Hola a todos,
Soy Manuel Rodrigo y aunque la mayor parte del personal y de los estudiantes de la Facultad me conocen sobradamente, más después de hacer pública mi candidatura a Decano de nuestro Centro, escribo esta pequeña introducción sobre mi para quien todavía no me conozca, ya que creo que es importante conocer la motivación que tengo a la hora de presentarme a Decano de la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas y cuál es el proyecto que presento. Os anticipo que no me gusta escribir sobre mi, pero creo que es importante en esta ocasión darme a conocer fuera de los indicadores numéricos de un curriculum convencional .
Por motivos laborales de mi familia, nací y me crie en el norte de Extremadura, en el valle de Jerte concretamente. Por cierto, es una zona que os recomiendo visitar cuando toda esta pesadilla de la COVID acabe, no solo por la belleza de sus parajes sino también por la excelencia de sus gentes. No obstante, mi verdadero origen es castellano-manchego. Soy oriundo de la pequeña aldea de El Hoyo, que está en el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona, y a la que también vehementemente recomiendo visitar en breve, exactamente por los mismos motivos que antes he citado. En el último año de la enseñanza secundaria me fui a cursar COU a Alcalá de Henares, con la idea de estudiar en Madrid, no sabía en ese momento qué titulación, aunque me gustaba mucho la Física. Desgraciadamente para mí, cursar esos estudios en Extremadura implicaba viajes de dos días para llegar a Badajoz, dadas la malas comunicaciones de la época, y era práctica habitual en mi zona irse a Salamanca o Madrid, dado que había «Distrito único». Sin embargo, en ese momento mi familia consiguió un ansiado regreso laboral a Puertollano, cerca de los orígenes, lo que cambiaba bastante el escenario. Asimismo, el hecho de que cuando íbamos al pueblo me impresionaban las fábricas de Puertollano, al pasar al lado de la Central Térmica de Puertollano y, además, ver desde lo alto del cerro de Mestanza las impresionantes luces del complejo con sus antorchas, chimeneas, reactores, tuberías y torres de enfriamiento (entre otras muchas cosas), hicieron que me olvidase de la Física, que era mi pasión juvenil, y que me matriculase en la Facultad, justo al poco de dejar de ser Colegio Universitario de la Complutense e integrarse en la UCLM. Mi nuevo objetivo era trabajar en esas plantas, había que saber química para conseguirlo y la Facultad de Químicas era el medio.
Fui alumno de nuestro Centro entre 1988 y 1991, momento en el que los profesores menos jóvenes de la Facultad me dieron clase y llegué a ser miembro de la Junta de Facultad el último año. Fui compañero, y amigo, de muchos de los que ahora tienen una edad parecida a la mía (alrededor del medio siglo). Acabé el primer ciclo de la Licenciatura en Químicas y la cabra tiró al monte (como reza el dicho), ya que la Ingeniería Química me impresionó (y tengo que reconocer que sigo disfrutando como un niño con ella) al complementar la química con la parte de física y de tecnología que me faltaba (entendidas en su amplio sentido). Me fui a la Universidad de Valencia a hacer la entonces especialidad de Química Industrial: me hablaron bien de los profesores de allí, de la ciudad y empaqueté las maletas. He de confesar que en aquellos entonces, mi objetivo no era ser profesor, ni de lejos. De hecho, creía que no me gustaba la docencia y no sabía lo que era la investigación.
En 1993 acabé la carrera con el Premio Extraordinario y una profesora, que posteriormente fue mi directora de Tesis, en el último año de la carrera me metió el gusanillo de la investigación, haciéndome ver que podía ayudar a cambiar el mundo en un tema que entonces era emergente: el tratamiento de las aguas. Creía que podría contribuir a que el río que pasaba por mi pueblo dejase de estar contaminado. Afortunadamente hace ya muchos años que no lo está, no por mi obviamente, sino por la gran responsabilidad ambiental de los colegas de la industria. Sin embargo,la imagen de peces muertos flotando cuando era niño ayudó a que me motivase por investigar, aunque no fuese directamente en ese tema, y ayudar a solucionar problemas desde la generación de conocimiento.
