{"id":2776,"date":"2012-09-26T16:57:00","date_gmt":"2012-09-26T14:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=2776"},"modified":"2026-02-15T20:50:14","modified_gmt":"2026-02-15T19:50:14","slug":"reflexiones-sobre-violencia-y-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2012\/09\/26\/reflexiones-sobre-violencia-y-sociedad\/","title":{"rendered":"Reflexiones sobre violencia y sociedad"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">a partir de <a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2011\/09\/26\/san-jeronimo\/\" data-type=\"post\" data-id=\"2772\">San Jer\u00f3nimo<\/a>, de Ang\u00e9lica Liddell<\/h2>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/11\/22\/oscar-cornago\/\" data-type=\"post\" data-id=\"5593\">\u00d3scar Cornago<\/a>. 2012<\/h4>\n\n\n\n<p><em>Revista Afuera. Estudios de cr\u00edtica cultural<\/em>, N\u00fam. 11 (2012).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00bfPor qu\u00e9?&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Esa es la pregunta del dolor.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2003\/07\/05\/angelica-liddel\/\" data-type=\"post\" data-id=\"701\">Ang\u00e9lica Liddell<\/a>, Te har\u00e9 invencible con mi derrota (2010)&nbsp;<strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En su Ensayo sobre los hombres del terror, Enzensberger se refiere a la cantidad creciente de perdedores en un sistema econ\u00f3mico, social y cultural impuesto a nivel mundial v\u00eda capitalismo. La competitividad, que est\u00e1 en la base de su funcionamiento, obliga a participar, quieras o no quieras, para obtener alg\u00fan estatus que oscile entre estos dos extremos: ganador o perdedor. Personas que viv\u00edan dentro de otros sistemas culturales o ajenos a este sistema mundial pasan autom\u00e1ticamente a ser consideradas bajo las nuevas reglas de juego, y o se acomodan, o entran directamente con la etiqueta de perdedores: frustrados, vencidos, v\u00edctimas\u2026 Enzensberger se ocupa de un tipo particular de perdedor, el perdedor radical, cuya personificaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s conocida es el terrorista suicida y cuya identificaci\u00f3n cultural m\u00e1s inmediata procede del mundo \u00e1rabe. Aunque el estudio se centra en este \u00faltimo, consider\u00e1ndolo a la luz del islamismo, y haciendo un balance tras sus \u00faltimos diez siglos de historia, el \u201cperdedor radical\u201d no es un producto exclusivo del islamismo frente a la cultura occidental. El fen\u00f3meno de los \u201clobos solitarios\u201d, como se ha denominado a los asesinos que un d\u00eda irrumpen en el espacio p\u00fablico haciendo una masacre para luego matarse ellos mismos o entregarse a la polic\u00eda, es otra manifestaci\u00f3n del perdedor radical. A uno de estos casos, el del noruego Anders Behring Breivik, que mat\u00f3 a decenas de personas tras un tiroteo indiscriminado sobre los participantes en los campamentos de las Juventudes Laboristas en la isla de Utoya, cerca de Oslo, se refiere Ang\u00e9lica Liddell en San Jer\u00f3nimo, una acci\u00f3n esc\u00e9nica realizada en el 2011 en el Wiener Festwochen. La consigna que oper\u00f3 como punto de partida, como se cuenta en el texto de presentaci\u00f3n 1 Este ensayo se enmarca dentro del proyecto de investigaci\u00f3n \u00abImaginarios sociales II: la idea de acci\u00f3n en la sociedad posindustrial. Documentaci\u00f3n, an\u00e1lisis y teor\u00eda de la creaci\u00f3n esc\u00e9nica contempor\u00e1nea\u00bb, financiado por el Ministerio de Econom\u00eda y Competitividad (HAR 2011-28767). de la obra, fue pensar sobre las \u201cestrategias de supervivencia\u201d, a lo que podr\u00edamos a\u00f1adir: de supervivencia del dolor. La pregunta, sin embargo, no es por el dolor en s\u00ed mismo, sino por la justificaci\u00f3n de ese dolor, por su causa, por la necesidad de representarlo para encontrarle una explicaci\u00f3n, para darle un lugar (en la escena). Esa