{"id":10538,"date":"2007-03-23T17:06:00","date_gmt":"2007-03-23T16:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=10538"},"modified":"2026-04-19T20:06:04","modified_gmt":"2026-04-19T18:06:04","slug":"el-sobrino-de-rameau-visita-las-cuevas-rupestres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2007\/03\/23\/el-sobrino-de-rameau-visita-las-cuevas-rupestres\/","title":{"rendered":"El sobrino de Rameau visita las cuevas rupestres"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2000\/07\/05\/angelica-liddel\/\" data-type=\"post\" data-id=\"701\">Ang\u00e9lica Liddell<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2007<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p><em>Primer Acto. Cuadernos de Investigaci\u00f3n Esc\u00e9nica<\/em>, 321 (2007), pp. 9-19.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 Diderot deposita en un loco, un enajenado, la renovaci\u00f3n de las ideas est\u00e9ticas? En primer lugar porque el loco es un inadaptado, un excluido, un marginal, del mismo modo que fue marginado el esp\u00edritu prerrom\u00e1ntico del propio Diderot. Pero sobre todo porque el loco, contradictorio asiento de lucidez a lo largo de la historia de la literatura, es capaz de evidenciar con su audacia el grado de cobard\u00eda de una sociedad. Viene aqu\u00ed a cuento la cita de un autor an\u00f3nimo con la que Doris Lessing abre su novela \u201cCanta la hierba\u201d, dice as\u00ed; \u201cLos fracasados y los inadaptados son la mejor medida para juzgar las debilidades de una civilizaci\u00f3n\u201d. El loco, como Rousseau, es parad\u00f3jicamente antisocial, representa el orden natural por oposici\u00f3n al orden social, responsable este \u00faltimo de los males que aquejan al ser humano. \u201cEl hombre ha nacido libre\u201d, as\u00ed empieza el cap\u00edtulo I del Contrato Social. El loco es lo m\u00e1s semejante a ese hombre natural, completamente libre, ut\u00f3pico, ingobernable. En el caso de \u201cEl sobrino de Rameau\u201d el loco adem\u00e1s es un buf\u00f3n, es decir, un loco profesional, por lo cual, a pesar de haber nacido libre, y a pesar de su semejanza con el hombre natural y su relaci\u00f3n inevitable con la utop\u00eda, tambi\u00e9n se encuentra sometido a una relaci\u00f3n de fuerzas desiguales, pero precisamente gracias a eso nos percatamos de que el espectador es cobarde por naturaleza. El espectador es el encargado de preservar lo com\u00fanmente establecido, la opini\u00f3n general, el discurso oficial, el estado de las cosas, experto en enmascarar la podredumbre de lo humano utilizando la podredumbre de su hipocres\u00eda. El acontecimiento esc\u00e9nico es una batalla entre dos mentirosos (utilizo aqu\u00ed la divisi\u00f3n que realiza Carmen Roig en su introducci\u00f3n a \u201cEl sobrino de Rameau\u201d), el hip\u00f3crita y el actor. Mientras el artista empuja con su provocaci\u00f3n el progreso del mundo, el espectador, el hip\u00f3crita, se convierte en un freno del mundo, no por s\u00ed mismo, sino porque el espectador es la consecuencia de un orden social restrictivo, de una educaci\u00f3n precaria, de las estrategias biso\u00f1as del mercado, de la censura encubierta de la c\u00fapula intelectual y de las pol\u00edticas culturales, encargadas de segregar todo aquello que no est\u00e1 de acuerdo con su imponente criterio de corral. En definitiva el espectador es una consecuencia del Palissot de turno. Palissot fue un autor de \u00e9xito que se encarg\u00f3 de humillar a Diderot hasta obligarle a escribir en la m\u00e1s completa clandestinidad. Buen ejemplo de ello es \u201cEl sobrino de Rameau\u201d, redactada a escondidas durante casi veinte a\u00f1os, y deliberadamente hurtada por Diderot a su \u00e9poca. Y pensar que Palissot, cabecilla del dogmatismo tir\u00e1nico de sal\u00f3n, l\u00edder del corrillo profesional, lleg\u00f3 a acusar a Diderot de dogm\u00e1tico. Despu\u00e9s de todo, son los verdaderos idiotas los que llaman idiota al buf\u00f3n. El buf\u00f3n puede desprenderse de su m\u00e1scara, el hip\u00f3crita la lleva incrustada. Palissot corrige al espectador, se apropia de lo correcto, del \u00fanico camino hacia la verdad, esgrime sus mensajes complacientes contra algo que ya de por s\u00ed es minoritario, ins\u00f3lito y se desarrolla en las orillas del \u00e9xito. Pero Palissot sabe que con esa beligerancia ramplona gratifica a la mayor\u00eda y Palissot desea ante todo contar con la complicidad grosera de esa mayor\u00eda. Gracias a las omisiones deliberadas de los Palissot de turno, el espectador hoy d\u00eda ha sido incitado a desconfiar, despreciar y excluir. Es precisamente en mitad de este panorama cuando vuelve a ser preciso que hable el loco. Puesto que no hay un solo