Estando la semana pasada teñida por lo terrorífico y las conexiones con el más allá, se nos ha ocurrido hablar de un tema muy acorde, el MIEDO. Centrándonos en esos miedos que aparece cuando nos vamos a incorporar al mundo del trabajo o al comienzo de nuestra andadura en esta nueva etapa. Ese miedo existe, disfrazado de muchas cosas y teniendo un sitio muy importante en este momento de nuestras vidas. Miedo que nos influye tremendamente en nuestras acciones y/o pensamientos.

Lo cierto es que el miedo no es malo, nos ayuda a sobrevivir a los peligros que nos acechan y nos enseña a superar barreras. Realmente nos hace más fuertes, por lo tanto, es un factor bueno. La mala fama le viene cuando esa emoción pasa a ser algo incontrolable, cuando no la sabemos gestionar y nos paraliza o bloquea, cuando nos genera ansiedad y estrés; entonces pasa a ser un miedo destructivo.

¿A qué tenemos miedo?

Efectivamente, si no sabes a qué como lo vas a vencer. Lo primero es detectar ese miedo para poder trabajarlo. Creo que esta es la primera dificultad que nos surge, clasificar los temores como constructivos o destructivos. Para ayudarte, te planteamos una serie de miedos identificados por diferentes expertos:

MIEDO AL CAMBIO. Es la resistencia a modificar nuestro estado actual, a no querer esforzarse ante los acontecimientos o a no creer poder adaptarse a las nuevas circunstancias. Y, si algo ocurre cuando nos introducimos en el mundo laboral es que todo cambia, desde nuestra residencia, al tiempo del que disponemos, la forma de vida, las relaciones personales, la responsabilidad, etc. Por lo tanto, estará dentro de nuestro catálogo de temores, luego dependerá de cómo lo interpretemos y gestionemos.

MIEDO A EQUIVOCARSE. Al elegir un máster, una salida profesional, un sector, unas oposiciones, una oferta de empleo, una empresa, …. Nos vemos presionados por no querer aceptar los errores, por aterrorizarnos la idea de no acertar en lo que elijamos o decidamos, por asustarnos el no hacerlo bien y tener que asumir las consecuencias. Es tan común que debería convertirse en un paso más tras graduarnos y como tal deberíamos encajarlo y enfrentarlo. El problema surge cuando nos impide actuar, quedándonos paralizados, limitando nuestro avance.

MIEDO AL RECHAZO. Se basa en la opinión que tengan los demás de nosotros, para bien o para mal, tanto si destacamos como si no sobresalimos. Si en una entrevista o cualquier tipo de prueba selectiva estamos coaccionados por el “qué pensarán “en vez de por ” tengo que mostrarme como soy”, nos dará poca seguridad y el resultado será menos satisfactorio de lo que pensábamos. Normalmente va muy ligado a la exigencia y juicios de valor que uno haga sobre sí mismo y sobre los demás cuanto más altos y exigentes sean, este miedo será más intenso.

MIEDO A DEFRAUDAR. Sobre todo, a nuestra familia y nuestro entorno personal, a aquellos que creen y apuestan por nosotros y que lo último que querríamos es defraudarlos. Preparando unas oposiciones porque en opinión de tu familia es la más segura de las alternativas, el pavor que surge al sentir que no puedes con ellas y pensar que no vas a ser capaz de lograrlo atormentado porque no es lo que quieres, se convierte en una carga muy pesada que nos genera mucha ansiedad y no nos deja pensar ni actuar claramente. Funcionando en muchas ocasiones por un impulso emocional que no racional, es decir, haciendo lo que todos esperan más que lo verdaderamente nosotros queremos, solo por el hecho de que nuestro entorno se sienta orgullosos de nosotros.

MIEDO A NO LOGRARLO. A no conseguir nuestras metas, nuestros objetivos o incluso sueños, provocándonos tal ansiedad y estrés que en muchas ocasiones abandonamos antes de intentarlo. Tratar de alcanzarlo requiere más esfuerzo, empeño y actitud, es más fácil no intentarlo. El miedo a fallar está muy presente en nuestra cultura, si por ejemplo nos fijarnos en los jóvenes emprendedores lo que más les detiene es la idea de fracasar y que esto quede como un estigma, cuando en realidad supone un aprendizaje incomparable a cualquier formación.

¿Te condicionan?

Si la respuesta es sí, entonces estas ante miedos incontrolables que supeditan tu conducta pensamiento y emoción. Te controlan haciéndotelo pasar mal y no dejándote ser tu mismo/a. Estos son los que hay que trabajar día a día, indagando en qué se sustentan y porque se mantienen ahí y a pesar de las consecuencias negativas que nos aportan
Si es que no, simplemente son pequeños temores que generan cierta inquietud haciéndonos en ocasiones dudar, reflexionar más, buscar numerosa información, consultar, etc. antes de tomar la decisión, actuar o sentir. Provocando un aprendizaje y/o avance tanto personal como profesionalmente.

Ejercicios para enfrentarte a ellos

1) Acepta que el miedo forma parte de ti. Piensa qué te aporta y en qué te puede ayudar.
2) Detecta tus miedos y analízalos. Dale nombre a lo que temes es el primer paso para solucionarlo.
3) Asume que los miedos se vencen. Créetelo y apóyate en tus propias experiencias.
4) Actúa. La acción promueve el cambio, y el cambio lleva a la solución.
5) Aprende de miedos pasados. Estudia como los superaste y que te supuso.
6) Observa a tu alrededor ¿quién no tiene miedo? No juzgues las decisiones de los demás es el primer paso para no autocriticarte y ser más fuerte
7) Comienza enfrentándote a pequeños temores. Aunque tengas nervios y dudas el comprobar que puedes y que no pasa nada, será tu fuerza.
8) Refuérzate tras cada logro. Todo esfuerzo tiene una recompensa, tanto externo como propio

» Si dejas salir tus miedos tendrás más espacio para cumplir todos tus sueños» MARILYN MONROE