{"id":10625,"date":"2009-03-24T15:50:00","date_gmt":"2009-03-24T14:50:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=10625"},"modified":"2026-03-26T13:07:45","modified_gmt":"2026-03-26T12:07:45","slug":"experiencia-y-actuacion-infancia-e-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2009\/03\/24\/experiencia-y-actuacion-infancia-e-historia\/","title":{"rendered":"Experiencia y actuaci\u00f3n, infancia e historia"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De Rodrigo Garc\u00eda a Giorgio Agamben<\/h2>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/11\/22\/oscar-cornago\/\" data-type=\"post\" data-id=\"5593\">\u00d3scar Cornago<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2009<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>\u00c1LVAREZ BARRIENTOS, J; CORNAGO BERNAL, O; MADRO\u00d1AL DUR\u00c1N, A; MEN\u00c9NDEZ-ONRUBIA, &nbsp;C. (Coords.).&nbsp;<em>En buena compa\u00f1\u00eda. Estudios en honor de Luciano Garc\u00eda Lorenzo<\/em>, &nbsp;Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient\u00edficas, 2009, pp. 1051-1060. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que m\u00e1s se oye es el silencio. En Arrojad mis cenizas en Eurodisney, obra de &nbsp;Rodrigo Garc\u00eda estrenada en el 2006 en el Teatro Nacional de Breta\u00f1a, este silencio &nbsp;es interrumpido al comienzo por unas voces deformadas electr\u00f3nicamente, luego &nbsp;hay un ruido como de un motor en marcha, se oye tambi\u00e9n una canci\u00f3n lenta con &nbsp;acento latinoamericano A veces digo a mi sombra\u2026, algunas intervenciones m\u00e1s de &nbsp;los actores, una m\u00fasica lejana de resonancias ceremoniales hacia el final y sobre &nbsp;todo proyecciones de textos en grandes caracteres, que no se oyen, pero llenan el &nbsp;escenario con el eco sordo de sus palabras. Antes y despu\u00e9s de cada uno de estos &nbsp;momentos lo que queda es el silencio en el que se oyen los ruidos no amplificados &nbsp;que hacen los cuerpos al moverse. Se trata de un silencio esc\u00e9nico, naturalmente &nbsp;esc\u00e9nico, el silencio que queda cuando no se oye ninguna otra cosa. Son tiempos &nbsp;lentos, que parecen imitar en su transcurrir la pesadez de los mismos materiales &nbsp;que se utilizan, como la miel o el barro; son tiempos oscuros y detenidos, y en &nbsp;estos tiempos el silencio se hace cada vez m\u00e1s denso, a medida que se va cargando &nbsp;con las resonancias que dejan las acciones y los materiales, el fuego que se acerca &nbsp;a los actores hier\u00e1ticos, con la mirada perdida, los cuerpos mudos, la miel y el &nbsp;bam) sobre la piel, la violencia f\u00edsica, el sexo, la familia a modo de grupo &nbsp;escult\u00f3rico, mirando tambi\u00e9n al infinito, junto al flamante jeep 4\u00d74, que acabar\u00e1 &nbsp;cubierto de bam), o los objetos adheridos a la piel, como el pan blanco de molde &nbsp;sobre el cuerpo cubierto de miel de Jorge Horno, el pelo de la cabeza, cortado al &nbsp;cero en directo en la representaci\u00f3n anterior, pegado por todo el cuerpo de N\u00faria &nbsp;Lloansi o los espejitos en el cuerpo de Juan Loriente. Hay tambi\u00e9n unos h\u00e1msters &nbsp;arrojados a una pecera con agua, que nadan desesperadamente para no ahogarse &nbsp;y unas ranas atadas con unos hilos al cuerpo exhausto de Jorge Horno, un detalle &nbsp;min\u00fasculo, con una tranquila melod\u00eda de fondo, despu\u00e9s de la violencia del barro. &nbsp;&nbsp;Escenas viscosas y posiciones f\u00edsicas le dan al cuerpo una forma inquietante, &nbsp;fantasmal en apariencia, pero cercano en su desnudez fatigada. &nbsp;Al final, una proyecci\u00f3n de N\u00faria Lloansi saltando en paraca\u00eddas, antes de abrirlo. El &nbsp;cielo azul de fondo, la tierra debajo, diminuta, y su cuerpo suspendido en el aire. &nbsp;Las im\u00e1genes han sido grabadas por alguien que est\u00e1 delante, acompa\u00f1\u00e1ndola en &nbsp;la ca\u00edda. Son im\u00e1genes tambi\u00e9n mudas, a medida que esa leve melod\u00eda se va &nbsp;apagando. Aunque una parte de ellas est\u00e1n acompa\u00f1adas por un texto de Rodrigo &nbsp;Garc\u00eda dicho por N\u00faria Lloansi. En un momento dice as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abVi un enjambre de vida, vi un \u00e9xtasis aqu\u00ed y all\u00e1, pens\u00e9 en cada alma y en su &nbsp;trajinar cotidiano. \/ Prometo que me di cuenta de todo y, sin embargo, todo, todo, &nbsp;me supo a poco\u00bb (Garc\u00eda, 2007: 31). La obra acaba con un texto proyectado: \u00abLa &nbsp;astucia ocupa el lugar de la sabidur\u00eda. Y ya no hay vuelta atr\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter f\u00edsicamente extremo de algunas de estas acciones parecer\u00eda pedir, en el &nbsp;imaginario espectacular al que estamos habituados y como ocurr\u00eda en obras &nbsp;anteriores del autor, un sonido cargado de decibelios, sin embargo, est\u00e1n rodeadas &nbsp;de un silencio que las potencia. Cuando hay un ruido o una voz, incluso la de los &nbsp;textos proyectados \u2014la voz que m\u00e1s se escucha entre todo lo que ocurre en &nbsp;escena\u2014 , no tarda en imponerse nuevamente el silencio. De \u00e9l participa el p\u00fablico &nbsp;con su actitud de espectador que mira, tambi\u00e9n en silencio; uno y otro silencio se &nbsp;funden en el espacio de la sala. &nbsp;Este silencio esc\u00e9nico es tambi\u00e9n el silencio que acompa\u00f1a a un acto de reflexi\u00f3n, &nbsp;igualmente esc\u00e9nico, realizado con los cuerpos y las palabras; un acto de creaci\u00f3n &nbsp;ligado a una reflexi\u00f3n sobre ese mismo momento, en el que tambi\u00e9n se comentan &nbsp;muchas otras cosas. La densidad de este silencio remite al tono personal, &nbsp;autorreflexivo, que tiene todo el trabajo. &nbsp;En la escena no hay personajes, sino cuerpos que act\u00faan. Cuando dicen un texto &nbsp;tampoco tratan de darle una verosimilitud sicol\u00f3gica, lo cual no quiere decir que no &nbsp;est\u00e9n actuados. Los textos se act\u00faan, se convierten en acciones (verbales) &nbsp;tratando de conservar su condici\u00f3n de textos. Los actores no tienen una identidad &nbsp;social o sicol\u00f3gica, pero s\u00ed una identidad f\u00edsica, que despliegan a lo largo de la obra, &nbsp;unos cuerpos con los que trabajan, que llevan al l\u00edmite de sus fuerzas, unos &nbsp;cuerpos que se muestran y que dicen, embadurnados de miel, cubiertos con &nbsp;objetos extra\u00f1os u oprimidos por el peso de las ropas embadurnadas con el barro &nbsp;que hay en un peque\u00f1o contenedor, en el que se sumergen para salir de nuevo a &nbsp;saltar, rodar y golpearse por todo el escenario con el pesado fardo que llevan &nbsp;encima. A diferencia de estos, la familia Atahualpa, que entra en escena a mitad de &nbsp;la obra, cuando Juan Loriente y N\u00faria Lloansi est\u00e1n llegando al orgasmo despu\u00e9s de &nbsp;una extra\u00f1a sesi\u00f3n sexual, s\u00ed posee una clara identidad. Como una especie de &nbsp;ready-made social, el p\u00fablico no tarda en identificar a este grupo humano con una &nbsp;familia tipo, compuesta de padre, madre, abuela, dos hijas y perrito. Pero en este &nbsp;universo f\u00edsico de cuerpos opacos la transparencia referencial de la familia &nbsp;Atahualpa es m\u00e1s bien la excepci\u00f3n. autorreferencial de los cuerpos y las &nbsp;acciones se extiende tambi\u00e9n a los textos, que no esconden su textualidad, sino al &nbsp;contrario, est\u00e1n presentados como tales. &nbsp;Pero en la obra hay una identidad m\u00e1s, que carece de cuerpo, pero tiene una gran &nbsp;presencia: la de la subjetividad que se expresa a trav\u00e9s de los textos. Es una &nbsp;identidad construida gramaticalmente que comienza con la primera persona del &nbsp;singular con la que se abre el universo textual de la obra \u2014Cre\u00ed\u2026 \u2014 y se combina &nbsp;con una segunda persona del singular, construyendo un di\u00e1logo consigo mismo, &nbsp;excepto en pasajes m\u00e1s descriptivos o te\u00f3ricos, donde se emplea la tercera &nbsp;persona. &nbsp;Esta primera persona proyecta una identidad que se recorta frente a un horizonte &nbsp;social. Esta identidad se construye tanto a un nivel p\u00fablico, como en un \u00e1mbito &nbsp;personal. El cruce entre lo social y lo personal lo convierte en una voz con una &nbsp;decidida vocaci\u00f3n moral. El medio textual de la obra est\u00e1 cargado de referencias &nbsp;directas a la sociedad expuestas con una voluntad critica. Las franquicias, &nbsp;los comportamientos de la sociedad de consumo, las estrategias de venta, las &nbsp;manipulaciones medi\u00e1ticas, las fisuras de los sistemas democr\u00e1ticos, la influencia &nbsp;de todo ello en las relaciones personales, se despliegan frente a un mundo de lo &nbsp;natural que parece cada vez m\u00e1s inaccesible. Este \u00faltimo aparece contrapuesto al &nbsp;primero, como dos universos extremos. La obra apuesta por este lado natural, pero &nbsp;sin embargo no puede deshacerse de esta conciencia social. \u00abY llega el nuevo d\u00eda &nbsp;dice el texto\u2014 y queremos olvidar el d\u00eda anterior, transitado a trompicones y &nbsp;manotazos. \/ Pero no olvidamos el d\u00eda de ayer. \/ Y el recuerdo se confunde hasta &nbsp;tal punto con la moral, que nos hace gente triste y con la capacidad de equivocarnos siempre\u201d (23). Por detr\u00e1s de los juicios sarc\u00e1sticos, y caricaturas sociales, se deja ver una mirada melanc\u00f3lica que lo va barriendo todo &nbsp;hasta dejar s\u00f3lo el silencio, su silencio. &nbsp;El abigarrado panorama de cr\u00edticas de costumbre, reflexiones personales y &nbsp;consideraciones pol\u00edticas, llega hasta el espectador con la fuerza muda de las &nbsp;palabras proyectadas o dichas siempre con una cierta distancia. Ello contrasta con &nbsp;lo inmediato de lo que est\u00e1 ocurriendo en escena, con la fuerza de las acciones y lo &nbsp;crudo de los materiales empleados. Lo concreto de la acci\u00f3n esc\u00e9nica choca con lo &nbsp;difuso de esa voz gramatical, cargada de juicios y valores, de idealismo y necesidad &nbsp;de belleza. \u00bfC\u00f3mo seguir haciendo cre\u00edble un juicio moral entre tanta moralidad de &nbsp;dise\u00f1o? \u00bfC\u00f3mo seguir hablando de la belleza entre tanta imagen prefabricada? &nbsp;Desde sus primeras creaciones en los primeros a\u00f1os noventa Rodrigo Garc\u00eda ha &nbsp;defendido el escenario como el lugar de un conflicto que nace en primer lugar de &nbsp;las contradicciones de uno mismo, aunque esas contradicciones terminen &nbsp;encerradas en museos y teatros, en \u00abgaler\u00edas de arte y salas de conciertos que &nbsp;convierten una idea subversiva en un pasatiempo para la tarde del s\u00e1bado. En esos &nbsp;contenedores \u2014contin\u00faa el texto\u2014 nada es extraordinario, todo est\u00e1 en su sitio, &nbsp;acallado y quieto\u00bb (22). Caricatura c\u00f3mica de ese mundo en permanente &nbsp;contradicci\u00f3n es la escena en que Juan Lnriente y N\u00faria Lloansi tratan de copular &nbsp;con la cabeza. Primero Juan trata de penetrarla por la cabeza y luego N\u00faria intenta &nbsp;meter