camino hacia la verdad, el fil\u00f3sofo permite hablar al loco. Diderot rompe las barreras que separan artificialmente las artes y proclama la identidad de los principios que deben regir igualmente el teatro, la pintura y la poes\u00eda alej\u00e1ndose del artificio que encorseta la cultura del momento. El Arte siempre es el encargado de luchar contra la cultura. Estos principios tienen que ver con el humanismo, es decir lo que une a las artes son los principios \u00e9ticos, la renovaci\u00f3n est\u00e9tica es una cuesti\u00f3n \u00e9tica. As\u00ed lo expresa Rousseau en \u201cLa nueva Elo\u00edsa\u201d, \u201cSiempre he cre\u00eddo que lo bueno no es m\u00e1s que lo bello en acci\u00f3n, que lo uno est\u00e1 \u00edntimamente ligado a lo otro y que ambos tienen una fuente com\u00fan en la naturaleza bien ordenada. De esta idea se sigue que el gusto se perfecciona con los mismos medios que la sabidur\u00eda, y que un alma abierta a las seducciones de la virtud debe ser sensible en la misma medida a todas las otras clases de belleza\u201d. Jean Luc Godard aseguraba que el arte era la excepci\u00f3n. Y el loco materializa con su locura lo excepcional. En efecto, el arte sigue siendo una excepci\u00f3n, y los Palissot siguen siendo la regla general, aunque estos mantengan una hostilidad desproporcionada contra la supuesta amenaza de los artistas. Desde aquellos nazis que tildaron las vanguardias de arte degenerado hasta los burdos humoristas televisivos que hacen sorna de un cuadro en blanco se sigue empleando el mismo discurso, manoseado y banal, donde se ridiculiza al arte para volver a establecer la obtusa y vulgar, siempre id\u00e9ntica, regla general, eso s\u00ed, aplaudida por audiencias enteras. Audiencias ignorantes del hecho de que el arte contiene ya su propia autocr\u00edtica, y no precisa del discurso c\u00f3modo y rampl\u00f3n de ning\u00fan Palissot para mantener su objetivo humanista y descartar a los estafadores. Precisamente este aplauso masivo contradice el humanismo, si no es que lo masacra, pues el arte y el humanismo no existen el uno sin el otro, y llevan en s\u00ed mismos la no- neutralidad, es decir el compromiso con el hombre, con la alegr\u00eda y el dolor del hombre. As\u00ed lo expresa Steiner, \u201cun gran descubrimiento en f\u00edsica o en bioqu\u00edmica puede ser neutral. Un humanismo neutral es o una pedanter\u00eda o un preludio de lo inhumano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El aplauso arrancado al p\u00fablico por Palissot es el preludio de lo inhumano, y una violencia a la libertad de expresi\u00f3n. El arte y el humanismo no son conceptos independientes. \u00bfY qu\u00e9 es el humanismo? Para responder tomaremos unas frases de \u201cLa monta\u00f1a m\u00e1gica\u201d de Thomas Mann, \u201cEl humanismo era el amor a la humanidad, nada m\u00e1s, y por eso mismo el humanismo tambi\u00e9n era pol\u00edtica, tambi\u00e9n era rebeli\u00f3n contra todo aquello que mancillara y deshonrara la idea de humanidad\u201d El humanismo consiste por tanto en rebelarse contra todo aquello que va en contra del hombre. Cuando el buf\u00f3n se rebela lo est\u00e1 haciendo por humanismo, porque est\u00e1 presenciando todo aquello que perjudica a lo humano. Adem\u00e1s de un loco y un buf\u00f3n, Diderot decide que el sobrino de Rameau sea tambi\u00e9n un artista fracasado, como \u00e9l mismo. Es decir, el sobrino se dedica a un oficio abyecto por culpa de su fracaso como m\u00fasico. Es el hambre y la miseria, consecuencias del fracaso, las que han conducido al sobrino al servilismo de la bufoner\u00eda. En cualquier caso el servilismo del buf\u00f3n es un servilismo cr\u00edtico, precisamente por ser un hambriento. No hay mayor cr\u00edtica que el hambre. El sobrino se reconoce esclavo a causa del hambre, pero en ese reconocimiento reside su libertad interior y su lucidez, en el hambre crece la agudeza de su resentimiento. Su rabia, su rencor, su amargura constituyen su talento. El sobrino transforma la animadversi\u00f3n del fracasado en un azote contra las convenciones m\u00e1s esclerotizantes albergando ya la tierna simiente de un pensamiento marxista. De modo que el resentimiento alcanza una categor\u00eda \u00e9tica y est\u00e9tica. El buf\u00f3n, claro est\u00e1, depende del poder, es decir, necesita ser esclavizado por el poder, est\u00e1 obligado a mantener un extra\u00f1o pulso con la autoridad, pues necesita del poder para saciar su apetito, y al mismo tiempo criticarlo. Esa es su doble naturaleza. El sobrino posee dos est\u00f3magos, uno para el pan y otro para los amos. El sobrino de Rameau, aunque luego se arrepiente, no puede contenerse y se lanza contra la mano que le da de comer, tal es el asco que le inspira