{"id":9669,"date":"2005-03-05T16:41:00","date_gmt":"2005-03-05T15:41:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9669"},"modified":"2026-04-04T20:27:39","modified_gmt":"2026-04-04T18:27:39","slug":"la-zaranda-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2005\/03\/05\/la-zaranda-2\/","title":{"rendered":"La Zaranda"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Carmen M\u00e1rquez<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2005<\/h5>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h6>\n\n\n\n<p><em>Tercer Congreso de Teatro Canario<\/em>&nbsp;&#8211; (versi\u00f3n ampliada de este texto) [https:\/\/www.academia.edu\/36532489\/La_Zaranda_met%C3%A1fora_de_una_memoria_colectiva]<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Zaranda<\/em>, Compa\u00f1\u00eda Inestable de Andaluc\u00eda&nbsp;La Baja, naci\u00f3 en Jerez de&nbsp;la Frontera (C\u00e1diz) en 1978, sus componentes proced\u00edan de varias experiencias del teatro independiente, y se unieron con la intenci\u00f3n de realizar un teatro que logre mantener la tensi\u00f3n y \u00abdesarrolle cada realidad esc\u00e9nica en su devenir vivo\u00bb, tal y como ha mencionado su director actual, Paco S\u00e1nchez \u2013o Paco de&nbsp;la Zaranda.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un grupo que nunca fijan fecha para sus estrenos, los procesos creativos son dilatados porque \u2013dicen\u2013 \u00abel montaje de un espect\u00e1culo es el resultado de una necesidad que va madurando lentamente en nosotros\u00bb, durante este desarrollo descartan lo superfluo hasta que la obra alcanza su madurez.&nbsp;<em>La Zaranda<\/em>&nbsp;sostiene que \u00abla obra de arte tiene su infancia, su adolescencia, su madurez, declive y muerte, como un ser vivo; y, por tanto, tambi\u00e9n es ef\u00edmero\u00bb. Huyen de \u00abfabricar conservas art\u00edsticas que se abren en cada representaci\u00f3n\u00bb, idea \u00e9sta que repiten continuamente:<\/p>\n\n\n\n<p>No fabricamos teatro, ni tenemos varemos de producci\u00f3n, ni diversidad de productos de todos los precios y marcas; este lenguaje no lo conoce el arte, no puede conocerlo. Quiz\u00e1 estemos asistiendo aqu\u00ed, no a la representaci\u00f3n de un espect\u00e1culo sino a una ceremonia peculiar de hacer y concebir el teatro que surge de la ansiedad de expresar lo que somos de acuerdo con la confidencia po\u00e9tica de nuestros sentimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00abrepresentar lo que somos\u00bb muestra su definitiva vocaci\u00f3n de hacer desde su identidad, en la que la \u00abconfidencia po\u00e9tica\u00bb de la que hablan es andaluza, en ella est\u00e1 el modo de sentir, de manifestarse y de vivir con los usos y costumbres andaluces. El imaginario colectivo de esta cultura est\u00e1 en sus representaciones con todas las formas de percibir y simbolizar el mundo que nos caracteriza a trav\u00e9s de nuestros rasgos de identidad: el flamenco, la fiesta del toro, la semana santa, el carnaval, el vino, la mezcla entre dolor y alegr\u00eda tan propia del pueblo andaluz, etc. Lo que no quiere decir que su teatro sea un estereotipo del andalucismo, \u00e9ste surge por s\u00ed mismo de su b\u00fasqueda, en la que el instinto y la intuici\u00f3n tienen una importancia preponderante, ya que sus montajes surgen no de una idea preconcebida y concreta sino de una necesidad de expresi\u00f3n que poco a poco va desarroll\u00e1ndose hasta que adquiere forma. Y que est\u00e1 desnuda de t\u00f3picos y folklorismo, m\u00e1s bien lo que hacen es un antifolklorismo, sus \u00abcantaores\u00bb no cantan, los \u00abbailaores\u00bb no bailan, los guitarristas ya no saben ni c\u00f3mo agarrar la guitarra y los toreros s\u00f3lo han visto los toros desde la barrera. Ellos sostienen que emana de \u00abla confidencia acumulada desde el tiempo y los pensamientos que se han ido