necesidad \u201cesc\u00e9nica\u201d es, parad\u00f3jicamente, la que causa dolor. Esa es la pregunta que Job le hace a Dios, que el mismo hijo de Dios le hace al padre en un momento de debilidad que lo convierte en humano y que Ang\u00e9lica Liddell retoma al comienzo de Te har\u00e9 invencible con mi derrota, otra acci\u00f3n del a\u00f1o 2010 estrenada en Montemor, Portugal, en la 31 edici\u00f3n de Citemor. Las implicaciones teol\u00f3gicas de la pregunta y de la propia acci\u00f3n de Liddell, donde se intenta una conversaci\u00f3n con la violoncelista Jacqueline Du Pr\u00e9s, muerta en 1987, son evidentes. La raz\u00f3n del dolor, o mejor dicho, su falta de raz\u00f3n genera una rabia interior que lucha por proyectarse hacia fuera, por manifestarse y manifestar su condici\u00f3n social. Inicialmente, podr\u00edamos diferenciar esa rabia de una violencia social o una violencia pol\u00edtica, aunque finalmente todas terminen relacionadas. El dolor, como experiencia f\u00edsica, nos sit\u00faa en el orden de la naturaleza, pero la pregunta por el sentido del dolor, nos coloca en el orden de lo humano, de la naturaleza humana, es decir, de lo social, la moral y la pol\u00edtica. La necesidad de buscar una justificaci\u00f3n a ese dolor, de tratar de comprenderlo a trav\u00e9s de su representaci\u00f3n nos conduce al centro de lo social pero desde un lugar que al mismo tiempo se est\u00e1 escapando. La pregunta por el dolor abre una fisura en el paisaje de la historia. Si el cuerpo es el espacio del dolor \u2014de la experiencia f\u00edsica del dolor\u2014; la escena es el espacio de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia es la cara social del dolor, su proyecci\u00f3n p\u00fablica y en p\u00fablico. Como dice L\u00f3pez Saenz (2006: 385): \u201cel dolor clama por expresarse y traducirse luego a un lenguaje que lo concrete, porque es una experiencia corporal primaria y unitaria que conforma un modo singular de habitar el mundo\u201d. La rabia, y su traducci\u00f3n a trav\u00e9s de la violencia, est\u00e1 ligada a esa representaci\u00f3n imposible del dolor. El dolor en s\u00ed mismo, como parte de la naturaleza, no es violento, lo que resulta violento es la percepci\u00f3n de ese dolor dentro del universo social del que inevitablemente formamos parte. Una enfermedad no es un acto de violencia, la violencia nace de preguntarnos qu\u00e9 sentido tiene esa enfermedad; ah\u00ed nace la rabia. Esa pregunta es lo que nos hace humanos, la pregunta por aquello que excede a nuestra naturaleza, que resulta una amenaza, sin dejar por ello de ser parte de esa misma naturaleza. Esta pregunta, en el orden social, que es desde donde se formula, no tiene respuesta. Las religiones, y despu\u00e9s los Estados, son las tentativas por parte de una sociedad de dar respuesta al problema de la violencia. La necesidad de los mitos y de la historia, y en primer lugar de las historias sagradas, que fueron las primeras, viene dada desde este lugar de cruce entre la condici\u00f3n social y natural del hombre, entre la experiencia del dolor y su lectura dentro de una sociedad. Generalmente se ha tratado de entender la violencia como un instrumento para conseguir algo, valor\u00e1ndola en funci\u00f3n de sus fines. As\u00ed comienza Benjamin su cr\u00edtica de la violencia, poni\u00e9ndola en relaci\u00f3n con el derecho y con la justicia, con la explicaci\u00f3n de que una causa se convierte en violencia \u201cen cuanto se adentra en situaciones morales\u201d (2007: 183). M\u00e1s adelante considera, sin embargo, la posibilidad de una funci\u00f3n no instrumental de la violencia, refiri\u00e9ndose a la ira, \u201cque hace que una persona tenga unos estallidos de violencia que no son medios para el fin propuesto\u201d (2007: 200). La violencia se convierte en un fin en s\u00ed mismo, exteriorizaci\u00f3n de una pasi\u00f3n que supera al individuo. No es casualidad que Sloterdijk dedique uno de sus \u00faltimos libros