a toda la ciudadanía por la cabeza. Las siguientes resultan particularmente ilustrativas; más o  menos fueron así:
P: ¿Una mayor regulación evitaría crisis futuras?
R: Absolutamente, no.
P: ¿Que opina de la moralidad del comportamiento de los mercados?
R: No soy un economista; sino un financiero. Conozco como funcionan los mercados, las reglas que los rigen y no voy a entrar en debates filosófico-teóricos sobre el asunto.
P: ¿Funcionan los mercados de forma eficiente?
R: Absolutamente sí
P: ¿Cuales ha sido las causas de la crisis?
Llegados a esta pregunta, la que él esperaba, nos contó la historia que había venido a contar.
Para él la causa última de la crisis financiera, hay que buscarla en una regla implícita que la mayoría de los gobiernos han transmitido a los mercados: no va a dejar quebrar a las grandes (incluso medianas) compañías financieras. El ser humano se mueve por incentivos; básicamente, a su juicio, ganar dinero. Si el gobierno acude al rescate, ¿quien se preocupa de los riesgos? Es un claro ejemplo de una situación ganadora-ganadora; si juego de forma arriesgada y sale bien, los retornos son mayores que los de las decisiones conservadoras; si sale mal, el gobierno y los ciudadanos, en última instancia, cubren las pérdidas. ¿Quien no entra en la partida con éstas reglas de juego? El señor Sadeq afirmaba que los financieros, aunque sea implícitamente, adoptan decisiones bajo esta premisa. La cobertura está tanto más garantizada cuanto mayor es la compañía. Por tanto, el problema no es del tiburón financiero que sin escrúpulos negocia de mala fe, a sabiendas de que engaña; sino del gobierno que adopta la decisión, como mal menor, para la economía de no dejar caer a los grandes. Eso sí, los pequeños que se las apañen como puedan. De paso, nos contó que con Lehman Brothers realizó la operación de su vida, comprando unos activos (físicos y humanos) a precio de saldo que, bien gestionados y ayudado por las inmensas inyecciones monetarias de los gobiernos occidentales, han dado unos beneficios estratosféricos en tan sólo un año.
Soluciones a la crisis: reglas simples en vez de complejos marcos regulatorio, no dudar de que el ser humano se mueve básicamente por incentivos (monetarios básicamente) y anticipando las decisiones de los adversarios, dejar caer a quien no sabe jugar como medida ejemplarizante. Ya se encarga el mercado se encarga de eliminar la grasa que sobra. Casi me convence de la perfección del sistema.
De lo del riesgo moral ya estaba convencido. Si bien, puede llegarse a un compromiso en la manera en que se gestionan los recates. Por ejemplo la responsabilidad patrimonial de la alta dirección y la forma en que se blindan contra la adversidad.
Un tema, que surgió, pero en el que el señor Sadeq no entró fue el de la ética de los negocios, pues el es «un banquero inversor y no un economista». Y éste me parece que es el elemento central de la presente crisis financiera. Puede que en el entorno de las grandes finanzas internacionales o eres despiadado o no sobrevives; pero el gobierno y la sociedad debería velar porque no se sobrepasaran ciertos límites. El primero legislando y endureciendo el marco de lo que se considera lícito en honesta competencia, la segunda mediante la denuncia y disconformidad.
En las sociedades actuales la mayoría de los ciudadanos no comete delitos. Esto se debe, en parte, a la existencia de un sistema jurídico que castiga al que delinque (juez externo); pero, sobre todo, a la conciencia (juez interno) que nos lleva a descartar aquellos actos que consideramos injustos, perversos, dañinos para con los demás. Así es como se comporta, o lo intenta, la mayoría de la ciudadanía en su vida diaria; lo cual permite la convivencia. Obviamente, el cordón de seguridad, del sistema judicial hace falta; pero estoy convencido de que su poder disuasor es menor que el de la conciencia. Máxime si se tiene en cuenta lo ridículo de las penas para numerosos delitos.
Al final el señor Sadeq lleva razón; todo se reduce a un problema de incentivos. Esto nos debe llevar a reflexionar sobre la educación y los valores éticos que están impregnando la sociedad del siglo XXI. ¿A qué estamos incentivando en la familia, en al escuela, en la sociedad, en los medios de comunicación? ¿Cuáles son los héroes? ¿A quién se quiere imitar? ¿Cuáles son los objetos de deseo que perseguimos en busca de la felicidad?