la cabeza de Juan en su sexo. Est\u00e1n desnudos de cintura para abajo, y en la &nbsp;parte de arriba llevan unas camisetas; sobre una de las camisetas aparece el &nbsp;nombre de Rousseau y en la otra el de Montaigne. &nbsp;Puede resultar llamativo en mitad de este mundo esc\u00e9nico, lleno de referencias a la &nbsp;globalizaci\u00f3n, atravesado por los cuerpos y las acciones en estado bruto, los &nbsp;nombres de estos ilustrados de otro tiempo. En Infancia e historia, Agamben &nbsp;(1978) presenta Los ensayos, de Montaigne, como la \u00faltima obra de la cultura &nbsp;europea fundada \u00edntegramente en la experiencia. Agamben discute la dificultad de &nbsp;la experiencia desde el momento en que el sujeto de la experiencia y el sujeto de la &nbsp;ciencia se fundieron en una \u00fanica instancia dif\u00edcil de definir. Para comenzar d\u00e1ndole &nbsp;consistencia a este nueva identidad Descartes apel\u00f3 a una categor\u00eda gramatical, la &nbsp;del sujeto, en el que se enunciaba el principio y fin de la acci\u00f3n de conocer y con &nbsp;ella del momento de la experiencia: pienso, luego existo. Antes de esto, &nbsp;experimentar y conocer, en un sentido cient\u00edfico del t\u00e9rmino, es decir, conocer &nbsp;emp\u00edricamente con una ambici\u00f3n de universalidad y un criterio de autoridad, eran &nbsp;procesos que remit\u00edan a sujetos distintos y que se planteaban en espacios diversos. &nbsp;La prehistoria de esta fusi\u00f3n entre lo abstracto de la ciencia y el cuerpo de la &nbsp;experiencia, entre lo universal y lo personal, no se encuentra, sin embargo, en el &nbsp;terreno de las ciencias experimentales, sino en un difuso espacio cercano a la &nbsp;m\u00edstica y la magia, como la alquimia o la astrolog\u00eda, del que nacieron las ciencias. &nbsp;Hubo un tiempo, por tanto, en el que la experiencia no iba de la mano de un &nbsp;criterio de autoridad ni ten\u00eda que estar avalada por el r\u00e9gimen de la certeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras &nbsp;esta suerte de enlace hist\u00f3rico el problema de la experiencia ha sido cada vez m\u00e1s &nbsp;el problema de la relaci\u00f3n entre lo individual y lo universal, entre lo humano e &nbsp;inmediato, por un lado, y lo divino y abstracto, por otro, o entre lo que se piensa y &nbsp;lo que se siente. La experiencia, como explica Agamben en relaci\u00f3n a Montaigne, &nbsp;queda como la experiencia de un l\u00edmite, el l\u00edmite entre lo sensible y lo inteligible. El &nbsp;fen\u00f3meno de la poes\u00eda moderna, y del arte en general, se presenta como una &nbsp;reacci\u00f3n ante esa expropiaci\u00f3n de la experiencia en mano de otros \u00e1mbitos que la &nbsp;conforman previamente. &nbsp;No es casual que a esta necesidad de lo incierto como condici\u00f3n de la belleza se &nbsp;refiera Rodrigo Garc\u00eda en la defensa de un medio natural que se ha ido negando a &nbsp;medida que las sociedades se han hecho m\u00e1s seguras econ\u00f3micamente. \u00abLa belleza &nbsp;aparec\u00eda \u2014dice N\u00faria Lloansi en el texto final, mientras se proyectan las im\u00e1genes &nbsp;de ella misma cayendo en el aire\u2014 &nbsp;siempre, exclusivamente, en lo incierto\u00bb (30). El movimiento, como la experiencia, participa de lo desconocido, de algo que no est\u00e1 &nbsp;previsto, exige la apertura y la posibilidad del desconcierto. A mayor seguridad &nbsp;menos belleza, tambi\u00e9n menos experiencia. Europa, a la que seg\u00fan el texto &nbsp;empieza a parecerse cada vez m\u00e1s Espa\u00f1a, se transforma en un cementerio de &nbsp;vidas programadas. Lo que queda es adoptar como gu\u00eda el modelo de la naturaleza, &nbsp;ocuparse en \u00absudar, humedecerme, segregar fluidos, para afirmarme como algo &nbsp;real y relacionado con las ciencias naturales\u00bb (22). &nbsp;La recurrencia a la naturaleza como contrapunto para pensar lo social ha ido &nbsp;ganando terreno en la obra de Rodrigo Garc\u00eda, de modo especialmente claro en sus &nbsp;\u00faltimas obras. Sin embargo, la recuperaci\u00f3n de la experiencia ha de pasar, &nbsp;parad\u00f3jicamente, tambi\u00e9n por el otro lado, por el lado de la palabra, un aspecto &nbsp;sobre el que viene reflexionando su obra cada vez m\u00e1s. A la vuelta de este \u00faltimo &nbsp;giro del camino, desde Aproximaci\u00f3n a la idea de desconfianza, estrenada tambi\u00e9n &nbsp;en Francia a comienzos del 2006, se vuelve hacia el lenguaje, hacia los textos, que &nbsp;se tratan de presentar tal cual, como textos, construcciones gramaticales sobre las &nbsp;que se levanta una sociedad y una pol\u00edtica. \u00abNos toca con urgencia repensar el &nbsp;lenguaje, por el uso que de la lengua ha hecho la pol\u00edtica\u00bb (25). En este contraste &nbsp;entre mundos aparentemente distantes se insiste tambi\u00e9n en Cruda, vuelta y &nbsp;vuelta, hecha y chamuscada, estrenada en el 2007 en Salamanca. Sobre un &nbsp;escenario ocupado por un impresionante despliegue de vitalidad, movimiento y &nbsp;ritmo de un grupo de murga de Buenos Aires, se reflexiona sobre la historia, la idea &nbsp;de progreso y el lenguaje. &nbsp;Las \u00faltimas obras de Rodrigo Garc\u00eda dejan ver la distancia, habitada por el silencio, &nbsp;que se abre entre el cuerpo y el pensamiento, entre la naturaleza y la sociedad, o &nbsp;entre lo que Agamben denomina infancia e historia. La infancia y la educaci\u00f3n han &nbsp;sido temas constantes en la obra de Rodrigo Garc\u00eda, sin embargo, esta infancia de &nbsp;Agamben no representa un estadio previo en un sentido biol\u00f3gico, sino un magma &nbsp;del que la historia est\u00e1 continuamente naciendo y con ella la posibilidad de la &nbsp;experiencia. Tiene que ver con lo que el fil\u00f3sofo italiano en otros estudios (Homo &nbsp;sacer) denomina la vida nuda, relacionado con la diferencia que hac\u00edan los griegos &nbsp;entre zo\u00e9, el mero hecho de vivir, com\u00fan a todos los seres, y bios, la vida en &nbsp;sentido de individuo o grupo, la vida como construcci\u00f3n de una subjetividad o &nbsp;imaginario social. La infancia apunta a una experiencia pura, previa al lenguaje, &nbsp;una experiencia muda, sin palabras, aunque s\u00f3lo puede ser pensada desde el &nbsp;lenguaje, con el que nos hacemos presentes, como se dice en Esparcid mis cenizas &nbsp;por Eurodisney. \u00abLa constituci\u00f3n del sujeto en el lenguaje y a trav\u00e9s del lenguaje &nbsp;argumenta Agamben (1978: 64)\u2014 es precisamente la expropiaci\u00f3n de esa &nbsp;experiencia \u00abmuda\u00bb. El lenguaje, como la historia, es el l\u00edmite de la experiencia, &nbsp;pero tambi\u00e9n su posibilidad; y viceversa, la infancia muda del hombre constituye la &nbsp;posibilidad de la historia y la experiencia. Porque existe este espacio previo de &nbsp;silencio el lenguaje es algo m\u00e1s que un juego gramatical, se construye frente a la &nbsp;posibilidad de una verdad, que es la verdad de la experiencia. Es desde esta &nbsp;infancia que el lenguaje puede ser pensado como acci\u00f3n \u00e9tica. Sin infancia quedar\u00eda &nbsp;reducido a un mero mecanismo gramatical y la historia a un juego de intereses. &nbsp;Una teor\u00eda de la experiencia implica, por tanto, una teor\u00eda de la infancia, cuya &nbsp;pregunta central ser\u00eda: \u00ab\u00bfexiste algo que sea una in-fancia del hombre? \u00bfC\u00f3mo es &nbsp;posible la in-fancia en tanto que hecho humano? Y si es posible, \u00bfcu\u00e1l es su lugar?