{"id":6436,"date":"2015-06-24T19:01:00","date_gmt":"2015-06-24T17:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=6436"},"modified":"2026-02-04T18:06:48","modified_gmt":"2026-02-04T17:06:48","slug":"teatro-y-fascismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2015\/06\/24\/teatro-y-fascismo\/","title":{"rendered":"Teatro y fascismo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2004\/01\/13\/jose-a-sanchez\/\" data-type=\"post\" data-id=\"5613\">Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez<\/a>. 2015<\/h4>\n\n\n\n<p>Paso de Gato, abril-junio, 2015, pp. 44-46<\/p>\n\n\n\n<p>El fascismo nos vuelve a amenazar, nunca se fue. El fascismo fue el gran invento pol\u00edtico del siglo XX, al igual que el socialismo lo fue del XIX. El socialismo trat\u00f3 de luchar contra el fascismo, pero se encontraba en desventaja hist\u00f3rica con \u00e9ste, y s\u00f3lo lo consigui\u00f3 transmut\u00e1ndose en totalitarismo. Los nuevos socialismos tomaron el relevo y lograron \u00e9xitos parciales. La resistencia contra el fascismo en el siglo XXI s\u00f3lo puede darse como implicaci\u00f3n en iniciativas radicalmente democr\u00e1ticas. Al gobierno del capital, que reduce los cuerpos a m\u00e1quinas de deseos programados, y al gobierno del terror, que reduce los cuerpos a carne, s\u00f3lo se puede responder con el gobierno de la gente, que nunca dej\u00f3 de ser una multitud de cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe un fascismo de guante blanco, el de aquellos viajan en aviones privados y que para seguir haci\u00e9ndolo deben limitar dr\u00e1sticamente los derechos de quienes viajan en turista y de quienes quedaron abajo. Existe un fascismo de palabra engatusadora, el de los que venden la felicidad a los propios y fomentan el odio hacia los extra\u00f1os. Y existe un fascismo de mano sucia el de quienes no reconocen la vida propia en el cuerpo del otro y se acostumbran al maltrato, la violaci\u00f3n, la mutilaci\u00f3n y la muerte. Todos se alimentan de un impulso siniestro que late en los cuerpos, y que puede ser instigado por las f\u00e1bricas de miedos y deseos, pero no con mayor facilidad que pueden ser instigados el impulso emp\u00e1tico, el l\u00fadico, el del asombro o el de la danza.<\/p>\n\n\n\n<p>Boaventura de Sousa Santos analiz\u00f3 las formas de lo que \u00e9l llama \u201cfascismo social\u201d: \u201cfascismo de apartheid\u201d, \u201cfascismo contractual\u201d, \u201cfascismo territorial\u201d. En los tres casos, el fascismo se basa en el arrogamiento de una superioridad de derechos, hasta el punto de negar los derechos de los otros. \u201cComo el fascismo social coexiste con la democracia liberal, el Estado de excepci\u00f3n coexiste con la normalidad constitucional, la sociedad civil coexiste con el Estado de naturaleza, el gobierno indirecto coexiste con el gobierno de la ley.\u201d&nbsp;<a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftn1\">[1]<\/a>Esa democracia con la que el fascismo puede coexistir es lo que en otro tiempo se denomin\u00f3 \u201cdemocracia formal\u201d; es la que traiciona los principios b\u00e1sicos de igualdad y fraternidad y que se deja regir por quienes est\u00e1n en condiciones de imponer su poder social afianzado en la violencia; la violencia del dinero, de las armas, de las fronteras, de los muros.<\/p>\n\n\n\n<p>La democracia formal puede coexistir con el fascismo porque \u00e9ste ya no necesita disciplinar militarmente los cuerpos para asegurar la potencia de la masa. \u201cEl control de la sociedad sobre los individuos\u201d, advirti\u00f3 l\u00facidamente Foucault, \u201cno solo se lleva a cabo mediante la conciencia o la ideolog\u00eda, sino tambi\u00e9n en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista, lo m\u00e1s importante es la biopol\u00edtica, lo biol\u00f3gico, lo som\u00e1tico, lo corporal\u00bb<a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftn2\">[2]<\/a>. Las democracias formales son los instrumentos que hacen tolerable el fascismo social. Sin embargo, resultan ineficaces para mantenerlo en los l\u00edmites de riesgo previstos por el capitalismo amable. Una vez liberados, los impulsos fascistas f\u00e1cilmente se desbocan: la codicia, la crueldad y la lascivia engendran monstruos que ni siquiera los defensores de la \u201cmano dura\u201d saben c\u00f3mo embridar.