{"id":9091,"date":"2011-02-23T14:57:00","date_gmt":"2011-02-23T13:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=9091"},"modified":"2026-02-23T14:59:21","modified_gmt":"2026-02-23T13:59:21","slug":"hacia-un-espacio-individual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2011\/02\/23\/hacia-un-espacio-individual\/","title":{"rendered":"Hacia un espacio individual"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Ana Sofia Pereira da Silva<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2011<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p><em>A veces me pregunto por qu\u00e9 sigo bailando. Pr\u00e1cticas de la intimidad<\/em>, Madrid, Con tinta me tienes, Madrid, 2011, pp. 299-321.<\/p>\n\n\n\n<p>La intimidad concierne al territorio de la experiencia que no es obligatoriamente expresable. El espacio de la intimidad nace tambi\u00e9n con la conciencia del pudor, con el secreto, con la necesidad de habitar un lugar oculto. Aunque el espacio \u00edntimo no est\u00e9 necesariamente vinculado solo al espacio privado y dom\u00e9stico este no le es del todo ajeno. El lugar \u00edntimo no es solo el espacio de proyecci\u00f3n individual, sino que es tambi\u00e9n el espacio de confrontaci\u00f3n con el otro, el otro que es cercano, familiar o c\u00f3mplice. Los espacios \u00edntimos son los habitados sin m\u00e1scara o protocolo, son los lugares del desnudarse. Son los lugares de lo profundo, de lo rec\u00f3ndito, de lo intr\u00ednseco. Considerar la importancia de la relaci\u00f3n que el habitante establece con el espacio en la construcci\u00f3n de la intimidad no es tarea peque\u00f1a. Que las pr\u00e1cticas de la intimidad juegan con el habitar y se plantean de formas distintas de acuerdo con la naturaleza del espacio que se habita es cuesti\u00f3n que no planteamos. De hecho, es de donde partimos. Al contrario de lo que nuestro abordaje pueda parecer querer intuir, somos conscientes de que la construcci\u00f3n de la intimidad no est\u00e1 necesariamente vinculada al espacio privado, y sabemos que no es solo en los espacios individuales donde podremos entrever los espectros del habitar \u00edntimo. Sin embargo, observar los espacios destinados a un individuo es una forma, entre muchas, de acercarnos a las cuestiones concernientes a la construcci\u00f3n de la intimidad como un tema espacial. A medida que hemos observado los s\u00edntomas de la b\u00fasqueda individual de un espacio propio a lo largo de la Edad Moderna en el mundo occidental, tambi\u00e9n hemos identificado varias formas del individuo sobre c\u00f3mo confrontarse con el tema de la intimidad. Si, en un momento inicial, la intimidad habr\u00eda sido sentida como una especie de conciencia instintiva, asociada sobre todo al cuerpo y a los afectos, se vuelve con el paso del tiempo territorio mucho m\u00e1s complejo y lleno de matices. De acuerdo con Hannah Arendt, el concepto de privado surge, entre los antiguos, basado en la idea de la privaci\u00f3n. El mundo privado ser\u00eda entonces aquel en que uno se ve\u00eda privado de algo. En el mundo griego esta privaci\u00f3n ser\u00eda relativa a la privaci\u00f3n del acceso a la esfera p\u00fablica de la polis.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica vivir una vida \u00fanicamente privada correspond\u00eda a vivir una vida inferior, no enteramente humana. Seg\u00fan Arendt, tanto la polis de los griegos como la res publica de los romanos garantizaban la existencia de un espacio concebido para la instauraci\u00f3n de alg\u00fan tipo de permanencia, un espacio que pudiese contrabalancear la futilidad y mortalidad de la vida individual. Asimismo, la esfera p\u00fablica, para los griegos, estaba destinada a la individualidad, solo en p\u00fablico cada individuo podr\u00eda hacer prueba de su individualidad. La relaci\u00f3n entre espacio p\u00fablico y espacio privado se transform\u00f3 a lo largo del tiempo. En la Edad Media, las cuestiones que anteriormente eran consideradas del foro p\u00fablico por los antiguos fueron transfiri\u00e9ndose a la esfera privada. Consecuentemente se verific\u00f3, hasta el final de la Edad Media, un enflaquecimiento de la esfera p\u00fablica. Para Hannah Arendt, el bien com\u00fan medieval no solo significaba un reconocimiento de que cada individuo compart\u00eda intereses en com\u00fan con los dem\u00e1s; el hecho de que la Iglesia cristiana siempre considerase a todos los individuos como hermanos es demostrativo del car\u00e1cter no p\u00fablico de su doctrina. La cualidad de privaci\u00f3n que los griegos asociaban a la esfera privada ces\u00f3 con el nacimiento y generalizaci\u00f3n del cristianismo. El que cada individuo pasase a creer en una fuerza superior, que comandaba su destino, y pasase a estar convencido de que viviendo su vida de acuerdo con la doctrina cristiana tendr\u00eda acceso a la inmortalidad lo liberaba de la necesidad de demostrar ante los dem\u00e1s, es decir, ante un p\u00fablico, la excepcionalidad de su unicidad. Por otra parte, la creencia individual en el dios cristiano implica el reconocimiento de una entidad que, como creadora, es la que mejor conoce a cada uno. Con cada creyente esta entidad soberana establece una relaci\u00f3n de intimidad no rec\u00edproca. El creador, m\u00e1s all\u00e1 de omnipresente, es omnisciente, lo que hace que el individuo creyente se encuentre en una continua sensaci\u00f3n de vigilancia, como tambi\u00e9n de protecci\u00f3n. A partir del momento en el que la humanidad identifica y caracteriza a un dios el individuo cristiano empieza a creerse permanentemente vigilado y por ello sin derecho a un lugar de ocultaci\u00f3n, y tambi\u00e9n a sentirse continuamente acompa\u00f1ado, no sintiendo soledad aunque est\u00e9 solo.