{"id":9915,"date":"2000-03-12T17:56:00","date_gmt":"2000-03-12T16:56:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9915"},"modified":"2026-04-04T20:39:12","modified_gmt":"2026-04-04T18:39:12","slug":"apocalipsis-111","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/03\/12\/apocalipsis-111\/","title":{"rendered":"Apocalipsis 1.11: la redenci\u00f3n por el teatro"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><\/h2>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Silvana Garc\u00eda<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2000<\/h5>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"462\" height=\"349\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2000\/03\/Teatro-da-Vertigem.2000.-Apocalipse-1-11.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-12092\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2000\/03\/Teatro-da-Vertigem.2000.-Apocalipse-1-11.png 462w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2000\/03\/Teatro-da-Vertigem.2000.-Apocalipse-1-11-300x227.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 462px) 100vw, 462px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p><em>Teatro al Sur<\/em>&nbsp;(Buenos Aires, n\u00fam.16\/17, octubre 2000, pp. 6-12),&nbsp;<em>Conjunto<\/em>&nbsp;(La Habana, Casa de las Am\u00e9ricas, no. 199, octubre-diciembre de 2000, pp. 40-45), y Sala Preta (Departamento de Artes C\u00eanicas \/Escola de Comunica\u00e7\u00f5es e Artes \/ USP, S\u00e3o Paulo, A\u00f1o I, n\u00fa. 1, junio de 2001, pp.119-122.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda 2 de octubre de 1992, en el Pabell\u00f3n 9 de la Casa de Deten\u00e7\u00e3o de S\u00e3o Paulo, 111 presos fueron asesinados por la Tropa de Choque de la Polic\u00eda Militar que invadi\u00f3 el local para contener una rebeli\u00f3n. La \u201cMasacre de Carandiru\u201d, como se conoce al episodio, tuvo repercusi\u00f3n mundial y a d\u00eda de hoy no ha sido todav\u00eda esclarecido totalmente. Lo que ves, escr\u00edbelo en un libro Y m\u00e1ndalo a las siete Iglesias\u2026 Apocalipsis 1,11 Cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil salir del teatro impactado por un espect\u00e1culo. En general, salimos con la sensaci\u00f3n de que falta algo, de que aquello a lo que asistimos est\u00e1 a medio camino de algo que no sabemos bien qu\u00e9 es, pero\u2026 Con el Teatro da Vertigem, no. Al contrario, salimos con sensaci\u00f3n de atrac\u00f3n, como si hubi\u00e9semos comido m\u00e1s de lo que pod\u00edamos aguantar. Salimos, en realidad, con el est\u00f3mago revuelto, al borde de una indigesti\u00f3n. Estamos hablando de Apocalipse 1,11, dirigido por Antonio Ara\u00fajo, tercera obra de una trilog\u00eda que se inici\u00f3 con Para\u00edso Perdido, de Milton, continu\u00f3 con O Livro de J\u00f3, y ahora concluye con las visiones del ap\u00f3stol San Juan sobre el fin de los tiempos. Los espect\u00e1culos de Antonio Ara\u00fajo son siempre muy especiales, con un lugar exclusivo en el cuadro de las producciones paulistas (e incluso del resto de Brasil). Es uno de los pocos creadores sobre los cuales podemos pensar en t\u00e9rminos de \u201cobra\u201d, o sea, su producci\u00f3n corresponde a un proyecto art\u00edstico que \u00e9l dirige sin concesiones y con definici\u00f3n est\u00e9tica. Por eso mismo su producci\u00f3n es \u201cbisiesta\u201d, cada espect\u00e1culo ocup\u00e1ndole dos, y a veces tres a\u00f1os, de una minuciosa y siempre exhaustiva inversi\u00f3n de creaci\u00f3n. Su proceso de trabajo es tambi\u00e9n uno de los pocos a los cuales podemos aplicar el calificativo de \u201ccolectivo\u201d. Construye el espect\u00e1culo en proceso y en complicidad con un elenco que, como \u00e9l, se entrega totalmente al trabajo durante largos per\u00edodos. El texto va siendo construido sobre la marcha, por medio de talleres en los cuales los actores improvisan sobre diferentes temas, acompa\u00f1ados de un dramaturgo que da forma y firma la dramaturgia final. Otro aspecto caracter\u00edstico de sus obras es la b\u00fasqueda de un