{"id":8778,"date":"2014-02-19T13:08:00","date_gmt":"2014-02-19T12:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=8778"},"modified":"2026-03-30T16:25:50","modified_gmt":"2026-03-30T14:25:50","slug":"juego-trabajo-performance","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2014\/02\/19\/juego-trabajo-performance\/","title":{"rendered":"Juego, trabajo, performance"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/03\/12\/fernando-quesada\/\" data-type=\"post\" data-id=\"8585\">Fernando Quesada<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2014<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>QUESADA L\u00d3PEZ, Fernando: \u00abJuego. Trabajo. Performance\u00bb. En CORNAGO, \u00d3scar (Ed.)Manual de emergencia para pr\u00e1cticas esc\u00e9nicas (comunidad y econom\u00edas de la precariedad). (ISBN: 978-84-941266-5-9) Madrid: continta me tienes. 2014, p. 165-181.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho se ha hablado del juego como posible t\u00e1ctica de guerrilla en confrontaci\u00f3n con la estrategia de la acumulaci\u00f3n del productivismo. Algo menos, aunque no poco, del relativamente reciente proceso de incorporaci\u00f3n del juego a la propia estrategia; el mismo juego que, de modo t\u00e1ctico, pretende o ha pretendido desestabilizar la estrategia productivista mediante cortocircuitos procedimentales. O dicho en otras palabras, hace ya un cierto tiempo que se viene cuestionando la capacidad cr\u00edtica del universo l\u00fadico frente al universo del trabajo, porque mediante la absorci\u00f3n paulatina de lo l\u00fadico en los \u00e1mbitos de la producci\u00f3n entendida en t\u00e9rminos puramente industriales, como veh\u00edculo de acumulaci\u00f3n no ya solo material sino inmaterial, dicho universo l\u00fadico ha pasado a ser pr\u00e1cticamente indistinguible del de la producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta inversi\u00f3n tiene su claro espejo en lo que Rafael S\u00e1nchez Ferlosio ha llamado \u201cla persona como valor de cambio\u201d, en uno de sus muchos ensayos dedicados al tema de la \u201cdelirante circularidad en que puede abismarse toda relaci\u00f3n entre publicidad y consumo\u201d, donde por publicidad debe leerse cualquier forma de producci\u00f3n contempor\u00e1nea, y m\u00e1s concretamente la de la producci\u00f3n del consumidor propiamente dicho. Ferlosio llega a esta conclusi\u00f3n en su compendio de ensayos&nbsp;<em>Non Olet<\/em>, de 2003, a partir de los an\u00e1lisis del economista Jeremy Rifkin en su cl\u00e1sico an\u00e1lisis de 1995&nbsp;<em>The End of Work: The Decline of the Global Labor Force and the Dawn of the Post-Market Era<\/em>, que describe el proceso hist\u00f3rico de inversi\u00f3n del par producci\u00f3n-consumo hasta retratar a este \u00faltimo como algo esencialmente incorporado al primer t\u00e9rmino. De ah\u00ed que Ferlosio prefiera hablar de \u201csociedad de la producci\u00f3n\u201d ah\u00ed donde otros dicen \u201csociedad de consumo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En este escenario de producci\u00f3n industrial total descrito por Ferlosio, es la moneda precisamente el primer objeto \u201cindustrial\u201d al ser \u201cel creador, portador y difusor de la fungibilidad universal, sin otro uso que el medio de circulaci\u00f3n del puro valor de cambio\u201d, lo que le hace calificar a la moneda como el perfecto ejemplo de \u201canti-arte\u201d, en completa oposici\u00f3n al arte imitativo de un modelo, y que insista una y otra vez en la idea de la totalizaci\u00f3n de la econom\u00eda invertida, en la que el sujeto se define como un \u201cconsumidor producido\u201d. Discutiendo el famoso principio de \u201cla funci\u00f3n crea el \u00f3rgano\u201d en relaci\u00f3n al par producci\u00f3n-consumo escribe Ferlosio:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cpor regla general, ese principio suele ser usado falsamente, para racionalizar y moralizar una relaci\u00f3n causal exactamente inversa (\u2026) desde la invenci\u00f3n de la econom\u00eda en el siglo XVIII, la relaci\u00f3n entre el consumo, que habr\u00eda tenido en principio el papel de funci\u00f3n, y la producci\u00f3n, que lo habr\u00eda tenido de \u00f3rgano, ha venido invirti\u00e9ndose hasta ser exactamente la contraria: en vano tratar\u00e1n todav\u00eda de convencernos los liberales de que el consumo no ha pasado a ser el \u00f3rgano puesto al servicio de mantener activo lo que se ha convertido en la aut\u00e9ntica funci\u00f3n, o sea la producci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Siguiendo a Rifkin, Ferlosio cita una publicaci\u00f3n crucial llamada&nbsp;<em>The New Economic Gospel of Consumption<\/em>, de Edward Codwick, publicada en 1927, una fecha muy significativa y premonitoria, en la que se incita a los empresarios estadounidenses a potenciar un profundo cambio