a este tipo de pasiones que tras una Modernidad saturada de sicolog\u00edas, sociolog\u00edas y filosof\u00edas que han tratado de explicar lo inexplicable en funci\u00f3n del mito del progreso, siguen confront\u00e1ndonos con lo inesperado, lo inesperado dentro de esa historia lineal de avances hacia un punto determinado. En una l\u00ednea de estudio distinta, el fil\u00f3sofo alem\u00e1n agrupa bajo el nombre de explosiones thim\u00f3ticas las manifestaciones de ira, orgullo de s\u00ed mismo, rabia o resentimiento, analizando c\u00f3mo, una vez que estas pasiones dejaron de tener, ya en la antig\u00fcedad, una vinculaci\u00f3n con el mundo superior de los dioses o lo sagrado, se fueron rentabilizando en funci\u00f3n de causas sociales de distinta \u00edndole. El descontento del mundo se revisti\u00f3 de humanidad alimentando los movimientos pol\u00edticos. Una vez que estos han ca\u00eddo en desgracia, aparecen nuevamente liberadas esas pasiones thim\u00f3ticas manifest\u00e1ndose por aqu\u00ed y por all\u00e1 para sorpresa de sic\u00f3logos, soci\u00f3logos, economistas y pol\u00edticos en general. A pesar de tanta previsi\u00f3n, estad\u00edstica, probabilidad y proyectos de futuro, lo inesperado sigue formando parte esencial de la historia que queda por escribir. Hannah Arendt, en su estudio sobre la violencia, escrito al calor de las revueltas sociales de los sesenta, nos recuerda que lo inesperado es una caracter\u00edstica de la acci\u00f3n, la de realizar un corte en la continuidad de los hechos para instaurar un nuevo principio. Aunque la pensadora austr\u00edaca trata igualmente de dar con el relato social que d\u00e9 cuenta de la escalada de violencia de los a\u00f1os sesenta, no deja de apuntar, aunque sea de pasada, que a la condici\u00f3n instrumental de la violencia le acompa\u00f1a parad\u00f3jicamente su condici\u00f3n humana cuando afirma que \u00abel m\u00e1s claro signo de deshumanizaci\u00f3n no es la rabia ni la violencia sino la evidente ausencia de ambas\u00bb (2005: 85).<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"785\" height=\"1024\" data-id=\"741\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-6-785x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-741\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-6-785x1024.jpg 785w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-6-230x300.jpg 230w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-6-768x1001.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-6.jpg 1109w\" sizes=\"auto, (max-width: 785px) 100vw, 785px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"740\" height=\"1024\" data-id=\"740\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5-740x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-740\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5-740x1024.jpg 740w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5-217x300.jpg 217w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5-768x1063.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5-1110x1536.jpg 1110w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-5.jpg 1214w\" sizes=\"auto, (max-width: 740px) 100vw, 740px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"770\" height=\"1024\" data-id=\"739\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1-770x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-739\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1-770x1024.jpg 770w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1-226x300.jpg 226w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1-768x1021.