\u00bb &nbsp;(64). &nbsp;&nbsp;El lenguaje y la historia son, por tanto, un problema de la infancia, acontecimientos &nbsp;que tienen que ver con ese estadio previo a la palabra, relacionados con el misterio &nbsp;de la belleza, la experiencia en bruto y el mundo sensible. En Esparcid mis cenizas &nbsp;en Eurodisney se apunta la conexi\u00f3n entre un mundo y otro, la repercusi\u00f3n entre el &nbsp;sitio mudo desde el que nace el lenguaje, por un lado, y el uso de las palabras y la &nbsp;pol\u00edtica, por otro, es decir, entre la experiencia de la belleza y la moral, o en otros &nbsp;t\u00e9rminos, entre la infancia y la democracia. \u00abSi hemos perdido la capacidad po\u00e9tica &nbsp;\u2014dice Rodrigo Garc\u00eda despu\u00e9s de analizar los comportamientos ling\u00fc\u00edsticos que se &nbsp;generan en los espacios comerciales\u2014, \u00bfc\u00f3mo vamos a elegir representantes o &nbsp;empleados p\u00fablicos?\u00bb (24). Y poco antes se hab\u00eda dicho que si nos hubi\u00e9ramos &nbsp;ocupado realmente en hacer democracia, nos gobernar\u00edan pol\u00edticos con formaci\u00f3n &nbsp;filos\u00f3fica. De alguna manera, poes\u00eda y filosof\u00eda, en un sentido amplio de ambos &nbsp;t\u00e9rminos, establecen una estrecha sinton\u00eda. Agamben trata de salvar esta idea de &nbsp;infancia, a la que miran tanto la poes\u00eda como la filosof\u00eda, de lo inefable para &nbsp;vincularla al espacio de la historia y el lenguaje. La experiencia remite a un &nbsp;mysterion que el hombre posee por el hecho de tener una infancia \u2014explica el &nbsp;fil\u00f3sofo\u2014 pero este misterio va m\u00e1s all\u00e1 del espacio de silencio en el que se crea, &nbsp;de la m\u00edstica o lo inefable, constituye la base de la actuaci\u00f3n \u00e9tica, \u00abes el voto que &nbsp;compromete al hombre con la palabra y con la verdad\u00bb (Agamben, 1978: 71).<\/p>\n\n\n\n<p>El panorama hist\u00f3rico que presenta Rodrigo Garc\u00eda est\u00e1 tejido de relaciones, a nivel &nbsp;personal, profesional o pol\u00edtico, relaciones de amistad, relaciones de trabajo o &nbsp;relaciones construidas por los sistemas pol\u00edticos. Este es el punto de mira de una &nbsp;buena parte de su obra. Frente a este tejido social, que es tambi\u00e9n un tejido moral, &nbsp;se deja o\u00edr una voz en primera persona que mira desde la distancia. Se oyen sus &nbsp;palabras mudas, por un lado, y se sienten los cuerpos en escena y las acciones &nbsp;f\u00edsica, por otro. La sociedad de consumo convierte el espacio de las relaciones &nbsp;personales en objeto de compra-venta, a medida que el espacio del que queda &nbsp;por detr\u00e1s se ve arrinconado. Bauman (2006) explica el paso de la sociedad de &nbsp;productores a la sociedad de consumidores mediante esta \u00abanexi\u00f3n o colonizaci\u00f3n, &nbsp;por parte del mercado de consumo, de ese espacio que separa a los individuos, ese &nbsp;espacio donde se anudan los lazos que re\u00fanen a los seres humanos y donde se &nbsp;alzan las barreras que los separan\u00bb (24). El primer texto de la obra, dicho por Juan &nbsp;Loriente, con la mirada perdida en el infinito y dos cuerdas sujetas a su cuerpo por &nbsp;las que se aproxima una llama, da cuenta de esta colonizaci\u00f3n de la vida personal &nbsp;por los espacios de consumo. \u00abNo entraremos ya a una tienda a algo tan bajo y rastrero como comprar algo que necesitemos. Entraremos a una tienda a EXISTIR\u00bb &nbsp;(18). &nbsp;Cuando este tejido personal queda revestido por un sistema econ\u00f3mico, el espacio &nbsp;mudo de la infancia da un paso atr\u00e1s para reconsiderar su situaci\u00f3n frente