{"id":9919,"date":"1999-03-12T18:02:00","date_gmt":"1999-03-12T17:02:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9919"},"modified":"2026-03-23T17:42:04","modified_gmt":"2026-03-23T16:42:04","slug":"itinerarios-del-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/1999\/03\/12\/itinerarios-del-cuerpo\/","title":{"rendered":"Itinerarios del cuerpo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Estrella de Diego<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">1999<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>S\u00c1NCHEZ, Jos\u00e9 A. (ed.),&nbsp;<em>Desviaciones<\/em>&nbsp;(documentaci\u00f3n de la 2\u00aa Edici\u00f3n de Desviaciones), Cuenca-Madrid, 1999, pp. 69-73<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que esta tarde hemos venido aqu\u00ed, tambi\u00e9n, sobre todo, para hablar de los cuerpos, esos cuerpos escurridizos que se escapan cuanto m\u00e1s los queremos atrapar.<\/p>\n\n\n\n<p>En principio, yo hab\u00eda pensado tratar de un tema que personalmente me fascina: las hibridaciones en el arte, el modo sutil en el que las fronteras se diluyen precisamente a trav\u00e9s de los cuerpos que, caprichosos como son, van reescribiendo los g\u00e9neros. Supongo que con el siglo XX a punto de acabar las antiguas categor\u00edas -artes visuales, danza, etc\u2026- tienen ya muy poco sentido. Su propia puesta en cuesti\u00f3n ha difuminado las fronteras, los bordes. Se han trastocado.<\/p>\n\n\n\n<p>Quer\u00eda hablar de c\u00f3mo las artes visuales tienen una curiosa tendencia progresiva a perder el cuerpo, mientras eso que llamamos performance, \u2018live art\u2019, etc. lo gana, se apropia de \u00e9l, lo hace hasta cierto punto. Ser\u00eda el cuerpo como ausencia y el cuerpo como presencia. Pero me he dado cuenta de que mi propio planteamiento era muy anticuado.<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora de buscar ejemplos, me he dado cuenta de que las cosas no eran tan f\u00e1ciles como pod\u00edan parecer a primera vista. He intuido que, a su modo, todos pierden el cuerpo o, mejor a\u00fan, todos pierden el uso tradicional del cuerpo como presencia\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso en esas performances m\u00e1s radicales, por ejemplo, las cirug\u00edas est\u00e9ticas de Orlan, nos interese o no lo que hace la artista franc\u00e9s, en las que el cuerpo est\u00e1 presente de un modo casi tr\u00e1gico, el cuerpo, la corporalidad \u00faltima, se acaba por perder en su esencia. La idea de la construcci\u00f3n de un cuerpo ideal a partir del canon\u2026 el cuerpo a cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que me ha parecido que, quiz\u00e1s, ese podr\u00eda ser el tema recurrente -quedarse sin el cuerpo, perderlo- y he intentado dar otra lectura a esos dos t\u00e9rminos que hipot\u00e9ticamente se manejar\u00edan: bordes y cuerpos. Nunca como ahora se desbordan los cuerpos -la misma hibridaci\u00f3n de los g\u00e9neros los desborda- y nunca se ponen de manifiesto tan claramente los propios bordes. As\u00ed que he decidido contar dos relatos -pues personalmente veo la Historia como relato- que tratan de dos obras concretas, ambiguas en el uso del cuerpo. Dos relatos que hablan en las met\u00e1foras del cuerpo. Las obras son casi parad\u00f3jicas -o no tanto, como veremos, pues en el fondo ambas subvierten el uso mismo del objeto de la reflexi\u00f3n, el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos son algo que podr\u00edamos llamar itinerarios del cuerpo, aunque partan de \u2018g\u00e9neros\u2019, de \u2018categor\u00edas\u2019 contrapuestas. La primera obra es la \u00faltima exposici\u00f3n de Boltansky en el Palais Tokio de Par\u00eds y la segunda una pieza de La Ribot: Socorro Gloria. As\u00ed que, ah\u00ed va el primer relato, que empieza una ma\u00f1ana de septiembre viendo la exposici\u00f3n retrospectiva de Boltansky. El propio artista explica que no hay nada nuevo y, no obstante, el modo de plantear el relato es novedoso, porque es radical. A la entrada de la muestra una vigilante recoge las entradas. Hasta ah\u00ed nada anormal.