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1-1156x1536.jpg 1156w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-4-1.jpg 1264w\" sizes=\"auto, (max-width: 770px) 100vw, 770px\" \/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>Lo que nos hace inhumanos, en definitiva, es la carencia de pasiones, es decir, de esas fuerzas que nos atraviesan sac\u00e1ndonos de nosotros mismos; lo que nos hace humanos, finalmente, es lo que nos hace ir m\u00e1s all\u00e1 de lo humano. La valoraci\u00f3n que hace del mito del Progreso no puede ser m\u00e1s tajante: \u00abEl Progreso, en realidad, es el m\u00e1s seria y complejo art\u00edculo ofrecido en la t\u00f3mbola de supersticiones de nuestra \u00e9poca\u00bb (2005: 48). La pasi\u00f3n es uno de los elementos que Ang\u00e9lica Liddell ha situado como motor de su trabajo, esto es, como base de la acci\u00f3n, ya sea esc\u00e9nica o social, una pasi\u00f3n que abre puertas para entrar y salir de la Historia. Cuando comienza el mon\u00f3logo de San Jer\u00f3nimo, ella est\u00e1 encerrada junto con un violinista entre cuatro paredes de ladrillo que se han ido construyendo a lo largo de la acci\u00f3n, que no llegar\u00e1 a la hora de duraci\u00f3n. Mientras se van levantando los muros, que la a\u00edslan totalmente del p\u00fablico, el violinista toca de pie junto a Ang\u00e9lica, que permanece sentada, de lado, mirado hacia delante. Cuando ya no se les ve a ninguno de los dos, la m\u00fasica se para y comienza a hablar: Me gustar\u00eda sentirme bien Completamente bien Alg\u00fan d\u00eda Me gustar\u00eda, en serio Pero ya ni siquiera s\u00e9 lo que significa estar bien Como dice m\u00e1s adelante, esto no es ninguna tragedia, sino simplemente una enfermedad. Tiene, por tanto, algo de cotidiano, de natural, de asumido, algo contra lo que no tendr\u00eda sentido tener rabia, puesto que es simplemente as\u00ed; de ah\u00ed el tono con el que dice todo el texto, un tono tranquilo, como quien se dirige a un amigo para contarle cualquier cosa ya asumida. Nada m\u00e1s alejado, aparentemente, de cualquiera de esas pasiones thim\u00f3ticas que hacen que uno se convierta en una suerte de terrorista para uno mismo. La normalidad con la que se dice el texto contrasta, sin embargo, con la ritualidad y la contenida seriedad con la que se desarrolla la acci\u00f3n. El violinista, de cara al p\u00fablico, y ella hier\u00e1tica, mirando hacia la izquierda, mientras poco a poco se va elevando alrededor de ellos las cuatro paredes de ladrillo. Como dec\u00eda Arist\u00f3teles, el origen de la pol\u00edtica est\u00e1 en que el hombre no s\u00f3lo quiere vivir, sino que quiere vivir bien. Esta necesidad es la que convierte al hombre en un ser social, sin embargo, esa necesidad tiene su origen en la propia naturaleza del hombre. El problema (social) no es que el hombre simplemente quiera vivir, conform\u00e1ndose con su existencia biol\u00f3gica, sino que quiere vivir bien. \u00bfQu\u00e9 quiere decir \u201cbien\u201d? El dolor, al ser presentado como enfermedad, remite, por un lado, a una cualidad f\u00edsica, algo que se experimenta con el cuerpo, pero al mismo tiempo se trata de una enfermedad social. La aceptaci\u00f3n por parte de Ang\u00e9lica de ese no sentirse bien como una enfermedad parece restarle dimensi\u00f3n social a su problema. No obstante, su problema, el hecho de no sentirse bien, es tambi\u00e9n lo que le hace estar en escena. La escena, un tipo de espacio que se ha multiplicado en el \u00faltimo siglo, es ya un s\u00edntoma de esta enfermedad social que es la violencia. La ra\u00edz del conflicto se presenta como algo natural, algo innato, que dif\u00edcilmente se va a cambiar; de ah\u00ed su aparente resignaci\u00f3n: \u201cHe aprendido a tratar este asunto como una enfermedad. Creo que eso me ha ayudado. He aprendido a ser una enferma\u201d. Ahora bien, la tranquilidad con la que se expone todo esto choca con lo medido de la propia acci\u00f3n en tanto que dispositivo de comunicaci\u00f3n. Ang\u00e9lica se presenta en un escenario, es decir, delante de un p\u00fablico, se hace p\u00fablica, para encerrarse entre cuatro paredes y hablar desde esa situaci\u00f3n de aislamiento. Estoy hablando con vosotros, pero en realidad no os aguanto es el mensaje que en cierto modo recibe el p\u00fablico, cada vez de manera m\u00e1s clara, m\u00e1s