Hakek Versus Keynes, desde otras narrativas

El enfrentamiento entre Keynes y Hayek en versión Rap ha tenido tanto  éxito en internet que los responsables han decidido ir a por la segunda parte.
La idea no es nueva; si la original y divertida versión rap. La primera parte del documental «La batalla por la economía mundial» titulada «la batalla ideológica» presenta el debate intelectual Keynes-Hayek como el gran debate ideológico que ha recorrido la disciplina económica durante el Siglo XX. Las simplificaciones excesivas corren el riesgo de pasar por alto elementos significativos; no obstante, la utilidad pedagógica es indudable. Yo mismo he utilizado estos materiales en la asignatura de Macroeconomía Intermedia y el debate está garantizado.
Pongo a continuación los enlaces a todos estos materiales:

I. Debate Keynes-Hayek versión RAP (I) y (II) Más información (Aquí)

II. Debate Keynes-Kayek «La Batalla por la Economía Mundial: La batalla ideológica»

Sobre los crímenes económicos contra la humanidad

A raíz de las crisis financiera global que todos estamos sufriendo, se está empezando a hablar de un concepto realmente interesante: «Los crímenes económicos contra la humanidad» (Aquí). ¿Veremos algún día sentados en el banquillo de los acusados a todos aquellos que de forma consciente contribuyeron a crear una burbuja que, al explotar, derivó en la actual crisis? Ciertamente hemos visto a algunos presuntos responsables sentados en las comisiones de investigación del Congreso de los Estados Unidos, pero todo ha quedado en el mal trago que algunos hubieron de pasar ante la dureza de las preguntas de algunos congresistas y la exposición pública de sus desorbitadas ganancias y lujoso nivel de vida.
Los orígenes y desencadenantes de la crisis han quedado relativamente bien explicados: a) la desregulación financiera que permitió a las entidades financieras elevar los niveles de inversión y riesgo en relación con sus activos; b) la «fabricación» de unos productos financieros basura, envueltos en lujosos paquetes de derivados financieros que se vendía a un precio muy superior al activo que escondían, todo ello avalado por agencias de rating; c) La intervención de los gobiernos (nacionalización de las pérdidas) para no dejar caer a las grandes entidades financieras por sus potenciales efectos desestabilizadores globales (demasiado grande para caer).
Los responsables directos de la desregulación y de la venta fraudulenta de productos basura tienen rostro, nombre y apellido y no son millares de brokers, sino unas decenas de personas que diseñaron una compleja ingeniería financiera para vender algo por encima de su justo precio. Ocultaron la información de lo que «realmente» estaban vendiendo y el aval de las agencias de rating sancionó ese precio artificial. No puedo juzgar si fueron conscientes de la potencial capacidad de destrucción/desestabilización financiera; posiblemente no, pero ello no les exime de su responsabilidad; pues sabían que vendían engañando.

Según la Corte Penal Internacional un crimen contra la humanidad es «cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de una ataque generalizado o sistemático contra una población civil». Es cierto que la crisis financiera global no tiene su origen en un ataque con armas convencionales; pero a la vista de los acontecimientos y las dramáticas consecuencias para millones de ciudadanos quien podría dudar que las «subprime» podría lícitamente considerarse como «armas de destrucción masiva». Si hemos invadido países por armas que no existen, ¿cómo no vamos a poder juzgar a los responsables de esta nueva modalidad de «armas de destrucción masiva» en su versión financiera? El efecto pedagógico de estos juicios y el mensaje lanzado al mundo, seguramente, disuadirá a futuros maquinadores financieros y daría tranquilidad y respeto por la justicia al resto del común de los mortales.