<\/p>\n\n\n\n<p>He comenzado a escribir este texto a bordo de un avi\u00f3n que me transporta de Madrid a Hermosillo, Sonora. A diez mil metros de altura, en el interior de la m\u00e1quina, los cuerpos se vuelven insignificantes. Las luces est\u00e1n apagadas, pero se percibe aqu\u00ed el movimiento de un brazo, una cabeza que asoma, un tronco que se acomoda, una pierna que se estira. Los que viajan en la cabina delantera tienen suerte, la m\u00e1quina ha sido dise\u00f1ada para cuidarlos, y las azafatas procuran que el viaje les resulte lo m\u00e1s agradable. En la cabina trasera, los cuerpos deben luchar por su comodidad, pues el \u00fanico compromiso adquirido es que lleguen con vida a destino, nutridos e hidratados. No hay diferencia evidente entre unos cuerpos y otros; sin embargo, a unos se los cuida y a otros no tanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes fuimos educados en el capitalismo triunfante de las \u00faltimas d\u00e9cadas del veinte nos cre\u00edmos la f\u00e1bula de que en el futuro la cabina ejecutiva se ir\u00eda ampliando y que, con mucho esfuerzo y algo de suerte, tendr\u00edamos acceso a ella: cuando fu\u00e9ramos mayores y nuestros cuerpos ya no tan flexibles, disfrutar\u00edamos de las comodidades que hace cuarenta a\u00f1os estaban reservadas a unos pocos. El otro relato, el de la eliminaci\u00f3n de la cabina ejecutiva y la homogeneidad de los asientos no resultaba tan atractivo, aunque quienes nos rebelamos intelectualmente contra la ilusi\u00f3n capitalista no tuvi\u00e9ramos duda en reconocer la raz\u00f3n que lo sustentaba. Lo que no pod\u00edamos imaginar es que nuestros cuerpos llegar\u00edan a convertirse en el combustible que sigue haciendo funcionar la m\u00e1quina<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca antes he estado en Sonora. Me represento Hermosillo a partir de las amables palabras de quienes me invitan para compartir experiencias sobre pr\u00e1cticas art\u00edsticas. Aunque en mi memoria literaria el desierto es el escenario donde Roberto Bola\u00f1o decidi\u00f3 situar \u201cla parte de los cr\u00edmenes\u201d. Basta recordar el sobrecogedor relato dolorosamente construido por el narrador para que los cuerpos que me rodean dejen de ser bultos y comiencen a tener afectos, miradas, recuerdos, deseos. \u201cQue nadie los toque, porque quien los toque me est\u00e1 tocando a m\u00ed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cr\u00edmenes continuaron, tras la publicaci\u00f3n de la novela, y se expandieron avivados por la impunidad. Los cuerpos de Chihuaha y de Guerrero, sus restos o sus ausencias, se suman a los que cayeron y desaparecieron en la selva Lacandona, en los cerros de Antioquia y el Valle del Cauca, en la sierra de Ayacucho o el desierto de Atacama, pero tambi\u00e9n a los cuerpos sepultados bajo los escombros en Gaza, estrangulados en Indonesia, quemados a sangre fr\u00eda en Nigeria o cosidos por las balas en Siria, a los que esperan desde hace d\u00e9cadas en las fosas comunes con que el ej\u00e9rcito fascista sembr\u00f3 los campos de Andaluc\u00eda, de Arag\u00f3n y Castilla, y a los que flotan en las costas del Mediterr\u00e1neo, v\u00edctimas del sue\u00f1o que les vendi\u00f3 la Europa de los banqueros y de las armas y muros que esa misma Europa fabric\u00f3 contra los sue\u00f1os. Roberto Bola\u00f1o ya no vive para escribir sobre ellos. Uno quisiera que&nbsp;<em>2666&nbsp;<\/em>estuviera en todas las escuelas y en todos las mesillas de hotel, como la&nbsp;<em>Biblia<\/em>o como&nbsp;<em>El Quijote<\/em>, aunque es posible que tampoco nadie la leyera y que su humanidad doliente y vitalista resultara pervertida y apropiada por los enemigos de la dignidad humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Reiter, quien m\u00e1s tarde ser\u00eda conocido como novelista con el nombre de Archimboldi, se vio forzado, como tantos j\u00f3venes alemanes a luchar en las filas del ej\u00e9rcito nazi. Veinte a\u00f1os menor que Bertolt Brecht y sin formaci\u00f3n cultural, no pudo huir, ni siquiera ten\u00eda conciencia pol\u00edtica. \u00c9sta la adquiri\u00f3 m\u00e1s tarde, como espectador de la barbarie de la que \u00e9l mismo era part\u00edcipe. Los cuadernos de Ansky, que a su vez dan cuenta de las creaciones y desgracias de un tal Ivanov, le indicar\u00edan el camino por el que buscar su respuesta. Archimboldi aprendi\u00f3 de aquellos tanto como el propio Bola\u00f1o del teatro organizado por el diablo en la novela de Mijail Bulg\u00e1kov. \u201cPara Iv\u00e1nov un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era b\u00e1sicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad ten\u00eda que saber escuchar y saber actuar en el momento justo.