lugar espec\u00edfico que constituya, en s\u00ed mismo, una realizaci\u00f3n metaf\u00f3rica de la idea central del espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Para\u00edso Perdido, la compa\u00f1\u00eda se aloj\u00f3 en el interior de una iglesia cat\u00f3lica (\u00a1y no hubo poco esc\u00e1ndalo por eso!). Para O Livro de J\u00f3, ocuparon un ala inutilizada de un hospital. Para Apocalipse 1,11, el espacio escogido fue un antiguo complejo carcelario. En suma, son siempre procesos largos y exigentes, que se ven alargados por algunas frustraciones, en especial en cuanto a las expectativas de patrocinios, pues sus espect\u00e1culos no son considerados (por la mirada ciega de algunas empresas) inversiones seguras. Adem\u00e1s, en general, su elenco, de excelente nivel, no incluye ning\u00fan rostro destacado de la televisi\u00f3n. Cuando eso sucede, como en el caso de Mariana Lima, una de las protagonistas de Apocalipse, la actriz no es usada como un atractivo de la obra. Est\u00e1 ah\u00ed como un integrante m\u00e1s del grupo y quien la reconoce est\u00e1 obligado a distinguir \u2013no hay como no hacerlo- entre la protagonista de hero\u00ednas insulsas de la tele y la actriz osada y vigorosa que encarna el personaje de Babilonia, la \u201creina de las abominaciones de la tierra\u201d. El resultado es que, aun siendo uno de los dos principales directores \u2013y podr\u00edamos decir el m\u00e1s osado entre los j\u00f3venes directores en activo en Brasil hoy en d\u00eda-, a pesar de ser uno de los grupos m\u00e1s premiados \u2013en cada estreno, el Teatro da Vertigem acostumbra a llevarse los principales premios del teatro brasile\u00f1o-, con invitaciones para los festivales m\u00e1s importantes de Brasil y con reconocimiento en el exterior \u2013Livro de J\u00f3 estuvo en Rusia, Dinamarca, Colombia, y Apocalipse ya tiene garantizada su temporada en Portugal-, la compa\u00f1\u00eda no se sustenta financieramente. Los pocos apoyos que consigue reunir son insuficientes \u2013cuando no sucede que pierden un apoyo despu\u00e9s del estreno, como sucedi\u00f3 efectivamente en esta temporada, \u00a1porque los patrocinadores quedaron escandalizados con el espect\u00e1culo! Y el Estado con su cr\u00f3nica falta de pol\u00edtica cultural, no invierte en el campo de la investigaci\u00f3n esc\u00e9nica. Con todas esas dificultades, T\u00f3 Ara\u00fajo no hace concesiones. Sus espect\u00e1culos son productos elaborados artesanalmente, que exigen una relaci\u00f3n \u00edntima con los espectadores. Por ese motivo, sus plateas son tambi\u00e9n num\u00e9ricamente restrictivas, admitiendo como m\u00e1ximo sesenta espectadores por sesi\u00f3n. \u00c9stos constituyen un grupo heterog\u00e9neo, hermanados en la expectativa, siempre satisfecha, de vivir una experiencia est\u00e9tica de profundo impacto. Esta vez, ser\u00e1n testimonios de un Brasil revelado por las entra\u00f1as. El Brasil de la Bestia Apocalipsis en griego significa \u201crevelaci\u00f3n\u201d y es con ese sentido que es empleado el t\u00e9rmino en el Nuevo Testamento: revelaci\u00f3n de las verdades contenidas en el Evangelio y cuya realidad \u00faltima es la condici\u00f3n de Jesucristo como juez supremo de la Humanidad. As\u00ed lo pretendi\u00f3 la tradici\u00f3n cristiana, y el ap\u00f3stol San Juan se afirm\u00f3 como el autor del texto apocal\u00edptico m\u00e1s importante. Fue en \u00e9l en el que se bas\u00f3 finalmente el texto de Apocalipse 1,11, reformulado por el escritor Fernando Bonassi. Sin embargo, el espect\u00e1culo del Teatro da Vertigem est\u00e1 lejos de reproducir el universo b\u00edblico en su imaginario grotesco de monstruos de muchas cabezas y estrellas que se caen del cielo. Esas aberraciones y cat\u00e1strofes no nos asombran, pues vivimos en un mundo en el cual la amenaza del fin se encuentra neutralizada por la convivencia diaria con la violencia, la degradaci\u00f3n, la p\u00e9rdida de referentes. Las visiones del Apocalipsis no son m\u00e1s feas que la miseria que se agolpa a nuestro lado. Es, pues, en el