{"id":9816,"date":"2002-03-10T18:09:00","date_gmt":"2002-03-10T17:09:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9816"},"modified":"2026-03-10T18:12:22","modified_gmt":"2026-03-10T17:12:22","slug":"teatro-de-profanacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2002\/03\/10\/teatro-de-profanacion\/","title":{"rendered":"Teatro de Profanaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Jos\u00e9 Monle\u00f3n<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2002<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>Primer Acto n\u00ba 294 (2002)<\/p>\n\n\n\n<p>En Aftersun, con un incierto grado de conciencia de ello -seg\u00fan es habitual entre los<br>creadores- Rodrigo Garc\u00eda hizo de un episodio mitol\u00f3gico un mito de la era<br>contempor\u00e1nea. La torpeza de Faet\u00f3n como conductor del carro del sol, y el riesgo del<br>planeta tierra de ser destruido por el fuego y la energ\u00eda solar, nos hac\u00edan pensar en la<br>simpleza de los Faetones que tienen hoy en sus manos la direcci\u00f3n pol\u00edtica de los pueblos.<br>Quiz\u00e1 fuera Einstein quien acercara el sol -la energ\u00eda nuclear- a la historia de los humanos,quiz\u00e1 fuera Truman, con su decisi\u00f3n de fabricar y arrojar las dos primeras bombas<br>at\u00f3micas sobre Hiroshima y Nagasaki, quien tuviera el dudoso honor de ser el primer<br>Faet\u00f3n real sobre la tierra, quiz\u00e1 sean los que hacen hoy de la energ\u00eda nuclear, para la<br>guerra o para la industria, un instrumento supuestamente dome\u00f1able -sujeto, como el sol<br>m\u00edtico, a las riendas de un buen conductor-, quienes est\u00e1n creando las bases de la gran<br>hoguera, de la gran cat\u00e1strofe que, en su primera edici\u00f3n, evit\u00f3 Zeus precisamente<br>quit\u00e1ndole a Faet\u00f3n toda posibilidad de intervenir. Dado que hoy no contamos, al parecer,<br>con Zeus, es muy de agradecer que algunos escritores nos recuerden el viejo mito y su<br>pervivencia, siquiera para que les demos el papel que les corresponde a los Faetones y<br>Faetonas que proclaman la paradoja de jugar con fuego para asegurar el bienestar de la<br>humanidad. Como si la energ\u00eda nuclear fuera el invento de un nuevo electrodom\u00e9stico o<br>un aumento de la velocidad de los autom\u00f3viles, que, en definitiva, limita los riesgos al<br>conductor y a sus posibles v\u00edctimas inmediatas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aftersun, como todo el teatro de Rodrigo Garc\u00eda, suscit\u00f3 opiniones muy diversas y<br>encontradas. No se trata de volver ahora sobre la pol\u00e9mica -ver P. A. N\u00b0 285-, pero,<br>dentro de ella, recordar que para muchos, entre los que me encuentro, Aftersun no era,<br>simplemente, una obra ins\u00f3lita, en su estructura formal y en su lenguaje, cargados de<br>violencia, de provocaci\u00f3n y de invenciones extraordinarias. La historia faet\u00f3nica, con su<br>conclusi\u00f3n en una hamburgueser\u00eda y el reparto final de hamburguesas entre los<br>espectadores, conten\u00eda, a lo largo de su curso, un profundo sentimiento de dolor, un<br>enfrentamiento con la civilizaci\u00f3n occidental -norteamericana o pro-norteamericana- de<br>nuestros d\u00edas. S\u00f3lo que manifestada fuera del discurso expl\u00edcito o de los sub-textos del<br>realismo, y vali\u00e9ndose de una compulsi\u00f3n po\u00e9tica, de una fractura del orden l\u00f3gico,<br>d\u00e1ndole al imaginario la m\u00e1xima libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dado que Rodrigo Garc\u00eda ejerce en la actualidad una enorme influencia sobre<br>muchos de nuestros autores, en especial los m\u00e1s j\u00f3venes, ser\u00eda bueno que se aceptara esta<br>condici\u00f3n tr\u00e1gica de su teatro, para no reducirlo, como, desgraciadamente se hace a<br>menudo, a una expresi\u00f3n meramente grosera, con desnudos gratuitos, un lenguaje<br>reiteradamente escatol\u00f3gico, una imaginaci\u00f3n arbitraria y un esp\u00edritu de provocaci\u00f3n<br>insolente y radical. De ser eso el teatro de Rodrigo Garc\u00eda, de no vertebrar sus elementos<br>en un determinado pensamiento, en lo que \u00e9l mismo no duda en calificar de