En estos días de cuarentena, puede que te inquiete la sobreexposición de tus hijos a la tecnología. Compartimos algunas reflexiones y sugerencias en torno a este tema que esperamos te resulten de interés y utilidad.

1. Observar antes de actuar

Cada niño o joven tiene unas inquietudes diferentes. Hay que observar sus interacciones y establecer una conversación fluida en torno a los usos que hace de la tecnología. Las pautas generales pueden no valer a todo el mundo por igual. Si ves que tu hijo o hija las adopta sin problema, estupendo. Pero si el uso de tecnología le genera nervios, irascibilidad, etc. pueden no ser suficientes y habrás de adoptar medidas más precisas.

5 CLAVES EN RELACIÓN CON LA TECNOLOGÍA Y LA LECTURA EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA

Además, los smartphones y las tablets proporcionan acceso a Internet con lo que tu hijo o hija debe tener cierta madurez antes de utilizar este tipo de dispositivos disponer de uno propio, y ser consciente de los inconvenientes (incluso, peligros) que puede suponer respecto a su privacidad. Por otra parte, una vez que le des autonomía, has de respetarla, porque tiene derecho a tener una vida privada y porque, además, el exceso de control puede limitar ciertos aspectos de su desarrollo (por ejemplo, el de su juicio personal).

Hay que medir muy bien el nivel de control. Y si se usa la tecnología para prevenir riesgos, hacerlo de una forma razonable; no se debe delegar en ella una responsabilidad que nos corresponde como adultos. Además, los sistemas y herramientas de control parental ofrecen una falsa percepción de seguridad total, puesto que, aunque no se puede cuestionar su utilidad, la tecnología no puede mantener a los pequeños a salvo de forma absoluta.

2. Poner reglas y límites

No hay evidencia científica de que los dispositivos digitales sean malos para el desarrollo del cerebro de nadie. Tampoco que dificulten per se la práctica de la lectura. Ni que menoscaben los resultados académicos. Pero el hecho de que no esté demostrado que la tecnología sea mala no es óbice para que pongamos reglas y límites para evitar que los chicos estén conectados a todas las horas, y así prevenir ansiedades indebidas, trastornos del sueño, descensos del rendimiento escolar, etc.

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En general, determina lugares y momentos de uso para evitar que tus hijos estén conectados en situaciones u horarios inadecuados (actividades familiares, durante las comidas, por la noche…). Delimita tiempos de uso para evitar que estén conectados más tiempo del recomendable (20/30 min. máximo con 2-6 años; 1h. máximo con 6-10 años; 2h. máximo a partir de 10 años). En la adolescencia, puedes establecer límites de gasto para hacerlos conscientes y responsables de su consumo. Finalmente, aprovecha las funcionalidades de control parental (aunque si regulas el uso de la tecnología puede que sean prescindibles).

Tal y como se ha avanzado, tienes que observar las interacciones de tu hijo o hija con la tecnología. Si se altera de una forma llamativa con el uso de dispositivos digitales y no es capaz de asimilar normas básicas habrás de ser más restrictivo en su uso. También si empiezas a detectar que se han convertido en un objeto al que acude de forma compulsiva cada pocos minutos. El uso de dispositivos es malo si altera sus rutinas, interfiere con vuestras relaciones familiares o evita que hagan otras cosas saludables como jugar solos o en familia.

3. Compartir lecturas digitales

La lectura en papel y la lectura en pantalla muestran un similar comportamiento en algunos aspectos y, a la postre, comparten una misma finalidad. El lector, en uno y otro caso, busca disfrutar de una historia, deleitarse con las palabras y las imágenes; persigue cierta información que necesita para elaborar un informe académico, profesional, resolver un problema práctico, conocer, comprender, entender algo o entenderse a sí mismo. No obstante, también presentan diferencias.

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La clave para motivar el interés por la lectura y para contribuir a la formación desde las primeras edades es la lectura compartida. Y este hecho es aplicable a los contenidos en formato digital. En las experiencias de lectura compartida en soporte digital ten presente que el sonido, la música, la narración en voz alta, los elementos interactivos… de los contenidos digitales pueden motivarte a estar más pasivo y no dejes de interpelar a tu hijo o hija e interactuar con él o ella. También es recomendable promover la paciencia y la interacción, según sea más oportuno.

La familia puede contribuir a la formación de lectores competentes. Lectores que conozcan y se muevan entre todo tipo de textos, acostumbrados a leer en distintos formatos, avezados en surcar diferentes vías y canales, preparados para saltar de uno a otro cuando la lectura lo precise. Lectores capaces de descifrar todo tipo de códigos, de comprender los mensajes que nos transmiten, de enjuiciarlos y ser críticos con ellos.

4. Apostar por la calidad

Las lecturas de calidad son clave para la promoción del interés y el gusto por la lectura desde las primeras edades. Así como para la consolidación de los hábitos lectores y la construcción de un itinerario lector enriquecedor. Y, de nuevo, este hecho es aplicable a los contenidos en formato digital.

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Para empezar, selecciona contenidos digitales adecuados a la edad de tu hijo o hija en torno a temas que sean de su interés y respondan a sus inquietudes. Hay muchos que, además, tienen un componente educativo que pueden ayudar con conocimientos o habilidades que sea necesario reforzar. En AppTK.es encontrarás más de 300 recomendaciones.

No escatimes a la hora de acceder al contenido. Hay contenidos digitales gratuitos muy interesantes. Pero, en general, las propuestas de pago para público infantil y juvenil ofrecen mayores garantías de seguridad y privacidad. Y, gracias a ellas, les evitarás la publicidad. En última instancia, no olvidéis compartir o comentar, en el caso de que vuestro hijo o hija haga una lectura autónoma, su experiencia de lectura digital.

5. Adaptarse a la era que nos ha tocado vivir

Casi a diario podemos leer la prensa generalista y en los medios especializados artículos que abordan el tema de la tecnología en la infancia desde una perspectiva maniquea. Y mientras este debate parece perpetuarse sin llegar a ningún punto de convergencia, los smartphones y las tablets nos invaden y se sitúan al alcance de los pequeños que, desde los pocos meses de vida, quedan extasiados con sus destellos luz y con sus posibilidades de interacción.

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La cuestión no está en venerar o demonizar estos artilugios omnipresentes para evitar inquietudes, sino en aprender a hacer un buen uso de ellos. Hay que promover interacciones naturales y progresivas con la tecnología y estas interacciones deben ser acompañadas. Las pantallas pueden ayudar a los más pequeños a desarrollar numerosas habilidades, a adquirir numerosos aprendizajes… siempre y cuando les enseñemos para que así sea. Es importante que haya un acompañamiento para que, poco a poco, profundicen en su uso.

El consumo creciente de contenidos digitales desde edades cada vez más tempranas es un hecho. Y se ha de asumir y profundizar el conocimiento del tema para proporcionar a los niños y jóvenes lecturas digitales de calidad que redunden en su beneficio de los niños y jóvenes, así como favorecer experiencias de lectura compartida que contribuyan a formar lectores digitales. En definitiva, lectores del siglo XXI.

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