♀️♂️Brecha de género. ¿Una cuestión biológica o social?♀️♂️

¿Se nace o se hace? Esta es una de las cuestiones más complejas a las que se enfrenta la ciencia. Muchos trabajos científicos publicados en multitud de áreas y revistas han dedicado décadas de estudio a esta cuestión. La influencia biológica, por un lado, y el contexto social, por otro, han demostrado determinar el comportamiento del ser humano.

Por ello, y por la complejidad de la cuestión, es sorprendente ver que recientes trabajos afirman con rotundidad que es el componente biológico el que predomina en la brecha de género. Esta brecha se observa, por ejemplo, en la representación de mujeres en puestos de liderazgo y ciertas áreas. Estos trabajos señalan que es el cerebro de la mujer el que determina, por ejemplo, la elección de una carrera universitaria, y obvian la influencia del contexto.

Existe evidencia de que el contexto social, también, condiciona las decisiones de hombres y mujeres. El libro de Cordelia Fine titulado “Delusions of gender” (Ilusiones de género), publicado en 2010 por W.W. Norton, destaca la importancia del contexto en referencia a un gran número de trabajos científicos. David Berri, profesor de economía en Southern Utah University, ha querido compartir un breve resumen del libro:

Mujeres y hombres tienen papeles distintos en el mercado laboral. Los hombres asumen más posiciones de liderazgo y suelen percibir salarios más altos. Una explicación es que los hombres son simplemente «mejores» en estas tareas, lo que lleva al éxito en el mercado laboral. «Delusions of gender» revisa la hipótesis desde otra perspectiva dentro de la psicología, sociología, y la neurociencia. La evidencia que muestra Cordelia Fine indica que estos roles no son simplemente el resultado de diferencias biológicas. Las diferencias parecen prevenir de estereotipos culturales, que son presentados a niños y niñas a una edad muy temprana y reforzados por el contexto cultural conforme crecen y maduran. Como consecuencia, no es sorprendente, que hombres y mujeres sean tratados diferentes en el trabajo. Los hombres nos hemos pasado, literalmente, la vida siendo enseñados que a) hombres y mujeres son diferentes y b) hombres son mejores

Brevemente, los siguientes ejemplos, extraídos del libro de la doctora Fine, intentan ilustrar algunos estereotipos de género. Estas creencias culturales pueden ser la causa de muchas de las brechas que observamos en la sociedad actual.

El contexto social más inmediato de un bebé, sus padres, empieza a establecer códigos de género antes de que este haya incluso nacido (1). Por ejemplo, la noticia del género del bebe ya condiciona el color de la habitación (rosa vs. azul), la ropa (vestido vs. pantalón) y los juguetes (muñeca vs. camión).

Las diferencias biológicas son la causa, según algunos, de la brecha de representación en áreas como matemáticas, ingeniería, o informática: “el cerebro de la mujer está diseñado diferente”. Sin embargo, la evolución del área de la informática, explicada por la psicóloga Sapna Cheryan de la Universidad de Washington, demuestra que los cerebros no son tan distintos. Hasta los años 60, el empleo en esta industria estaba totalmente dominado por mujeres, que acumularon importantes contribuciones a las que les debemos gran parte de los avances actuales. Sin embargo, en los años 80 con la aparición de nombres propios como Bill Gates y Steve Jobs y películas como La revencha de los novatos se consolidó culturalmente la imagen masculinizada de “computer geek” (rarito de los ordenadores) (2).

Otro condicionante importante es la propia infrarrepresentación femenina. Por ejemplo, las mujeres son clara minoría en las carreras universitarias de matemáticas. En este contexto, el rendimiento de las mujeres está condicionado a saber que cualquier fallo puede ser atribuido a su género, independientemente de cualquier otra circunstancia, y reforzar el estereotipo. Esto se conoce como la amenaza del estereotipo. De hecho, investigaciones demuestran que el número de hombres en la sala y la presentación de pruebas como “más difíciles para las mujeres” hacen que estas obtengan peores resultados (3). Por ello, la decisión de cruzar el pasillo y cambiar las matemáticas por la psicología puede estar más relacionada con la ansiedad y los problemas de autoestima que esta amenaza genera que con la genética.

Estos ejemplos, y muchos otros, evidencian que no son únicamente las diferencias biológicas las que condicionan las elecciones de hombres y mujeres. Es necesaria una visión completa y crítica de la evidencia científica para diseñar con éxito políticas sociales que reduzcan las diferencias de género.

(1) Paoletti, J.B. (1997). The gendering of infants’ and toddlers’ clothing in America. In K.A. Martinez and K.L. Ames (Eds.), The material culture of gender/The gender of material culture (pp. 27–35). Hanover, NH: University Press of New England.

(2) Cheryan, S., et al. (2009). Ambient belonging: How stereotypical clues impact gender participation in computer science. Journal of Personality and Social Psychology, 97(6), 1045-1046.

(3) Spencer, S.J., et al. (1999). Stereotype threat and women’s math performance. Journal of Experimental Social Psychology, 35(1), 4-28.

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