compromiso<br>ideol\u00f3gico, la verdad es que no pasar\u00eda de ser un residuo del dada\u00edsmo, de consecuencias<br>dudosas en la legi\u00f3n de quienes andan hoy detr\u00e1s de sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, no todas sus obras -o las representaciones de sus obras, que suponen<br>un tratamiento espec\u00edfico, por un equipo espec\u00edfico, con el cual Rodrigo se halla<br>plenamente identificado, en t\u00e9rminos ideol\u00f3gicos y teatrales- tienen el mismo valor. En<br>algunos casos, quiz\u00e1 el conflicto subyacente, que s\u00ed estaba, por ejemplo, en Aftersun, es<br>menos evidente y la insolencia y la agresividad formal se imponen como materia<br>primordial, con su secuela de im\u00e1genes ins\u00f3litas y un cierto asombro de los espectadores,<br>irritados o felices, seg\u00fan los casos, en la medida que sienten vulnerados los l\u00edmites<br>generalmente aceptados por las convenciones sociales. En otros, sin embargo, s\u00ed es m\u00e1s<br>perceptible el conflicto, lo que me atrever\u00eda a llamar, con las palabras de Unamuno, el<br>sentimiento tr\u00e1gico de Rodrigo, expresado y vivido por \u00e9l en la sociedad de nuestros d\u00edas,<br>es decir, en una sociedad donde la informaci\u00f3n y la evoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica nos acercan m\u00e1s<br>y m\u00e1s la brutalidad de la realidad contempor\u00e1nea, su profundo grado de salvaje<br>primitivismo, en medio de un discurso que perfecciona las burdas justificaciones, la l\u00f3gica<br>de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Teatro de la profanaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de ver Compr\u00e9 una pala en Ikea para cavar mi tumba. A la representaci\u00f3n ha<br>seguido una especie de debate en el que he participado con el propio Rodrigo Garc\u00eda,<br>Carlos Marquerie -responsable de la iluminaci\u00f3n y de los tempos, elementos ambos<br>esenciales en el lenguaje esc\u00e9nico de la representaci\u00f3n- y los dos actores, ya cl\u00e1sicos, de La Carnicer\u00eda, Juan Loriente y Patricia Lamas. El tercer actor de la obra, Ruben Escarnilla, quiz\u00e1 por ser nuevo y por tratarse de un adolescente, y una cantante de \u00f3pera, Ana Mar\u00eda Hidalgo, cuya voz, subconscientemente asociada a las ceremonias de la buena sociedad, es aqu\u00ed el contrapunto ir\u00f3nico y grotescamente solemne de las situaciones m\u00e1s crueles, estuvieron entre el p\u00fablico. Quiz\u00e1 sea la representaci\u00f3n que mejor clarifica la po\u00e9tica tr\u00e1gica de Rodrigo. Buena parte de los referentes \u00absacralizados\u00bb y magnificados de la sociedad occidental estructuran la unidad subyacente del drama. Todos ellos,<br>sucesivamente, van siendo profanados, pero -y esto es lo esencial, a mi modo de ver- con<br>una dolorosa conciencia de esa profanaci\u00f3n. No al modo de una denuncia, de un acto de<br>liberaci\u00f3n orgi\u00e1stica o de una formulaci\u00f3n \u00e1crata, sino con la morosidad y la conciencia de<br>quien construye la ceremonia de la profanaci\u00f3n; es decir, de quien teatraliza lo que, en la<br>vida cotidiana de nuestros d\u00edas, es h\u00e1bito en penumbra o enmascarado por un aparato<br>ret\u00f3rico que lo justifica. El juego, cada vez m\u00e1s dif\u00edcil, de conciliar la realidad hist\u00f3rica de nuestros d\u00edas -\u00bfha le\u00eddo el peri\u00f3dico de hoy?-, donde se mezclan la brutalidad con la invocaci\u00f3n de los dioses y de los m\u00e1s viejos principios para legitimarla, y los residuos de una conciencia \u00e9tica que se mueve entre agon\u00edas, se rompe en el caso de Compr\u00e9 una pala en Ikea\u2026 para declarar, claramente, la estupidez o la desverg\u00fcenza de ese juego, y la necesidad de admitir la existencia de una profanaci\u00f3n no necesariamente p\u00fablica -ya hemos visto que el gobierno de Israel ha negado incluso la visita de una Comisi\u00f3n de las Naciones Unidas a la castigada ciudad de Yenin y nada se ha alterado-, pero, en todo caso real, o, cuanto menos, potencial, a la espera de que se produzcan las circunstancias favorables para estallar en cualquier lugar del planeta. El conflicto lo traslada Rodr\u00edgo, una vez m\u00e1s, al mundo de la intimidad personal.