Viendo «Inside Job»

En el excelente documental ganador del Óscar «Inside Job» se cuenta que Richard Fuld, CEO de Lehman Brothers, hizo instalarse su propio ascensor privado, de tal manera que se desconectó de todos. El chófer llamaba al ascensor, un guardia de seguridad aguantaba la puerta y él entraba directamente de tal manera que «sólo habría dos o tres segundos en los que tuviera que ver a la gente». (Aparece en los últimos segundos del siguiente fragmento)

Dan Ariely, en su recomendable libro «las trampas del deseo», muestra como las estafas o engaños online son percibidos como menos graves que los atracos directos.
¿Qué tienen en común estas dos historias? Que indudablemente es más fácil engañar cuando no vemos el rostro de la persona a la que estamos engañando.
Stigler, uno de los grandes apóstoles de la eficiencia del libre mercado y de la desregulación, afirmaba que no es que el ser humano no fuera altruista sino que la preocupación por los demás es muy fuerte entre la familia y los amigos y parientes cercanos pero disminuye cuando aumenta la distancia social de la persona.
Así pues, la gran paradoja de la globalización es que al tiempo que nos enriquece económicamente, nos empobrece socialmente pues aumenta la distancia con las personas que van a «consumir» el producto de nuestro trabajo. Es decir, negociamos y vendemos nuestros productos a «gente sin rostro».

El patrón de comportamiento es completamente distinto cuando el objeto de nuestro trabajo se dirige a la comunidad-sociedad donde vivimos. En este contexto la «gente tiene rostro» y convivimos con ella a diario. En este caso la honestidad prima en espera de un comportamiento recíproco, promoviendo además un clima agradable para la convivencia. Lo cual, por cierto, no deja tampoco de ser egoísta. Ya advertía Adam Smith de las ventajas para la propia persona de la honestidad.
Pero volviendo a la «gente sin rostro», ¿No les parece sospechoso que las grandes empresas distribuidoras de comunicaciones, energía, … prefieran sustituir los servicios presenciales de atención al cliente por números de teléfono? Por encima del ahorro de costes, prima la cuestión de que se evita que el responsable tenga que mirar directamente a la cara del cliente y ver el desengaño, el sufrimiento o el enfado por un producto que no cumple con lo prometido. ¿Les suena la historia?
En conclusión, a los ejecutivos de la industria financiera les resulta menos doloroso embolsarse millones de dólares en bonus por vender productos tóxicos y estafar a gente a las que no tienen que ver cada día. No es mala terapia preventiva. Quizás a Richard Fuld, lo del ascensor, se lo aconsejó su psiquitra.

Stiglitz y la lección que a los ricos no les entra en la cabeza

Joseph E. Stiglitz, nobel de economía 2001 y reconvertido azote de neoliberales, ha escrito un estupendo artículo de opinión que recomiendo (aquí). Las cifras de arranque son demoledoras: en los últimos 25 años, el 1% de la población americana más rica ha pasado de controlar el 12% al 25% del ingreso anual y del 33% al 40% de la riqueza nacional. Es decir, un brutal incremento de la desigualdad en la sociedad americana; una desigualdad perseguida con avaricia y desenfreno pero que pueden llegar a lamentar.
El artículo toca muchos palos: la falta de escrúpulos de la industria financiera, el negocio de la defensa, las connivencias gubernamentales para favorecer a los más ricos (tema principal del oscarizado documental Inside Job), el descenso de las inversiones públicas, la reducción de impuestos… y retrata como se ha ido deteriorando el sueño americano compartido, para convertirse sólo en el sueño de unos pocos.
El artículo, no obstante, resulta especialmente interesante por la idea que Stiglitz inteligentemente sugiere y deja en el aire: Los ricos están jugando con fuego en su visión cortoplacista; no se dan cuenta de que su destino está unido al resto de la población. «A través de la historia, esto es algo que el 1 por ciento superior finalmente acaba aprendiendo. Demasiado tarde». A buen entendedor… sobran las referencias a cualquiera de las revoluciones que han jalonado la historia

