{"id":8349,"date":"1998-04-11T19:52:00","date_gmt":"1998-04-11T17:52:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=8349"},"modified":"2026-02-22T13:50:51","modified_gmt":"2026-02-22T12:50:51","slug":"desordenes-para-un-cuarteto-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/1998\/04\/11\/desordenes-para-un-cuarteto-2\/","title":{"rendered":"Des\u00f3rdenes para un cuarteto (rese\u00f1a)"},"content":{"rendered":"\n<h1 class=\"wp-block-heading\">de <a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/1998\/01\/26\/olga-mesa\/\" data-type=\"post\" data-id=\"1814\">Olga Mesa<\/a>.<\/h1>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez. 1998<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Creaci\u00f3n de un espacio extra\u00f1ado, donde la geometr\u00eda, marcada con tiza por cuatro cuerpos-persona, es atravesada, transgredida por el impacto de la violencia, del sentimiento, de la presencia no-conforme. El desorden no es alegre, es producto de una necesidad, o de una imposibilidad: la de acomodar nuestra materia a las formas que pretendemos autoimponernos; y su exhibici\u00f3n no es celebraci\u00f3n festiva, ni siquiera resignada, sino, m\u00e1s bien, descubrimiento doloroso de una negaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se parte de la soledad, ojos cerrados, lo insondable de lo \u00edntimo. S\u00f3lo vale lo visible. Se parte de la confrontaci\u00f3n de cuatro mundos que respectivamente se observan, se rozan, se agreden, se consuelan. Esos cuatro mundos encarnados en cuerpos-persona estudian respectivamente sus angustias, sus limitaciones f\u00edsicas, sus puntos de placer, sus risas, su resto incontrolable. Surgen espont\u00e1neamente interrelaciones marcadas por la sospecha, por el abandono al azar o a lo inesperado, asumiendo la imposibilidad de una comunicaci\u00f3n verdadera, reconociendo lo indescifrable de los lenguajes que cada uno pretende emplear como propios.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, esos cuerpos-persona conforman un solo espacio que ellos mismos al principio pretendieron ordenar. Sabemos tambi\u00e9n, por la pel\u00edcula que se proyecta constantemente al fondo, que convivieron en una casa de campo, que se rieron, que se abrazaron, que se ba\u00f1aron desnudos en el mar, que contemplaron juntos paisajes y amaneceres, que escucharon los mismos sue\u00f1os y que unos a otros se contaron historias y se cantaron canciones que fragmentariamente nos transmiten.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En&nbsp;<em>Esto no es mi cuerpo<\/em>, Olga se lanzaba contra el suelo, retorc\u00eda su cuerpo hasta alcanzar posiciones forzadas, como de mu\u00f1eco de trapo, se levantaba en un gesto contorsionado y provocador; provocaba sobre todo a su propio cuerpo, tal vez queriendo mostrar la limitaci\u00f3n que resulta de la unidad indisoluble de cuerpo y alma, pero en un gesto desesperanzado, angustiado, como el de aquel que muestra sus heridas: \u00abesto no es mi cuerpo: esta soy yo\u00bb; o tambi\u00e9n: \u00abesto no es mi cuerpo: es tu cuerpo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Convertida la negaci\u00f3n en cuarteto, se rompe la angustia solipsista, aunque sea meramente por la confrontaci\u00f3n con la soledad del otro, que da lugar a interrelaciones extra\u00f1adas, que sigue dando lugar tambi\u00e9n a desequilibrios, contorsionismos, negaciones de los sentidos: tapo mis ojos, presiono mi mejilla, estrujo mi cabeza, hundo mi culo. Extra\u00f1amientos del propio cuerpo que conducen a la obscenidad. \u00bfQu\u00e9 es la obscenidad sino el extra\u00f1amiento de la sensualidad? Huelo la naranja con la que unges tu cuerpo y recuerdo mi infancia, ma\u00f1anas de pensamiento y tardes de amor; sin embargo, me repugna c\u00f3mo ella chupa tu cuerpo, me sorprende c\u00f3mo t\u00fa tocas su pecho, ella lame tu sobaco y se mete en la nariz tu dedo. Vuestra desviaci\u00f3n impacta mi conciencia, que despierta animada por vuestra valent\u00eda. Sobre todo, hab\u00e9is atrapado mi mirada que apenas de reojo adivina el sufrimiento de las otras, \u00bfo es meramente trabajo? (\u00bfal mismo tiempo no se divierten?).<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El exceso conduce a la calma. Descubro: cuatro personas-cuerpo que descansan en movimiento, me hablan, su cuerpo es tambi\u00e9n mi cuerpo, su persona aspira a comunicar con mi persona, silenciosamente, juegan, y en el juego reconocen la insignificancia de su propia identidad, la insignificancia del dolor en un mundo abierto a la interpenetraci\u00f3n de otras personas-cuerpo. Alegre desvelamiento del ser, positivo descubrimiento de la colectividad donde el desorden se convierte en estrategia de encuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final, el espacio desaparece, desaparece el extra\u00f1amiento. Queda una llamada desde la soledad compartida, queda un mirar al otro con la intenci\u00f3n de ser tambi\u00e9n otro, pero queda tambi\u00e9n la irrenunciable afirmaci\u00f3n de la diferencia: un coraz\u00f3n acelerado, ese coraz\u00f3n que nunca podr\u00eda ser m\u00edo, ese coraz\u00f3n que es ella misma. \u00bfAcaso yo no tengo coraz\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acceder al interior del otro a trav\u00e9s de los instrumentos que nos hablan en la distancia, horadar la carne mediante la presi\u00f3n y la violencia, descubrir la persona-cuerpo mediante su ubicaci\u00f3n en un espacio y en una situaci\u00f3n ajenas, expropiado-a de su imagen habitual gracias a un traje que fuerza la expresi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La atm\u00f3sfera est\u00e1 plagada de ruidos, las secuencias de desviaciones, la forma de procesos, el espacio de agujeros, la danza de imperfecciones, lo mismo que nuestros sentidos, nuestros \u00f3rganos, nuestra experiencia, nuestro coraz\u00f3n y nuestros pensamientos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de la pieza de Olga Mesa. Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez. 1998<\/p>\n","protected":false},"author":285,"featured_media":1838,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,224],"tags":[358,357],"class_list":["post-8349","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","category-textos-de-jose-a-sanchez","tag-desorden","tag-soledad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8349","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/285"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8349"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8349\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9016,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8349\/revisions\/9016"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1838"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8349"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8349"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8349"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}