de h\u00e1bitos sociales en relaci\u00f3n al hecho del consumo, pasando de la \u00e9tica protestante del ahorro a una nueva \u00e9tica, la del cr\u00e9dito o dinero cautivo. Thorstein Veblen, en su importante estudio&nbsp;<em>Theory of the Leisure Class<\/em>&nbsp;de 1898, acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino \u201cocio vicario\u201d para definir el hecho de gastar y consumir lo que a uno no pertenece propiamente, sino lo que pertenece bien al esposo, en el caso de la mujer en el matrimonio cl\u00e1sico de la Edad Moderna, bien al amo, en el caso del siervo o el sirviente, al analizar los comportamientos de lo que llam\u00f3 la \u201cclase ociosa\u201d rica, contrapuesta a la \u201cclase industrial\u201d, dedicada a la producci\u00f3n estricta. Este t\u00e9rmino establece una atadura no desatable entre el anverso y reverso de lo mismo, producci\u00f3n y consumo, o generaci\u00f3n de riqueza y gasto vicario de la misma, de la que se vale Ferlosio para establecer con sus propias palabras un retrato equivalente, asignando al hecho de producir riqueza, en su absoluta desconexi\u00f3n de lo producido, una cualidad de \u201cintransitividad virtual\u201d an\u00e1loga al salir de compras de las damas de la clase ociosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el generador de riqueza es indiferente por completo a las cualidades de aquello que produce, enfocando su inter\u00e9s \u00fanicamente en la abstracci\u00f3n e intermediaci\u00f3n del valor monetario de su actividad, asimismo lo es la pr\u00e1ctica ociosa vicaria de la dama adinerada que va de compras como actividad cuyo sentido no es ya la satisfacci\u00f3n de una necesidad material, sino el mero hecho de la adquisici\u00f3n de bienes como por trofeo de cazador en su equivalencia con lo que Veblen denomin\u00f3 comunidad b\u00e1rbara o preindustrial, basada en la haza\u00f1a y la heroicidad, una especie de versi\u00f3n ancestral de la comunidad industrial moderna, basada en el trabajo y el esfuerzo del generador de riqueza denotados en esa forma de ocio vicario y competitivo. Para el generador de riqueza el signo es por tanto el valor de cambio, para su consumidor lo es el bien producido, por lo que ni pueden ni deben ser separados.<\/p>\n\n\n\n<p>La intransitividad de la acumulaci\u00f3n, en tanto carente de un an\u00e1logo gramatical de complemento directo \u2013porque no se acumula para aliviar la posibilidad de contingencia adversa, sino como actividad autot\u00e9lica, completa en s\u00ed misma, sin sentido externo- lleva aparejada, como \u00fanico posible fil\u00f3n de sentido ulterior, el consumo permanente no ya de lo producido, sino del futuro, de lo a\u00fan por producir, como el lapso temporal entre las teor\u00edas econ\u00f3micas de 1898 y las actuales ha demostrado claramente. Mediante el dinero cautivo se consume futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Consumir futuro es lo m\u00e1s alejado a ausencia de sentido, es m\u00e1s, se trata de un modelo de generaci\u00f3n de sentido puramente circular, impecable en su l\u00f3gica delirante, donde la causa no antecede al efecto, sino que, al localizarse en el futuro, simplemente desaparece en su desplazamiento como de destino, con lo que el efecto se autoproduce en una l\u00f3gica de inevitabilidad. Sumado a todo esto Ferlosio destaca que la moderna idea de trabajo implica la existencia de un contrato entre partes, que \u00e9l denomina \u201ctrabajo contractualizado\u201d, de modo que esa separaci\u00f3n entre contratante y contratado garantiza una relaci\u00f3n de indiferencia hacia el objeto propio del trabajo: \u201cLa diferente cualidad del contenido de las obras del trabajo ya no importa absolutamente nada; en adelante ser\u00e1 la pura actividad en blanco\u201d. Lo sorprendente de todo este fen\u00f3meno es que la acumulaci\u00f3n del productivismo acaba adquiriendo una l\u00f3gica enteramente propia de la actividad m\u00e1s opuesta por definici\u00f3n: el juego.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>El juego evoca una actividad sin apremios, pero tambi\u00e9n sin consecuencias para la vida real. Se opone al trabajo como el tiempo perdido al bien empleado. En efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni obras.