Y lleva razón. No existen burbujas de lujo en las que aislarse, sino destinos compartidos. La clase alta-rica puede despertar cierta sana envidia y el deseo de alcanzar ese status; pero cuando las diferencias se vuelven obscenas y, sobre todo, cuando la riqueza se ha obtenido provocando artificialmente la miseria del resto, de la envidia se pasa al odio y al deseo de venganza por la riqueza perdida.
Por cierto, toda una ironía que el artículo lo publique en Vanity Fair… o no.

Sobre Uniones Monetarias, el Euro y el manual de instrucciones

Decíamos en una entrada anterior (aquí) las tensiones que sufre el Euro por el asimétrico impacto que está teniendo la crisis entre los distintos países de la Unión Monetaria Europea. Mientras que un Euro fuerte beneficia, o no perjudica excesivamente a Alemania, por su capacidad (competitividad) exportadora, otros países ven como un Euro fuerte dificulta considerablemente sus comercio exterior. A la vista de lo cual una lectura rápida de la Unión Monetaria podría ser: ¡menuda castaña de diseño! Un producto pensado para durar una eternidad y a los 10 años, ante la primera dificultad, ¡menuda castaña de diseño. El «ingeniero» que lo pensó no debía andar muy fino. Sin embargo, otra lectura es posible. ¿hemos leído bien el manual de instrucciones? Lo mismo el producto estaba bien diseñado pero no lo hemos utilizado como se recomendaba. Habrá que ir pues al diseño teórico original; es decir, al artículo de 1961 de Mundell sobre las zonas monetarias óptimas.

En su propuesta teórica Mundell identificaba cuatro mecanismos de ajuste en caso de una perturbación asimétrica (la que afecta de forma distinta a las regiones), a saber:

  • flexibilidad de los tipo de cambio,
  • flexibilidad de precios y salarios,
  • perfecta movilidad de factores, y 
  • un sistema fiscal centralizado.

A partir de aquí identificó como área monetaria óptima (espacio adecuado para una unión monetaria y el establecimiento de una moneda común) aquel en el que el tipo de cambio nominal no es necesario como instrumento de ajuste; es decir, aquella región geográfica que, o bien sólo sufre siempre perturbaciones simétricas, o bien dispone de los 3 últimos mecanismos para hacer frente a las perturbaciones asimétricas. Hasta aquí la teoría.

En Europa pensamos que ciertos países podrían constituir una zona monetaria óptima, y en esas nos embarcamos con el Euro. Se establecieron los requisitos de Maastricht para ver quien podría entrar al club, con los que cumplieron se estableció la zona euro, la convertibilidad fija en 1999 y la circulación de monedas y billetes en 2002; por cierto de colores muy alegres y vistosos y con grandes prohombres europeos.
La pregunta es evidente, ¿Sufre todos los países las perturbaciones en el mismo sentido? Parece que no, a la luz de los acontecimientos de la última crisis. Las diferencias en las estructuras productivas y competitivad exterior, unido a diferentes estrategias de política económica ha hecho que los países sufran de forma radicalmente distinta los efectos de la crisis.
No obstante, sufrir perturbaciones asimétricas no implica no ser una zona monetaria óptima; aún quedan tres mecanismos de corrección. Pero, ¿Realmente es así?
Primero, los precios y salarios son ciertamente rígidos a la baja; véase, por ejemplo, como el fantasma de la deflación no ha aparecido y, a pesar, de la crisis de demanda los precios siguen subiendo. Segundo, la perfecta movilidad de factores es una mera ilusión en Europa; la legislación sobre la libre circulación de personas no elimina las barreras psicológicas, sociales, culturales y tecnocráticas que implicaría dicha movilidad. Por ejemplo, en Estados Unidos un trabajador empaqueta su casa en un par de días lo mete todo en el monovolumen y se despalaza de costa a costa. Aquí es impensable. Tercero, la centralización fiscal queda aún más lejos; aunque, a mi juicio, éste será el único camino que a largo plazo podrá garantizar la supervivencia del euro. La mejor respuesta ante los problemas de Europa en «Mas Europa».
En definitiva, el producto no es que estuviera mal diseñado sino que lo hemos querido aplicar a una realidad para la que no se pensó; no somos una zona monetaria óptima. Exculpemos al «ingeniero» jefe y hagamos casos de su propuesta inicial. Si queremos una moneda común ya podemos ir pensando en una política fiscal común. Los eurobonos podría ser un primer paso (aquí)
En el proceso de construcción Europea dejar de pedalear no implica quedarse en el sitio sino caerse.

