Inauguración de la Exposición “Carmen Bravo Villasante. Retazos de una vida 1918-2018”

/Inauguración de la Exposición “Carmen Bravo Villasante. Retazos de una vida 1918-2018”

Inauguración de la Exposición “Carmen Bravo Villasante. Retazos de una vida 1918-2018”

Exposición "Carmen Bravo Villsante. Retazos de una vida 1918-2018"

Textos: Juan Jesús Rubio Parra

El pasado viernes se inauguraba la exposición “Carmen Bravo-Villasante, Retazos de una vida, 1918-2018” en la Sala ACUA, en pleno casco histórico de Cuenca. La visita es gratuita y seguirá abierta hasta el siguiente 23 de septiembre. Este evento tiene como primer objetivo homenajear a Carmen Bravo-Villasante, una de las personalidades más importantes del contexto de las letras españolas, como escritora, intelectual, historiadora, profesora y coleccionista de una biblioteca de literatura infantil que aglutina cerca de 8000 libros. Este fondo bibliográfico único se encuentra actualmente depositado en la Biblioteca “Pedro Cerrillo” del CEPLI.

La exposición la ha organiza el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Castilla-La Mancha, en colaboración con el CEPLI y la Biblioteca Pedro C. Cerrillo. La muestra presenta una selección de 150 piezas seleccionadas de entre todas las que reúne su colección (libros de literatura, biografías, ensayos y trabajos académicos; incluso pósteres de diferentes ferias del libro como las de Barcelona, Madrid, Zurich o Bolonia; además de postales y cartas de la vida de Carmen Bravo), una colección que muestra realmente parte de esos retazos de su vida.

Esta exposición se celebra con motivo del centenario del nacimiento de Carmen Bravo-Villasante y en su acto de inauguración estuvo presente la vicerrectora de campus de Cuenca, María Ángeles Zurrilla, en sus palabras de bienvenida elogió su figura: “Sin esa mujer, pionera y visionaria, que vio la importancia de la literatura juvenil, y que recogió durante su vida ese maravilloso fondo bibliográfico; y sin el poder también visionario además de la pasión por la literatura infantil del profesor Pedro Cerrillo; no habría sido posible la biblioteca Carmen Bravo-Villasante”.

La exposición ha sido comisariada por Carmina Martínez Blanco, Eloísa Santos Recuenco y Arantxa Sanz Tejeda. Carmina Martínez ha explicado que esta biblioteca de literatura infantil es toda una joya única de la que dispone la universidad. Una selección de libros que ha resultado difícil porque “hay tantos libros bonitos, con una belleza ya no solo por la calidad literaria sino también por la calidad estética”. Una pequeña selección que funciona como “miel en los labios”, ya que lo bonito de los libros reside en tenerlos y hojearlos en las manos, no en contemplarlos encerrados en unas vitrinas. También ha recordado que Pedro Cerrillo ha sido el artífice de la biblioteca, una biblioteca que empezó con unos 8.000 ejemplares en 1999 (el núcleo es la colección de Carmen Bravo) y que ahora reúne cerca de 25.000.

Durante todo el tiempo que ha durado el acto de inauguración se ha respirado un aire entrañable, quizá por el aspecto familiar y acogedor que ha añadido también la familia de Carmen Bravo. Su hija, Carmen Ruiz Bravo, ha agradecido a todos los asistentes la labor que ha hecho posible la biblioteca. En especial a la biblioteca universitaria porque “se haya catalogado, conservado, preservado y dinamizado de una manera modélica la colección”, lo que da la imagen de una mujer muy ilusionada por cumplir su gran proyecto divulgativo de la literatura infantil.