a la &nbsp;historia, frente al lenguaje y la posibilidad de la experiencia. Ese paso atr\u00e1s es el &nbsp;que se hace visible en la obra de Rodrigo Garc\u00eda, dejando al descubierto un \u00e1mbito &nbsp;(esc\u00e9nico) de actuaci\u00f3n y reflexi\u00f3n que se construye desde el silencio de una &nbsp;mirada. Se trata de un espacio de transici\u00f3n, donde lo hist\u00f3rico, el lenguaje y la &nbsp;pol\u00edtica irrumpen como construcciones sobre el magma informe de la infancia muda &nbsp;del hombre. &nbsp;En una conversaci\u00f3n con Hugues Le Tanneur, incluida junto al texto de la obra en la &nbsp;edici\u00f3n de Antonio Fern\u00e1ndez Lera, Rodrigo Garc\u00eda afirma que \u00abnunca pisar\u00eda un &nbsp;teatro para ofrecer un discurso derrotista. Y menos empleando dinero p\u00fablico\u00bb (34). &nbsp;Como apunta el entrevistador, en comparaci\u00f3n con su obra anterior los \u00faltimos &nbsp;trabajos han acentuado lo irrevocable de un sistema econ\u00f3mico y social, al sustituir &nbsp;el estruendo de la protesta por el silencio de la mirada. El resultado puede ser le\u00eddo &nbsp;como un signo de resignaci\u00f3n, como se sugiere en la conversaci\u00f3n. A esta lectura &nbsp;responde el autor con su rechazo de un discurso derrotista. Su obra sigue &nbsp;dialogando, ciertamente, con los materiales \u2014esc\u00e9nicos\u2014 desde los que siempre se &nbsp;ha pensado, aunque se haya cambiado su formulaci\u00f3n. La acci\u00f3n, enunciada como &nbsp;posibilidad, ha estado siempre en el centro de este universo po\u00e9tico. No se trata de &nbsp;una acci\u00f3n en s\u00ed misma pol\u00edtica o social, sino fundamentalmente esc\u00e9nica. Este &nbsp;paisaje f\u00edsico, sin embargo, ha adquirido diferentes matices a la luz de un horizonte &nbsp;que se ha ido transformando. A la vista de ese entramado de consideraciones &nbsp;sociales la presencia del cuerpo, desde la profundidad de su silencio, se resignifica &nbsp;como una postura pol\u00edtica. La posibilidad de la acci\u00f3n, afirmada en la obra desde el &nbsp;propio proceso f\u00edsico de creaci\u00f3n, se proyecta, ante ese tel\u00f3n de fondo de palabras, &nbsp;pensamientos y discursos, como una posibilidad tambi\u00e9n social, una invitaci\u00f3n a la &nbsp;acci\u00f3n que es tambi\u00e9n una postura potencialmente pol\u00edtica. &nbsp;&nbsp;En el \u00faltimo cap\u00edtulo de Infancia e historia se incluye el pr\u00f3logo a la reedici\u00f3n de &nbsp;esta obra en el 2001, con el t\u00edtulo de \u00abexperimentum linguae\u00bb. Con este t\u00e9rmino &nbsp;Agamben se refiere a una utilizaci\u00f3n del lenguaje que lo ilumina como posibilidad &nbsp;de la experiencia, una experiencia a la que mira, pero que no est\u00e1 ah\u00ed, una &nbsp;reflexi\u00f3n, finalmente, sobre el propio hecho del lenguaje. A trav\u00e9s de estos &nbsp;experimentos se apunta a la pregunta fundamental que late detr\u00e1s de cada &nbsp;palabra, qu\u00e9 significa hay lenguaje, qu\u00e9 significa hablo. La obra de Rodrigo Garc\u00eda &nbsp;no es un experimento del lenguaje, es un experimento de la actuaci\u00f3n. La pregunta &nbsp;que se levanta sobre ese escenario de cuerpos est\u00e1 hecha desde un m\u00e1s ac\u00e1 del &nbsp;lenguaje, es un espacio previo que rodea el lenguaje, pero que queda en las &nbsp;afueras. Siguiendo el dispositivo de sus \u00faltimas obras, ese espacio est\u00e1 situado &nbsp;entre el p\u00fablico y la pantalla donde se proyectan los textos y se construyen las &nbsp;identidades. La pregunta que se deja sentir en ese espacio no es primeramente &nbsp;acerca del lenguaje, aunque este se haga presente en s\u00ed mismo, sino acerca de la &nbsp;actuaci\u00f3n. Qu\u00e9 significa