<\/p>\n\n\n\n<p>El espacio privado, asociado a la idea de privaci\u00f3n, ser\u00eda as\u00ed el espacio donde el individuo se ver\u00eda privado, sustra\u00eddo del mundo, del contacto con los otros, de la permuta que es posible en las relaciones entre seres as\u00ed como entre el ser y el mundo. Esta idea de privaci\u00f3n resultar\u00eda de la convicci\u00f3n de que el individuo solo, aislado, vivir\u00eda una vida deficitaria. Tal como explica tambi\u00e9n Hannah Arendt el establecimiento de lazos sociales, la capacidad de vivir una vida en com\u00fan, se presenta como una de las condiciones propias del ser humano. Por esto afirma Arendt (1958: 52) que un ser que viviese una vida circunscrita a un \u00e1mbito privado no ser\u00eda enteramente humano. Desde la Era Moderna suele asociarse el espacio privado a la idea de propiedad, cayendo en olvido as\u00ed la idea de privaci\u00f3n anteriormente concebida por los antiguos. El inicio de la Era Moderna est\u00e1 marcado por la ascensi\u00f3n de la econom\u00eda1, en este momento se transfieren las preocupaciones dom\u00e9sticas \u2013de la subsistencia individual\u2013 al exterior. Este movimiento cre\u00f3 la esfera social, donde comienzan a aglutinarse todas las preocupaciones dom\u00e9sticas asociadas a la supervivencia. A partir de este momento la sociedad va a componerse, hasta la formaci\u00f3n de la sociedad de masas, por clases. Los individuos pertenecientes a cada clase comparten entre s\u00ed las mismas ansias. Ante este escenario, y a\u00fan de acuerdo con Hannah Arendt, la transferencia de las preocupaciones dom\u00e9sticas (anteriormente de car\u00e1cter privado) a la esfera social vaciaron parte del \u00e1mbito privado reduci\u00e9ndolo esencialmente al \u00edntimo. Por esto, afirma Arendt (1958: 83) que la intimidad surge como un sustituto poco seguro de la esfera privada. Para esta autora el desarrollo de la sociedad tuvo como consecuencia la extinci\u00f3n de las diferencias entre la esfera privada y la esfera p\u00fablica. Ambas han sido lentamente sumergidas en la esfera social. A\u00fan de acuerdo con Arendt (1958: 82), la identificaci\u00f3n de la intimidad surge en este contexto como una fuga del mundo, todo \u00e9l exterioridad, hacia un \u201cespacio\u201d destinado a la subjetividad individual, que anteriormente estaba asociada a la esfera privada. Al contrario de los griegos, que cre\u00edan que una existencia enteramente privada era despreciable, Hannah Arendt (1958: 84) apunta que una existencia vivida constantemente bajo la mirada p\u00fablica se volver\u00eda superficial. As\u00ed, la propiedad no es solo un lugar que pertenezca a cada uno, sino que adem\u00e1s proporciona la oportunidad de no ser vistos ni o\u00eddos, y de no ser obligados a ver u o\u00edr a los dem\u00e1s. Tener un espacio propio permite la construcci\u00f3n de un lugar oculto, concerniente no solo a uno, donde cada individuo pueda elegir dejarse ver o esconderse. El concepto de individualidad ha sido planteado, o restaurado, en el Renacimiento. Entre otros acontecimientos, el invento de la perspectiva es una clara evidencia de este hecho. La representaci\u00f3n a trav\u00e9s de la perspectiva remite a la representaci\u00f3n calculada a partir de un punto de vista \u00fanico e individual, el del proprio observador. El individuo hab\u00eda pasado d\u00e9cadas perteneciendo a una entidad superior o a una comunidad determinada m\u00e1s que a s\u00ed mismo. El hombre, hasta este punto, era un miembro de la Iglesia, un s\u00fabdito del rey, un vasallo de su se\u00f1or o el hijo de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p>El proceso de individualizaci\u00f3n corresponde a un recorrido largo y moroso que se va desarrollando de forma m\u00e1s consciente desde el Renacimiento hasta comienzos del siglo XX. Es tambi\u00e9n un proceso de dif\u00edcil generalizaci\u00f3n por implicar a diferentes grupos de la jerarqu\u00eda social en los cuales esta evoluci\u00f3n tiene diferentes impactos y tiempos. Georg Simmel (1935: 411), adem\u00e1s de apuntar la acentuaci\u00f3n consciente de la individualidad en el Renacimiento, afirma que, en este periodo, esta se fundamentaba en la voluntad de cada individuo de distinguirse de los dem\u00e1s. Cada individuo aspiraba a ser notable o famoso, y sobre todo quer\u00eda ser \u00fanico. Muestra de esto es la importancia que cada uno daba a su traje, traje este que deber\u00eda corresponder a su propia (y \u00fanica) forma de vestirse. A trav\u00e9s de su traje, el individuo pretend\u00eda manifestar p\u00fablicamente la originalidad impl\u00edcita en su existencia, que se basaba en la noci\u00f3n del yo distinto de los dem\u00e1s. Este tipo de manifestaci\u00f3n del ser individual, que se asienta en la distinci\u00f3n, fue claramente un fen\u00f3meno circunscrito a las \u00e9lites sociales. Aunque sea posible observar ciertos cambios de comportamiento y nuevos tipos de reivindicaci\u00f3n en lo que respecta a la individualidad en ciertas franjas de la sociedad, en realidad hasta el siglo XVIII el individuo sigue viviendo bajo influencias y opresiones familiares, comunitarias y religiosas, entre otras. Hay, sin embargo, algunas transformaciones en las formas de habitar y en las pr\u00e1cticas cotidianas que deber\u00e1n ser enunciadas. Cuando en el siglo XVI se inicia la Reforma luterana, uno de los principios que se plantea es el del libre examen. La cr\u00edtica al cristianismo hasta este punto vigente propone una vivencia espiritual en la cual el creyente pasa a relacionarse directamente con Dios. Este cuestionamiento de la mediaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, existente hasta este momento, reclama la relaci\u00f3n no intermediada con