apoderando de los huecos y cavidades de la memoria\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde sus inicios se encaminan por esta senda, aunque recurriendo a textos de la tradici\u00f3n occidental, pues su primer montaje,&nbsp;<em>Agobio<\/em>&nbsp;(1978), fue un homenaje al teatro del absurdo y partieron de fragmentos de la obra de Ionesco; tras este trabajo inicial, montaron espect\u00e1culos en los que part\u00edan, en su mayor\u00eda, de referencias de su entorno; as\u00ed,&nbsp;<em>Juan Marichal, evocaci\u00f3n po\u00e9tica<\/em>&nbsp;(1978) fue una suerte de homenaje al poeta de Arcos de&nbsp;la Frontera que da t\u00edtulo a la pieza; en&nbsp;<em>Carablanca<\/em>&nbsp;(1980) utilizaron la colecci\u00f3n \u2013que da t\u00edtulo a su espect\u00e1culo\u2013 de cuentos populares andaluces. Estas son algunas de sus primera producciones, que fueron dando forma y consolidando su est\u00e9tica e ideario, que ya hallamos desarrollada en&nbsp;<em>Los tinglados de Maricasta\u00f1a<\/em>&nbsp;(1983), donde toman algunos fragmentos de Valle-Incl\u00e1n y de Juan Antonio de Castro y conforma un espect\u00e1culo&nbsp; que ser\u00e1 el que permite que salgan de las fronteras andaluzas. Aunque se viene admitiendo que es en&nbsp;<em>Mariameneo, Mariameneo<\/em>&nbsp;(1985), donde ya alcanzan la est\u00e9tica que les caracteriza.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mariameneo, Mariameneo<\/em>&nbsp;es la met\u00e1fora de la mujer andaluza en su vejez, que est\u00e1 sentada en su patio de vecindad entretejiendo una y otra vez sus recuerdos poblados de todos esos personajes con los que ha compartido la vida, muertos ya y \u00abllenos de yerba\u00bb, pero que contin\u00faan viviendo porque habla de ellos continuamente y seguir\u00eda haci\u00e9ndolo \u00abaunque viviera cien a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice Paco S\u00e1nchez que esta obra \u00abEs la agon\u00eda de esa mujer en una Andaluc\u00eda despojada de ese folklorismo tan hist\u00f3rico\u00bb. De ah\u00ed que sea una sucesi\u00f3n de im\u00e1genes y palabras, estampas que dibujan hechos y sentimientos, situaciones que se conectan por la permanencia de los personajes, el marco y un tema enormemente amplio: el tiempo pase\u00e1ndose con su rutina y sus recuerdos.<br>Una rutina similar hallamos en el destartalado tabanco\/bodega al que nos asoman en&nbsp;<em>Vinagre de Jerez<\/em>&nbsp;(1989), mirando por el ojo de la cerradura, como nos propone su autor, para que podamos entrever \u00abel barril, el lagar con su olor a pringue y a esperma del mosto, las garrafas, los puntales del arrumbe, el alcadafe, celoso centinela de la \u00faltima gota de vino\u2026 Objetos decisivos, llenos de existencia provocadora en este l\u00fagubre tablao del &lt;&lt;ol\u00e9&gt;&gt; desva\u00eddo con sepultura de siglos. Una masa inerte ri\u00e9ndose frente al tiempo\u00bb (S\u00e1nchez, 1996:7-8). Y por esta escena poblada de objetos, que tuvieron mejores tiempos, se pasean tres personajes tan derruidos como ellos y envueltos en las mismas telara\u00f1as del tiempo inamovible, empapados de recuerdos y abarrotados de ausencias, deambulando sin apenas levantar los pies del suelo porque saben que no van a ninguna parte, como queda patente en el siguiente parlamento:<br>EL PELLIZCO: \u00bfQu\u00e9 es lo que te pasa Migu\u00e9?\u2026 \u00a1Que parece que est\u00e1 traspuesto!\u2026 \u00bfEst\u00e1 esperando a alguien?<\/p>\n\n\n\n<p>EL VINAGRE: Estoy esperando que pase un perro, pa cog\u00e9 pa donde \u00e9l coja.