hay actuaci\u00f3n, qu\u00e9 significa act\u00fao. Es desde ese espacio &nbsp;previo, de cuerpos y emociones, de acciones y materiales en bruto, del que nace &nbsp;esta reflexi\u00f3n esc\u00e9nica sobre la infancia muda del hombre, y es porque existe esa &nbsp;infancia que la obra habla de una posibilidad \u2014puesta en escena\u2014 de actuaci\u00f3n. Es &nbsp;desde ese lugar f\u00edsico e inmediato que la obra supera el derrotismo al que llevar\u00eda &nbsp;la sola observaci\u00f3n del panorama social que se describe. Ese espacio previo, que &nbsp;Agamben curiosamente identifica con la voz, la palabra convertida en acci\u00f3n f\u00edsica, &nbsp;hace posible la \u00e9tica, como se\u00f1ala el fil\u00f3sofo, y la posibilidad de seguir pensando &nbsp;actuando\u2014 desde un afuera de la representaci\u00f3n hist\u00f3rica. Es la posibilidad de esa &nbsp;voz como acontecimiento f\u00edsico, de esa actuaci\u00f3n, la que hace posible tambi\u00e9n una &nbsp;\u00e9tica, es decir, un sentido de comunidad y de sociedad cuya verdad le viene de &nbsp;fuera, de una infancia muda, de una experiencia sin palabras. Lo humano es ese &nbsp;espacio de transici\u00f3n, ese momento de ruptura en el que la historia se deja ver, por &nbsp;un instante, como una posibilidad de sentido, una posibilidad que se apaga en el &nbsp;momento siguiente, que dura justo el tiempo que tarda una vaca en olvidar que le &nbsp;han quitado su ternero \u2014como dice Juan Loriente, en su papel de predicador &nbsp;visionario, biblia en mano, al final de Cruda, vuelta y vuelta, al punto, &nbsp;chamuscada\u2014, el tiempo que tarda un sentimiento en apagarse, el tiempo que dura &nbsp;la voz en el aire o el cuerpo en acci\u00f3n, el tiempo en que la actuaci\u00f3n deja de ser &nbsp;actuaci\u00f3n para ser acto o la experiencia se transforma en historia. Ese es el tiempo &nbsp;esc\u00e9nico, el momento fr\u00e1gil de una ruptura, que permite pensar un acto en funci\u00f3n &nbsp;de una \u00e9tica que comienza en el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>AGAMBEN, Giorgio (1978), Infancia e historia. Destrucci\u00f3n de la experiencia y origen de la historia, 2 ed., Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2004. (1995), Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos, 1998.<\/p>\n\n\n\n<p>BAUMAN, Zygmunt (2006), Vida de consumo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2007.<\/p>\n\n\n\n<p>GARC\u00cdA, Rodrigo (2007), Aproximaci\u00f3n a la idea desconfianza. Esparcid mis cenizas en Eurodisney. Conversaci\u00f3n, Madrid. Aflera, 2007. Colecci\u00f3n Pliegos de Teatro y Danza, n\u00fam. 20.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Rodrigo Garc\u00eda a Giorgio Agamben. \u00d3scar Cornago, 2009<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":7322,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,245],"tags":[38,57,240,67,131],"class_list":["post-10625","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","category-textos-de-oscar-cornago","tag-accion","tag-politica","tag-social","tag-teatralidad","tag-teoria-del-teatro"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10625","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10625"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10625\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10626,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10625\/revisions\/10626"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7322"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10625"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10625"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10625"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}