Dios y as\u00ed la posibilidad de un nuevo tipo de planteamiento \u00edntimo ante el creador. Esta reivindicaci\u00f3n es tambi\u00e9n se\u00f1al de la creciente conciencia del yo, de una gradual valoraci\u00f3n de la vida interior de cada individuo y de la creciente creencia en la raz\u00f3n individual que se consolidar\u00e1 en la Ilustraci\u00f3n. La cada vez mayor necesidad de traducir la vida individual \u2013ef\u00edmera\u2013 en materiales que posean la posibilidad de superarla es tambi\u00e9n un dato que no podemos menospreciar. Con la consciencia de la brevedad de la vida individual, y ante la longevidad de la vida de la humanidad, reflorece en el Renacimiento el retrato, en el contexto de la nueva individualidad que, tal como Simmel explica, se basa en la distinci\u00f3n. Es posible identificar la existencia de la representaci\u00f3n pict\u00f3rica individual desde la Edad Antigua. En los monumentos f\u00fanebres egipcios, por ejemplo, la representaci\u00f3n del individuo serv\u00eda para preservar la imagen del difunto. Aunque sean exiguos los ejemplares conservados hasta nuestros d\u00edas, se sabe que tambi\u00e9n en la Grecia y Roma antiguas la pintura retratista estaba instituida (Todorov, 2000: 15-43). No obstante, la pr\u00e1ctica de este tipo de representaci\u00f3n estuvo dormida a lo largo de los siglos siguientes. Es en el final de la Edad Media, y de forma reforzada a partir del Renacimiento, cuando el retrato surge imponi\u00e9ndose como fuerte expresi\u00f3n de los nuevos tiempos que se aproximaban y de la creciente consciencia del papel del individuo. Si de una parte la pr\u00e1ctica de la representaci\u00f3n pict\u00f3rica individual es prueba de la unicidad de cada uno, otorgando al individuo un lugar de representaci\u00f3n, por otra parte, este pasa tambi\u00e9n a necesitar habitar un espacio propio, de acuerdo con este nuevo sentimiento de unicidad. Esta necesidad del individuo de encontrar un espacio \u00fanicamente suyo es, por ejemplo, denunciado por la pr\u00e1ctica de la escritura de los diarios \u00edntimos que, a la par de una progresiva alfabetizaci\u00f3n, se va extendiendo a partir del siglo XVI. Estos escritos estaban dedicados a fijar los actos cotidianos y sobre todo las experiencias que no se pod\u00edan o quer\u00edan compartir; en ellos el individuo encontr\u00f3 una manera de fijar eventos que tem\u00eda que cayesen en el olvido. Estos registros eran testigo del yo incompartible con el otro. Desde el punto de vista espacial, esta pr\u00e1ctica implicaba, por lo menos, que el individuo deber\u00eda encontrar un sitio confidencial donde pudiese guardar su diario. Y este hecho plantea as\u00ed la necesidad de que el individuo tuviese que poseer un espacio donde guardar sus propiedades a salvo de las miradas ajenas. De la misma forma que el aprendizaje de la escritura permiti\u00f3 la producci\u00f3n de los diarios personales, tambi\u00e9n la creciente generalizaci\u00f3n de la lectura proporcion\u00f3 una individualizaci\u00f3n en torno a esta actividad. Si la lectura hab\u00eda sido una actividad colectiva, fuese en el \u00e1mbito familiar u otro, se transform\u00f3 progresivamente en un acto individual. La gradual individualizaci\u00f3n de la lectura tuvo tambi\u00e9n implicaciones espaciales y as\u00ed nuevas costumbres literarias pasan a plasmarse tambi\u00e9n en nuevas formas de intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como consecuencia del enraizamiento de la escritura del diario \u00edntimo surgen los escritos autobiogr\u00e1ficos como g\u00e9nero literario cada vez m\u00e1s frecuente. Entre confesiones, memorias o cartas, los escritos m\u00e1s \u00edntimos de las personas empezaron a publicarse y a interesar cada vez m\u00e1s. Estos g\u00e9neros literarios centrados en historias individuales ense\u00f1an la progresiva focalizaci\u00f3n del individuo. Aunque existen ejemplos de literatura biogr\u00e1fica y autobiogr\u00e1fica anteriores al siglo XVI, es sobre todo a partir de este momento cuando, animados por el esp\u00edritu humanista, empiezan a surgir con mayor frecuencia. De cierta forma, la necesidad de alejamiento es primeramente enunciada por la b\u00fasqueda de un espacio (la escritura de un diario personal o la lectura individual) que sobre todo resulta de una necesidad psicol\u00f3gica de aislamiento. Escribir un diario es un acto individual, podemos incluso notar que la relaci\u00f3n del individuo con el soporte de la escritura, el detenimiento sobre el objeto y la concentraci\u00f3n impl\u00edcita en esa tarea crean un espacio que no solo concierne a uno, alejando a los dem\u00e1s del que se detiene en esa actividad, sino que, tras la inicial necesidad de aislamiento de las mentes enunciado por la b\u00fasqueda de un espacio de reflexi\u00f3n individual, tambi\u00e9n los cuerpos comenzar\u00e1n su recorrido hacia el aislamiento. La tendencia es, a lo largo de los siglos siguientes, la del alejamiento de los cuerpos. La progresiva individualizaci\u00f3n del acto de dormir es un indicio de este apartamiento, aunque todav\u00eda tuviese que pasar bastante tiempo hasta que fuese considerada la necesidad de cada individuo de tener una habitaci\u00f3n para s\u00ed. En estos primeros pasos hacia la individualizaci\u00f3n del sue\u00f1o solo el arist\u00f3crata o el hombre rico son propietarios de una habitaci\u00f3n individual. El primer momento de esta conquista empieza a partir de la individualizaci\u00f3n de las camas o en el refuerzo del uso de las alcobas. Aparece tambi\u00e9n otro tipo de espacios que evocan de forma m\u00e1s n\u00edtida la voluntad, o la emergente necesidad, de habitar individualmente un espacio. Palabras como estudio, gabinete o biblioteca podr\u00edan