esa carne absolutista que le arranca un dedo con los dientes, lo tritura, y una vez amasado el pedazo sanguinolento con su lengua inteligente, toma impulso para escupirlo justo al entrecejo del soberano. Esa es la diferencia entre el artista fracasado sin m\u00e1s y el buf\u00f3n. El artista fracasado sin m\u00e1s se alimenta de su propia carne, como el escritor sin nombre de Knut Hamsum en \u201cHambre\u201d. A \u00e9ste el orgullo no le permite nada m\u00e1s que alimentarse de papel, astillas de madera y por fin su propio cuerpo. El buf\u00f3n en cambio combina la sumisi\u00f3n con el orgullo, de manera que se somete conscientemente a los caprichos de sus amos para poder engullir de vez en cuando, no sus propias manos esquel\u00e9ticas, sino las manos obesas, imperiales y cerdunas de aquellos que a cambio del pan le han humillado. Por ello el buf\u00f3n siempre corre el riesgo de ser expulsado. Aunque a veces tambi\u00e9n supone un riesgo ser admitido. Si el buf\u00f3n es expulsado pasa hambre, si es admitido se encuentra expuesto al desprecio, a la ira y al insulto. De manera que el buf\u00f3n asume el doble riesgo de ser admitido o expulsado a cambio de un asunto meramente material, la supervivencia, el hambre. Y en esa relaci\u00f3n conflictiva con el poderespectador reside la intensidad de su cr\u00edtica y de su propia locura. La obra del buf\u00f3n es siempre una cr\u00edtica al poder porque el buf\u00f3n se siente esclavo del poder. Diderot renunci\u00f3 al reconocimiento intelectual, renunci\u00f3 al estreno de sus obras, por eso envilece al sobrino oblig\u00e1ndole a trabajar para una burgues\u00eda torpe, ignorante, y precisamente por ello prepotente y orgullosa de s\u00ed misma. Por supuesto ni Diderot ni el sobrino ni nosotros mismos, hijos del siglo XXI, podemos evitar el dolor y la frustraci\u00f3n que produce enfrentarse a un entorno marcado a partes iguales por el engreimiento y la imbecilidad. Pero Diderot deposita en el buf\u00f3n la renovaci\u00f3n de las ideas est\u00e9ticas porque sabe que aquellos que contratan al buf\u00f3n corren un riesgo grav\u00edsimo y es el riesgo de que el buf\u00f3n diga la verdad en voz demasiado alta, y muerda. Ese es el riesgo que corre el espectador frente al buf\u00f3n. Es necesario interrogar al artista fracasado, como Diderot interroga al sobrino de Rameau. Cuando el fracasado nos hable, cuando comprendamos que atesora un nuevo lenguaje de acuerdo con una sociedad m\u00e1s justa y m\u00e1s libre, ser\u00e1 preciso investigar las causas por las que el artista nuevo ha fracasado. Las causas del fracaso del artista son las p\u00fastulas de la sociedad, es la constataci\u00f3n del retraso, son las sombras que se alargan desde tiempos inmemoriales. Es necesario interrogar al artista fracasado y analizar las razones de ese fracaso para conocer los males de nuestro tiempo y hacerles frente. La renovaci\u00f3n est\u00e9tica, lejos de tener que ver con la pirotecnia de lo nuevo por lo nuevo, o la originalidad, como se empe\u00f1an en argumentar los Palissot mediante t\u00f3picos extenuantes, tiene que ver con el derecho a la libertad de expresi\u00f3n, cimiento indispensable para las generaciones futuras, es decir, la renovaci\u00f3n est\u00e9tica tiene tambi\u00e9n que ver con el surgimiento de un nuevo pensamiento, una nueva visi\u00f3n de la sociedad, una reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre el hombre. No se trata simplemente de un formalismo vacuo. El sobrino, por ejemplo, pertenece a un orden nuevo, su identidad, aunque \u00e9l la cifre en la abyecci\u00f3n, es la del revolucionario, pues la naturaleza le ha ofrecido una infinita capacidad para examinar al ser humano y revelarnos sus secretos y sus podredumbres. El principal cometido del buf\u00f3n, de la est\u00e9tica, es la revelaci\u00f3n. Ir contra la renovaci\u00f3n est\u00e9tica es frenar la posibilidad de ideas. Pues el arte es tambi\u00e9n un instrumento de conocimiento, y en tanto que ligado al humanismo se halla ligado tambi\u00e9n a la educaci\u00f3n, y vuelvo a citar \u201cLa monta\u00f1a m\u00e1gica\u201d, \u201cNo hay que desposeer a los humanistas de su funci\u00f3n de educadores(\u2026), pues son los \u00fanicos depositarios de una tradici\u00f3n: de la dignidad y belleza humana\u201d. Cuando el sobrino sit\u00faa la necesidad fisiol\u00f3gica m\u00e1s elemental y violenta del ser humano, el hambre, por encima de otros principios filos\u00f3ficos m\u00e1s abstractos, est\u00e1 anunciando un nuevo pensamiento, m\u00e1s acorde con la dignidad humana, nos est\u00e1 educando. Diderot, anticip\u00e1ndose a Schiller, a Brecht, nos educa a trav\u00e9s de la est\u00e9tica. No por casualidad asocia fracaso y locura a la