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de una \u00abprofanaci\u00f3n\u00bb anecd\u00f3tica, expresada con unos hechos<br>hist\u00f3ricos \u00abreales\u00bb; de eso dan fe los medios de comunicaci\u00f3n todos los d\u00edas. El autor<br>traslada el drama a la intimidad, a partir de la profanaci\u00f3n misma del individuo. Los<br>desnudos de Compr\u00e9 una pala en lkea\u2026 no tienen nada de gozosos o divertidos; son<br>desnudos dolorosos, en los que se profana la conciencia sacra o po\u00e9tica del propio cuerpo<br>humano, entendido como objeto de la Creaci\u00f3n, como sujeto de una Dignidad, o como<br>expresi\u00f3n de la Belleza. El desnudo es, en esta obra de Rodrigo, una degradaci\u00f3n y una<br>ofrenda, que nos recuerda, inevitablemente, las im\u00e1genes reales de los cuerpos explotados,<br>destrozados o humillados que hoy vemos o entrevemos en la cr\u00f3nica de nuestra sociedad.<br>Son cuerpos que pierden su valor humano para transformarse en la materia org\u00e1nica del<br>vac\u00edo. Cuerpos que se integran en im\u00e1genes deshumanizadas, y, sin embargo, terriblemente<br>pat\u00e9ticas. Para lo cual, obviamente, hacen falta dos actores del talento y el adiestramiento de Juan y de Patricia, que llevan a\u00f1os aliado de Rodrigo y son capaces de mantener un residuo inquebrantable de humanidad en la destrucci\u00f3n radical a la que el drama los somete. Actores que confieren una sorprendente \u00abcredibilidad\u00bb f\u00edsica a cuanto hacen, una disponibilidad ausente del menor sicologismo, una \u00ablejan\u00eda\u00bb propia de quienes saben<br>inapelable su sacrificio y ofrecen, sin resistencia, el cuello a sus verdugos. Dejan de ser<br>personajes, t individuos, convertidos ya en v\u00edctimas an\u00f3nimas. Si en las representaciones de La Carnicer\u00eda resultan inseparables las palabras de las im\u00e1genes, de la forma de actuaci\u00f3n y de los tempos -independientemente del valor literario de muchos de los textos, a los que Rodrigo concede, como tales, un inter\u00e9s aut\u00f3nomo-, es decir, de la coherencia ideol\u00f3gica y po\u00e9tica del autor, los actores y el responsable de la plasmaci\u00f3n esc\u00e9nica, en la obra que nos ocupa hay una escena especialmente significativa, que s\u00ed cabe comentar en t\u00e9rminos conceptuales. Me refiero a la escena en la que los tres personajes deciden mostramos la lista de quienes a su juicio ser\u00edan \u00ablos m\u00e1s grandes hijos de puta\u00bb de la \u00e9poca moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>Obviamente, habr\u00eda sido muy f\u00e1cil, m\u00e1s all\u00e1 de la pertinencia o impertinencia de la<br>calificaci\u00f3n, seleccionar a unos cuantos personajes directa y un\u00e1nimemente vinculados a las<br>atrocidades hist\u00f3ricas de nuestro tiempo: genocidios, tiran\u00edas sanguinarias, l\u00edderes del<br>racismo, fan\u00e1ticos integristas, etc. Pero, dentro de la profanaci\u00f3n que constituye la materia del drama, Rodrigo se ha enfrentado con la necesidad de elegir a una serie de personajes que encarnan todo lo contrario, es decir, personajes de la Dignidad, que son apresurada y compulsivamente condenados, o, si se quiere, profanados por un conjunto de muletillas e insultos que reflejan, en buena parte, la oscuridad de un amplio sector de la opini\u00f3n p\u00fablica: Gandhi, Pablo Picasso, Albert Einstein, Pasionaria, Lennon, Sigmund Freud, etc. Los cuales, seg\u00fan afirma una coletilla reveladora \u00abtuvieron vidas intensas que nosotros no vivimos\u00bb. Una diapositiva con Santiago armado para la lucha contra los moros -el Santiago Matamoros de nuestra profanaci\u00f3n hist\u00f3rica, tantas veces celebrada- introducir\u00eda un personaje dispar, que sirve para romper la homogeneidad de la relaci\u00f3n y hacer pensar al espectador que est\u00e9 dispuesto a ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas estaciones de esta especie de v\u00eda crucis, laico y profanador, son las m\u00e1s<br>despiadadas. La misma violencia ha perdido su sentido y la escena -el planeta- se<br>transforma en un mont\u00f3n de deshechos, incluidos los