<\/p>\n\n\n\n<p>Se entra luego en una habitaci\u00f3n grande en cuyas paredes hay expuestas fotos de mediano tama\u00f1o, personas sin nombre que cubren las paredes y causan un curioso efecto de claustrofobia, pese a la amplitud del cuarto y la altura de las paredes. Es la presencia terrible de las fotos y la presencia de fotos de diferentes \u00e9pocas, sobre todo, lo que da esa sensaci\u00f3n de angustia. Es un \u00e1lbum de fotos de difuntos. Pero el cuerpo, su recuerdo a trav\u00e9s de los ojos que miran, de las acciones que se muestran, est\u00e1 ah\u00ed, en alguna parte. Inventa en cada foto, reproduce, una historia de vida de la cual somos al mismo tiempo excluidos e incluidos. Son y no son nuestros muertos, nos reconducen al cuerpo familiar de nuestros muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo peor est\u00e1 a\u00fan por llegar. Un pasillo estrecho, construido con cartapacios de metal con n\u00fameros y fechas, algunos con fotos, otros no colocados sin orden alfab\u00e9tico, nos conduce hacia un cuarto iluminado por ne\u00f3n en el cual hay camas met\u00e1licas, fr\u00edas como las de la morgue, tapadas con pl\u00e1sticos, higi\u00e9nicas, como es siempre el cuerpo muerto. La perversi\u00f3n es terrible, pues debajo del pl\u00e1stico hay mantas, lo c\u00e1lido, lo cotidiano. Lo c\u00e1lido del cuerpo que, pase lo que pase, preserva la muerte. La fisicidad tiene en ese momento su \u00faltima oportunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed pasamos a otra habitaci\u00f3n apenas iluminada en la cual aparecen en la pared marcos negros de peque\u00f1o tama\u00f1o en los cuales se refleja nuestro rostro. Paseando en pantallas de luz vuelven ellos a trav\u00e9s de fotos, luminosos, pero perdida irremediablemente la fisicidad como la entendemos sobre la tierra: son los espectros, los atravesamos. Boltansky ha descrito, al fin, el ciclo de la existencia. Se trata sin duda de una met\u00e1fora del cuerpo, de las p\u00e9rdidas del cuerpo. La sorpresa sigue m\u00e1s abajo, en el s\u00f3tano. El artista ha instalado dos zonas. En una, hay ropa amontonada, ropa vieja; en otra, hay objetos perdidos -ositos, paraguas-, cada uno con su etiqueta, como si, de alg\u00fan modo, fueran cuerpos en la morgue, con la identificaci\u00f3n fr\u00eda de un cuerpo perdido. Esa es quiz\u00e1s la met\u00e1fora m\u00e1s fuerte del cuerpo, de su ausencia. Ya no quedan nada m\u00e1s que vestigios, huellas, imposibilidades. Para hablar del cuerpo, para hacernos vivir el cuerpo, el artista suizo nos ha enfrentado con su p\u00e9rdida sucesiva, con su disoluci\u00f3n a trav\u00e9s de la muerte. Pero hay algo que llama la atenci\u00f3n all\u00ed: el olor tremendo de esa ropa vieja, de segunda mano, de almac\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Boltansky parece decirnos: aqu\u00ed s\u00ed que se ha perdido el cuerpo definitivamente. Ya no queda nada, ni su ausencia. Este es el primer relato. El segundo, el que cuenta la pieza de La Ribot. La Ribot va a bailar. Sale vestida a escena y la ropa le est\u00e1 atrapando el cuerpo. Para bailar, en la danza tradicional al menos, uno tiene que tener un poco de espectro, si no que se lo digan a los escritores que hablaban de Nijinksy cuando comentaban c\u00f3mo aquellas piernas de centauro pod\u00edan volar en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que La Ribot empieza a quitarse la ropa, para poder bailar. Se la quita y cada vez se sorprende de que debajo de la prenda haya otra prenda: infinitos jerseys, camisetas, medias, bragas\u2026 Lo va haciendo pausadamente, perpleja de la dificultad de no acabar de encontrarse la piel, el cuerpo sin tapujos, sin tapados. Cae la \u00faltima prenda, se la quita. Encuentra la piel, la fisicidad de la piel. Ha recuperado el cuerpo, al fin. Y entonces, cuando deber\u00eda ponerse a bailar, se acaba la pieza frente a la imagen de una mujer sentada, perpleja, que posee aquello a lo que aspiraba y que, sin embargo, no puede bailar. La ropa, por el suelo, recuerda de alg\u00fan modo al almac\u00e9n de Boltansky. S\u00f3lo recuerda. La Ribot la mira perpleja. Claro que hay un gui\u00f1o a la imposibilidad misma del baile. Pero yo lo leo como mucho m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el cuerpo, la piel, tambi\u00e9n es ropa, porque nunca est\u00e1 uno, de verdad, completamente desnudo, pues hay sobre la piel cosas escritas; La Ribot se detiene pensando, quiz\u00e1s, en ese cuerpo de la mujer tatuada que pinta Dix, tan popular en los 20, Suleika, la maravillosa tatuada. Suleika se exhibe, bella estatua de cuerpo libro, cuerpo escrito, cuerpo diario de bit\u00e1cora. Del circo pasa al cabaret y, como un marinero, otra vez jugando a ser hombre, se tat\u00faa la piel por cada amor desdichado. No queda ni un cent\u00edmetro libre: una mujer con historia. La Ribot sabe, adem\u00e1s, que, frente a la apariencia de haber ganado el cuerpo, lo ha perdido. Lo ha perdido porque ese objeto de la danza ya no sirve para bailar. Y yo creo que sabe que lo ha perdido, no s\u00f3lo por la imposibilidad de estar desnudo, sino porque luego, en obras posteriores, trata de nombrarlo, de despiezarlo nombrando cada parte.