aguda, m\u00e1s incisiva, a medida que avanza el mon\u00f3logo. El dolor de Ang\u00e9lica se convierte en violencia al hacerse p\u00fablico, al hacerse social. Y el p\u00fablico, como Ang\u00e9lica, se termina preguntando tambi\u00e9n por la justificaci\u00f3n de esa violencia art\u00edstica, que remite a un lugar no art\u00edstico; se termina preguntando por la justificaci\u00f3n en definitiva de lo que est\u00e1 presenciando y el sentido que tiene el seguir ah\u00ed sentado en lugar de levantarse y marcharse, como suele ocurrir en alg\u00fan caso. Esa es la eficacia de la obra, el proyectar la pregunta m\u00e1s all\u00e1 del campo art\u00edstico, en cuestionar el mismo sentido de lo art\u00edstico, los l\u00edmites de la propia obra a partir de la obra. Si no fuera as\u00ed, si el acto de violencia llegara a cerrarse sobre s\u00ed mismo, como parte, por ejemplo, de su contenido, ser\u00eda inaceptable. \u00bfPor qu\u00e9 someterse a ese acto de violencia hecho desde la gratuidad que define el arte si efectivamente, como parece afirmarse en la obra, no se justificase desde otro lugar? Por esa cuerda floja, entre el dolor y la representaci\u00f3n imposible del dolor, ha avanzado una gran parte del arte a\u00fan cuando, amparado por los \u00e1mbitos sagrados, no llevaba este nombre. Mientras que el dolor puede considerarse como una reacci\u00f3n natural del cuerpo hacia alg\u00fan tipo de agresi\u00f3n, interna o externa, la violencia nos hace experimentar, tal y como la define el diccionario, algo que \u201cest\u00e1 fuera de su natural estado, situaci\u00f3n o modo\u201d. Sin embargo, los l\u00edmites entre lo natural y lo antinatural est\u00e1n trazados desde el campo social, son hist\u00f3ricos y var\u00edan dependiendo de las \u00e9pocas y las culturas. Morir de una enfermedad natural est\u00e1 asumido como parte de esa misma naturaleza humana, sin que por ello se deje de luchar contra las enfermedades; morir por una bala, ya sea por accidente, como parte de un conflicto pol\u00edtico o por una resoluci\u00f3n legal, es decir, ajusticiado, es en todos los casos un acto de violencia m\u00e1s o menos justificado. La violencia se presenta como un extra\u00f1o puente entre la naturaleza y la sociedad, entre el cuerpo que la sufre f\u00edsicamente y la sociedad frente a la que se muestra ese dolor del que no se puede dar cuenta. Por estar en la ra\u00edz del fen\u00f3meno social, la violencia es tambi\u00e9n fundadora del hecho esc\u00e9nico en lo que este tiene de reflejo y repuesta a la sociedad en la que se genera.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"777\" height=\"1024\" data-id=\"738\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-3-1-777x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-738\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-3-1-777x1024.jpg 777w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-3-1-228x300.jpg 228w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-3-1-768x1012.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-3-1.jpg 1145w\" sizes=\"auto, (max-width: 777px) 100vw, 777px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"664\" height=\"1024\" data-id=\"737\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1-664x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-737\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1-664x1024.jpg 664w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1-194x300.jpg 194w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1-768x1185.