personajes, los sentimientos y los<br>valores sociales. Es la hora de recoger a los muertos, a las v\u00edctimas de la profanaci\u00f3n<br>incesante. Y, no a modo de ep\u00edlogo, sino como una escena post-drama, como un acto del;<br>propio Rodrigo y de su compa\u00f1\u00eda, colocar una corona en la tumba de este mundo<br>faet\u00f3nico en el que ya vivimos, rodeados del horror y las buenas palabras, los falsos buenos sentimientos, la falsa cultura, encarnadas en la hermosa voz de Ana Hidalgo, que canta y canta buscando la nota c exacta sin el menor inter\u00e9s por cuanto sucede a c su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>En el debate, tanto Rodrigo como Carlos Marquerie hablaban del significado de esos<br>tempos lentos, que rompen el mecanismo de percepci\u00f3n ti habitual, r\u00e1pido y superficial,<br>cada vez m\u00e1s condicionado por los montajes de TV, al modo de quienes prefieren ver si el<br>cr\u00edtico ha puesto una bola negra o unos asteriscos antes que perder el tiempo leyendo sus<br>reflexiones. O que reducen la visi\u00f3n de la historia al \u00faltimo dato, a la \u00faltima palabra de los l\u00edderes, al n\u00famero de muertos en la \u00faltima acci\u00f3n puntual, anecdotizando cuanto ocurre,<br>enter\u00e1ndose de lo que ponen los libros por la lectura de las solapas. A Marquerie y a<br>Rodrigo les gustar\u00eda que ese tempo presidiera el conjunto de esa especie de procesi\u00f3n<br>cerrada que es la obra. Forzosamente, sin embargo, han de establecer un pacto t\u00e1cito con<br>sus espectadores, llevando las cosas hasta un punto en el que puedan ser seguidos y<br>entendidos, es decir, hasta donde esa lentitud, lejos de ser un elemento de profundizaci\u00f3n,<br>no se convierta en un motivo para desengancharse, para romper la comunicaci\u00f3n. Aun as\u00ed,<br>en su conjunto, la obra establece, contando con las escenas y las proyecciones, un delicado<br>equilibrio en el que se abren huecos para que la percepci\u00f3n reflexiva, interiorizada -como<br>sucede con las buenas representaciones sacras-, se conjugue con esa otra elemental y<br>televisiva. Es en la escena post-drama, sin embargo, con su extrema lentitud, hasta cerrar<br>en el negro absoluto donde, a mi modo de ver, la representaci\u00f3n alcanza, con<br>extraordinaria sensibilidad y talento, un tempo que deja de ser \u00abteatral\u00bb para ajustarse a las exigencias org\u00e1nicas de un pensamiento, duramente castigado, que necesita incorporar,<br>ordenar, la experiencia a la que ha sido sometido. Como se ve, al menos en mi opini\u00f3n,<br>algo muy distinto a esa lectura de Rodrigo Garc\u00eda en- cerrada en el mero desahogo, en la<br>confesi\u00f3n sicop\u00e1tica de las frustraciones personales, en muchas interjecciones dominadas<br>por el \u00aba tomar por culo\u00bb, en pueriles fantas\u00edas sexuales y, en definitiva, en un<br>tremendismo formal que, en contra de lo que pretenden sus autores, s\u00f3lo revela una<br>profunda inmadurez. A Rodrigo lo que es de Rodrigo, y a los rodriguistas lo que es de los<br>rodriguistas.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Documentos relacionados<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">obras<\/h5>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2002\/02\/03\/compre-una-pala-en-ikea-para-cavar-mi-tumba\/\" data-type=\"post\" data-id=\"7312\"><em>Compr\u00e9 una pala en Ikea para cavar mi tumba<\/em><\/a>, Rodrigo Garc\u00eda, 2002<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Monle\u00f3n, 2002<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-9816","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos-es"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9816","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9816"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9816\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9817,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9816\/revisions\/9817"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9816"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9816"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9816"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}