Como detrás de cada libro hay una historia. Todos los libros de Carmen Bravo son en sí pedazos de la historia de una mujer que se esforzó por valorar e investigar un campo de la literatura que hasta entonces había permanecido marginado: la literatura infantil. Ella era una de esas personas que cuando viaja no puede evitar traerse algo, sea un poster, una novela o una revista. Por eso su colección es tan rica en peculiaridades, porque sus títulos están escritos en castellano, francés, inglés, alemán, ruso, japonés o árabe. Destacan editoriales de gran prestigio, como son las francesas Hachette, J. Hetzel o Garnier; las inglesas Chapman and Hall, Crosby Lockwood o Casell. Y por supuesto, las españolas como Calleja, Muntañola, Juan Roca y Bros, Piferrer o Bastinos. Y no solo son libros de literatura, sino que dentro del actual fondo bibliotecario también hay trabajos de los alumnos que tutorizó, textos de comunicaciones, entrevistas y conferencias; documentación sobre congresos, eventos, ferias de libro; material de instituciones como el IBBY (International Board on Books for Young People); recortes de prensa, recibos de la biblioteca nacional cuando era investigadora, carteles y folletos de literatura. Muchos de ellos son objetos encontrados entre las páginas de los libros, tesoros descubiertos gracias a la catalogación. Eloísa Santos confiesa que a veces ha sentido incluso pudor cuando esos objetos personales aparecen, pues se trata de la vida íntima de una persona.

Carmen Bravo-Villasante fue también catalogadora, publicando compilaciones de adivinanzas, rimas, acertijos, trabalenguas, canciones o cuentos populares. Destacan Una, dola, tele, catola. El libro de folklore infantil (1976) o Adivina, Adivinanza (1978). Como historiadora también la colección consta de obras relevantes, como Historia de la literatura infantil española (1959) o Historia y antología de la literatura infantil iberoamericana (1988). Carmen Ruiz Bravo recuerda también que ella era una interesada en el ser humano y en lo que encierra su psicología. Llegó a indagar a través de epistolarios y diarios íntimos para escribir por ejemplo Biografía y literatura (1969), respecto a los secretos y confesiones de Emily Dickinson, Willa Cather, Edith Warton, Hilda Doolitle, Edna Saint y Edith Sitwell. También cotejó la correspondencia amorosa entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán.

Su hija, Carmen Ruiz Bravo, ha seguido sus pasos, especializándose en literatura árabe y escribiendo ensayos y reseñas. Dentro de Literatura infantil universal (1978), un título que reúne muchísima información sobre la creación literaria infantil a nivel mundial, ella escribió el capítulo “La literatura árabe”. Como ella misma explica, su mérito también se encuentra en el logro de “armonizar dos sectores que tratan la literatura infantil: el de la educación y el de la literatura desde la creación”, llevando la cuestión a un ámbito académico que hasta entonces apenas existía. Carmen Ruiz explica que su madre quería que todos esos libros acabasen en una biblioteca nacional española de literatura infantil. Es cierto que la Biblioteca Nacional Española tenía un fondo similar, pero no les convencía debido a esas polémicas reorganizaciones que siempre echaban a perder muchísimos títulos: “Primero se intentó con la Universidad de Madrid, donde ella misma había estudiado, pero no parecían muy interesados, no se daban cuenta de la importancia de la colección, así que luego se pensó en la Fundación Juan March, que entonces tenía ya una gran colección de teatro, esa fue la primera simiente, pero finalmente se llegó a un acuerdo con la Universidad de Castilla-La Mancha, con Pedro Cerrillo, con el que tenía una buena relación”.

Su familia está de acuerdo en que no ha recibo el mérito que debería, su nieta argumenta que su figura no ha sido tan valorada como las de otras escritoras de su época, “fue toda una pionera en una clase repleta de chicos, incluso fue pregonera de las fiestas en Madrid”.

Carmen Ruiz Bravo: “Nosotros vivíamos en un bosque lleno de hojas, cuando vengo aquí y vuelvo a estar entre libros, libros que son amigos, que son una familia, la recuerdo”. Lo cierto es que en la literatura infantil de su época hubo pocas mujeres como ella.

2018-10-02T13:49:22+00:00