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>As\u00ed comienza Roger Caillois su libro&nbsp;<em>Les Jeux et les Hommes. Le masque et le vertige<\/em>&nbsp;de 1958. Algo parecido ocurre durante el proceso de aprendizaje, porque supuestamente es un medio no productivo en sentido industrial, pero uno en el que no se cesa de intentar construir la ficci\u00f3n de un intercambio entre el que aprende y el que ense\u00f1a, llegando a incorporar incluso la ficci\u00f3n bancaria: saber hacer equivale a cr\u00e9dito, de modo paralelo a como, en la tradici\u00f3n del pensamiento sobre los juegos, \u00e9stos son miniaturizaciones o ficciones de la realidad, como si no formaran parte de esa realidad por ellos mismos y constituyeran, simplemente, un entrenamiento para la realidad de la que estar\u00edan excluidos. Y no solo el \u00e1mbito del aprendizaje ha visto su terminolog\u00eda afectada por esta m\u00e1xima, sino que, como juego de entrenamiento para el trabajo, es seguramente esa mutaci\u00f3n del proceso de aprendizaje lo que m\u00e1s profundamente ha contribuido a culminar este proceso de inversi\u00f3n del juego, del que se pretende dar cuenta aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta manera de considerar el juego como opuesto&nbsp; ficticio a un contrario real, el trabajo, supone ubicar el juego al margen de la existencia cotidiana. Hacerlo implica dos consecuencias de enorme importancia: la primera es que el juego necesita un espacio espec\u00edfico donde pueda llevarse a cabo, la segunda es que su temporalidad tambi\u00e9n se suspende con respecto a todo lo que no es juego. Por tanto en el juego se produce inevitablemente una condici\u00f3n espacio-temporal de isla regida por una serie de reglas muy determinadas cuando las hay, ya que existen juegos sin reglas, pero no juegos sin su propio espacio-tiempo insular.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, podr\u00eda argumentarse que, cada vez m\u00e1s, con la ya pr\u00e1cticamente culminada transici\u00f3n desde un r\u00e9gimen industrial, termodin\u00e1mico y material a otro postindustrial, cibern\u00e9tico o en red, e inmaterial, no resulta tan sencillo separar el juego del no-juego, es decir del trabajo, y esto tanto desde el punto de vista espacial como temporal.<\/p>\n\n\n\n<p>El cl\u00e1sico sobre el esp\u00edritu l\u00fadico del holand\u00e9s Johan Huinzinga&nbsp;<em>Homo Ludens<\/em>, publicado en 1938, que sirvi\u00f3 junto a muchos otros materiales de base te\u00f3rica para la&nbsp;<em>New Babylon&nbsp;<\/em>de Constant Nieuwenhuys, comienza estableciendo la genealog\u00eda del sujeto del que trata como una especie de evoluci\u00f3n desde el&nbsp;<em>homo sapiens<\/em>, al&nbsp;<em>homo faber<\/em>, que no es otro que el artesano reconvertido en obrero, hasta el&nbsp;<em>homo ludens<\/em>&nbsp;o sujeto postindustrial beneficiario del estado del bienestar, un modelo socioecon\u00f3mico actualmente, al parecer, en crisis definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Constant culmina en sus dist\u00f3picas visiones urbanas ciertos principios enunciados por el llamado \u201cUrbanismo Unitario\u201d de Ivan Chtcheglov, publicados en el primer n\u00famero del \u00f3rgano editorial del Situacionismo, donde se definen cuatro principios para el&nbsp;<em>homo ludens<\/em>&nbsp;que, con el tiempo y a su propio pesar, han pasado a convertirse en retratos perfectos de un tipo de ambiente artificial y de una subjetividad asociada que bien podr\u00edan figurar en la agenda de un cazatalentos empresarial o de un avispado comisario de arte contempor\u00e1neo: primero la situaci\u00f3n construida, un momento de la vida concreta y deliberadamente construido por la organizaci\u00f3n colectiva de un ambiente unitario y un juego de eventos; segundo la psicogeograf\u00eda, el estudio de los efectos espec\u00edficos del entorno geogr\u00e1fico, conscientemente organizados o no, sobre el comportamiento y las emociones del individuo; tercero la deriva, un modo de comportamiento experimental urbano, una t\u00e9cnica de pasaje de transici\u00f3n a trav\u00e9s de diversos ambientes; y cuarto el urbanismo unitario, la teor\u00eda del uso combinado del arte y las t\u00e9cnicas para la construcci\u00f3n integral de un medio en relaci\u00f3n din\u00e1mica con experimentos comportamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Que sean estos principios de puesta en valor de lo l\u00fadico como cr\u00edtica radical hacia los modos de organizaci\u00f3n del capital lo que ha experimentado una deriva hasta llegar a la completa inversi\u00f3n es un hecho que, m\u00e1s que conducir al lamento gregario de la mera denuncia, debe conducir a la revisi\u00f3n de tales principios, para restablecer, en lo posible, sus capacidades instituyentes. Por tanto, partiendo de la premisa de que la defunci\u00f3n del&nbsp;<em>homo ludens&nbsp;<\/em>(y por consiguiente del estado de bienestar como modelo de soberan\u00eda) no est\u00e1 exenta de intereses ideol\u00f3gicos bastante obvios, consideraremos hip\u00f3tesis de trabajo que defienden al&nbsp;<em>homo ludens<\/em>&nbsp;de esa defunci\u00f3n a la que esta inversi\u00f3n le quiere someter a cualquier precio.