{"id":9907,"date":"2000-03-12T17:46:00","date_gmt":"2000-03-12T16:46:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9907"},"modified":"2026-03-12T17:47:46","modified_gmt":"2026-03-12T16:47:46","slug":"ya-no-sos-mi-marguerite","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/03\/12\/ya-no-sos-mi-marguerite\/","title":{"rendered":"Ya no sos mi Marguerite"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Cecilia Hopkins<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2000<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>Cecilia Hopkins, \u00abYa no sos mi Marguerite\u00bb, Radar. P\u00e1gina 12 (13.08.2000).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Marguerite Duras, y m\u00e1s precisamente su muerte, inspiraron el mon\u00f3logo escrito e interpretado por Eduardo Pavlovsky en Babilonia bajo la direcci\u00f3n de Daniel Veronese. Una sucesi\u00f3n de episodios crudos conforman esta rara joya del teatro, en total coherencia con lo que cree Pavlovsky: mostrar y decir aquello que no muestra ni dice la televisi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEstaba sobre una pared blanca, quieta, parec\u00eda muerta. Nunca antes hab\u00eda tenido inter\u00e9s en una mosca, pero hab\u00eda algo en ella que me atra\u00eda enormemente.\u201d As\u00ed comienza su mon\u00f3logo el protagonista de La muerte de Marguerite Duras, obra escrita e interpretada por Eduardo Pavlovsky que acaba de estrenarse en Babilonia con la direcci\u00f3n de Daniel Veronese. La visi\u00f3n de la mosca a punto de morir, la imagen de su dignidad solitaria, impresiona tanto a este hombre que, a sus 66 a\u00f1os, llega a la conclusi\u00f3n de que por primera vez en su vida est\u00e1 frente a la materialidad de la muerte en toda su magnitud. Este hecho desencadena en \u00e9l una corriente de recuerdos y reflexiones te\u00f1idos por la melancol\u00eda y el extra\u00f1amiento, al punto de bautizar al insecto moribundo con el hombre de \u201cMarguerite Duras, esa otra gran solitaria\u201d.<br>Pavlovsky todav\u00eda se encontraba ensayando su nuevo espect\u00e1culo cuando tuvo lugar la entrevista con Radar. El texto definitivo de la obra fue tomando forma en los ensayos con Veronese, y seg\u00fan cuenta su autor e int\u00e9rprete, se fue generando a partir de improvisaciones sobre temas determinados previamente: \u201cMi estilo de actuaci\u00f3n es muy dif\u00edcil de dirigir \u2013dice Pavlovsky\u2013 no porque yo sea un actor rebelde sino porque improviso, modifico permanentemente en base a lo que yo llamo el devenir del personaje. Es que estoy despiadadamente solo en escena, el personaje es un hombre de mi edad, con una mujer que ha sido muy importante para \u00e9l, y le habla sobre su vida y expone su pensamiento acerca de la muer-<br>te, aunque no lo hace de manera discursiva\u201d.<br>Las idas y venidas del mon\u00f3logo que desgrana el personaje de La muerte de Marguerite Duras enhebra experiencias ocurridas en diferentes \u00e9pocas de su vida, pero cada situaci\u00f3n es narrada con soberbia nitidez, enmarcadas en los l\u00edmites de un comienzo y un final igualmente precisos. Una de las historias m\u00e1s sorprendentes corresponde al detallado relato del romance fugaz que el personaje mantuvo, a fines de los 60, con una adolescente que lo trata de usted y se fascina bes\u00e1ndolo cuando siente el movimiento de la dentadura postiza de \u00e9l dentro de la boca. El episodio comienza y termina con esa an\u00e9cdota, un momento teatral que excede los moldes habituales por efecto de su cruda sencillez, de la brutal degradaci\u00f3n que expone el personaje frente al p\u00fablico. Fuera del escenario, Pavlovsky se sumerge en otra clase de mon\u00f3logo, no menos intensa: \u201cEl teatro tiene que mostrar experiencias absolutamente diferentes a las que muestran el cine y la televisi\u00f3n: el actor tiene que asumir un riesgo con su cuerpo, buscar niveles de expresividad que vayan m\u00e1s all\u00e1 del como si representativo. A m\u00ed hay un solo teatro que me interesa y es aquel que no tiene que ver con una condici\u00f3n hist\u00f3rica, enmarcada en la psicolog\u00eda de los personajes. Ese teatro no me conmueve ni traduce nada. A m\u00ed me interesa un teatro de estados, que es exactamente lo opuesto: un teatro donde no hay una l\u00ednea en el personaje sino que coexisten una multiplicidad de niveles que rompen la unidad del personaje y lo invaden desde distintos lados. Creo que siempre hay l\u00edneas tem\u00e1ticas, pero la aparici\u00f3n de estados de intensidad desbordan al personaje, rompen su silueta. Tal como est\u00e1 funcionando el mundo actual, pareciera que el actor ya no puede expresarse a trav\u00e9s de las t\u00e9cnicas legadas por Stanislavsky o Strasberg. Hasta en Estados Unidos se busca romper con el imperialismo de la psicolog\u00eda para buscar otras formas que expresen m\u00e1s fielmente la realidad. Ya hemos visto hasta el hartazgo c\u00f3mo el teatro representativo apela a la memoria emotiva o al m\u00e9todo de las acciones f\u00edsicas. Por qu\u00e9 no investigar el teatro de los estados o devenires, que significa una ruptura de la psicolog\u00eda del personaje: la irrupci\u00f3n, no solamente de estados de exaltaci\u00f3n, sino de otros matices, como la expresi\u00f3n de la intensidad del silencio\u201d.