referirse, en el periodo post-Renacimiento, a piezas de mobiliario. No obstante, ante la creciente necesidad de habitar individualmente un espacio, estos elementos evolucionaron dando origen a habitaciones que conservan hasta nuestros d\u00edas designaciones equivalentes, reforzando su vocaci\u00f3n de uso esencialmente individual. Estos espacios abrigaban las pr\u00e1cticas asociadas al aislamiento como la lectura, la oraci\u00f3n, as\u00ed como otro tipo de pr\u00e1cticas \u00edntimas. Adem\u00e1s, la aparici\u00f3n de estos espacios no implica solamente una individualizaci\u00f3n del espacio, sino que afecta tambi\u00e9n a una especializaci\u00f3n de los mismos. Al contrario de las habitaciones medievales, donde se mezclaban habitantes, usos, pr\u00e1cticas, estos espacios son destinados esencialmente al habitar de una persona. Observamos alrededor del siglo XVI otro espacio que es muchas veces asociado al habitar aislado, o m\u00e1s \u00edntimo: el jard\u00edn murado. Este espacio exterior privado aparece como espacio de contemplaci\u00f3n, retiro, meditaci\u00f3n. Aunque no siempre el habitar del jard\u00edn privado signifique un habitar individual, supone fundamentalmente una sociabilidad \u00edntima. Al contrario del espacio ca\u00f3tico y nauseabundo de la urbe, el espacio del jard\u00edn proporcionaba un espacio exterior domesticado. Este tipo de espacios podr\u00e1 insertarse en la categor\u00eda definida por Foucault (1967: 46-49) como heterotop\u00edas; es decir, lugares creados por el hombre, que se presentan como una especie de contralugares, una especie de utop\u00edas efectivamente realizadas. De acuerdo con Foucault, estos lugares ora contestan, ora invierten los restantes lugares reales. El jard\u00edn privado y murado, con su composici\u00f3n ordenada, permit\u00eda el habitar de un espacio pac\u00edfico y reglado, destinado a la meditaci\u00f3n; contrastaba en su forma, y contrabalanceaba en su uso con el caos y el desorden exterior. Asimismo, m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad de aislarse, el individuo empieza tambi\u00e9n a mostrar la voluntad de crear un universo propio distinto (o ajeno) del mundo donde se ubicaba. As\u00ed, el retiro no tendr\u00e1 obligatoriamente que estar asociado al enclaustramiento en un espacio interior. No podemos olvidar que los primeros ermita\u00f1os encontrar\u00e1n precisamente en el desierto el aislamiento que necesitaban para dedicarse con m\u00e1s libertad a la vida espiritual. El retiro suele incluso asociarse muchas veces al habitar de la naturaleza. En Voyage autour de ma chambre, libro con fecha de 1794, Xavier de Maistre describe un viaje efectuado a lo largo de 42 d\u00edas sin salir de su habitaci\u00f3n. En los primeros cap\u00edtulos, este militar obligado a permanecer en clausura a consecuencia de un duelo, viaja a trav\u00e9s de los objetos existentes en su habitaci\u00f3n, a medida que los va describiendo y asociando a otras reflexiones. Todos los cap\u00edtulos que componen este relato no son suficientes para que podamos conocer este espacio con alg\u00fan tipo de definici\u00f3n. Su viaje es sobre todo un viaje interior, un camino que se desarrolla a partir de sus pensamientos y recuerdos. En el prefacio del libro Joseph de Maistre, su hermano, subraya que, al contrario de los grandes viajes del siglo, este tiene la particularidad de no poder ser repetido. Aunque alguien pueda encontrar las cuatro paredes donde tuvo lugar, ser\u00e1 imposible rehacerlo. En la tradici\u00f3n de los diarios personales ya apuntados, reveladores de una b\u00fasqueda de un espacio individual, surge este viaje interior narrado por Maistre, que es un testigo m\u00e1s de la importancia que en el siglo XVIII se daba al universo interior de cada uno. Se desvelaba as\u00ed la capacidad de la imaginaci\u00f3n individual, valorando progresivamente los sentimientos y pensamientos de cada uno, se descubr\u00eda una vida m\u00e1s all\u00e1 de la vida de la que todos eran testigos. Cada individuo desarrollaba, ahora con conciencia, una vida interior, vida esta proporcionada tambi\u00e9n por la conquista progresiva de espacios propios. A partir de la Revoluci\u00f3n Francesa, la afirmaci\u00f3n del individuo resurgi\u00f3 con nueva fuerza. Georg Simmel (1935: 414) refiere este punto hist\u00f3rico como importante en el desarrollo de la concepci\u00f3n del individuo. Al contrario de la individualizaci\u00f3n a partir de la distinci\u00f3n que identifica en el Renacimiento, Simmel afirma que el concepto de individualidad surge en la Revoluci\u00f3n Francesa asociado a la libertad. La individualidad y la libertad reivindicadas en este momento part\u00edan del principio de que los hombres eran naturalmente iguales, es decir, que las diferencias existentes, hasta este tiempo, eran artificialmente originadas. En Architectures de la vie priv\u00e9e, Monique Eleb (1999: 283) nos explica que hasta finales del siglo XVII nadie estaba solo. En las casas m\u00e1s humildes una sola habitaci\u00f3n cumpl\u00eda las funciones de la casa \u2013sirviendo de cocina, comedor, dormitorio\u2013 y en las casas aristocr\u00e1ticas, mientras se pudiesen dividir en alas, las habitaciones eran comunicantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta este tiempo el hecho de que una habitaci\u00f3n poseyese varias puertas que permitiesen el acceso a partir de espacios distintos era habitual o incluso c\u00f3modo. Ya en el siglo XIX este tipo de planteamientos era indeseable. Tambi\u00e9n Robin Evans (1978: 86), en el art\u00edculo \u201cFiguras, puertas y pasillos\u201d, habla de los planos de habitaciones comunicantes y de la aparici\u00f3n del pasillo en el siglo XVI. Explica que en una primera fase el pasillo