<\/p>\n\n\n\n<p>El Pellizco, El Lu\u00ed y el Vinagre son, respectivamente, un \u00abtoca\u00f3\u00bb, un \u00abbaila\u00f3\u00bb y un \u00abcanta\u00f3\u00bb que se han quedado instalados en este tabanco, su definitivo purgatorio, a la espera de que pase algo que no acaba de suceder, cuando hablan del futuro el t\u00e9rmino usado es \u00aba lo mej\u00f3\u00bb, pero cuando se acerca la posibilidad de salir de su encierro buscan cualquier excusa para no hacerlo. Son conscientes de su condici\u00f3n de n\u00e1ufragos y en ella se quedar\u00e1n con su cante so\u00f1ado porque como dice El Vinagre: \u00abCant\u00e1 es prepar\u00e1 al toro para la muerte, ir dej\u00e1ndolo sin fuerza pa que sufra poco cuando t\u00f3 se le acaba\u2026 ir debilit\u00e1ndolo\u2026 dej\u00e1ndolo sin fuerza\u2026 pa que \u00e9l mismo busque la muerte\u2026 Igu\u00e1 que hace la vida con nosotro\u2026\u00bb (S\u00e1nchez, 1996:51), porque ellos lo \u00fanico que esperan es la muerte, como simboliza la \u00faltima escena de la obra, en la que ven pasar sus propios f\u00e9retros.<\/p>\n\n\n\n<p>Como muerto est\u00e1 tambi\u00e9n el teatro en el que entramos en&nbsp;<em>Perdonen la tristeza<\/em>&nbsp;(1992), espect\u00e1culo en el que, ir\u00f3nicamente, usan el tema del carnaval como leitmotiv, quiz\u00e1 para simbolizar la vida que fluye en la calle frente a la devastaci\u00f3n que atesora ese teatro.&nbsp;<em>Perdonen la tristeza<\/em>&nbsp;es una reflexi\u00f3n sobre el hecho teatral y una dura cr\u00edtica a su estado actual. Hay dos personajes, Don Agust\u00edn, el antiguo tramoyista, que realiza el inventario con Sebasti\u00e1n, su ayudante. Cuando Sebasti\u00e1n est\u00e1 sacando fotos de los actores que en el pasado triunfaron en ese escenario aparece Don Leandro, quien viene repasando un supuesto papel; viene envuelto en su mundo, creyendo que a\u00fan funciona el teatro. Don Leandro s\u00f3lo tiene unos momentos de lucidez en los que reconoce el derrumbe de todo su pasado y la inexistencia del futuro: \u00abTienen raz\u00f3n. Nadie m\u00e1s vendr\u00e1. As\u00ed est\u00e1 bien. La muerte no se reparte como si fuera un beneficio. Nadie anda en busca de tristezas ni de penas ajenas. No, nadie vendr\u00e1. \u00a1Y yo cre\u00ed que todo esto iba a ser eterno!\u00bb; pero, al instante vuelve a su enso\u00f1aci\u00f3n y de este modo la obra cierra el c\u00edrculo en el que Don Leandro contin\u00faa su deambular repitiendo la misma frase inicial: \u00abYo, el papel lo tengo ya cogido: &lt;&lt;si hay m\u00e1s mundo que el de aqu\u00ed, si hay m\u00e1s mundo que el de aqu\u00ed\u2026&gt;&gt; Lo \u00fanico que hace falta es que suban el tel\u00f3n\u2026 \u00a1Que suban el tel\u00f3n!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un n\u00e1ufrago a la deriva de sus recuerdos, muy emparentado con Juan el loco y Juan el viejo, los personajes de&nbsp;<em>Obra Postuma<\/em>(1995), que llegan a un lugar desconocido al son de los quejidos de una saeta, cuando \u00e9sta cesa presentan ellos la suya. Mientras repite las \u00faltimas palabras ata un cubo a una cuerda que pende y despu\u00e9s lo hace balancearse como si de un p\u00e9ndulo se tratara. El cubo, del que mana una gota de agua, sigue con su balanceo incesante durante casi toda la representaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una clara intencionalidad de que los espectadores identifiquen la escena como una especie de purgatorio, en primer lugar los dos personajes entran a escena bajando una larga escalera y por doquier se hallan diseminados un sinf\u00edn de sudarios que supuestamente tuvieron due\u00f1o alguna vez. En los momentos iniciales los personajes no saben muy bien d\u00f3nde se hallan, hasta que descubren que est\u00e1n muertos, muertos por esas ideas del inicio que no han sabido llevar a la realidad. De ah\u00ed las continuas referencias a un naufragio, las alusiones al tiempo que no ha deparado ning\u00fan provecho, etc. Muestra un poco la crisis de las ideas de este final de siglo que nos ha tocado vivir. Eusebio Calonge lo deja patente en la introducci\u00f3n cuando dice pretender \u00ababrir una milim\u00e9trica rendija en las conciencias, para aunque sea de modo remoto tengan presente estas