Nos acercamos a unas fechas en la que nos venden a través de anuncios, eslogan, películas, etc., “que es el tiempo de soñar, de vivir con ilusión” y que esos sueños pueden hacerse realidad si se desean con fuerza y fe… ¡Navidad, Navidad, dulce Navidad, …!!! (tal vez hasta suenen campanitas en tu cabeza). Pero la verdad es que desear y echarle ganas  a nuestra vida se puede hacer a lo largo de todo el año, es cuestión de proponérselo. De hecho, es la fuerza que nos mueve.

Recuerda: cuando acabaste tus estudios de primaria la ilusión de hacerse mayor y entrar en secundaria nos inundaba; tras superar la secundaria, anhelábamos escoger una buena carrera universitaria que sirviera de puente para llegar a lo que queríamos ser; dentro de nuestra formación universitaria soñábamos con encontrar nuestro sitio en el mercado laboral para poder demostrar y hacer cosas de las que sentirnos orgullosos;  tras este momento comienzan nuestras expectativas respecto de lo que será de nuestro futro laboral y luego comenzarán a surgir nuestras aspiraciones profesionales, dando paso a continuación a nuestros objetivos personales… y así continuamente. Por lo tanto esos sueños, metas e ilusiones son el motor de nuestra vida. Como habrás deducido, este concepto está asociado a las emociones y genera en el ser humano un estado positivo, motivante y que nos incita a la acción.

Es cierto que con el paso de los años parece que la ilusión, los sueños se van apagando, tal vez tenga que ver con que ya hemos alcanzado ciertas metas y las nuevas que nos proponemos son parecidas o repetidas no causando la misma emoción al lograrlas. También sucede que a veces nuestras expectativas son tan altas o las adornamos tanto (como en el cuento de la lechera) que se convierten en una decepción al no alcanzarlas, incluso en una “pesadilla” por no ser lo que esperábamos, arrepintiéndonos de haber soñado y haberle puesto tal pasión.

No hay nada más desilusionante cuando estamos en proceso de búsqueda de empleo y generamos expectativas, a veces “un tanto altas”, con respecto al breve tiempo en hallarlo, un gran puesto, una super empresa, un generoso salario, un fantástico ambiente de trabajo o una facilísima incorporación y cuando llega el momento nada es como parece, derrumbado nuestro castillo de arena. No porque sea negativo sino porque la ilusión y las ganas han llevado a nuestro a pensamiento al descontrol y la exacerbación de las ideas, convirtiendo una situación normal o no tan buena como se esperaba en un fracaso y decepción total.

Por eso no es cuestión de dejar de soñar, sino en ajustar nuestros deseos, renovar las ilusiones, de buscar nuevas metas, pero nunca dejar de soñar. Haciéndolo desde la realidad, como dicen los mayores “con los pies en el suelo” para que este sentimiento nos sea productivo y enriquecedor. Ya que según dicen los expertos la sensación máxima de felicidad se produce en el acto de buscar, plantear y planear esa meta ilusionante, más que en el proceso o la consecución como tal.

RENOVANDO ILUSIONES

No consiste en abandonar nuestros sueños e ilusiones. como hemos comentado, es cuestión de ajustarlas a la realidad que vives y a tus prioridades. Para ello te dejamos 12 tips que te ayudarán a cultivar y mimar nuevos deseos:

  • Busca inquietudes que te saquen de tu zona de confort.
  • Encuentra actividades nuevas que te gusten.
  • Ponle emoción a lo nuevo que llegue a tu vida.
  • Aprende de cada nueva experiencia.
  • Valora los pequeños y grandes logros que te hagan seguir avanzando.
  • Estimula tu imaginación, nunca se es demasiado mayor.
  • Entrena el pensamiento, es el mejor amigo de la ilusión.
  • Motívate para la acción, sin ella no hay resultados.
  • Activa las emociones que acompañan a tu ilusión.
  • Empieza con pequeñas metas, luego un poco más grandes y luego las super grandes
  • Refuérzate en tus decisiones
  • Y mucho, mucho autocuidado

¿Qué te parece? Parecen asequibles y fáciles de poner en práctica así es que por probar no cuesta nada y si no funciona pues a replantear el método.

«Lo mejor de la vida son las ilusiones de la vida». Honoré de Balzac