plano de las abominaciones de la realidad que nos sentimos atra\u00eddos por el espect\u00e1culo. Y lo hacemos en condici\u00f3n de testigos. Quien nos conduce en nuestro trayecto es San Juan Ap\u00f3stol, aqu\u00ed destituido de su funci\u00f3n prof\u00e9tica y convertido en emigrante de apariencia norte\u00f1a, maleta de cuero en mano, mirada perdida, entre ingenua y sufrida. Va en busca de Nueva Jerusal\u00e9n, la tierra prometida, y nosotros le seguimos. Nuestra primera parada nos coloca delante de un singular ritual. A varios metros del suelo, colgada de una baranda, una ni\u00f1a de aire distra\u00eddo riega buc\u00f3licamente un jarr\u00f3n de flores. Despu\u00e9s, sonrisa congelada en los labios, lo pone al fuego. Es un ritual que podemos entender como un bautismo de agua y fuego, que nos quita la inocencia. En un primer momento no percibimos esa destituci\u00f3n. Ni siquiera nos sorprende, apenas un leve molestar. Porque enseguida, nuestra atenci\u00f3n es capturada por la aparici\u00f3n, en un plano a\u00fan m\u00e1s alto, de la figura de un Cartero. \u00c9l nos lee entonces la Carta al \u00c1ngel de la Iglesia en \u00c9feso. Pero su contenido no es el original b\u00edblico, sino un gracioso edicto, determinando leyes aparentemente absurdas como la concesi\u00f3n del derecho a la cirug\u00eda pl\u00e1stica para mujeres mayores y la obligatoriedad del pago de impuestos para traficantes. Adivinamos, entonces, que esa mezcla de humor y cinismo, poes\u00eda y crueldad, ser\u00e1 uno de los privilegiados ingredientes del espect\u00e1culo. Con ese esp\u00edritu, seguimos adelante. Penetramos, entonces, en la privacidad de San Juan, acompa\u00f1\u00e1ndolo hasta su cuarto, un cub\u00edculo miserable como los que podemos encontrar en las pensiones vagabundas que se esparcen por los suburbios de las grandes ciudades. Pasamos de ser testigos a ser voyeurs, espiamos su intimidad a trav\u00e9s de vanos de puertas y ventanas, obligados por la arquitectura de la sala a una visi\u00f3n parcial. A veces, tenemos que contentarnos con o\u00edr apenas una escena que ahora se desarrolla entre Juan y \u201cNovia\u201d, una joven de apariencia virginal, sorprendida por \u00e9l en su cuarto. Ella se ofrece a \u00e9l, dispuesta a someterse, pero Jo\u00e2o la desprecia, obcecado por la idea de Nueva Jerusal\u00e9n. Entonces, cuando ella se retira, desnuda y desesperada, Juan descubre bajo su cama a otro intruso, el Se\u00f1or \u201cMuerto\u201d. Su figura es la del Cristo coronado de espinas, copiado de la iconograf\u00eda religiosa tradicional. \u00c9l tampoco da a Juan ninguna respuesta ni ninguna alternativa, y tambi\u00e9n es rechazado. Despu\u00e9s, la tercera visita: el \u00c1ngel Poderoso, acompa\u00f1ado por su peque\u00f1a tropa de \u00c1ngeles Rebeldes. Juan es torturado, drogado y, finalmente, recibe del \u00c1ngel la misi\u00f3n de salir y dar testimonio de la proximidad del fin de los tiempos. Seguimos de peregrinaci\u00f3n con \u00e9l. Subimos por escaleras oscuras y tortuosas, nuestros o\u00eddos bombardeados por el sonido mezclado de m\u00fasica techno e himnos religiosos, guiados por dibujos toscos de mujeres desnudas, fosforescentes bajo la luz negra, que nos conducen a la \u201cDiscoteca Nueva Jerusal\u00e9n\u201d. Entramos en un sal\u00f3n en penumbra, salpicado de luces coloridas que se escurren por el espacio. El ambiente nos remite a los \u201cinfiernillos\u201d kitsches de los bordes de las aceras en ciudades perdidas del Nordeste brasile\u00f1o. Estamos dispuestos en torno a una pasarela, lugar privilegiado desde el cual asistiremos al gran show de la noche. Quien lo presenta es la Bestia, el Anticristo en persona, un exuberante travesti con barba, obsceno y provocador. De ayudante, la atrevida Babilonia, que, en los intervalos entre las atracciones y las rayas de coca\u00edna, exhibe imp\u00fadicamente el sexo, jact\u00e1ndose de su talento de prostituta. En la platea, a nuestro lado, asemej\u00e1ndose a nosotros, los Adoradores de la Bestia, beatos devotos que asisten al show como