tragedias de nuestra \u00e9poca, la de aqu\u00e9llos que no alcanzaron las cotas de la opulencia sino el reino de las sombras\u00bb (Calonge, 1994:49)<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no lo parezca, esta obra no es pesimista. Durante toda la pieza hay un enfrentamiento entre uno de los personajes que est\u00e1 resignado a su destino y el otro que busca, desesperadamente, salir. Y \u00e9ste es el que parece triunfar en la pugna, la obra deja abierta una rendija a esa esperanza, pues la \u00faltima frase es: \u00abYo no voy a dejar nunca de mirar el horizonte\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En su siguiente montaje,&nbsp;<em>Cuando la vida eterna se acabe<\/em>&nbsp;(1997) se halla un espacio esc\u00e9nico en penumbras, como suele ser habitual, y un gran somier desvencijado que en el devenir del espect\u00e1culo adquirir\u00e1 las m\u00e1s diversas funciones. De nuevo, los personajes \u2013cuatro en esta ocasi\u00f3n\u2013 deambulan por un espacio clausurado, m\u00e1s mental que f\u00edsico, en el que todos los sue\u00f1os han muerto. Apenas si queda esperanza, s\u00f3lo en la voz del personaje demente, que lanza sus reiterativos or\u00e1culos al vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>De este mundo fantasmag\u00f3rico nos trasladan a un nuevo espacio tan clausurado y viciado como es habitual. Dos personajes andan buscando desarrollarse, vienen de ninguna parte y van hacia lo desconocido, y llegan a un espacio pleno de puertas, todas ellas cerradas y bien cerradas, atrancadas, como dice uno de los personajes. Las puertas son el s\u00edmbolo utilizado para reflexionar sobre la inmigraci\u00f3n, que es el tema central de&nbsp;<em>La puerta estrecha<\/em>&nbsp;(2000). A pesar de que dos sean los que, supuestamente llegan, lo cierto es que todos los personajes de esta obra son inmigrantes, seres desclasados que no encuentran un lugar y que por ende est\u00e1n condenados a la desesperanza y la desesperaci\u00f3n, se flagelan entre ellos porque son conscientes de que la vida no les ha dejado nada m\u00e1s que eso, el sufrimiento y el dolor ante unas puertas infranqueables.<\/p>\n\n\n\n<p>Y su \u00faltimo montaje,&nbsp;<em>Ni sombra de lo que fuimos<\/em>&nbsp;(2002), sigue inscrito en esa misma l\u00ednea de presentar a perdedores en un espacio desvencijado y roto. Est\u00e1 pre\u00f1ado de un pasado, quiz\u00e1 dorado, pero del que s\u00f3lo quedan las astillas. El objeto esc\u00e9nico es en esta ocasi\u00f3n un tiovivo con algunos caballos de cart\u00f3n que giran en un continuo sin sentido, similar al de las vidas de esos artistas que no han huido porque no tienen ad\u00f3nde, y sobre todo porque a cualquier lugar que se desplacen llevar\u00e1n consigo sus tristes vidas que s\u00f3lo son agon\u00edas, como dice a menudo T\u00edo Zurrapa \u00ab\u00a1Ay! \u00a1Qu\u00e9 agon\u00eda m\u00e1s larga!\u00bb. Una continua pasi\u00f3n que saben s\u00f3lo les aboca al calvario, a pesar de que otro de los personajes \u2013Miracielo\u2013 pregunte a cada isntante \u00ab\u00bfHacia donde tiramos?\u00bb o de que El Borroso continua en su infatigable tarea de pretender encontrar un camino. Pero la pieza finaliza y todo sigue girando, como el tiovivo, en torno a la agon\u00eda y la pasi\u00f3n de esos seres perdidos y desvencijados.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la obra de&nbsp;<em>La Zaranda<\/em>&nbsp;es una reflexi\u00f3n sobre la realidad, una realidad como punto de encuentro entre el futuro y un pasado siempre presente, tra\u00eddo por la memoria que es lo \u00fanico que ayuda a comprendernos. Quiz\u00e1 por eso no da respuestas, s\u00f3lo act\u00faa en la conciencia del espectador y lo hace no tanto por las palabras como por las im\u00e1genes.