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo al p\u00e1rrafo inicial del estudio de Caillois, si el juego no produce ni bienes ni obras, es decir nada desde este punto de vista puramente industrial, cabe preguntarse si su supuesto contrario el trabajo, en un modelo de pensamiento t\u00edpicamente occidental, el dial\u00e9ctico, produce autom\u00e1ticamente tales bienes u obras que bajo esta l\u00f3gica impecable deber\u00eda producir. El trabajo, como es bien sabido, puede y de hecho es en muchas ocasiones actuado, por lo que no ser\u00eda descabellado afirmar que un porcentaje muy relevante del tiempo de trabajo conduce a la producci\u00f3n de m\u00e1s tiempo de trabajo exclusivamente, ni de bienes ni de obras, de modo estrictamente paralelo a como el incremento de consumo conduce a una mayor producci\u00f3n, por lo que en estas condiciones ambos estar\u00edan subsumidos en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>En un an\u00e1logo perfecto al fen\u00f3meno descrito por Ferlosio respecto al par producci\u00f3n-consumo, cabe afirmar que el par trabajo-juego ha desembocado en otra totalizaci\u00f3n, al considerar y medir el trabajo seg\u00fan par\u00e1metros que son, por definici\u00f3n, propios del juego, tales como la intransitividad, la ausencia de sentido teleol\u00f3gico, la circularidad, la absoluta indiferencia por lo externo a \u00e9l o la condici\u00f3n autot\u00e9lica de la suspensi\u00f3n temporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Ferlosio habla en consecuencia de dos tipos de tiempo en&nbsp;<em>God and Gun. Apuntes de Polemolog\u00eda<\/em>,&nbsp; de 2008: el tiempo adquisitivo, que define como el que \u201ccorre por un todav\u00eda no y se cumple y corona en un ya\u201d, y el tiempo constitutivo, aquel que \u201cse desliza por un todav\u00eda y cesa en un ya no\u201d. El primero ligado al Sentido y la Historia, propio de los juegos deportivos, en su d\u00eda perfectamente caracterizados por Huizinga como juegos agonales o de competici\u00f3n en los que el resultado depende directamente de la inversi\u00f3n de esfuerzo; el segundo a los juegos anag\u00f3nicos, del que pone el ejemplo del patinaje, donde la inversi\u00f3n de energ\u00eda y esfuerzo es inversamente proporcional al efecto cin\u00e9tico producido. El juego anag\u00f3nico \u201cse contin\u00faa a s\u00ed mismo, quiere precisamente continuar, no cesar y, sobre todo, no cambiar, seguir como en un ahora que se mantuviese girando sobre s\u00ed mismo.\u201d As\u00ed visto, el llamado \u201ctrabajo inmaterial\u201d de la contemporaneidad,&nbsp; en igual medida en \u00e1mbitos financieros como en \u00e1mbitos art\u00edsticos, no dista mucho de este retrato del patinaje, se practica en un tiempo constitutivo pleno (si es descrito desde el punto de vista del trabajador evidentemente), y habr\u00eda reconfigurado completamente la alt\u00edsima rentabilidad energ\u00e9tica que caracteriza el juego anag\u00f3nico del patinaje: si con poca inversi\u00f3n energ\u00e9tica se da un alto cinetismo, \u00bfqu\u00e9 impide elevar la inversi\u00f3n para lograr un m\u00e1ximo agonal? El tiempo constitutivo es puesto a trabajar, en un claro proceso de apropiaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solo los ni\u00f1os juegan a trabajar, sino que una parte del tiempo de trabajo, cada vez m\u00e1s, se emplea precisamente en cuatro funciones primordiales que constituyen la subjetividad del trabajador: crear la ficci\u00f3n de la ocupaci\u00f3n, mantenerse ocupado bajo condiciones agonales, generar productividad incluso desde el azar mediante la improvisaci\u00f3n y originar sensaciones vertiginosas.&nbsp;<em>Mimicry<\/em>&nbsp;o ficci\u00f3n, del lat\u00edn&nbsp;<em>in-lusio<\/em>: entrar en juego, creer una ilusi\u00f3n a sabiendas, se relaciona con el creer, con el desempe\u00f1o de roles, con el disfraz y lo teatral.&nbsp;<em>Agon<\/em>&nbsp;o competici\u00f3n, del griego para contienda o disputa, se relaciona con la competitividad y la igualdad de oportunidades creada artificialmente, como regla, como condici\u00f3n de enfrentamiento alrededor de una \u00fanica cualidad: rapidez, resistencia, vigor, memoria, habilidad o ingenio ejercida sin ayuda exterior alguna.&nbsp;<em>Alea<\/em>&nbsp;o azar, del griego para juego de dados, implica la puesta en juego del azar en oposici\u00f3n conceptual al agon, que implica un cierto&nbsp;<em>know how<\/em>&nbsp;donde las decisiones no dependen del jugador, sino de factores externos al juego mismo y a su reglamentaci\u00f3n, y que en t\u00e9rminos agonales implica retarse a uno mismo ante el azar como rival.