El título de  la entrada está en relación con un tema que me gustaría comentar, lo costoso que nos es vendernos al mercado laboral.

Todo surgió porque uno de nuestros alumnos acudió esta semana al servicio de orientación del CIPE, y en un momento de nuestra  entrevista, hablábamos sobre el tema de cómo venderse para obtener prácticas en una empresa. En mi asesoramiento de cómo podía exponer atractivamente todas las aptitudes y actitudes que podía ofrecerles, él dijo espontáneamente: “voy a anotármelo porque a mí no se me da bien esto de tirarme el pisto…” Aquella expresión me llamó tanto la atención (y reconozco que me hizo mucha gracia), que estuve luego pensando sobre el tema y finalmente decidí escribir sobre esto. Creo que lo primero debería explicar qué significa darse el pisto, ya que es una expresión muy manchega, que tal vez no conozca todo el mundo: “La historia de esta expresión se centra en la elaboración del pisto como se realizaba antiguamente, basándose en el empleo de diferentes carnes machacadas y sus jugos, de costosa preparación y sólo al alcance de los más pudientes. Tal era el trabajo y el coste de dicho plato, que la frase comenzó a relacionarse con el atribuirse un mérito y por lo tanto concederse un premio por él, y tal cual, dicha expresión ha llegado hasta nuestros días…

Una vez aclarado el concepto, vamos a lo importante de esta cuestión y es que generalmente tenemos verdaderos problemas para hacer una buena venta de nosotros mismos. Es sorprendente, pero es así, incluso en muchas ocasiones somos capaces de vender cualquier otra cosa, pero lo que está relacionado con nuestra persona, NADA, imposible.

Podríamos dar algunas razones por las que consideramos que esto sucede:

1. El peso de la cultura. Nos enseñan desde pequeñitos que hablar o hacer visibles nuestros puntos fuertes es de vanidosos y que debemos ser modestos. Es cierto que la arrogancia es la enemiga de la aceptación social, pero eso es una cosa y otra el no valorarlos “por no pecar”.

2. El desconocimiento, como no lo practicamos y además nadie nos enseña a hacerlo, pues no es algo innato. Sólo hay unos pocos que “parece que nacieron para ello” y lo llevan a cabo sin ninguna dificultad, pero el resto nos sentimos un poco incompetentes ante esta tema.

3. Cuestión de inseguridad, puede ser también una de las variables que nos impida realizar esta venta o que nos dificulte llevarlo a cabo. De forma que menospreciamos cualquier aspecto, virtud, habilidad o conocimiento que nos haga destacar, considerándolo una “tontería” con poco interés para nuestro perfil profesional.

4. Podríamos hablar también de ese gran destructor del avance y de la iniciativa llamado “vergüenza. Está muy relacionado con el anterior punto difícil, pero yo lo orientaría más la estrategia que usamos para enmascarar este sentido del ridículo, llamándolo falsamente “humildad

Realmente si partimos de la idea de que con nuestras actitudes, forma de actuar, creencias, ideas, etc. ya estamos vendiendo el producto que somos nosotros mismos, no debería haber tantos problemas.  Nuestra marca es nuestro nombre y todo lo mencionado es la estrategia de marketing que usamos para relacionarnos con los demás y ser aceptados en la sociedad… ¡Es más sencillo de lo que parece!

Si tuviera que daros unos breves consejos que os sirvieran para comenzar a lograr esta nueva meta de saber venderos apostaría por:

  • Conócete a ti mismo
  • Valora todos los aspectos, todo es bueno hasta que se demuestre lo contrario.
  • Céntrate en lo positivo.
  • Y sobre todo cree en ti mismo, ofrece confianza.

 

La magia es creer en ti mismo. Si puedes hacer eso, puedes hacer que cualquier cosa suceda(Goethe)