<\/p>\n\n\n\n<p>De su est\u00e9tica podemos destacar su concepci\u00f3n de la escena como un lienzo, ellos tienen plena conciencia del rect\u00e1ngulo del escenario y que \u00e9sta es una rendija a trav\u00e9s de la cual deben dejar pasar su idea del mundo, un mundo restringido por las limitaciones del hecho teatral, de ah\u00ed su esfuerzo por dejar constancia de que ese espacio ha sido ocupado por otros muchos, que est\u00e1 poblado de ausencias. Ausencias que tratan de suplir con los objetos que les pertenecieron. En&nbsp;<em>Mariameneo, Mariameneo<\/em>&nbsp;cuelgan ropas de una cuerda, aunque la verdadera depositaria de esas presencias es \u00abMar\u00eda la loca\u00bb quien a\u00fan conserva los pantalones manchados de sangre de su marido, utilizados a menudo para secarse las l\u00e1grimas; en&nbsp;<em>Vinagre de Jerez<\/em>&nbsp;son las numerosas sillas, muchas de ellas desfondadas ya de sostener tantos cuerpos. En<em>&nbsp;Perdonen la tristeza<\/em>&nbsp;las fotos de los antiguos artistas. En&nbsp;<em>Obra P\u00f3stuma<\/em>&nbsp;los sudarios diseminados por toda la escena. En&nbsp;<em>Cuando la vida eterna se acabe<\/em>&nbsp;ya apenas quedan pertenencias, las llevan acuestas, como el destartalado somier, s\u00f3lo esqueleto de lo que debi\u00f3 ser en alguna ocasi\u00f3n lugar de reposo.&nbsp;<em>La puerta estrecha<\/em>&nbsp;est\u00e1 dominada por los sue\u00f1os que no dejan ver esas puertas clausuradas, sin dejar ver qu\u00e9 y qui\u00e9nes hay detr\u00e1s. Y&nbsp;<em>Ni sombra de lo que fuimos<\/em>&nbsp;nos presenta la grisura desportillada de pasados oropeles de los que ya ni siquiera queda el eco. La met\u00e1fora de la memoria, una funci\u00f3n de intercambio entre el sujeto y el objeto que queda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada en la escena de&nbsp;La Zaranda es casual, el montaje forma una sinfon\u00eda modulada por la reiteraci\u00f3n de los parlamentos que recuerdan el tono de la seguiriya o la sole\u00e1, pero sobre todo el de la letan\u00eda, la plegaria. Arman una notable ceremonia con letan\u00edas que se suceden y se enlazan a un ritmo alucinante, obsesivo hasta la obstinaci\u00f3n y el absurdo. Potencian m\u00e1s el lenguaje f\u00edsico, sonoro y pl\u00e1stico que la posibilidad comunicativa de la palabra, todo en la escena est\u00e1 medido, nada es superfluo; utilizan la interpretaci\u00f3n, la iluminaci\u00f3n y los objetos como una totalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Su est\u00e9tica est\u00e1 muy pr\u00f3xima a la del arte barroco, en ese continuo juego de sombras, de retorcimientos y escorzos dolorosos. Hemos mencionando el origen andaluz del grupo y c\u00f3mo est\u00e1n impregnados de la identidad andaluza, en la que la est\u00e9tica barroca est\u00e1 muy presente. Y una de las manifestaciones m\u00e1s caracter\u00edsticas es&nbsp;la Semana Santa, que reproduce el camino al calvario. Un tema muy recurrente en&nbsp;<em>La Zaranda<\/em>, de ah\u00ed que toda la imaginer\u00eda sacra sea reproducida en sus puestas, en consonancia siempre con el derrumbe existencial de sus personajes. Quiz\u00e1 su imagen m\u00e1s recurrente sea el calvario, tra\u00eddo desde sus m\u00e1s diversas enfoques y facetas, siempre arropado por saetas y marchas de semana santa.<\/p>\n\n\n\n<p>En todas estas im\u00e1genes sacras es f\u00e1cil extraer reminiscencias de pasos muy conocidos, como el \u00abSanto Entierro\u00bb, que reproducen en una de las primeras escenas de&nbsp;<em>Obra P\u00f3stuma<\/em>, de&nbsp;<em>Cuando la vida eterna se acabe<\/em>&nbsp;o de&nbsp;<em>Ni sombra de lo que fuimos<\/em>. El \u00abCristo dela Buena Muerte\u00bb est\u00e1 presente en&nbsp;<em>Vinagre de Jerez<\/em>; as\u00ed podr\u00edamos continuar, pues es continua esta alusi\u00f3n. Y no s\u00f3lo se inspiran en esta imaginer\u00eda de la cultura popular, sino que gran parte de la pintura sacra de todos los tiempos est\u00e1 inserta. As\u00ed, hallamos los tres Cristos de Dal\u00ed en&nbsp;<em>Perdonen la tristeza<\/em>, donde tambi\u00e9n destacamos la coronaci\u00f3n de espinas al decr\u00e9pito actor con claras reminiscencias a \u00abLa flagelaci\u00f3n de Cristo\u00bb de Jaime Huguet. En otro momento reproduce exactamente \u00abLa coronaci\u00f3n de espinas\u00bb de El Greco y por supuesto la del preimpresionista Ensor, donde la relaci\u00f3n se hace m\u00e1s estrecha porque \u00e9ste utiliza m\u00e1scaras carnavaleras en la burla.