renovaci\u00f3n de las ideas. El fil\u00f3sofo deposita en el fracasado la libertad, haciendo as\u00ed responsable al discurso oficial de la p\u00e9rdida de la libertad, del estrangulamiento del progreso. Todas las \u00e9pocas tienen su Diderot y su Palissot. La cuesti\u00f3n no consiste solo en interrogar al Diderot fracasado, sino tambi\u00e9n en descubrir al Palissot que nos corresponde, tarea dif\u00edcil, pues Palissot es un hombre de \u00e9xito, y es dif\u00edcil, sumamente dif\u00edcil descubrir que el hombre de \u00e9xito a veces coincide con un estafador, un in\u00fatil, y un retr\u00f3grado. Es muy dif\u00edcil descubrir que el hombre de \u00e9xito es el responsable del artificio que encorseta la expresi\u00f3n y estrangula la libertad. La renovaci\u00f3n de las ideas est\u00e9ticas pasa tambi\u00e9n por reconocer al estafador, al in\u00fatil y al retr\u00f3grado de \u00e9xito, censor encubierto, aliado de estrategias cuantitativas, que por supuesto, siempre se har\u00e1 pasar por lo contrario, y har\u00e1 de la humildad su estandarte. Pero la libertad de expresi\u00f3n no libra al buf\u00f3n de las servidumbres que conlleva su oficio. Las servidumbres que aquejan al buf\u00f3n se destilan directamente de las condiciones del contrato. Hay un Contrato Social y hay un Contrato del Buf\u00f3n. En primer lugar el buf\u00f3n puede decir lo que quiera a cambio de la esclavitud. Debe comportarse exclusivamente como buf\u00f3n, es decir, por contrato no puede comportarse ante los espectadores como un hombre normal, ni decir lo que piensa como un hombre normal, sin la m\u00e1scara profesional. Tiene derecho a decir lo que quiera como buf\u00f3n, pero no como ciudadano. As\u00ed el enemigo social de Rousseau. (No nos sonar\u00e1 tan raro si recordamos la reacci\u00f3n de algunos medios de comunicaci\u00f3n ante las manifestaciones de los artistas en contra de la guerra. Censuraban la protesta de unos simples c\u00f3micos cuyo cometido deb\u00eda ser entretener y estar fuera de la pol\u00edtica. Los c\u00f3micos a sus comedias. El prop\u00f3sito consist\u00eda en aniquilarlos como ciudadanos) Entre el buf\u00f3n y el amo jam\u00e1s hay transferencia de poder. La libertad para decir lo que uno piensa es insignificante comparada con la libertad para comprar lo que uno desea, entre otras cosas, comprar los servicios del buf\u00f3n. Tuc\u00eddides ya nos avisa de que los esclavos se comportan como deben y los amos como quieren. En segundo lugar, del contrato tambi\u00e9n se desprende que el objetivo principal del trabajo del buf\u00f3n es el entretenimiento. Explica el sobrino, \u201cporque en general, tanto el ni\u00f1o como el hombre, el hombre como el ni\u00f1o, prefieren divertirse a instruirse\u201d. Resulta dif\u00edcil compatibilizar \u00e9tica y entretenimiento. Esa es una de las taras de la representaci\u00f3n teatral, el buf\u00f3n \u00e9tico, pol\u00edtico, humanista, debe por contrato desarrollar su trabajo en el \u00e1mbito del entretenimiento, con las limitaciones que ese concepto impone. Es precisamente por desenvolverse el trabajo del buf\u00f3n en este marco, por lo que es expulsado cuando se le ocurre decir las verdades con la voz demasiado alta. El entretenimiento ha impuesto su propio canon, acepta un placer simple y reglamentado, y no un placer dif\u00edcil y experimental, as\u00ed pues el propio \u00e1mbito que reclama al buf\u00f3n y lo contrata, lo expulsa. Pero la mayor de las servidumbres del buf\u00f3n procede del hecho de pertenecer a una antiqu\u00edsima estirpe. Cada buf\u00f3n se siente el \u00faltimo de su linaje, como el pr\u00edncipe Myshkin, protagonista de \u201cEl idiota\u201d de Dostoievski, que tambi\u00e9n es el \u00faltimo de su linaje, enfermo y loco, un cristo malogrado al que solo se le tiene compasi\u00f3n en tanto en cuanto rompa jarrones chinos, es decir, siempre que se comporte como un idiota, y no como el hombre inteligente que es. Cada buf\u00f3n est\u00e1 siempre a punto de abandonar a causa de esa compasi\u00f3n falsa, de esa obligaci\u00f3n de romper jarrones chinos, la obligaci\u00f3n de hacer el idiota para ser respetado por compasi\u00f3n y desprecio. En efecto, el buf\u00f3n pertenece a una antiqu\u00edsima estirpe de casi hombres o no hombres, pr\u00e1cticamente los no- nacidos beckettianos puesto que el buf\u00f3n carece de yo y solo posee otredad, \u201cnada m\u00e1s desemejante a \u00e9l que \u00e9l mismo\u201d, nos informa el fil\u00f3sofo, \u201ctodo lo que s\u00e9 es que a m\u00ed me gustar\u00eda ser otro\u2026,\u201d se lamenta el sobrino. O tal vez por desear ser otro, por cambiar constantemente de m\u00e1scara, lo \u00fanico que posee el buf\u00f3n es un YO gigantesco, su obra es una