Alemania, PIGS y la tensión del Euro

Para deformar un muelle es necesario dos fuerzas en sentido opuesto o bien que un extremo esté fijo. Esta imagen puede ser ilustrativa de las tensiones que está sufriendo la Unión Monetaria Europea. De una parte, Alemania se mantiene firme en su posición de control de la inflación y exigencias de disciplina fiscal (extremo anclado). De otra los, con muy mala leche denominados PIGS, se han visto sometidos a fuertes presiones especulativo-financieras en relación con la deuda soberana (extremo que estira). Ahora bien, si el muelle finalmente se deforma, ¿a quién habrá de atribuirse la culpa? Es cierto que no se deformaría si se redujese la fuerza que estira, pero también si el extremo anclado se moviese un pelín. ¿Que tal un poquito de inflación en Alemania para aliviar la tensión?

Alemania ha apostado claramente por tirar para adelante ella sola y beneficiarse de su enorme competitividad y de la inelasticidad de buena parte de sus exportaciones, con lo que un Euro fuerte no le hace mucho daño; más bien le beneficia pues aumenta sus ingresos exteriores. No obstante, la credibilidad de la unión monetaria le afecta y ha centrado todos sus esfuerzos en la disciplina fiscal de los países del Sur. El pacto de estabilidad y las reformas laborales se han convertido en el principal caballo de batalla de Angela Merkel. Que no digo yo que no. Pero las tensiones sobre el Euro, no sólo provienen de la debilidad fiscal (realidad objetiva) amplificada por razones financieras (realidad especulativa) de los países del sur más Irlanda, sino también de su apreciación como moneda internacional debido a las exportaciones alemanas, lo que dificulta aún más el cuadro macroeconómico de estos últimos, pues encuentran mayores dificultades para exportar.
Solución: pues un poquito de inflación alemana por encima de la media europea no vendría nada mal. Pero claro con este cuento no se puede ir al BCE, tan ortodoxo, disciplinado y germano él. Además,  puede que nos encontremos con el peor escenario posible, inflación importada en Alemenia por los incrementos de precios de sus importaciones Asiáticas; es decir, inflación importada y no derivada de una política monetaria expansiva.
En definitiva, en el caso de las tensiones del Euro, que cada palo aguante su vela.

Esperando la quinta temporada de Mad Men (II parte)

Parece que la cadena AMC ha llegado a un acuerdo con la productora de Mad Men y se anuncia la quinta temporada para Enero del 2012, pese a no haber acuerdo todavía con el creador Matt Weiner.
Aunque soy un seguidor de la serie, la anterior entrada hubiera sido más que suficiente. Ahora bien si le dedico una segunda en poco tiempo es por que creo tiene una interesante dimensión pedagógica para estudiantes de Economía. La negociación me parece ilustrativa de un modo de entender y hacer los negocios; el que por otra parte se explica en cualquier manual de Microeconomía Intermedia.
Según leo (aquí) la cadena de TV ofrece 30 millones de dólares al creador como retribución pero, además le exige, que los capítulos duren 2 minutos menos (más publicidad y aumento de ingresos) y elimine dos personajes principales (reducción de costes). En otras palabras el Homo Oeconomicus maximizador de beneficios en acción. Investigando un poco en internet sobre el precio del minuto publicitario en la franja horaria, el rango de sueldo de los personajes y el actual sueldo del productor podríamos hacer los número y ver si los 30 millones es una buena inversión. Seguro que lo es. Matt Weiner, por su parte, protesta por afectar a la integridad artística del producto; un producto que, por otra parte, funciona bien y no necesitaría de un plan financiero que asegurase su supervivencia . ¿Cual será su postura final? ¿Tragará? Tiene 30 millones de razones para hacerlo.