coexisti\u00f3 con el sistema compositivo de las habitaciones comunicantes. Robin Evans asocia la introducci\u00f3n del pasillo a la necesidad de separaci\u00f3n de los circuitos de los sirvientes y de los se\u00f1ores de la casa y sus invitados. As\u00ed que en una primera fase la contaminaci\u00f3n del estar (individual o colectivo) por la circulaci\u00f3n no era problem\u00e1tica si este cruce se hac\u00eda entre personas pertenecientes al mismo c\u00edrculo social o familiar. Solamente en torno al siglo XIX el pasillo tom\u00f3 el papel principal relativo a la distribuci\u00f3n y comunicaci\u00f3n entre las diversas habitaciones de un mismo edificio, suplantando las comunicaciones directas entre ellas. Monique Eleb (1999: 285) relaciona la disociaci\u00f3n de los espacios de estar y de circular \u2013y, tal como Evans, identifica el pasillo\u2013 con la posibilidad de cada individuo de poder elegir estar solo o en compa\u00f1\u00eda. En la secuencia de estas evoluciones surgen espacios que subrayan la necesidad de delimitaci\u00f3n del espacio individual, como son, por ejemplo, las antec\u00e1maras u otros tipos de espacios asociados al dormitorio. La emergencia del habitar \u00edntimo se observa en la progresiva intolerancia, siguiendo a Monique Eleb, a una socializaci\u00f3n impuesta. Asimismo el individuo empieza a querer elegir estar solo o en compa\u00f1\u00eda y a salvaguardar su intimidad. Los espacios de distribuci\u00f3n y circulaci\u00f3n, as\u00ed como la b\u00fasqueda de cierta independencia en cada espacio, surgen como planteamientos arquitect\u00f3nicos que tienen como objetivo contornear los nuevos sentidos inc\u00f3modos ante la ancestral socializaci\u00f3n obligada. Es, sobre todo, en la vivienda burguesa donde el interior de la casa pasa a ser blanco de distinciones rigurosas y surge as\u00ed la separaci\u00f3n entre espacios de representaci\u00f3n, espacios \u00edntimos y espacios de circulaci\u00f3n que pasan a definir los l\u00edmites entre los dos primeros. Los espacios de representaci\u00f3n son los espacios donde es permitido que alguien ajeno a la casa pueda penetrar. Los espacios \u00edntimos son de uso restringido al agregado familiar, se priva el acceso al individuo extra\u00f1o. En este contexto, la habitaci\u00f3n de dormir es progresivamente cerrada, volvi\u00e9ndose espacio cada vez m\u00e1s identificado con el yo. La intrusi\u00f3n en estos espacios significa cada vez m\u00e1s una intrusi\u00f3n en el mundo interior de su habitante. As\u00ed, tambi\u00e9n en las viviendas burguesas, las alcobas que otrora se constitu\u00edan como si fuesen ellas mismas peque\u00f1as habitaciones dentro de habitaciones, envueltas en un velo de cortinas, pasan a ser lechos sencillos, ya que a partir de este periodo la propia habitaci\u00f3n pasa a estar solamente destinada a una persona. En el siglo XIX, adem\u00e1s de dedicada al descanso, la habitaci\u00f3n se constituye en el mundo interior de cada uno. Las clases populares urbanas siguen viviendo en condiciones que no permiten ni la reivindicaci\u00f3n ni la conquista del espacio individual. De cualquier forma es de apuntar que en las clases populares la casa propia es cada vez m\u00e1s deseable, y son progresivamente reclamados aspectos como la salubridad y el confort, lo que implica una mayor atenci\u00f3n al habitar \u00edntimo e individual. Ideas como el alojamiento m\u00ednimo o la necesidad de la cama individual empiezan a surgir. As\u00ed, de forma generalizada, aparecen tres tipos de intimidad en el \u00e1mbito de la casa: la familiar (lo que pasa en el interior de una casa es de \u00e1mbito privado, concerniente a la familia, y as\u00ed vedado al exterior), la conyugal (una habitaci\u00f3n para los padres es el m\u00ednimo que pasa a ser requerido) y la individual. En las clases obreras es progresivamente rechazado el alojamiento en los locales de trabajo. El nacimiento del derecho a la intimidad de la vida privada est\u00e1 asociado a la publicaci\u00f3n en la Harvard Law Review en 1890 de un art\u00edculo escrito por Samuel Warren y Louis Brandeis titulado \u201cThe Right to Privacy\u201d. La elaboraci\u00f3n de este art\u00edculo surge como reacci\u00f3n a la aparici\u00f3n de pormenores de la boda de la hija del primero, abogado reputado de Boston, en las p\u00e1ginas de un peri\u00f3dico. Anteriormente a este hecho otros casos hab\u00edan puntualmente despertado la cuesti\u00f3n del derecho a la intimidad, sin embargo es con la publicaci\u00f3n de este art\u00edculo cuando el tema se vuelve m\u00e1s consistente y permite la solidificaci\u00f3n de una base te\u00f3rica a partir de la cual los litigios resultantes de la intrusi\u00f3n en la intimidad de la vida privada fueron apoyados favorablemente. En una primera fase el derecho a la intimidad de la vida privada estaba asociado a la propiedad. Los primeros casos que llegaron a los tribunales reivindicando el derecho a la intimidad de la vida privada se basaron en la intrusi\u00f3n en la casa o en la violaci\u00f3n de la correspondencia, es decir, se fundaron en la transgresi\u00f3n de la propiedad privada. De hecho, las propiedades materiales, que son las m\u00e1s f\u00e1cilmente identificadas, fueron las primeras en ser reconocidas como blanco de resguardo. Desde este punto de vista, lo arquitect\u00f3nico surge como la primera l\u00ednea del reconocimiento del derecho individual a la intimidad de la vida privada: las gavetas que no se deben abrir, los muebles que se pueden cerrar, las paredes que conforman el territorio del uno, o de un grupo restricto de individuos. As\u00ed, acompa\u00f1ado con el derecho a elegir estar solo el individuo empieza a poder decidir, bajo protecci\u00f3n judicial, lo que puede