&nbsp;<em>Ilinx<\/em>&nbsp;o v\u00e9rtigo, del griego remolino de agua, implica el v\u00e9rtigo fisiol\u00f3gico en paralelo a un v\u00e9rtigo de orden moral, el riesgo, el espasmo, el trance, el p\u00e1nico, el aturdimiento y cierta capacidad destructiva, sin objetivo por tanto salvo la subversi\u00f3n y el placer voluptuoso de la experiencia del l\u00edmite. Estas son las cuatro categor\u00edas con que Caillois present\u00f3 su taxonom\u00eda de los juegos. Y todas ellas, no solo la condici\u00f3n agonal, que claramente establecer\u00eda una relaci\u00f3n clara y directa entre juego y trabajo, pasan a ser objeto de trabajo en la l\u00f3gica intransitiva de la productividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el trabajo guarda una cierta relaci\u00f3n de identidad parcial con el instinto agonal de los juegos, y emplea la competitividad para el objetivo finalista de la acumulaci\u00f3n, no es menos cierto que con la inversi\u00f3n detectada por Ferlosio se explica la mutaci\u00f3n del impulso agonal del \u00e1mbito industrial y empresarial en impulso de&nbsp;<em>mimicry<\/em>, de modo que se act\u00faa cada vez m\u00e1s tiempo y cada vez m\u00e1s veros\u00edmilmente el hecho mismo del trabajo, incluso si \u00e9ste \u201cno produce ni bienes ni obras\u201d, sino simplemente el mantenimiento de un dispositivo, sea cual sea. En el \u00e1mbito art\u00edstico tambi\u00e9n puede identificarse una mutaci\u00f3n an\u00e1loga entre impulsos, pero se tratar\u00eda de la mutaci\u00f3n inversa: del impulso imitativo y generador de ilusi\u00f3n propio del arte preocupado por la generaci\u00f3n de obras al impulso agonal, una vez que el arte abandona sus tradicionales funciones imitativas, capaces de generar ficciones y mundos paralelos, para erigirse en el taqu\u00edgrafo de la sociedad y en el agente privilegiado de cr\u00edtica y de comentario, rechazando cualquier forma de obra por considerarla producto del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este rechazo a la obra como producto del trabajo en el artista contempor\u00e1neo tiene una clara explicaci\u00f3n y entra\u00f1a un cierto contenido parad\u00f3jico. Ferlosio ha distinguido entre bienes y valores discutiendo la&nbsp;<em>Filosof\u00eda de la Historia<\/em>&nbsp;de Georg Wilhelm Friedrich Hegel en&nbsp;<em>God and Gun<\/em>. En su cr\u00edtica, enfocada a la idea de \u201cdestino\u201d hist\u00f3rico, es decir a la inevitabilidad de lo acaecido e incluso de lo a\u00fan por acaecer en aras de un Sentido hist\u00f3rico, Ferlosio asigna al Sentido defendido por Hegel una cualidad de \u201ccumplimiento de algo interno\u201d, es decir, un funcionamiento que excluye la contingencia, como algo externo, encarnada en los principios del azar y la necesidad. La idea de valor cae, en este esquema, del lado del Sentido, mientras que la de bien lo hace del lado de la contingencia. La belleza f\u00edsica es el m\u00e1ximo exponente de un bien, es algo que viene dado, que no se gana, y la riqueza producto del trabajo lo es del valor. Una tierra f\u00e9rtil es un bien, una bien planificada cosecha un valor. A este respecto escribe Ferlosio:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cLa moneda idelol\u00f3gica del Sentido perpetra el fraude de querer resarcir con valores de sentido a los que sufren la carencia de unos bienes de los que por la propia violencia depredadora del Sentido han sido despojados. En esto est\u00e1 la diferencia entre bienes y valores: el Sentido, la marcha de la historia, que avanza depredando y destruyendo los bienes de la vida temporal, lanza a la vez, por as\u00ed decirlo, emisiones de valores, destinados a resarcir la p\u00e9rdida de sus bienes al despojado, convirti\u00e9ndolo en inversor y en accionista de su propia Empresa\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed pues el rechazo de las vanguardias al arte como producto, a la obra, al arte-valor. Pero si el rechazo y la negativa no distingue entre valor y bien, produce una nueva totalizaci\u00f3n, porque incorpora la belleza al mercado de valores en su cr\u00edtica global. La cuesti\u00f3n es si la forma art\u00edstica es considerada por el artista como bien o como valor, y el hecho de que la anti-forma, como voluntad art\u00edstica, implica una cr\u00edtica hacia la forma entendida como valor exclusivamente, llevando impl\u00edcita una negaci\u00f3n de la idea de bien en relaci\u00f3n al arte.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s, que estos vectores cr\u00edticos hayan experimentado una inversi\u00f3n no deber\u00e1 llevar a la inmediata y l\u00f3gica consecuencia de invalidarlos por completo. El propio Caillois determina, junto a esa clasificaci\u00f3n de cuatro impulsos, dos tendencias que, combinadas con esos cuatro impulsos o vectores antes mencionados, proporcionan, en clave casi estructuralista, un cuadro combinatorio total: la&nbsp;<em>paidia<\/em>&nbsp;o tendencia al caos, la entrop\u00eda y la turbulencia; y el&nbsp;<em>ludus<\/em>&nbsp;o tendencia a un orden finalista o teleol\u00f3gico de equilibrio no necesariamente duradero ni estable. Si Huizinga se centr\u00f3 claramente en determinar una definici\u00f3n del juego desde el&nbsp;<em>ludus<\/em>, al presentar el juego como proto-cultura, Caillois complet\u00f3 el cuadro desde su afiliaci\u00f3n vanguardista al surrealismo, al compensarlo introduciendo el impulso de azar subrepticiamente evitado por Huizinga, y la tendencia a la&nbsp;<em>paidia<\/em>, veladamente criticada en las conclusiones finales del gran estudio de Huizinga, que cierra en clave admonitoria se\u00f1alando los peligros de infantilizaci\u00f3n y trivialidad a que ve\u00eda abocada la sociedad contempor\u00e1nea con sus excesos l\u00fadicos.