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que Boltansky y La Ribot en sus relaciones con el cuerpo parec\u00edan parad\u00f3jicos, pero no lo eran en el fondo. Si el primero notaba el modo en que se pierde el cuerpo, como sucede a menudo en las artes visuales, La Ribot jugaba a ganarlo, pero tambi\u00e9n se enfrentaba a la corporeidad del cuerpo, en el fondo. No obstante, y ya con esto termino, la paradoja viene por otro lado. Se puede hacer el recorrido inverso de la exposici\u00f3n de Boltansky. Pasar de la ropa (la p\u00e9rdida m\u00e1s radical del cuerpo) a los espectros, las camas, los archivos y las fotos (la supuesta presencia). Y ah\u00ed se encuentran los dos, Boltansky y La Ribot: en el recorrido inverso vemos que las fotos, la supuesta presencia, eran en el fondo lo menos f\u00edsico, el vestigio m\u00e1s terrible, la pura huella y los restos de vida, los objetos, lo m\u00e1s f\u00edsico. Yo antes dec\u00eda que se ol\u00eda. Boltansky gana cuerpo cuando aparenta perderlo. La Ribot pierde cuerpo cuando aparenta ganarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos son los bordes que, lejos de separar, re\u00fanen. Lo excitante del \u2018live art\u2019 y de ese otro \u2018art\u2019 que no es tan \u2018live\u2019 es que est\u00e1n atrapados en una imposibilidad compartida: el uso que hoy tiene el cuerpo, siempre recuerdo del cuerpo mismo en el mundo que sabe, que ha aprendido, c\u00f3mo debajo de una m\u00e1scara s\u00f3lo hay otra m\u00e1scara y otra y as\u00ed hasta el fin de los tiempos, pues cuerpo y espectros terminan, de verdad, por parecerse mucho. Aunque, un momento, quiz\u00e1s s\u00ed que haya, al fin, una diferencia. En el caso del suizo alguien ha llegado para recogerla y ordenarla, y La Ribot est\u00e1 s\u00f3lo at\u00f3nita, rodeada por los vestigios del cuerpo tambi\u00e9n, incapaz de ponerse a bailar. Eso es, tal vez, lo que distingue al \u2018live art\u2019 del arte que no es tan \u2018live\u2019. En el primero nadie ordena el mundo, s\u00f3lo lo reorganiza. Y no poco.<\/p>\n\n\n\n<div data-wp-interactive=\"core\/file\" class=\"wp-block-file\"><object data-wp-bind--hidden=\"!state.hasPdfPreview\" hidden class=\"wp-block-file__embed\" data=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/03\/Diego-EstrellaDe-itinerarios-cuerpo.pdf\" type=\"application\/pdf\" style=\"width:100%;height:600px\" aria-label=\"Incrustado de Diego-EstrellaDe-itinerarios-cuerpo.\"><\/object><a id=\"wp-block-file--media-e12ab6ff-1cac-4c3a-bbb4-d35b979b7b66\" href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/03\/Diego-EstrellaDe-itinerarios-cuerpo.pdf\">Diego-EstrellaDe-itinerarios-cuerpo<\/a><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/03\/Diego-EstrellaDe-itinerarios-cuerpo.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-e12ab6ff-1cac-4c3a-bbb4-d35b979b7b66\">Descarga<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estrella de Diego, 1999<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":1986,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[38,39],"class_list":["post-9919","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","tag-accion","tag-cuerpo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9919","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9919"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9919\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9921,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9919\/revisions\/9921"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1986"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9919"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9919"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9919"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}