Por tanto, cambié de opinión y no busqué trabajo en la industria, a pesar de que me seguía fascinando, ya que me había decidido por la investigación. Además, una aventura en el ITQ del CSIC, iniciada con una beca en quinto curso de carrera, me la «abortaron» rápidamente: en la Universidad de Valencia me dieron la oportunidad de dar clases cubriendo una baja maternal (de hecho en septiembre de 1993 daba clases a compañeros que habían suspendido el año anterior) y me empezó a picar el gusanillo de la docencia: no el de enseñar algo meramente mecanístico, sino el de cambiar el mundo a mejor formando a personas que ayuden a cambiarlo. Jamás me he arrepentido de olvidarme de las otrora impresionantes luces de la industria… Me empezó a encantar la profesión de Profesor de Universidad. Nos pagan por hacer algo precioso. Ver cómo cada persona que entra en cada una de nuestras titulaciones se va moldeando durante los años no tiene precio. Ver que acaban la carrera y siempre queda una parte de nuestros estudiantes aquí, tampoco. Ver el orgullo de sus padres el día de la graduación. Verlos ya como profesionales cada cierto tiempo en el AVE y que te cuenten como siguen, casi siempre con una sonrisa… Aunque era el primer licenciado y doctor de la familia, y no sabía que era ser Profesor de Universidad, me di cuenta de que había nacido para esto. Estoy orgulloso de que esas luces de los complejos ahora brillen porque muchos de mis antiguos estudiantes se encargan de que funcionen los procesos que iluminan y, por eso, ahora las siento un poco mías cada vez que paso de noche por sus cercanías.
Antes de acabar la tesis, Pablo Cañizares, en su momento Director del DIQ, se acordó de mi y me puso ante uno de las elecciones más duras que he tenido que hacer. Había sido mi profesor de Química Técnica (la introducción a la Ingeniería Química, que fue causante de que me exiliase) y me propuso volver a la tierra a construir, dentro del equipo que él y Toni estaban haciendo, «la mejor carrera del país». Tenía la vida bastante organizada en Valencia: a punto de casarme con Montse, con el piso comprado y una prometedora carrera en UVEG… pero el reto era impresionante… y el apoyo de mi mujer fue también fundamental para iniciar de nuevo la aventura manchega. Así que volví a empaquetar las maletas (está vez las empaquetamos y volvimos dos) y he sido profesor de la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas desde octubre 1996, pasando por casi todos los niveles de la escala docente. Aquí he tenido la suerte de poder desarrollarme profesionalmente con la libertad suficiente como para estar orgulloso de mi docencia a todos los niveles. Ahora miro a la industria de otra forma: cada vez que paso por una planta pienso en que persona de los cientos que he ayudado a formar está trabajando en ella o la está dirigiendo. Además, ¡ya tengo diecisiete doctores y estoy embarazado de unos cuantos más!. También estoy orgulloso de mi investigación: Castilla la Mancha está en el mapa de la Ingeniería Electroquímica y estamos marcando parte de la investigación en tecnología electroquímica a nivel mundial. ¡Quien lo iba a decir hace 25 años cuando empezamos, sin siquiera tener claro cómo era la ecuación de Nernst o qué era una cinética de Butler–Volmer!… Ahora recibimos investigadores de todo el mundo para aprender y desarrollar lo último en tecnología electroquímica.
En este sentido, probablemente puedan llamar la atención mis «números» en el CV. Afortunadamente me siento muy querido por los estudiantes y, además, hemos sido capaces en pocos años de hacer un grupo de investigación con proyección mundial, con lo que las «encuestas de satisfacción» son muy positivas y los «indicadores bibliométricos» me hacen ser uno de los investigadores más «citados» del país en mi campo, pero esos números son resultados de la satisfacción con la que he realizado mi trabajo y de la grandeza de la gente con la que he tenido ocasión de trabajar en todo momento. Me precio de tener a los mejores colaboradores y quien me conozca sabe de sobra que no me importan los resultados inmediatos sino el bienestar de quien está trabajando conmigo. Este es un aspecto fundamental que me inculcaron mis padres desde pequeño y que es el que trato de inculcar a mi hijo: cuando la gente que trabaja contigo está satisfecha todo funciona; en caso contrario, no hay nada que hacer.