<\/p>\n\n\n\n<p>La ausencia de fronteras entre trabajo y juego, esencial en la defensa liberal de la flexibilidad laboral pero tambi\u00e9n caracter\u00edstica de la cr\u00edtica negativa de la vanguardia hist\u00f3rica, presenta por tanto un lado oscuro que a estas alturas resulta evidente. La promesa de liberaci\u00f3n del yugo laboral anunciada por el&nbsp;<em>homo ludens<\/em>&nbsp;de&nbsp;<em>New Babylon<\/em>, donde sus habitantes deambulaban eternamente por unos espacios donde no exist\u00eda producci\u00f3n ni consumo en permanente deriva psicogeogr\u00e1fica, se ha encarnado en el motto de \u201cp\u00e1satelo bien trabajando en lo que te gusta\u201d, es decir, diluye por completo la frontera entre trabajo y no-trabajo, lleg\u00e1ndose a incorporar la l\u00f3gica del juego dentro de la del trabajo y con ello eliminando la m\u00e1s genuina de las caracter\u00edsticas del juego, su acotaci\u00f3n espacio-temporal, la delimitaci\u00f3n clara y rotunda de su campo. En resumen, el juego ha sido absorbido completamente por el trabajo, haciendo del trabajo una totalizaci\u00f3n en la que el juego queda parad\u00f3jicamente inscrito.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, digna de los modelos de laboratorio de ingenier\u00eda social y su genealog\u00eda, que nos lleva desde el falansterio de Charles Fourier o las utop\u00edas urbanas del Socialismo ut\u00f3pico reformista hasta la oficina de Google, pasando por los contenedores sociales rusos y la futurista oficina corporativa norteamericana como ap\u00e9ndice de la casa suburbana electrificada y segura ante la amenaza nuclear, no cabe vuelta atr\u00e1s. S\u00f3lo desde la asimilaci\u00f3n de este fen\u00f3meno sin nostalgia puede ser posible intentar ofrecer alguna respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La disoluci\u00f3n entre trabajo y juego es por tanto, y hasta cierto punto, un doble juego. De una parte un proceso de absorci\u00f3n de la estrategia del productivismo, de otra un residuo del leitmotive de la vanguardia hist\u00f3rica y la neo-vanguardia arte=vida. Las vanguardias hist\u00f3ricas y las neovanguardias fueron formas de cr\u00edtica negativa del productivismo capitalista cuya genealog\u00eda podr\u00eda remontarse al Romanticismo alem\u00e1n. Jordi Claramonte, en&nbsp;<em>La Rep\u00fablica de los Fines. Contribuci\u00f3n a una cr\u00edtica de la autonom\u00eda del arte y la sensibilidad<\/em>, de 2010, lo analiza muy cuidadosamente. En su an\u00e1lisis, entre otras cosas, se recorren dos modelos hist\u00f3ricos de autonom\u00eda est\u00e9tica, que \u00e9l denomina, respectivamente, autonom\u00eda ilustrada y autonom\u00eda moderna. En la primera, y con el objetivo de una emancipaci\u00f3n del pensamiento teol\u00f3gico ligado a las formas de gobierno absolutistas, se produce la \u201ctraslaci\u00f3n\u201d del \u201cprincipio dinamizador por el que se postula que las criaturas naturales son capaces de crecer y desarrollarse seg\u00fan patrones internos espec\u00edficos\u201d a la esfera social, de modo que el hombre social emancipado en paralelo a la criatura natural, adquiere la capacidad de producir \u201cuna esfera p\u00fablica de discusi\u00f3n y goce est\u00e9tico, capaz de existir, como una peque\u00f1a sociedad civil hetaut\u00f3noma, frente al poderoso aglomerado absolutista formado por la unidad Naturaleza, Raz\u00f3n y Estado\u201d. Por su parte, la autonom\u00eda moderna \u201cse basar\u00e1 en la b\u00fasqueda y explotaci\u00f3n de filones de negatividad y que identificara lo art\u00edstico con el reverso de la moneda de normalidad acu\u00f1ada por la sociedad burguesa instituida\u201d, obviamente, por la autonom\u00eda ilustrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la Ilustraci\u00f3n y la modernidad la cultura occidental desarroll\u00f3 formas de procedimiento aut\u00f3nomas al ser una especie de esfera separada del mercado de la vida cotidiana, pero en alg\u00fan momento, que algunos autores ubican tras la segunda guerra mundial, la cultura se reorganiz\u00f3 para ser subsumida en lo real, y se la consider\u00f3 un agente poderoso para la producci\u00f3n en sentido literal, y no ya como la mera reproducci\u00f3n o la m\u00edmesis idealizada de tal cosa llamada lo real. Como tal, la cultura se convierte en otro proceso de producci\u00f3n de relaciones de mercado, tal y como se\u00f1alaron Theodor Adorno y Max Horkheimer en su&nbsp;<em>Dial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n<\/em>&nbsp;en 