ocultar o lo que solo a \u00e9l concierne. El desarrollo del derecho a la intimidad de la vida privada evolucion\u00f3 hacia la libertad personal. El aumento demogr\u00e1fico en la ciudad y el \u00e9xodo rural que resultaron de la Revoluci\u00f3n Industrial han implicado, a un ritmo desconocido hasta este tiempo, un crecimiento urbano que confiere a la ciudad una nueva escala y dimensi\u00f3n. De hecho la ciudad empieza a ser un territorio de efervescencia, resultante de los nuevos acontecimientos que en ella tienen lugar. M\u00e1s all\u00e1 de plegar de forma definitiva e indiscutible la distinci\u00f3n, ya existente, entre medio rural y medio urbano, la Revoluci\u00f3n Industrial se ha constituido en un acontecimiento que desencadenar\u00e1 alteraciones en la organizaci\u00f3n de la sociedad, en el trabajo, en el sistema pol\u00edtico y econ\u00f3mico y, por ende, en la ciudad. La ciudad post-Revoluci\u00f3n Industrial pasa a inscribirse en el mundo como lugar privilegiado de pensamiento, de experiencia, de intercambio y de acumulaci\u00f3n. Mientras la vida en el campo se mantiene caracterizada por el tiempo lento, por la rutina, la vida en la gran ciudad pasa a estar sometida a constantes mutaciones y a la innovaci\u00f3n. La creciente separaci\u00f3n entre aquello que concierne al \u00e1mbito dom\u00e9stico y lo relativo al \u00e1mbito laboral tambi\u00e9n va a producir modificaciones en la concepci\u00f3n de la casa, y una nueva concepci\u00f3n del habitar dom\u00e9stico que posibilitar\u00e1 nuevas formas de espacio individual. El alejamiento de las actividades laborales del espacio de la casa contribuy\u00f3 significativamente a que se redibujasen los l\u00edmites entre espacio privado dom\u00e9stico y espacio p\u00fablico. Al tiempo que el trabajo dej\u00f3 de estar espacialmente asociado a la casa, esta se cierra m\u00e1s, permitiendo redibujar la construcci\u00f3n de la intimidad en el hogar. A partir de este momento los l\u00edmites entre p\u00fablico\/civil y privado\/ dom\u00e9stico se vuelven m\u00e1s n\u00edtidos. El espacio de la casa pasa a estar asociado al descanso, al ocio y pasa a ser de forma general at\u00edpico buscar a alguien en su casa por cuestiones laborales. Asimismo el acto de irse a la casa de alguien va a estar cargado impl\u00edcitamente de cierta intimidad. Acompa\u00f1ando el movimiento de la definici\u00f3n del espacio privado de la casa surge tambi\u00e9n una reforzada reivindicaci\u00f3n del espacio individual dentro de la casa. Surgen en gran n\u00famero los hogares para un solo individuo, donde la vida privada dom\u00e9stica comienza a ser completamente absorbida por la vida privada individual. Hacia el final del siglo XVIII se desarrolla el Romanticismo y con \u00e9l una renovada consciencia del yo como entidad aut\u00f3noma y contenedora de un mundo interior complejo. Este movimiento, que surgi\u00f3 como reacci\u00f3n a la raz\u00f3n neocl\u00e1sica y a la objetividad que hab\u00edan dominado desde la Ilustraci\u00f3n, se basa en el sentimiento del individuo, es decir, en la subjetividad. El hecho de que el Romanticismo centrase tanto la visi\u00f3n del mundo como el acto de la creaci\u00f3n en el individuo favoreci\u00f3 la originalidad como forma de contrariar la tradici\u00f3n. Asimismo, el individuo rom\u00e1ntico busca la originalidad en cierta medida de la misma forma que el hombre renacentista aspiraba a ser \u00fanico. La personalidad rom\u00e1ntica anhela ser due\u00f1a de un mundo interior que sea intenso y distinto de los dem\u00e1s. Por eso el individuo de este periodo se presenta muchas veces como un ser exc\u00e9ntrico; es individuo de grandes gestos y vive la vida plagada de emociones fuertes. Aunque el modelo familiar siga con una gran fuerza normativa, el contexto de la nueva ciudad es terreno f\u00e9rtil para el surgimiento de algunas minor\u00edas que proponen formas distintas de vida. La vida bohemia, sobre todo practicada por j\u00f3venes, estudiantes o artistas, surge como el contramodelo de la vida familiar. Al contrario del medio familiar, que se asocia a la casa, el bohemio vive su vida en la ciudad, transfiere a los espacios p\u00fablicos de la urbe sus actividades, lee y escribe en los caf\u00e9s y en las tabernas. El espacio de reflexi\u00f3n que necesit\u00f3 la conquista de un espacio apropiado a ella desde el Renacimiento es desarrollado ahora por los bohemios en los escenarios p\u00fablicos. Estos hacen un uso privado e \u00edntimo del espacio colectivo. Este uso del espacio p\u00fablico, que observamos en autores como Baudelaire, por ejemplo, es tambi\u00e9n algo que nos parece significativo pues demuestra que lo que tradicionalmente pertenec\u00eda claramente a la esfera privada pasa a trav\u00e9s de las pr\u00e1cticas de estos grupos minoritarios a ser cuestionado. Tambi\u00e9n, al contrario de la familia, estas minor\u00edas, que encuentran un problema en la vida tradicional, no poseen un domicilio fijo, lo que demuestra cierto desprecio por la propiedad. Tambi\u00e9n los dandis intentan luchar contra una sociedad, cada vez m\u00e1s masificada, a trav\u00e9s de la distinci\u00f3n. Surgen como los arist\u00f3cratas del estilo, se nace dandi. Tal como el individuo renacentista, el dandi expresa su distinci\u00f3n en los c\u00edrculos sociales, sean ellos p\u00fablicos o privados. Su sentimiento de individualidad es llevado al extremo y as\u00ed es tambi\u00e9n la expresi\u00f3n de unicidad que construye. Sin embargo, el surgimiento de estos grupos nace no solo como forma de cuestionamiento ante la forma de vida establecida, sino tambi\u00e9n como reacci\u00f3n al anonimato cada vez m\u00e1s experimentado en la gran ciudad. El nuevo esp\u00edritu de estas figuras y sus formas