si de un culto religioso se tratase, diciendo aleluyas y agitando en las manos sus biblias amenazadoras. Aqu\u00ed se concreta la met\u00e1fora del Apocalipsis here and now, del Apocalipsis brasile\u00f1o. En las atracciones que se suceden, vamos reconociendo, en los personajes y en las citas, aspectos conocidos del Brasil de la violencia, de los prejuicios, de la corrupci\u00f3n, expuestos de modo inclemente. No hay sutilezas, las referencias se revelan inequ\u00edvocas. Asistimos, por ejemplo, a la escena de la \u201cHumillaci\u00f3n del Negro\u201d, en la cual, presentado como un producto nacional aut\u00e9ntico, haciendo alarde de su potencia y sensualidad, un joven negro es, r\u00e1pidamente acusado de robo y sobre \u00e9l recaen todos los clich\u00e9s racistas que forman parte de la cultura de clase media brasile\u00f1a. Tambi\u00e9n hay un n\u00famero de sexo expl\u00edcito, ejecutado ap\u00e1ticamente por una pareja con trajes ind\u00edgenas, remiti\u00e9ndonos inevitablemente al largo proceso de degradaci\u00f3n al que nuestros indios se encuentran sometidos. (Los protagonistas de esta escena son, en realidad, profesionales de shows porno y la exhibici\u00f3n se realiza en el palco, siendo esta una de las situaciones que han provocado las protestas indignadas de los espectadores m\u00e1s conservadores. Todav\u00eda queda la exhibici\u00f3n de la \u201cTalidomida\u201d de Brasil, una corpulenta adolescente, retrasada y paral\u00edtica, presa a una silla de ruedas, que, con esfuerzo, recita las primeras l\u00edneas de la Constituci\u00f3n Brasile\u00f1a. Enseguida, es violada por la Bestia y la escena se completa con la entrada festiva de un pastel, ofrecido en conmemoraci\u00f3n de los 500 a\u00f1os del Descubrimiento de Brasil, al son de un alegre y conmovedor Cumplea\u00f1os Feliz cantado por Babilonia. A estas escenas se suceden otras, de tono semejante, haciendo desfilar por la pasarela situaciones y personajes que evocan el lado podrido del pa\u00eds. El tono es par\u00f3dico y rid\u00edculo, pero el lenguaje es cruel, obsceno, blasfemo. El juego de tensiones, el enfrentamiento entre elementos contradictorios, que constituye una de las fuentes del grotesco de la obra, sustentado por la alta teatralidad de los elementos en escena, mantiene a los espectadores en una inc\u00f3moda zona lim\u00edtrofe entre la risa y el shock. Hacia la mitad, nuestra disposici\u00f3n interior se manifiesta por medias sonrisas.<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos confiar plenamente en aquellos personajes que, incluso bajo una apariencia infantil, pueden s\u00fabitamente perder el control y practicar actos de la m\u00e1s torpe violencia. \u00c9ste es el caso, por ejemplo, de los dos payasitos que venden pantalones vaqueros, una doble clonaci\u00f3n de Vladimir y Estrag\u00f3n cuyo punto de saturaci\u00f3n fue superado hace mucho tiempo, que ya perdieron la paciencia y combinan en su preg\u00f3n de vendedores las quejas de los pesimistas y los gritos de los sublevados. Y que, en contraste con sus tiernas figuras de adorno de pastel de cumplea\u00f1os, golpean sin piedad a un actor vestido de conejito de peluche. La combinaci\u00f3n de elementos discrepantes se extiende a todos los componentes del armaz\u00f3n dramat\u00fargico. Domina las maneras de hablar de los personajes, en general mediante la yuxtaposici\u00f3n del lenguaje parab\u00f3lico del Evangelio a palabrotas y expresiones de la pero estirpe. Se manifiesta tambi\u00e9n en la mezcla de lo divino con lo material. La Bestia, dedicando el show de la noche a Jes\u00fas, se refiere a \u00e9l como \u201cmi marido\u201d, como \u201chombre de mi vida\u201d, haciendo chocantes alusiones a su desempe\u00f1o sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>La ambig\u00fcedad se manifiesta ya, en primera instancia, en la construcci\u00f3n de los mismos personajes, pues todos ellos son referencias m\u00edticas deformadas en sus trazos arquet\u00edpicos por las contaminaciones que reciben de la actualidad. Son por tanto seres