1944 tratando el mismo problema en el contexto del capitalismo corporativo en relaci\u00f3n con formas totalitarias de gobierno en ocasiones, como la norteamericana, democr\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fredric Jameson nombr\u00f3 cabalmente la absorci\u00f3n de estos filones negativos en el nuevo orden mundial contempor\u00e1neo del posmodernismo: capitalismo cultural, caracterizado por, entre otras cosas, una serie de mediaciones entre la econom\u00eda y la est\u00e9tica. Bajo el r\u00e9gimen posmoderno del capitalismo cultural toda forma de cr\u00edtica negativa fracasa, ya que la producci\u00f3n negativa y la superproducci\u00f3n de otredad y diferencia es inmediatamente transformada en otra forma de totalizaci\u00f3n. Uno de los ejemplos m\u00e1s clamorosos, entre muchos, se circunscribe al proceso mediante el cual la arquitectura se transform\u00f3 en una nueva totalizaci\u00f3n: el dise\u00f1o como&nbsp;<em>gesamtkunstwerk&nbsp;<\/em>&nbsp;posmoderno. Este fen\u00f3meno de absorci\u00f3n hace que todo sea realmente dise\u00f1ado en nuestro entorno cotidiano, de modo que, cono ha se\u00f1alado Bruno Latour en una conferencia de dise\u00f1o celebrada en 2008:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cel dise\u00f1o se ha expandido continuamente hasta que exponencialmente implica a la propia sustancia de la producci\u00f3n. Lo que es m\u00e1s, el dise\u00f1o se ha extendido desde los detalles de los objetos cotidianos hasta las ciudades, los paisajes, las naciones, las culturas, los cuerpos, los genes y la propia naturaleza\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>No se trata de que en tanto que pr\u00e1cticas art\u00edsticas, el dise\u00f1o y la arquitectura sean un reflejo del orden cultural del capitalismo tard\u00edo, sino que en tanto pr\u00e1cticas art\u00edsticas pertenecen a dicho orden y ayudan a configurarlo, dificultando la identificaci\u00f3n de qu\u00e9 es cultura y qu\u00e9 es capital. Por tanto si la cultura es el nuevo trabajo, la arquitectura, el dise\u00f1o y el arte, como cualquier otra forma de pr\u00e1ctica cultural, no pueden ser excluidos de este fen\u00f3meno. An\u00e1logamente el juego ha sido absorbido en las pr\u00e1cticas laborales perdiendo su condici\u00f3n de isla, dado que la l\u00f3gica cultural del capitalismo flexible ha puesto el impulso l\u00fadico a trabajar despu\u00e9s del declive del capitalismo corporativo localizado, mediante la coalescencia del artista y el hombre-red, el consumidor y el productor, el jugador y el trabajador, en entornos deslocalizados y organizados en red, que es la forma organizativa hegem\u00f3nica hoy de igual manera en \u00e1mbitos empresariales y art\u00edsticos o culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal y como argument\u00f3 en 2001 Brian Holmes en&nbsp;<em>The Flexible Personality<\/em>, gracias a la apropiaci\u00f3n de la caja de herramientas t\u00edpica de la personalidad de la neovanguardia y transmutados sus valores cr\u00edticos en valores de consumo se forja esa \u201cpersonalidad flexible\u201d caracterizada por la movilidad extensiva, el borrado de fronteras entre el espacio-tiempo del trabajo, la horizontalidad acarreada por la eliminaci\u00f3n de la jerarqu\u00eda empresarial, la fluidez relacional y la creatividad, la novedad y el car\u00e1cter \u00fanico. Caracter\u00edsticas todas ellas que recuerdan con mucho las de aquel&nbsp;<em>homo ludens<\/em>&nbsp; de&nbsp;<em>New Babylon<\/em>&nbsp;al que, sin embargo, se le impone un sentido econ\u00f3mico del que antes esta actividad humana quedaba, por definici\u00f3n, excluida, siendo entonces esos valores caracter\u00edsticos y llenos de potencia los del nomadismo, ausencia de especializaci\u00f3n, jerarquizaci\u00f3n clara, estanqueidad de las relaciones sociales, repetitividad del modelo y car\u00e1cter t\u00edpico. De tal manera que, seg\u00fan Holmes:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cUna manera de resumir todas estas ventajas ser\u00eda decir que la organizaci\u00f3n reticular devuelve al empleado o empleada \u2013o, mejor dicho, al prosumidor (productor-consumidor) la propiedad de s\u00ed mismo o de s\u00ed misma que la empresa tradicional buscaba comprar en forma de fuerza de trabajo mercantilizada. La estricta divisi\u00f3n entre producci\u00f3n y consumo tiende a desaparecer y la alienaci\u00f3n parece superarse, dado que los individuos aspiran a mezclar su trabajo con su ocio\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Conviene insistir sin embargo en que, como apunta Ferlosio al describir la inversi\u00f3n del ocio en negocio: \u201cQue el ocio resulte, de hecho, ser la parte de los privilegiados podr\u00e1 en todo caso ser un argumento contra el privilegio, nunca contra el ocio\u201d, a\u00f1adiendo aqu\u00ed: que el juego haya sido invertido hasta mutar en generador de valor, en veh\u00edculo homeost\u00e1tico de hiperpoducci\u00f3n, debe ser un argumento contra la homeostasis de la acumulaci\u00f3n, nunca contra el propio juego.