de vida han aparecido en nuevos tipos de hogares. En L\u2019invention de l\u2019habitation moderne, Paris 1880-1914, Monique Eleb (1995: 188) llama la atenci\u00f3n sobre el surgimiento, en el periodo temporal que trata este libro, de un nuevo tipo de figura social que empieza a ser reivindicada, el soltero2. Charles Baudelaire comparte con sus antepasados rom\u00e1nticos el inter\u00e9s por lo particular y por lo individual como desprecio de una visi\u00f3n m\u00e1s general del mundo. Sin embargo, m\u00e1s que la dedicaci\u00f3n a las emociones reconocida en los autores rom\u00e1nticos, Baudelaire orienta su b\u00fasqueda en las profundidades del yo, en el inconsciente, en el sue\u00f1o. Charles Baudelaire es un convicto habitante de la ciudad, se vuelve ebrio con la vida de la calle, encontrando su lugar en el seno de la muchedumbre. En El pintor de la ciudad moderna, Baudelaire (1863: 13-20) describe al se\u00f1or G, que aun cuando est\u00e1 fuera de su casa se siente como en su hogar en todos los lugares. Al describir \u201cel artista, hombre del mundo, hombre de las muchedumbres y ni\u00f1o\u201d, o sea al hombre moderno, Charles Baudelaire transmite el remordimiento y pena que este siente al ser obligado a quedarse en el interior perdiendo la vida que pasa en la gran ciudad. Para \u00e9l la casa deja de significar el enraizamiento en un lugar, la identificaci\u00f3n de un emplazamiento propio de cada uno. Esta idea de casa es para Baudelaire reductora cuando el individuo de su tiempo encuentra en la metr\u00f3poli un sinf\u00edn de posibilidades de experiencia. As\u00ed se percibe que algunos espacios que anteriormente estaban asociados a la vida de la casa (estancias de socializaci\u00f3n: salas de t\u00e9, comedores, sal\u00f3n de juegos, etc.) pasan a introducirse en el habitar p\u00fablico: en los caf\u00e9s, en los teatros, en los bares, en los restaurantes o simplemente en los espacios p\u00fablicos de la gran ciudad. La muchedumbre, de la que tanto habla Baudelaire y donde a su fl\u00e2neur le gusta disolverse, gozando del anonimato, se vuelve m\u00e1s densa y compuesta por individuos que se muestran indiferentes ante los otros. La gran aglomeraci\u00f3n de gente, jam\u00e1s conocida en los medios urbanos hasta este momento, contribuye a la consolidaci\u00f3n del anonimato entre los habitantes de la ciudad. En este ambiente la prioridad de cada individuo ser\u00e1 sus intereses privados. Ante el panorama del habitar an\u00f3nimo en las grandes ciudades empieza la generalizaci\u00f3n del uso de las huellas dactilares como forma de identificaci\u00f3n del individuo. Las huellas dactilares son \u00fanicas en cada uno, a partir del registro de estas caracter\u00edsticas cada individuo se vuelve inconfundible; forjar la identidad propia se convierte en una tarea m\u00e1s dif\u00edcil. El nuevo aislamiento que se adquiere con la conquista del lecho individual refuerza el sentimiento del yo, lo que contribuye al desarrollo del contacto con uno mismo. La p\u00e9rdida de las pr\u00e1cticas, hasta entonces cotidianas, como la oraci\u00f3n conjunta o la compatibilizaci\u00f3n de los tiempos del sue\u00f1o, libertan al individuo permiti\u00e9ndole m\u00e1s autonom\u00eda. Con la llegada del siglo XX, espacios como los aseos y m\u00e1s tarde los ba\u00f1os, instalados en el interior de la casa, permiten una nueva forma de cuidar del cuerpo. Este tipo de cambios result\u00f3 ser tambi\u00e9n una nueva forma de estar ante el otro en el \u00e1mbito de la casa. Se crean as\u00ed una serie de protocolos que se imponen en el habitar de la esfera privada. A medida que la habitaci\u00f3n individual se generaliza el vestuario asociado al acto de dormir se vuelve inapropiado usado fuera del espacio dedicado al sue\u00f1o. As\u00ed, el uso de la bata sobre el camis\u00f3n pasa a ser una forma por parte de la mujer, por ejemplo, de apropiarse de la indumentaria del sue\u00f1o en el resto de espacios de la casa. El uso del camis\u00f3n, adecuado al habitar del espacio \u00edntimo, pasa a estar ligado a este espacio individual. De la misma manera que se establecen estas diferencias entre los distintos grados de intimidad en el habitar de la casa, tambi\u00e9n ocurre lo mismo entre el habitar del espacio privado o el espacio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto el hombre como la mujer o el ni\u00f1o adecuan su indumentaria al habitar del espacio p\u00fablico o del espacio privado. No obstante, tambi\u00e9n la vida privada se desdobla. M\u00e1s all\u00e1 de la vida privada de la familia, surge la vida privada del individuo. Anteriormente a la llegada del siglo XX, al espacio de la casa correspond\u00eda el desarrollo de la vida familiar, es decir, el habitar el espacio de la casa implicaba el habitar ante un p\u00fablico, constituido por un agregado familiar. Dif\u00edcilmente cada individuo pose\u00eda un espacio para s\u00ed solo. No existiendo un espacio orientado para el ser individual se volv\u00eda dif\u00edcil la posesi\u00f3n de objetos personales, por no haber c\u00f3mo guardarlos. M\u00e1s importante a\u00fan: dif\u00edcilmente el individuo pose\u00eda un espacio donde tuviese oportunidad de desarrollar sus actividades \u00edntimas, donde pudiese guardar sus secretos. El universo individual se ve\u00eda limitado ante las miradas de los otros, justamente por esto el universo individual \u2013interior o secreto\u2013 del individuo hu\u00eda muchas veces del territorio domiciliar. A la obligatoriedad, impuesta por las circunstancias, de mezclar la vida privada individual con la vida privada familiar, restaba la alternativa de evasi\u00f3n del hogar en la b\u00fasqueda del espacio individual. En las casas que empezaron a ser construidas por