h\u00edbridos; contienen siempre dos polos en tensi\u00f3n. Los \u00c1ngeles son portadores de la palabra del Evangelio, pero se visten y se comportan como polic\u00edas feroces, recordando a las tropas de choque nazis. Sus oraciones combinan versos de salmos con obscenidades. Por sus bocas, tambi\u00e9n o\u00edmos los esl\u00f3ganes por los cuales se expresa el segmento m\u00e1s reaccionario de la poblaci\u00f3n, como la reivindicaci\u00f3n de la pena de muerte o la condena indistinta de norte\u00f1os y homosexuales. Es siempre en el interior de ese juego de afirmaci\u00f3n\/negaci\u00f3n entre elementos opuestos donde se conforman los sentidos de las escenas. A nivel global, es tambi\u00e9n un juego de contrapuntos el que determina el ritmo y el encadenamiento. Si la naturaleza \u00e9pica del espect\u00e1culo no comporta un desarrollo dram\u00e1tico, la tensi\u00f3n se produce artificialmente por la teatralidad y por la aceleraci\u00f3n\/desaceleraci\u00f3n de la pulsi\u00f3n r\u00edtmica. A ello contribuyen la sonoplastia y los procedimientos de montaje, con cortes e intromisiones s\u00fabitas de elementos inesperados. El desenlace del acto en la discoteca Nueva Jerusal\u00e9n ilustra esa din\u00e1mica. El Juicio Final Con la atenci\u00f3n capturada por el ritmo fren\u00e9tico del show, tardamos en percibir, en un lado de la pasarela, la figura atontada de Juan, que tiene la mirada entorpecida por acci\u00f3n del crack. Asistimos a todo igual que \u00e9l, con la misma pasividad bovina, y somos como \u00e9l sorprendidos por la entrada abrupta del \u00c1ngel Poderoso y sus perros, en un clima de violento ataque policial, amenazando a los personajes que ahora yacen desnudos, con las manos en la nuca sobre la pasarela. De ah\u00ed en adelante somos trasladados a un espacio de pesadilla que inevitablemente nos remite a los s\u00f3tanos de la dictadura militar en los peores a\u00f1os de la represi\u00f3n. Casi en total oscuridad, atormentados por una sonoplastia que mezcla voces y gritos con estampidas de armas de fuego, somos introducidos en un largo pasillo y dispuestos contra las paredes, hombro con hombro, formando una especie de \u201ccorredor polaco\u201d. M\u00e1s que ver, presentimos los cuerpos desnudos que pasan cargados por los \u00e1ngeles-polic\u00edas. Nos estremecemos con el ruido de puertas de acero que se cierran con estruendos, sin que situemos la fuente de los impactos. Como en la Historia, somos testigos, protegidos por la penumbra, asustados pero seguros, del martirio de los que son arbitrariamente sometidos a la m\u00e1s abominable violencia. Aqu\u00ed el espacio de c\u00e1rcel empieza a ganar pleno significado. \u00c9ste es el lugar que la sociedad escogi\u00f3 para el confinamiento de aquellos que representan el desv\u00edo de la norma, los transgresores, las anomal\u00edas sociales. Es el lugar de la exclusi\u00f3n, la caverna profunda que no se comunica con el exterior y que niega al exterior la visi\u00f3n de los rechazados. Es el lugar del castigo, de la p\u00e9rdida de libertad, de la sumisi\u00f3n humillante, del poder de la fuerza sobre la voluntad. Pasamos a percibir mejor la concreci\u00f3n material de las paredes h\u00famedas, el olor a p\u00f3lvora que contamina levemente el aire, la topograf\u00eda laber\u00edntica de escaleras y pasillos que desembocan en el imponente y tenebroso espacio del \u00faltimo acto. Estamos ahora en un patio interno de gran altura, cercado por dos pisos de celdas, las de la segunda planta alineadas junto a un pasillo colgante. En uno de los extremos, una puerta de hierro gigantesca; en el otro, una escalera tambi\u00e9n de hierro, uniendo las dos plantas. Aqu\u00ed transcurrir\u00e1 el Juicio Final. Uno a uno, sacados de sus celdas, desfilan ante el juez los protagonistas de la libertina Nueva Jerusal\u00e9n. Por un breve instante, \u00fanico en el espect\u00e1culo, somos incitados a participar. Para el juicio de la \u201cTalidomida\u201d de Brasil, se reparten algunos huevos para que los espectadores, siguiendo el ejemplo del Juez, los