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1-995x1536.jpg 995w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-2-1.jpg 1099w\" sizes=\"auto, (max-width: 664px) 100vw, 664px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"770\" height=\"1024\" data-id=\"736\" src=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1-770x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-736\" srcset=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1-770x1024.jpg 770w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1-226x300.jpg 226w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1-768x1021.jpg 768w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1-1155x1536.jpg 1155w, https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-content\/uploads\/sites\/323\/2025\/07\/Liddell-Angelica-san-jeronimo-crucificciones-elif-zilan-1-1.jpg 1264w\" sizes=\"auto, (max-width: 770px) 100vw, 770px\" \/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>La violencia es aquello que rasga la representaci\u00f3n, lo que la pone en evidencia cuestion\u00e1ndola por su lado m\u00e1s terrible, por su falta de sentido. Esta falta de sentido es lo que Ang\u00e9lica escenifica a trav\u00e9s de esta acci\u00f3n de aislamiento. La ficci\u00f3n dramat\u00fargica es el relato enunciado en tiempo presente de dicho conflicto entre el cuerpo y el imperativo social que este asume por vivir en sociedad; es decir, entre su naturaleza fr\u00e1gil y la imposici\u00f3n de una historia de la que forma parte y que le obliga a plantearse el porqu\u00e9 del dolor que siente. El drama es el conflicto de la actuaci\u00f3n, de c\u00f3mo y por qu\u00e9 actuar, de c\u00f3mo presentarme en escena, de c\u00f3mo expresar el dolor, su no coincidencia con esa representaci\u00f3n social, con ese p\u00fablico que est\u00e1 ah\u00ed enfrente escuchando, con esa historia que nunca llegar\u00e1 a justificar lo injustificable. De ah\u00ed lo que mantiene vivo el hacer art\u00edstico, su necesidad de ser injustificable. Hay algo que se est\u00e1 escapando al arte, a la representaci\u00f3n y a la historia, y que sin embargo, cuestionando el propio sentido del arte, de la representaci\u00f3n y de la historia, es lo que les da sentido. Ang\u00e9lica asume la ira como motor de este conflicto dram\u00e1tico, de este desencuentro entre su naturaleza y la sociedad en la que vive, entre ella, encerrada en un cuarto de ladrillos, y el p\u00fablico, al otro lado, pensando lo que est\u00e1 viendo y pens\u00e1ndose a s\u00ed mismo frente a lo que est\u00e1 viendo. El drama solo puede tener lugar en la escena en la que se hace p\u00fablico, en la que el dolor se convierte en violencia. A la violencia social, como dice la autora, se le opone la violencia po\u00e9tica, y la violencia po\u00e9tica sue\u00f1a con hacerse nuevamente social, con ser otra cosa distinta de lo que es, una mera acci\u00f3n art\u00edstica. Acudir a un espacio para presenciar c\u00f3mo la persona que sale a escena se va aislando entre cuatro paredes es un acto de violencia art\u00edstica. Es utilizar un espacio social por definici\u00f3n, como la escena, para hacer algo literalmente antisocial, aislarse; es convocar a un p\u00fablico para decirle no quiero veros m\u00e1s, no os aguanto m\u00e1s. El arte moderno, desde sus or\u00edgenes, se construye desde ese conflicto entre su necesidad de hacerse p\u00fablico, de ser social, y su incapacidad para seguir dando cuenta de esa sociedad si no es a trav\u00e9s de la rabia. Sin embargo, el dolor es necesario; necesario para que lo vivo siga estando vivo, para que lo vivo siga teniendo algo de irrepresentable, de inexplicable, de monstruoso, de sagrado. As\u00ed lo dice Ang\u00e9lica: \u201cS\u00e9 que soy un monstruo. Deber\u00edan haberme encerrado desde que nac\u00ed. Pero no veo el sufrimiento como algo que haya que erradicar\u201d. El mon\u00f3logo acaba con la referencia a la masacre de Utoya, en la que al grito de \u201cDeb\u00e9is morir, deb\u00e9is morir todos\u201d fueron asesinadas 77 personas. Sin embargo, esa fisura en la historia de un pa\u00eds como Noruega, esa cosa inexplicable que aconteci\u00f3 un d\u00eda que tendr\u00eda que haber sido como los dem\u00e1s, es lo que hubiera hecho prescindible la acci\u00f3n de Ang\u00e9lica. \u201cSi nos hubi\u00e9semos cogido de la mano en UTOYA para escapar de las balas no hubiera hecho falta todo esto, ni las bicicletas, ni el muro, ni San Jer\u00f3nimo, nada.