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ello, puede resultar de inter\u00e9s volver a la ra\u00edz del juego, retomando las primeras frases de Huizinga al comenzar su&nbsp;<em>Homo Ludens<\/em>. En la primera p\u00e1gina del texto Huizinga establece dos principios de una importancia capital. El primero es que el juego es siempre acci\u00f3n o&nbsp;<em>performance<\/em>, lo que nos lleva a afirmar que siempre precede al discurso como pr\u00e1ctica. El segundo, derivado de esto, es que, al preceder el juego al discurso, su forma cultural asociada, el rito, precede al mito, la forma asociada al discurso, y no al contrario como hab\u00eda sido convenido en muchas ocasiones en la antropolog\u00eda. Esto implica que la acci\u00f3n y la performance tienen la capacidad instituyente de re-escribir la cultura en todo momento como demostr\u00f3 Arnold van Gennep en 1909. Huizinga no estaba solo en sus afirmaciones, de hecho se vale de una cierta tradici\u00f3n en los estudios antropol\u00f3gicos de los primeros a\u00f1os del siglo XX, que marcaron esta inversi\u00f3n (no debe considerarse la inversi\u00f3n como privilegio de unos sino de todos), una inversi\u00f3n que privilegi\u00f3 el ritual sobre el mito, incluso negando la idea de que el mito es la construcci\u00f3n cultural original y el rito su mera representaci\u00f3n art\u00edstica, su puesta en escena o su replicaci\u00f3n. Con esta inversi\u00f3n, el ritual se postul\u00f3 como el evento originario, con todos los peligros \u2013y las ventajas- que conlleva&nbsp; el proponer un origen, mientras que el mito se postul\u00f3 como la semiotizaci\u00f3n del rito, como su fijaci\u00f3n en el texto, lo cual minimizaba claramente la eficacia de la palabra escrita y privilegiaba el cuerpo en acci\u00f3n como el principal motor cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como Huizinga puede presentar el juego como el origen de la cultura, y es as\u00ed como, sim\u00e9tricamente, dicho protocolo de semiotizaci\u00f3n \u2013la cultura- puede dar lugar a la absorci\u00f3n del juego en s\u00ed. El problema planteado entonces es repensar el proceso de semiotizaci\u00f3n sin considerar que autom\u00e1ticamente implique una disminuci\u00f3n de la performance l\u00fadica en la producci\u00f3n cultural. Desde este punto de vista, el juego y lo l\u00fadico deben considerarse, para poder garantizar su supervivencia, como pr\u00e1cticas incorporadas, no como formas absolutas de pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<div data-wp-interactive=\"core\/file\" class=\"wp-block-file\"><object data-wp-bind--hidden=\"!state.hasPdfPreview\" hidden class=\"wp-block-file__embed\" data=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/02\/JUEGO-TRABAJO-PERFORMANCE.pdf\" type=\"application\/pdf\" style=\"width:100%;height:600px\" aria-label=\"Incrustado de JUEGO-TRABAJO-PERFORMANCE.\"><\/object><a id=\"wp-block-file--media-66313b6d-475c-4749-974d-764ae224171f\" href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/02\/JUEGO-TRABAJO-PERFORMANCE.pdf\">JUEGO-TRABAJO-PERFORMANCE<\/a><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/02\/JUEGO-TRABAJO-PERFORMANCE.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-66313b6d-475c-4749-974d-764ae224171f\">Descarga<\/a><\/div>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Documentos relacionados<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Proyectos I+D<\/h5>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Imaginarios sociales II: La idea de acci\u00f3n en la sociedad posindustrial. Documentaci\u00f3n, an\u00e1lisis y teor\u00eda de la creaci\u00f3n esc\u00e9nica contempor\u00e1nea.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Quesada, 2014<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":5732,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[506,21,525],"tags":[113,143,312],"class_list":["post-8778","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-2012-imaginarios-sociales-ii","category-textos-es","category-textos-fernando-quesada","tag-juego","tag-precariedad","tag-trabajo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8778","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8778"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8778\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8780,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8778\/revisions\/8780"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5732"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8778"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8778"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8778"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}