La interpretación metafórica de la derrota del arte frente al mercado la dejo para los de la sección de cultura.

Leyendo sobre… el carácter «científico» de la economía

Acabo de finalizar la lectura del libro The puzzle of modern economics: science or ideology (aquí). Un ensayo, en tono divulgativo, sobre el estado actual de la ciencia económica, la crisis de legitimidad que sufre y las circunstancias que han llevado a ella. Interesante lectura que me lleva a reflexionar sobre los límites de la Economía como ciencia.
El autor centra el argumento a partir de dos ejemplos que ilustran los límites y posibilidades de la disciplina económica. El primero de ellos fue el diseño de las subastas de las licencias 3G en Gran Bretaña; un rotundo éxito. El segundo fue el diseño de la estrategia de transición de la URSS hacia la economía de mercado; un rotundo fracaso. De estos dos ejemplos podríamos extraer las siguientes lecciones: a) los economistas son expertos en diseñar modelos teóricos y cuando consiguen que la realidad funcione como el modelo (diseño de la subasta) los resultados son los esperados en relación con el comportamiento racional-maximizador de los agentes. b) los economistas fracasan cuando se empeñan en hacer caso omiso de la dimensión institucional-cultural de la realidad y considerar que ésta funciona tal y como describen los modelos. A partir de aquí, el libro describe el desarrollo de la disciplina durante el siglo XX, de la corriente principal y de las alternativas heterodoxas, lo que le permite al Backhouse recorrer la tensión entre la elegante modelización-matematización y la falta de realismo y predicción que ha llevado a la Economía a sufrir una profunda crisis de identidad desde el punto de vista metodológico.

Personalmente creo que la economía se equivoca de enfoque al intentar buscar el «prestigio» científico en la modelización matemática. Quien sabe si no nos iría mejor si nos desprendiéramos del complejo de inferioridad y asumiéramos los límites que impone el objeto de estudio (sociedad). Para ello deberíamos cambiar el enfoque y pensar en términos de Economía Política y filosofía moral, como hicieron los clásicos. La matemática no es la única manera de aproximarse a la realidad social; también sirve la lógica argumental y su verificación empírica. En resumen, y parafraseando un conocido adagio periodístico, evitemos el «que la realidad no te estropee un buen modelo».

Sobre los derechos de propiedad «en la nube»

El polémico discurso de Alex de la Iglesia en la entrega de los recientes premios Goya ha dado nuevos bríos al vigente debate en relación con los derechos de propiedad en internet. Las posiciones, resumidamente, se sitúan entre los que rechazan una concepción de la red como el espacio del “todo es gratis” y los que, amparándose en el derecho a la libertad de expresión y a la cultura, se oponen a los eventuales controles administrativos y acusan a la industria de prácticas colusivas a la hora de fijar los precios. ¿Pueden tan extremas posturas reconciliarse? ¿Es compatible el consumo de contenidos en internet con la supervivencia de la propia industria cultura?. Pues no y sí.