tiren al personaje que, destrozada y cay\u00e9ndose, a\u00fan balbucea la Constituci\u00f3n Brasile\u00f1a. A cada reo le toca una sentencia y \u00e9stas son ejecutadas enseguida, sin contemplaciones. La Novia tiene el fin de las v\u00edrgenes m\u00e1rtires: la hoguera que la redime y la eleva a los Cielos. Babilonia, delirante bajo el efecto de la coca\u00edna, sujeta por una camisa de fuerza, es humillada por el Juez, que orina sobre ella, y termina estrangulada por la Bestia. \u00c9sta casi logra seducir al Juez, pero acaba siendo torturada, castrada y quemada en la cruz por los \u00c1ngeles. Despu\u00e9s de una disputa en la cual se desaf\u00edan mutuamente con citas b\u00edblicas, el \u00c1ngel Poderoso huye y el Juez se ahorca, convencido de que no hay salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El ep\u00edlogo restaura la armon\u00eda. Juan, por fin liberado de su obsesi\u00f3n, redimido, pierde el miedo, y, despu\u00e9s de compartir un cigarrillo con el Se\u00f1or Muerto, sentados ambos displicentemente en el suelo del patio, se deshace de sus pertenencias, abre la pesada puerta de hierro y sale. Lo seguimos una \u00faltima vez; finalmente estamos todos libres. Salimos aliviados, pero aun as\u00ed, llevamos en la memoria una carga de impresiones, sentimientos, percepciones, entendimientos, todo en ebullici\u00f3n, bajo shock, ansiando estar un momento a solas. Para reflexionar. O simplemente respirar. Si lo que a continuaci\u00f3n se instala en nuestro esp\u00edritu es un sentimiento de indignaci\u00f3n o de regocijo \u2013sea referido al espect\u00e1culo o a la realidad que \u00e9ste evoca-, no importa en este momento. Que cada uno escoja y construya su entendimiento. Lo que tal vez sea m\u00e1s interesante resaltar es que, para algunos de nosotros, este espect\u00e1culo, como los anteriores de la compa\u00f1\u00eda, nos insta a pensar acerca del \u201clugar del Teatro\u201d, su inserci\u00f3n en la topograf\u00eda \u2013real y simb\u00f3lica- de la ciudad, y acerca del lugar que \u201cnosotros\u201d ocupamos en \u00e9l. Es inevitable no leer en el mandamiento del cap\u00edtulo 1, p\u00e1rrafo 11 del Apocalipsis, un s\u00edmbolo que, metaf\u00f3ricamente, define el papel del artista y constituye, al mismo tiempo, una declaraci\u00f3n de fe en el poder del arte. Al final, por la m\u00e1gica metamorfosis operada por este espect\u00e1culo, dejamos de ser testigos para convertirnos en profetas. Como Juan. Los portadores de la revelaci\u00f3n. En este lugar que es el lugar de la revelaci\u00f3n, el Teatro. Que puede ser terrible y cruel, como quer\u00eda Artaud. Como este Apocalipsis.<\/p>\n\n\n\n<p>(Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s original: Carolina Mart\u00ednez)<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Documentos relacionados<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Obras<\/h5>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><em><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/09\/27\/apocalipse-1-11\/\" data-type=\"post\" data-id=\"2903\">Apocalipse 1.11<\/a><\/em>, Teatro da Vertigem, 2000<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvana Garc\u00eda, 2000<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":12092,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[165,164,144],"class_list":["post-9915","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","tag-colectivo","tag-comunidad","tag-dramaturgias-de-la-imagen"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9915","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9915"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9915\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12095,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9915\/revisions\/12095"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12092"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9915"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9915"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9915"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}