\u201d La violencia es aquello que escapa a toda posibilidad de representaci\u00f3n, por eso est\u00e1 en la ra\u00edz de las religiones, y tambi\u00e9n de lo art\u00edstico. Es lo que convierte la vida, parad\u00f3jicamente, en algo sagrado, por la relaci\u00f3n de esta con el dolor, por su posibilidad de dejar de ser no s\u00f3lo vida, sino vida bien vivida, es decir, vida social. Si echamos la vista atr\u00e1s para construir una peque\u00f1a historia, esta acci\u00f3n de Ang\u00e9lica se dejar\u00eda ver como una estaci\u00f3n final de un viaje cuya motivaci\u00f3n siempre ha sido la misma, el dolor de ser social, y de ah\u00ed la ira, la ira que nos hace humanos por ser parte de algo que podr\u00eda y deber\u00eda ser distinto. Esta pasi\u00f3n dolorosa se ha ido justificando desde diversos lugares, sicol\u00f3gicos, morales, sociales, pol\u00edticos, hasta llegar a este acto de desnudamiento, a este final de viaje donde la violencia se mira a s\u00ed misma en un espejo, y lo que se ve reflejado en ese espejo es un patio de butacas con gente mirando y un escenario vac\u00edo, la imposible \u201cnaturalizaci\u00f3n\u201d del ser social del hombre, y su normalizaci\u00f3n como desviaci\u00f3n, como enfermedad. La autorreferencialidad del gesto art\u00edstico, la exposici\u00f3n de su dolor como un lugar que no necesita de ninguna justificaci\u00f3n externa, que no apela directamente a ninguna causa pol\u00edtica, social o sicol\u00f3gica, que no quiere ser tratado ni curado, porque se acepta como una parte esencial de su propia naturaleza humana, termina haciendo presente a trav\u00e9s de su exposici\u00f3n p\u00fablica el dispositivo del que nace, en definitiva, su causa final, el p\u00fablico que est\u00e1 ah\u00ed enfrente mirando. Es una forma inc\u00f3moda, por violenta, y extra\u00f1a a la vez, de implicar al que mira en aquello que est\u00e1 viendo, una escena de dolor de la que el espectador preferir\u00eda no tener que ser testigo p\u00fablico (ser\u00eda m\u00e1s c\u00f3modo si estuviera viendo todo esto en el sal\u00f3n de su casa o delante del ordenador). De este modo, algo tan personal como el dolor se convierte en un arma social, pero tambi\u00e9n al contrario: es ese horizonte social construido a trav\u00e9s de la mirada el que transforma el dolor en un gesto de violencia social y finalmente pol\u00edtico. De entre todos los tipos de violencia sin duda el que m\u00e1s da\u00f1o hace es el m\u00e1s dif\u00edcil de justificar; es por ello tambi\u00e9n que la violencia mientras m\u00e1s gratuita m\u00e1s violenta. Confrontar a esa peque\u00f1a sociedad formada por el p\u00fablico con ese espacio de gratuidad y al mismo tiempo de violencia que es la propia acci\u00f3n de mirar resulta inquietante. En este sentido, la referencia final a un tipo de terrorismo individual que no est\u00e1 directamente vinculado a un grupo pol\u00edtico, es decir, a un movimiento social, aporta un lugar que desde su heterogeneidad choca de una forma singular con el propio lugar que se est\u00e1 construyendo esc\u00e9nicamente, haciendo saltar una chispa que ilumina un nuevo escenario en el que el dolor personal de uno mismo y la mirada social de los otros quedan extra\u00f1amente relacionados.<\/p>\n\n\n\n<p>La difusi\u00f3n medi\u00e1tica, que Ang\u00e9lica como tantos otros internautas tambi\u00e9n ha utilizado a trav\u00e9s de su blog, es un elemento constitutivo de la violencia terrorista en general y especialmente de este terrorismo individual donde la grabaci\u00f3n de la acci\u00f3n que se est\u00e1 realizando y en algunos casos del propio \u201cactor\u201d antes de ejecutarla ocupan un lugar esencial. Los perdedores m\u00e1s peligrosos son los que consideran que ya lo han perdido todo, que no tienen nada m\u00e1s que perder, y solo esperan el momento de dec\u00edrselo a la sociedad, con la que consideran que no tienen nada que ver, de la manera m\u00e1s contundente desde