prolongaci\u00f3n de su existencia, pertenece a esos que no diferencian entre el arte y la vida. Queda reflejado el buf\u00f3n en los versos de otro hambriento ilustre, otro fracasado que ya no pudo desprenderse de esa sensaci\u00f3n hasta la muerte, incluso cuando le alcanz\u00f3 el \u00e9xito tard\u00edo, escribe Bukovski al final de su vida, \u201cser incompletos es cuanto tenemos: escribimos lo mismo una y otra vez. Somos tontos, nos obligan\u201d. El buf\u00f3n pertenece a una estirpe formada por tullidos, retrasados mentales, enanos, pobres diablos, y seres deformes obligados a arrancar, como si fuera una costra pestilente, la carcajada est\u00fapida de sus espectadores. Algo de eso se le ha quedado prendido al buf\u00f3n contempor\u00e1neo, \u00e9ste arrastra cada una de las deformaciones que han hecho re\u00edr a reyes, cardenales, nobles, burgueses y dem\u00e1s necios, el buf\u00f3n lleva en su inconsciente gen\u00e9tico todo el desprecio, todos los insultos, y todas las humillaciones de las que ha sido objeto durante siglos. Igual que el africano, el buf\u00f3n, soporta con su alma, el alma masacrada de generaciones de esclavos. Tal vez por eso sea el \u00fanico que nos puede contar la verdad acerca del poder y la sociedad, esa jaur\u00eda de reses fr\u00edas y despiadadas que contratan sus servicios. Tal vez solo se puede ser \u00e9tico desde el sufrimiento. El poeta, el artista, lleva sobre sus imperfectos hombros de buf\u00f3n el peso de millones de vejaciones. Qu\u00e9 curioso que el buf\u00f3n sea considerado un necio por aquellos que son los aut\u00e9nticos necios. Los verdaderos cretinos desprecian al falso cretino. Pero el buf\u00f3n se libra de la sensaci\u00f3n de servidumbre burl\u00e1ndose de aquellos que le contratan y de aquellos que pagan por verle, se burla de todos ellos haciendo bien su trabajo, haciendo arte. Eso le hace sentir menos necio, menos esclavo. Darse cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor le hace sentir menos esclavo. Mencionar la palabra servidumbre ya le hace sentir menos esclavo. Distanciarse de la vanidad propia de su oficio ya le hace sentir menos esclavo. El verdadero espect\u00e1culo est\u00e1, como dir\u00eda mi querid\u00edsimo Carlos Marquer\u00ede, en el patio de butacas. En el fondo, el buf\u00f3n tambi\u00e9n es un espectador, pero un espectador exigente. El buf\u00f3n ampl\u00eda el escenario al mundo donde act\u00faa la sociedad entera. Theatrum mundi. Cada teatro, cada patio de butacas, es una reproducci\u00f3n de lo universal. De ese modo, el mundo, el espectador, se convierte en buf\u00f3n del buf\u00f3n. Dice el sobrino con gran clarividencia \u201cEl sabio no necesita buf\u00f3n. As\u00ed que el que tiene buf\u00f3n no es sabio; si no es sabio es buf\u00f3n; y tal vez as\u00ed, el rey fuera buf\u00f3n de su buf\u00f3n\u201d \u00bfEntonces por qu\u00e9 se sigue contratando al buf\u00f3n, a pesar del riesgo que entra\u00f1a? Diderot nos da la respuesta: \u201cLos poetas son como los locos en la corte de los reyes: dicen lo que quieren porque se les desprecia\u201d. Lo que dice un ser despreciable, por supuesto, no puede tener consecuencias. Las palabras de un loco, un miserable, un poeta, no pueden tener jam\u00e1s las consecuencias que tienen las palabras, por ejemplo, de un juez. Un juez, por m\u00e1s que se comporte de forma rastrera, siempre ser\u00e1 un hombre honorable. De lo cual se deduce que se sigue contratando al buf\u00f3n, porque el p\u00fablico le atribuye idiotez verdadera, algunos muy en el fondo, pero de alg\u00fan modo no son capaces de separar al hombre de su m\u00e1scara de actor. El buf\u00f3n merece ser tratado como un verdadero idiota simplemente por dedicarse a una profesi\u00f3n que tiene que ver con hacer el idiota, con romper jarrones chinos. Al buf\u00f3n se le excluye de un discurso intelectual competente y siempre se espera de \u00e9l un toque de imbecilidad, de frivolidad. Pero al darse cuenta de que no han contratado a un imb\u00e9cil aut\u00e9ntico se sienten ofendidos al mismo tiempo que decepcionados y aburridos. El espectador siente una mezcla de admiraci\u00f3n y desprecio por el buf\u00f3n, en el fondo el espectador sabe que se encuentra a salvo pues el buf\u00f3n, poeta, artista, no es un juez, de ah\u00ed la prepotencia del espectador frente al arte, el p\u00fablico en su infinita cobard\u00eda, se considera superior, y traduce su cortedad en violencia y maltrato contra el creador. De este modo el artista certifica una y otra vez la distancia entre su deseo de influencia y la falta de consecuencias. Esta falta de consecuencias reduce la \u00e9tica del buf\u00f3n a una militancia individual de los sentimientos. Son los falsos bufones, los imb\u00e9ciles