las nuevas clases burguesas el panorama del espacio individual cambia, la vivienda va a contener varias habitaciones, con funciones espec\u00edficas destinadas a cada una. El lujo que supon\u00eda hasta el final del siglo XIX tener disponible un espacio no solo propio se va generalizando gradualmente. La prioridad radic\u00f3 en la separaci\u00f3n de la habitaci\u00f3n de los padres de la de los ni\u00f1os. Mientras todos estos desarrollos y cambios los identificamos desde el Renacimiento, la posibilidad de cada individuo de ser propietario de un espacio para s\u00ed mismo sigue siendo hasta el siglo XX un privilegio de clase. A pesar de todos los cambios descritos, la garant\u00eda de privacidad o la conquista del espacio individual fue privilegio de pocos, esencialmente de la clase arist\u00f3crata y, m\u00e1s tarde, de la burgues\u00eda bien alojada. Hasta el periodo de las dos grandes guerras, las clases populares siguen, de forma generalizada, habitando casas hacinadas de gente. Es con la llegada del siglo XX cuando se empieza a extender a gran parte de la poblaci\u00f3n la posibilidad de habitar una casa que contemple varias habitaciones, en las cuales est\u00e9n asociadas formas espec\u00edficas de habitar, incluyendo la posibilidad del habitar individual. Sin embargo, no son solo los cambios en el habitar dom\u00e9stico los que permiten al individuo nuevas posibilidades de habitar. Tambi\u00e9n el uso del autom\u00f3vil introdujo nuevas formas de habitar el espacio p\u00fablico de forma m\u00e1s independiente. La evasi\u00f3n del hogar pas\u00f3 a ser m\u00e1s f\u00e1cil. Y el propio uso del autom\u00f3vil promovi\u00f3 tambi\u00e9n otras formas de pensar la casa. Parad\u00f3jicamente la vida individual vuelve a escapar del espacio dom\u00e9stico e invade, bajo el anonimato, ciertos espacios p\u00fablicos. La reconfiguraci\u00f3n del espacio dom\u00e9stico es acompa\u00f1ada tambi\u00e9n por la reconfiguraci\u00f3n del poder y del papel de la familia. La familia, que a lo largo de casi toda la historia del hombre fue la base de la sociedad, se convierte en una figura social cuestionada. Muchas de sus ancestrales funciones son transferidas a instituciones p\u00fablicas, como por ejemplo el cuidado de los ni\u00f1os o de los mayores, tareas que empiezan a recaer en instituciones especializadas. El matrimonio deja de ser la f\u00f3rmula obligatoria de emancipaci\u00f3n de los j\u00f3venes; surgen nuevas figuras de cohabitaci\u00f3n. La reivindicaci\u00f3n de la individualidad es tambi\u00e9n manifestada por la liberaci\u00f3n del cuerpo. La relaci\u00f3n que cada individuo mantiene con su cuerpo es reformulada a lo largo del siglo XX. Surgen otras maneras de vestir, nuevas rutinas cotidianas asociadas a la salud adem\u00e1s de una conciencia distinta de la imagen del cuerpo; los h\u00e1bitos de la gimnasia o una nueva preocupaci\u00f3n por la alimentaci\u00f3n son ejemplos de esto. Tambi\u00e9n demostrativo de un creciente recorrido hacia la individualizaci\u00f3n es el aumento de la popularidad de deportes individuales como el jogging, por ejemplo. La pr\u00e1ctica del deporte, anteriormente asociada al ocio de las clases favorecidas, se democratiza. A partir de esta nueva preocupaci\u00f3n por el cuerpo, el individuo busca en el deporte la salud como tambi\u00e9n el ocio. El ideal de vida sana pasa a ser un reto asociado a la voluntad individual de cada uno. Los arquitectos del movimiento moderno creen que los nuevos territorios de vida deben crear las condiciones ideales para que este modelo de vida sana pueda tener lugar, y plasman estos ideales en sus propuestas. Las configuraciones dom\u00e9sticas distintas permiten nuevas pr\u00e1cticas de higiene y de cuidado del cuerpo que pasan a ocupar un lugar privilegiado en la vida individual. El individuo construye una especie de relaci\u00f3n narcisista con su yo. Mientras que el uso del espejo es anterior, la banalizaci\u00f3n de su uso pertenece al siglo XX. El individuo puede mirarse no solo como el otro lo ve, sino tambi\u00e9n desnudado de las m\u00e1scaras implicadas en el habitar social: sin maquillaje, sin ropa, sin artificios, desnudo. El alejamiento de los cuerpos es transversal a los varios registros del habitar, no es solamente en el \u00e1mbito de la casa donde cada individuo reivindica un lecho, una habitaci\u00f3n o un rinc\u00f3n para pensar. La historia de la danza es tambi\u00e9n reveladora del recorrido hacia la individualizaci\u00f3n. El vals, por ejemplo, introducido en el siglo XVIII y vigente hasta el inicio del siglo XX, implica rituales y c\u00f3digos sociales relativamente complejos, y sobre todo, envuelve a una pareja, dos individuos. A partir de la primera gran guerra la pareja se acerca en el baile, surgiendo danzas como el tango, por ejemplo. Un poco m\u00e1s tarde, influencias del jazz y del charlest\u00f3n, basados en los ritmos de las danzas populares, mantienen a la pareja bailando con movimientos que implican ora el alejamiento, ora el acercamiento. Estos tipos de danza permiten ya que cada individuo baile solo, no son necesarios dos para bailar. El aislamiento en el baile se fue progresivamente reforzando a lo largo del siglo XX. Aunque rodeado por una muchedumbre bailando, a lo largo del siglo XX cada individuo empieza a bailar solo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>ARENDT, Hannah (1958), A condi\u00e7\u00e3o humana, trad. Roberto Raposo, Lisboa, Rel\u00f3gio de \u00c1gua, 2001.<\/p>\n\n\n\n<p>ARI\u00c8S, Philippe y Georges DUBY (coords. 1985-1987), Hist\u00f3ria da Vida Privada, Lisboa, Afrontamento, 1989-1991.<\/p>\n\n\n\n<p>BAUDELAIRE, Charles (1863), O pintor da vida moderna, trad. 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