\u201d&nbsp;<a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftn3\">[3]<\/a>Por ello, el prisionero de guerra Reiter no vacil\u00f3 en asesinar a Sammer, un representante de la \u201cbanalidad del mal\u201d, que hab\u00eda liquidado con esfuerzo y diligencia a los quinientos jud\u00edos que, enviados a Auschwitz, hab\u00eda recibido por equivocaci\u00f3n en su peque\u00f1o pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede dejar de sorprender que dos a\u00f1os antes de la invasi\u00f3n nazi de Holanda, Johan Huizinga publicara su c\u00e9lebre libro sobre el juego:&nbsp;<em>Homo ludens&nbsp;<\/em>(1938). La amenaza del Tercer Reich era para entonces m\u00e1s que una posibilidad, la guerra civil espa\u00f1ola entraba en su \u00faltima fase y los intelectuales antisfascistas ya no les quedaba otra salida que el exilio. Tan sorprendente como el hecho de que Huizinga aplicara su erudici\u00f3n a aquel tema resulta que Mijail Bajtin se esforzara en concluir su tesis doctoral sobre el carnaval, el cuerpo grotesco y la risa. Stalin y Hitler hab\u00edan firmado en 1939 un pacto de no agresi\u00f3n, que hab\u00eda permitido la ocupaci\u00f3n de Polonia y las rep\u00fablicas b\u00e1lticas. Unos meses m\u00e1s tarde de que Bajtin leyera su tesis sobre Rabelais, el 22 de junio de 1941, Alemania romp\u00eda el pacto y se adentraba con sus ej\u00e9rcitos en territorio sovi\u00e9tico. \u00bfPor qu\u00e9 dos intelectuales tan brillantes como Huizinga y Bajtin dedicaron su tiempo a escribir sobre el juego y sobre la risa siendo muy conscientes de la amenaza nazi que se cern\u00eda sobre los territorios que habitaban?<\/p>\n\n\n\n<p>Huizinga estaba convencido de que la cultura proven\u00eda del impulso l\u00fadico. Y en tanto la cultura es lo que nos diferencia de otros seres vivos, el juego es tambi\u00e9n aquello que nos hace humanos. El juego es impensable en ausencia de libertad, pero tambi\u00e9n en soledad. Los solitarios no son m\u00e1s que juegos aplazados, del mismo modo que la escritura no es m\u00e1s que copresencia suspendida. No existir\u00eda sin el deseo de compartir con otros. Pero para que el juego funcione debe haber tambi\u00e9n atenci\u00f3n a lo que los otros desean, recuerdan o piensan. El fascista es el mat\u00f3n que pasa por encima de las reglas de juego, que niega la libertad y no reconoce al otro como sujeto de inteligencia y&nbsp; de afecto; lo ve m\u00e1s bien como carne sobre la que acumular su inter\u00e9s, su beneficio, su \u00e9xito. El fascista es tambi\u00e9n aquel que no se r\u00ede con los otros, sino que convencido de la superioridad de su cuerpo, se r\u00ede de los otros y celebra fiestas privadas, protegidas por muros, temeroso de que su cuerpo pueda ser afectado por cuerpos inferiores o simplemente extra\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro de Huizinga no impidi\u00f3 la invasi\u00f3n de Holanda, ni el de Bajt\u00edn los millones de muertos en el frente ruso, ni la invasi\u00f3n de Francia fue detenida por los escritores convocados por la Alianza de Intelectuales Antifascistas en un Congreso al que asisti\u00f3 Brecht, pero no Antonin Artaud, porque consideraba que la cultura luchaba en otro campo, el del propio cuerpo. \u00bfSe equivoc\u00f3 Artaud? \u00bfAcert\u00f3 Brecht exili\u00e1ndose? \u00bfEstaban fuera de la realidad Huizinga y Bajt\u00edn? Reiter mat\u00f3 con sus propias manos a Sammer, el oficial nazi, y despu\u00e9s se hizo escritor. No ocurri\u00f3 al rev\u00e9s. Reiter es un ser imaginado por Bola\u00f1o, que se hizo escritor antes de matar a nadie. \u00bfAcert\u00f3 Bola\u00f1o huyendo de Chile tras su paso fugaz por los calabozos de la dictadura? \u00bfSe equivoc\u00f3 Pedro Lemebel exponiendo su diferencia?