y fr\u00edvolos, los Palissot, los que combinan las cantidades justas de humor, ligereza, veneno y erudici\u00f3n necia, son esos, los que se meten con las mujeres, los maricas y los moros para hacer gala de incorrecci\u00f3n inteligente, sin percatarse de que con ello le dan la raz\u00f3n a los machistas, los hom\u00f3fonos y los racistas, es decir, que lejos de ser incorrectos practican la correcci\u00f3n absoluta y ya centenaria que avala a los seres brutales, son esos, los que besan el culo de los engullidores de frivolidad, son esos, los falsos bufones, los que triunfan realmente. Da pena pensar, que a pesar del triunfo de su bober\u00eda, tambi\u00e9n a ellos los degluten con el mismo desprecio, como a una pata de gallina, y por vivir atrapados en su vanidad, no se dan cuenta. De cualquier modo, el desprecio del p\u00fablico s\u00ed tiene consecuencias para el buf\u00f3n, y funestas, es entonces cuando el buf\u00f3n comienza a autoflagelarse. El sobrino se arrepiente de haberse excedido, de haber dicho lo que pensaba, dice \u201clo he perdido todo por haber tenido un poco de sentido com\u00fan una sola vez en la vida, \u00a1no me volver\u00e1 a suceder!\u201d El sobrino se desprecia a s\u00ed mismo. No por ser un esclavo, sino por haber actuado con sentido com\u00fan y haber perdido as\u00ed su derecho a satisfacer la necesidad primaria del hambre. Se desprecia por no haber sabido ser un buen esclavo, el mejor esclavo, por no haberse dejado humillar una vez m\u00e1s, solo una vez m\u00e1s. Es peor no comer que ser esclavo. \u201cConozco el desprecio de m\u00ed mismo\u201d, dice el sobrino. Y en su autoinmolaci\u00f3n desplaza el sentido de la vida hacia el esti\u00e9rcol, hacia lo primario. \u201cLo importante es ir tranquilamente, libremente, agradablemente, cuantiosamente cada noche al excusado. \u00a1Oh stercus pretiosum! Ese es el resultado de la vida en cualquiera de sus estamentos\u201d De modo que la verdadera utop\u00eda no reside en la b\u00fasqueda del orden natural sino en el propio Contrato Social. El Contrato roussoniano se convierte en la aut\u00e9ntica utop\u00eda. El sobrino lo contradice rechazando el \u201cestado civil\u201d, es decir, se niega a pasar del estado natural al estado civil, no quiere sustituir \u201cel apetito por el derecho\u201d ni \u201cel instinto por la justicia\u201d, pues el pacto donde \u00e9l vive es injusto y la propuesta roussoniana una fantas\u00eda pol\u00edtica. El sobrino llega incluso a proponer el robo, la desobediencia civil, como manera de redistribuir la riqueza.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, la \u201clibertad civil\u201d que el Contrato Social le otorga al buf\u00f3n como ciudadano, se encuentra limitada por el otro contrato, el Contrato del Buf\u00f3n, firmado por la \u201cvoluntad general\u201d. Para el buf\u00f3n la \u201cvoluntad general\u201d no implica exactamente un bien com\u00fan, implica m\u00e1s bien maltrato y esclavitud. \u201cNo me importa ser abyecto pero quiero serlo sin que se me obligue\u201d, dice el sobrino. Decididamente el buf\u00f3n nos quiere demostrar que no existe orden social que solucione aquellas cosas que pertenecen estrictamente a la naturaleza humana, la envidia, la mezquindad, la corrupci\u00f3n moral, la mediocridad. Ante la inmundicia de los deseos humanos se tambalea cualquier tipo de orden social. Por tanto, beber, comer, fornicar y dormir. \u201cExcepto eso, todo es vanidad\u201d, asegura el sobrino. En esta declaraci\u00f3n de principios reconocemos el plato y el orinal de \u201cMuere Malone\u201d de Beckett. Lo importante es si vac\u00edas o no vac\u00edas el plato, lo importante es si llenas o no llenas el orinal, frente al maltrato del Theatrum mundi, el sobrino opone un sistema regular de entradas y salidas. El ano es el final de la boca, y habr\u00eda que certificar si un hombre est\u00e1 vivo o muerto comprobando la \u00faltima exhalaci\u00f3n anal. El YO del sobrino se diluye, por tanto, en la biolog\u00eda m\u00e1s elemental. Excepto eso, todo es m\u00e1scara. Carmen Iglesias en su estudio acerca de la Ilustraci\u00f3n, al referirse al dilema entre ser y parecer, nos dice que a veces la m\u00e1scara se queda demasiado prendida. El orden social, repetimos una vez m\u00e1s, se apoya en la hipocres\u00eda, y una de las misiones del buf\u00f3n consiste en romper ese pacto, en desprender la m\u00e1scara del hip\u00f3crita. Pero una vez el buf\u00f3n ha sido expulsado de los salones, para romper el pacto social s\u00f3lo le queda lo biol\u00f3gico, lo profundamente escatol\u00f3gico, la suciedad, lo repugnante. Sus heces o las heces del mundo. El buf\u00f3n hace reventar las cloacas de Par\u00eds. Hay que quitarle la raz\u00f3n a Beckett, entonces, pues el ano no es el final de la boca. La boca es el principio de la cloaca universal. El fil\u00f3sofo no soporta que el sobrino le hable de s\u00ed mismo con tanta claridad, con esa sinceridad atigrada, no soporta que alguien sea consciente de tanta bajeza. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 me mostr\u00e1is toda vuestra bajeza?\u201d, le pregunta. El buf\u00f3n se complace rebaj\u00e1ndose a s\u00ed mismo, al fin y al cabo, hundirse en la abyecci\u00f3n es un instrumento de defensa, autodegradarse es ser excelente en algo. El sobrino, que se considera un mediocre en todo a pesar de no admitir la mediocridad en nada (puro Thomas Bernhard del XVIII), se revuelca en su propio fracaso y reconoce que su inclinaci\u00f3n natural a la reflexi\u00f3n es una enfermedad, opina que reflexionar es una perturbaci\u00f3n morbosa que es preciso desterrar. El sobrino dice ser lacayo del vicio, hombre elemental, abyecto, y tantas cosas m\u00e1s. La diferencia entre el fr\u00edvolo y el buf\u00f3n es que el buf\u00f3n rechazando el pensamiento construye pensamiento. Alguien completamente ignorante e irreflexivo, alguien primitivo, jam\u00e1s podr\u00eda hablar mal de s\u00ed mismo, ni describir sus vicios con tanta distancia y franqueza. Un verdadero idiota no se distancia nunca de sus miserias porque no siente que tenga miserias. \u201cSe necesita m\u00e1s valor de lo que uno podr\u00eda pensar para llamarse a s\u00ed mismo por su nombre\u201d, reconoce el sobrino al fin. El buf\u00f3n se siega a s\u00ed mismo, antes que nada. \u201cSi te has decidido a segar has de segarlo todo, incluido t\u00fa mismo\u201d, esta cita de \u201cPadres e Hijos\u201d de Turgueniev parece estar escrita para el buf\u00f3n. Y adem\u00e1s encierra el preludio de su amarga locura cl\u00ednica. \u201cEl sobrino de Rameau\u201d une los tres locos shakesperianos: el loco fingido, el loco profesional, y el loco cl\u00ednico. Gracias a su condici\u00f3n de loco profesional el buf\u00f3n puede alimentarse, gracias a fingirse loco puede protegerse, (hacerse pasar por loco es una estrategia de protecci\u00f3n), pero llega un momento en que el sobrino va descendiendo hacia la locura cl\u00ednica, la locura real, y en ese descenso comprobamos la crueldad de su fracaso, la amargura inconsolable, vemos al heredero del buf\u00f3n calabacillas de Vel\u00e1zquez, vemos el corredor sin retorno de Sam Fuller, asistimos a las consecuencias de las humillaciones sufridas a causa de su profesi\u00f3n, las consecuencias del hambre y la inestabilidad, las consecuencias del profundo asco que le inspira la gente para la que trabaja, dice el sobrino\u201c\u00bfpero c\u00f3mo sentir, elevarse, pensar, pintar con fuerza, frecuentando a la gente que tenemos que ver para vivir?\u201d Todo ello le conduce a un estallido de locura, estallido que en una nueva paradoja nos da una visi\u00f3n m\u00e1s real de lo que es un hombre. El buf\u00f3n debe soportar esta dolorosa contradicci\u00f3n: el camino que le ha conducido a la locura es precisamente su opuesto, la extrema lucidez. Foucault nos da una visi\u00f3n trascendente del trastorno del sobrino de Rameau en su \u201cHistoria de la locura\u201d. Seg\u00fan Foucault gracias al sobrino se elimina la distancia entre la raz\u00f3n y la sinraz\u00f3n, de modo que la locura se erige tambi\u00e9n en instrumento de conocimiento. Diderot se adelanta nada menos que un siglo. La enajenaci\u00f3n del sobrino nos muestra otra v\u00eda hacia la verdad, nos dice que el hombre no llega a la verdad solamente gracias \u201cal trabajo de la raz\u00f3n\u201d sino gracias a la locura. Por tanto, con el buf\u00f3n, el delirio pasa a ser la c\u00faspide de la conciencia, porque, como dice Foucault \u201cdesde el fondo mismo de la sinraz\u00f3n es posible interrogarse sobre la raz\u00f3n\u201d. El delirio aniquila \u201cla conciencia esclava\u201d y hace triunfar la \u201cconciencia soberana\u201d. Aunque, claro est\u00e1, no existe conciencia soberana sin sufrimiento. Estamos de acuerdo con Foucault en que el gran descendiente del sobrino de Rameau es Antonin Artaud. Imposible pensar en Artaud sin combinar la conciencia soberana con el sufrimiento. \u00bfQui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos bufones dolientes sufren el confinamiento soterrado a manos de la correct\u00edsima c\u00fapula de cr\u00e1neos hipervisibles y razonables? Lo razonable sigue enviando a los locos a los asilos del olvido y el desprecio. Al fin y al cabo siempre existir\u00e1 un hombre honorable que tras su p\u00falpito de soberbia argumente en cualquier universidad, esgrimiendo una estolidez medieval, que si el buf\u00f3n fracasa es porque el buf\u00f3n se lo