Y aquí está el otro eje que marca la actividad como Profesor Universitario: la gestión. Aquí no hay «gusanillo» sino más bien responsabilidad. Tuve la ocasión de ser Vicedecano con Antonio Antiñolo y con Ángel Ríos, y disfruté y aprendí mucho de ellos durante los ocho años en los que estuve. He desempeñado muchísimos puestos en diversas agencias y asociaciones científicas, pero nada comparable a esos ocho años ya que, como sabéis, nuestra Facultad es un ecosistema precioso a la vez que complejo, y ayudar a dirigirla es un gran Reto que requiere de un esfuerzo y un desgaste enorme. En este contexto, también sabéis que en su momento solicité dejarlo tras ese periodo de ocho años, porque creo firmemente que en un cargo hay que estar como mucho dos periodos, o incluso menos si todo sale bien y se cumplen los objetivos que inicialmente te propusiste en esa trayectoria de servidumbre (es curioso que en ingles «ejercer un cargo» es «to serve»). Todos somos sustituibles: la gestión es muy bonita, sobre todo cuando ves sus frutos, pero es muy importante ir renovando para que no cese el empuje. No está de más ponerlo por escrito ahora y que me lo recordéis en su momento si veis que se me olvida, aunque tengo muy buena memoria afortunadamente.
Como veis, os acabo de contar mi CV de forma diferente y, en cierto modo, puedo decir que mi vida ha estado ligada a nuestra Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas, ya que he formado parte de la misma desde sus orígenes y desde muy distintas visiones. Estoy seguro que todos podríais hacer un ejercicio similar, ya que nuestra Facultad es la suma de vivencias de todos los que estamos en ella, estudiantes, PAS, PI, PDI y externos. De ahí, mi motivación. Hemos sido el Centro de excelencia de la UCLM. La sensación de que podemos dejar de serlo, y que debemos superarnos, me ha motivado a presentarme como candidato a Decano del que debe seguir siendo el mejor Centro de la UCLM, su buque insignia cuya estela ayude a marcar una trayectoria de excelencia en nuestra Universidad.
En las siguientes páginas os invito a que veáis las fortalezas y debilidades que creo que tenemos y las actuaciones que quiero desarrollar con todos vosotros durante los próximos años, todas integradas en un Plan Estratégico de la FCYTQ. Son propuestas… Hay muchas… Quizás falten algunas importantes… Que nadie se asuste por la ambición y si veis que falta algo, decídmelo, se incluirá y lo trabajaremos. El programa va a ser dinámico. Con un escenario tan cambiante sería de locos decir lo contrario, pero sí es necesario hacer un posicionamiento ahora, que es lo que os presento y pretendo acabar en la que va a ser la primera actuación del Equipo decanal: el Plan Estratégico. Necesitamos corregir nuestras debilidades, afrontar las amenazas, mantener las fortalezas y explotar las oportunidades.Hacemos falta todos. Sí, tú también. No sobra nadie. Cada uno en lo que se sienta pieza clave de la maquinaria. Hay muchas cosas que nos van a permitir hacer más grande nuestra Facultad, pero ninguna funcionará si no estamos todos juntos remando coordinadamente, químicos, tecnólogos, ingenieros, …, matemáticos, físicos, biólogos, geólogos, industriales, agrónomos, etc. Separados no tenemos opción de seguir avanzando. Creo que no somos conscientes del potencial que tenemos y que no estamos utilizando.
Solo una cosa más: necesito el apoyo de todo el personal y el estudiantado en este RETO, no un apoyo nominal sino real. Tenemos que engrasar los engranajes y poner los motores a toda marcha de nuevo…