<br>Ahora bien, \u00bfqui\u00e9n es ese hombre que hilvana sus recuerdos, que comparte en forma de balbuceo algunos pasajes de su juventud y adultez con \u201cAristo\u201d, su mujer de toda la vida? Pavlovsky responde sin eufemismos: \u201cYo no hago nada que no tenga que ver conmigo. En este trabajo, no s\u00e9 si se debe a mi edad o a mi experiencia, tuve un personaje que ya mostraba unaunidad existencial enorme, pr\u00e1cticamente desde el momento de iniciar los ensayos. As\u00ed que me instalo y devengo. En el escenario es donde m\u00e1s me muestro como ser humano. Uno de los inconvenientes que tuve cuando empec\u00e9 a hacer teatro a fines de los 50, fue lo que me dijo mi analista sobre mi trabajo como actor: es que \u00e9l interpretaba el teatro seg\u00fan la concepci\u00f3n freudiana, como una actividad de car\u00e1cter exhibicionista y perversa, por la exposici\u00f3n ante el p\u00fablico, cuando en realidad era exactamente lo opuesto. Mi necesidad no era otra que descubrirme en esa creaci\u00f3n, a trav\u00e9s del riesgo de desnudarme pasionalmente y llegar a un nivel de autenticidad muy fuerte, como escribi\u00f3 Grotowski. El teatro me ha dado la posibilidad de experimentar emociones que yo desconoc\u00eda de m\u00ed mismo: me hizo crecer como psiquiatra, me dio posibilidades expresivas nuevas. Le debo grandes descubrimientos personales. Por eso digo que el teatro es terap\u00e9utico. Para m\u00ed tiene un inter\u00e9s experimental enorme, que no lo tiene el cine, donde sufro la espera y donde me siento como un empleado\u201d.<br>Como el propio Pavlovsky, el personaje de La muerte de Marguerite Duras tambi\u00e9n fue boxeador. En un momento, con un dejo de nostalgia \u2013y usando casi las mismas palabras que el protagonista de Potestad, en una circunstancia similar\u2013 recuerda el aspecto que \u00e9l ten\u00eda a los veinte a\u00f1os, su planta varonil, su resistencia f\u00edsica. Y no parece imponerse porque s\u00ed esta similitud entre el discurso de su nuevo personaje y aquel apropiador de ni\u00f1os que, antes de revelar su condici\u00f3n de tal, subyuga al espectador por su humanidad y don de gente. Una vez m\u00e1s, el texto de Pavlovsky tuerce su rumbo inicial para internarse en una situaci\u00f3n en la que la tortura asoma hasta ganar un primer plano. El relato suena estremecedor: alguien a quien el personaje conoce en la calle le ofrece una paga suculenta por trompear a gente tambi\u00e9n desconocida, maniatada en el interior de una casa de barrio. El contrato termina abruptamente, cuando se ve obligado a golpear a una mujer embarazada. Horrorizado a su modo por el recuerdo, pasa del tema del boxeo al teatro, otro de los entusiasmos juveniles que el personaje comparte con el propio Pavlovsky. \u201cEn el momento de contar su historia, al personaje le van pasando diferentes cosas al mismo tiempo. Se trata de la irrupci\u00f3n de microhistorias simult\u00e1neas, con micro-l\u00f3gicas que las definen, que yo llamo est\u00e9tica de la multiplicidad. Al no existir un tiempo lineal y cronol\u00f3gico n\u00edtido, el espectador hace su propia historia con estos elementos: reconstruye el texto dram\u00e1tico que a m\u00ed me interesa. No s\u00e9, me parece que este teatro interesa especialmente a la gente joven porque tiene otra manera de ver la realidad: les atrae la forma de contarlo, con sus desv\u00edos, con el cuerpo afectado del actor, que no representa un cuerpo biol\u00f3gico, sino que expone un r\u00e9gimen de conexi\u00f3n pura. Lo puedo ejemplificar con el Mayo del \u201868: all\u00ed las condiciones estaban dadas pero nada de lo que pas\u00f3 en la calle se puede explicar a partir de las condiciones hist\u00f3ricas, sino precisamente por un desv\u00edo de la historia. Lo que pas\u00f3 fue un acontecimiento en el que los cuerpos humanos se contagiaban, adquir\u00edan ritmos, velocidades, estados.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cecilia Hopkins, 2000<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-9907","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos-es"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9907","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9907"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9907\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9908,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9907\/revisions\/9908"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9907"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9907"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9907"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}