<\/p>\n\n\n\n<p>El teatro, como arte del juego y de la risa, planta cara al fascismo reinstaurando la libertad de los jugadores, celebrando la santidad de los cuerpos y derribando los muros que privatizan la imaginaci\u00f3n y la fiesta. Cuando la amenaza de la barbarie se eleva, cuando los cuerpos se acumulan, los artistas, como el resto de ciudadanos, no pueden girar el cuello y mirar a otro lado. Pero \u00bfc\u00f3mo resistir? Podr\u00edan dejar de ser artistas y matar a los nuevos funcionarios del mal. Pero podr\u00edan m\u00e1s bien defender con su propio cuerpo el campo simb\u00f3lico en que son soberanos; negarse a la neutralidad, porque la neutralidad prepara la invasi\u00f3n; impedir que los intrusos establezcan la agenda est\u00e9tica, pues su est\u00e9tica nada tiene que ver con la creaci\u00f3n art\u00edstica; rechazar las invitaciones para participar en fiestas privadas, pues s\u00f3lo se puede considerar fiesta la que re\u00fane a cuerpos iguales en derechos y agentes en su diferencia. Y seguir jugando, y seguir riendo. Bertolt Brecht, aun en los momentos m\u00e1s oscuros, no dej\u00f3 de escribir poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El teatro que resiste la barbarie es una pr\u00e1ctica humanista que sabe de las perversiones del viejo humanismo. Su \u00e9tica ya no es la del rostro, sino la de los cuerpos deseantes. Su po\u00e9tica no es la del duelo, sino la de la celebraci\u00f3n vital. Los cuerpos que participan en ese teatro se resisten a la desaparici\u00f3n trabajando incansablemente sobre s\u00ed mismos en la exploraci\u00f3n de la vida&nbsp;<a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftn4\">[4]<\/a>, disolviendo cualquier pretensi\u00f3n de jerarqu\u00eda e reinstaurando el campo de juego de la inmanencia, en el que existimos en tanto nos sostenemos unos a otros sobre un escenario sin fundamentos. Ese escenario no puede ser expropiado por el inter\u00e9s ni por el terror, es nuestro en tanto nuestra imaginaci\u00f3n colectiva lo mantenga y lo defendamos con nuestra risa. La risa es esa convulsi\u00f3n de m\u00fasculos y membranas que nos define como seres pensantes con anterioridad a la palabra, es el instrumento m\u00e1s simple de generaci\u00f3n de comunidad, en la cual nos constituimos como animales pol\u00edticos. El teatro que resiste a la barbarie es un lugar de cooperaci\u00f3n, donde no es concebible la risa unilateral ni el cuerpo interesado. Es un teatro que se ofrece como lugar de experimentaci\u00f3n simb\u00f3lica de un mundo sin propietarios ni despose\u00eddos, una comunidad de derecho a la que se puede denominar tambi\u00e9n democracia radical.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 A. S\u00e1nchez<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid-Hermosillo, febrero de 2015<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftnref1\">[1]<\/a>Boaventura de Sousa Santos,&nbsp;<em>Descolonizar el saber<\/em>, 48.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftnref2\">[2]<\/a>Foucault:&nbsp;<em>La naissance de la m\u00e9decine sociale\u201d, en Dits et \u00e9crits<\/em>, Paris, Gallimard, 1994, 3, 210.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftnref3\">[3]<\/a>Roberto Bola\u00f1o,&nbsp;<em>2666<\/em>, Anagrama, Barcelona, 2004, 892<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a><a href=\"\/\/2D061500-B81A-478A-A09B-0E973ADB916E#_ftnref4\">[4]<\/a>A. Negri y M. Hardt, Paid\u00f3s, Barcelona, 2005, 85<\/p>\n\n\n\n<div data-wp-interactive=\"core\/file\" class=\"wp-block-file\"><object data-wp-bind--hidden=\"!state.hasPdfPreview\" hidden class=\"wp-block-file__embed\" data=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/01\/Sanchez-JoseaA.2015.03.-Teatro-y-fascismo.pdf\" type=\"application\/pdf\" style=\"width:100%;height:600px\" aria-label=\"Incrustado de Sanchez-JoseaA.2015.03.-Teatro-y-fascismo.\"><\/object><a id=\"wp-block-file--media-40cc66af-a8e0-42a0-a8c0-48a1120ab75f\" href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/01\/Sanchez-JoseaA.2015.03.-Teatro-y-fascismo.pdf\">Sanchez-JoseaA.2015.03.-Teatro-y-fascismo<\/a><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2026\/01\/Sanchez-JoseaA.2015.03.-Teatro-y-fascismo.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-40cc66af-a8e0-42a0-a8c0-48a1120ab75f\">Descarga<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 A. 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