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto \u00faltimo nos lleva a destacar toda la est\u00e9tica del fe\u00edsmo de la que est\u00e1n impregnados, tanto desde la obra pict\u00f3rica de la escuela flamenca, de la que quiz\u00e1 El Bosco sea el m\u00e1s presente; como desde la est\u00e9tica de Bu\u00f1uel, sobre todo de \u00abEl perro andaluz\u00bb, especialmente presente en&nbsp;<em>Vinagre de Jerez<\/em>. Y por ende del surrealismo, por el doble plano sue\u00f1o\/realidad, pasado\/presente en el engranaje nada claro de todos los fracasados y perdedores que son los personajes de&nbsp;<em>La Zaranda<\/em>, y que nos recuerdan, tambi\u00e9n, a esos personajes est\u00e1ticos de los caf\u00e9s que tanto pintaron los impresionistas, presentes, especialmente, en&nbsp;<em>Vinagre de Jerez<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Zaranda<\/em>&nbsp;se nutre en sus espect\u00e1culos de todo el acervo que el individuo va atesorando en su mente y que conforma su identidad. Porque la identidad es la permanencia en medio del cambio, evoluci\u00f3n y enriquecimiento por el conocimiento de otras realidades. De lo que Andaluc\u00eda es un buen ejemplo, pueblo mestizo no s\u00f3lo por tradici\u00f3n, pues ahora sus costas reciben a diario personas que vienen a buscar sus sue\u00f1os. Unos sue\u00f1os que en la mayor\u00eda de las ocasiones terminan como los de los personajes de&nbsp;La Zaranda. El grupo no puede sustraerse a esa realidad, del pasado y del presente, de modo que refleja el acontecer desde una est\u00e9tica muy personal, construye im\u00e1genes plenamente andaluzas partiendo de todo el acervo social y cultural. En definitiva, sus escenarios son el trampol\u00edn desde el que lanza su concepci\u00f3n del mundo y de la vida, desde lo particular a lo general, a las cuestiones universales: la soledad, el miedo, el tiempo con su rutina que apabulla y despersonaliza, la desesperanza y el olvido en su mundo clausurado y ajeno. En definitiva el suyo es, como afirman sus componentes, \u00abun teatro que duele\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>CALONGE, Eusebio (1994),&nbsp;<em>Perdonen la tristeza. Obra P\u00f3stuma<\/em>, Madrid, S.G.A.E.<br>ZARANDA, Juan de la (1996),&nbsp;<em>Vinagre de J\u00e9rez<\/em>, Madrid, Visor.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Disponible en:<\/h2>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.academia.edu\">https:\/\/www.academia.edu<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carmen M\u00e1rquez, 2005<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":5940,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[144,189,13,60],"class_list":["post-9669","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","tag-dramaturgias-de-la-imagen","tag-interdisciplinar","tag-memoria","tag-realidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9669","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9669"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9669\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9670,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9669\/revisions\/9670"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5940"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9669"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9669"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9669"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}