En cualquier curso introductorio de Economía se enseña a los alumnos que el entorno competitivo es el que garantiza unos menores precios al consumidor, en tanto en cuanto el precio de mercado fijado es igual coste de producción de la última unidad (marginal) o, más sencillo, al coste de replicación. ¿Es así como se fijan los precios en la denominada industria cultural? Mi impresión es que no.
Actualmente, me encuentro en una estancia de investigación en Cambridge. Diariamente, en mi camino al despacho, paso por delante de la capilla del Kings’ College, mundialmente conocida por su coro de voces infantiles y las estupendas grabaciones, que todo aficionado a la música coral clásica conoce y disfruta. En una par de ocasiones me encontré con un gran despliegue de medios de la BBC para, imagino, grabar algún concierto que, posteriormente, se comercializará en los soportes habituales (cd, DVD…). Siguiendo la regla del coste de replicación antes señalada, el precio de dicho producto deberá remunerar, como mínimo, los costes de producción, incluido lo que los economistas denominamos un beneficio “normal”. En función de si el precio de venta satisface las expectativas de disfrute del consumidor, éste lo comprará o no. Este, en esencia, es el mecanismo de la oferta y la demanda en un entorno competitivo. Obviamente, si el coste de producción varía, el precio de venta también habrá de hacerlo en un período de tiempo no muy largo. 
Si pasamos a cualquier tienda de discos veremos que el precio de una grabación del Kings’ College es, ¡sorpresa!, sustancialmente similar al de un concierto de la Sinfónica de Berlín, al de un megaconcierto de U2 e incluso a la enésima reedición de un disco de los Beatles. La pregunta es obvia, ¿los costes de producción son los mismos en todos los casos? Si no lo son ¿por qué el producto final cuesta lo mismo? Parece que la industria no aplica el principio de precio igual a coste de replicación sino el principio de “cuanto está dispuesto a pagar el consumidor”. Un ejemplo más. En el mercado de los libros electrónicos, ¿cómo es posible que la diferencia entre el precio del archivo digital de un libro electrónico y de un libro impreso sea prácticamente irrisoria?
Si nos fijamos en la estrategia comercial del Compact Disc (CD) podemos ver un ejemplo ilustrativo de la anterior política de precios. Se decidió cobrar el triple por un producto cuyo coste de producción era inferior al LP, amparándose en la supuesta mejor calidad de sonido, de la que nos convencieron gracias a una agresiva estrategia publicitaria. El resultado fue que durante 30 años la industria ha tenido unas ganancias espectaculares; pero este ya no es un modelo válido. La pregunta ahora es si realmente la industria audiovisual y editorial puede sobrevivir en la era de internet. Mi impresión es que sí. Veamos algunos ejemplos.
Google claramente adopta una estrategia de precios que cumplen con la regla competitiva anterior. ¿Cuál es el coste para Google de que un usuario final abra una nueva cuenta de correo en GMail o se instala el software Google Earth? El coste adicional es 0 y ese es el precio que cobra. Su modelo de negocio ha sido imponerse como empresa dominante gracias al coste 0 y, luego, cobrar por servicios lucrativos. Quizá en esta estrategia tenga algo que ver el hecho de que Hal R. Varian, autor de los textos de  microeconomía en los que la mayoría de los economistas hemos aprendimos la regla precio igual a coste marginal, sea economista jefe de Google.
Spotify es otro modelo exitoso que aúna los intereses de la industria y los internautas. La  descarga o escucha de música en internet es un proceso tedioso y, a veces, infructuoso que spotify ha simplificado notablemente. Los internautas pagan por el disfrute de la música, bien formalmente mediante una cantidad mensual, bien indirectamente a través de la escucha de anuncios publicitarios. También existen ejemplos en España, como softonic, en el campo de la distribución de software. En internet “está todo” pero requiere mucho esfuerzo encontrarlo; las plataformas que agilicen la búsqueda y consumo de contenidos serán las ganadoras en este nuevo escenario.
Una última reflexión. Los internautas no pasamos por internet “de gratis” sino que pagamos nuestro peaje mensual en las cuotas de conexión. Si disponer de una televisión de pago me permite legítimamente acceder a contenidos audiovisuales, ¿por qué la conexión de internet me exige un coste adicional? ¿No sería posible que operadoras de telecomunicación y suministradoras de contenidos se planteen la posibilidad de ofrecer paquetes conjuntos que sean mutuamente beneficiosos para ambas?
En definitiva, el modelo de negocio ya no es válido o, al menos, no válido con la tasa de retorno de las décadas anteriores, y pese a quien pese, la industria habrá de adaptarse.