el punto de vista de su comunicaci\u00f3n esc\u00e9nica. A diferencia de otro tipo de \u201cperdedores\u201d, como las v\u00edctimas, los fracasados o los derrotados, \u201cEl perdedor radical, por el contrario \u2014dice Enzensberger (2007: 8)\u2014, se aparta de los dem\u00e1s, se vuelve invisible, cuida su quimera, concentra sus energ\u00edas y espera su hora\u00bb. En estos casos la relaci\u00f3n entre la mirada y el acto violento no puede ser m\u00e1s vinculante, una no existir\u00eda sin la otra. Resulta parad\u00f3jico que una actividad tan identificada con la pasividad como la de ser espectador, aparentemente tan ajena o al menos tan poco responsabilizada de lo que est\u00e1 mirando, pueda llegar a tener un rol tan activo como parte de ese dispositivo de violencia. Ese sentimiento de ira que alimenta la acci\u00f3n de Ang\u00e9lica termina dejando solos a los espectadores, no s\u00f3lo como causa final, sino tambi\u00e9n como principio de esa ira \u2014social\u2014 con la que se dir\u00eda que no tienen nada que ver. La \u201cfrustraci\u00f3n de la facultad de acci\u00f3n\u201d es una de las causas que apunta Arendt (2005: 114) para explicar la \u201cglorificaci\u00f3n de la violencia\u201d en los movimientos sociales de los a\u00f1os sesenta. Esa dificultad para actuar como grupo, es decir, actuar como una forma de sentirse y ser parte de un grupo, no es dif\u00edcil de relacionar con esa expansi\u00f3n enfermiza del mirar como acci\u00f3n que define la sociedad de consumo. La acci\u00f3n, que es la pieza clave de la historia del Progreso, se ha convertido en un mito en s\u00ed mismo, algo dif\u00edcil de realizar en una cultura donde la mayor parte de las acciones son en primer lugar parte de un espect\u00e1culo. La aparente pasividad del lugar de la mirada est\u00e1 parad\u00f3jicamente ligada al estallido de acci\u00f3n que provoca la violencia.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">ibliograf\u00eda<\/h6>\n\n\n\n<p>Arendt, Hannah, [1969, 1970] 2005. Sobre la violencia. Madrid, Alianza. Benjamin, Walter, [1920] 2007. \u201cHacia una cr\u00edtica de la violencia\u201d, en Obras II.1. Madrid: Abada: 183-207.<\/p>\n\n\n\n<p>Enzensberger, Hans-Magnus, 2007. El perdedor radical. Barcelona, Anagrama.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00f3pez S\u00e1enz, Mar\u00eda Carmen, 2006. \u201cEl dolor de sentir en la filosof\u00eda de la existencia\u201d, en Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Garc\u00eda, comp., Filosof\u00eda y dolor. Madrid: Tecnos: 381-197.<\/p>\n\n\n\n<p>Sloterdijk, Peter, [2006] 2010. Ira y tiempo. Ensayo psicopol\u00edtico. Madrid, Siruela.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https%3A%2F%2Farchivoartea.uclm.es%2Ftextos%2Freflexiones-sobre-violencia-y-sociedad-a-partir-de-san-jeronimo-de-angelica-liddell%2F&amp;t=Reflexiones%20sobre%20violencia%20y%20sociedad%20a%20partir%20de%20San%20Jer%C3%B3nimo%2C%20de%20Ang%C3%A9lica%20Liddell\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00d3scar Cornago. 2012<\/p>\n","protected":false},"author":285,"featured_media":737,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,245],"tags":[39,100],"class_list":["post-2776","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","category-textos-de-oscar-cornago","tag-cuerpo","tag-dolor"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2776","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/285"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2776"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2776\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8603,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2776\/revisions\/8603"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/737"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2776"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2776"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2776"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}