ha buscado, haciendo ver a la opini\u00f3n general que el fracaso reside en el hombre mismo y por supuesto, no es consecuencia del medio econ\u00f3mico ni pol\u00edtico ni educativo ni social ni cultural. El hombre razonable borra tres siglos de un plumazo. Gracias al profesional razonable, al Palissot de turno, al hombre del \u00e9xito, el loco vuelve a ser confinado junto al leproso y al criminal. \u201c\u00c9l se lo ha buscado\u201d, repetir\u00e1 una y otra vez el hombre de \u00e9xito. Adem\u00e1s de Artaud, Foucault menciona a toda una descendencia del sobrino, Holderlin, Nerval, Nietzsche, Van Gogh, Roussell. Todos ellos, dice Foucault, \u201cse han arriesgado all\u00ed\u201d. El trabajo del buf\u00f3n es el alpinismo del dolor. No se puede comprender sin riesgo, ese riesgo que le hace estar tan cerca de los leprosos y los criminales. Este descenso del sobrino hacia la locura real, a pesar de significar la apropiaci\u00f3n de la conciencia soberana, no nos hace ya re\u00edr, nos empuja m\u00e1s bien al llanto y a la piedad. Mientras habla, el sobrino utiliza su propio rostro como un trozo de barro ed\u00e9nico, o ad\u00e1nico, como para descubrir a trav\u00e9s de pantomimas aberrantes qui\u00e9n es, descubrir si acaso procede del primer hombre, tal vez busc\u00e1ndose en otro loco para imitarle, para descubrir como debe comportarse un loco, para reconocerse en \u00e9l y decir con propiedad, estoy loco, al fin. Cuando el hombre es capaz de llamarse a s\u00ed mismo con su propio nombre empieza la sinraz\u00f3n. Si uno profundiza en su propia bajeza llega a acumular la bajeza de la humanidad entera, se descompone. Recordamos de nuevo lo que dice Rameau, \u201cSe necesita m\u00e1s valor de lo que uno podr\u00eda pensar para llamarse a s\u00ed mismo por su nombre\u201d Rameau, efectivamente ha tenido esa clase de valor y da un paso irreparable, se golpea la cabeza y dice, \u201cSin embargo me parece que aqu\u00ed hay algo, pero por m\u00e1s que golpeo, que sacudo, no sale nada. O no hay nadie, o no quieren contestar\u201d. Ya no hay distancia profesional. Ya es uno. El buf\u00f3n est\u00e1 cargado de posibilidades melanc\u00f3licas que le conducen inevitablemente a la locura: exigirle a un hombre por contrato la demencia, la idiotez no carece de consecuencias. Adem\u00e1s de la descendencia enunciada por Foucault, El sobrino, juega a las cartas con B\u00faster Keaton, esclavo de su rostro por contrato, y Bela Lugosi, vampiro de s\u00ed mismo por contrato, en las cuevas de Lascaux, al sur de Francia. Me imagino al sobrino de rameau llegando a la cueva y entonando unos versos de Bukovski, \u201ceste ser\u00eda un buen lugar para volverse loco y dejarlo todo\u201d. Rameau, gracias al derecho natural, arc\u00e1dico y ut\u00f3pico, vuelve a lo m\u00e1gico, retrocede desde lo profano, pasando por lo religioso aur\u00e1tico hasta la era m\u00e1gica rupestre. En vez de seguir los pasos de Walter Benjamin buscando un arte profano, ajeno a lo religioso, el sobrino viaja hasta las cuevas rupestres para politizar lo m\u00e1gico. Hay algo pol\u00edtico en el hecho de invocar mediante la representaci\u00f3n del alma humana la mejora del hombre, del mismo modo que los primitivos intentaban conseguir mediante la representaci\u00f3n de escenas de caza la prosperidad. Si seg\u00fan Gombrich las pinturas rupestres eran \u201cIm\u00e1genes hechas para protegerles de otras fuerzas sobrenaturales\u201d en el caso de la bufoner\u00eda est\u00e1n hechas para protegerse de los desastres del orden social. Desde luego, despu\u00e9s del siglo XX, despu\u00e9s de contemplar como las utop\u00edas sociales mutaron en totalitarismos criminales, despu\u00e9s de la barbarie del siglo XXI perpetrada por estados democr\u00e1ticos contra civiles indefensos, despu\u00e9s de escuchar decir a los fil\u00f3sofos que si el hombre tiene derecho a seguir existiendo, que el ser humano puede prescindir del arte y del hombre mismo, plantearse la mejora del hombre mediante la representaci\u00f3n est\u00e1 m\u00e1s cerca de lo m\u00e1gico que nunca, al fin y al cabo, la representaci\u00f3n con fines m\u00e1gicos de las cuevas rupestres est\u00e1 unida a una explicaci\u00f3n materialista del ser humano, satisfacer, como en el sobrino, la necesidad primaria del hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma necesidad primaria de los africanos que en su \u00e9xodo ni siquiera mueren ahogados, sino de hambre y de sed en la propia barquilla donde viajan, llegan muertos, estos h\u00e9roes, sin ver como a sus compa\u00f1eros de traves\u00eda se les traslada a un CENTRO DE INTERNAMIENTO de ILEGALES donde hacinados, DETENIDOS, a veces ESPOSADOS, les aguarda la DEPORTACI\u00d3N. Uno no puede evitar el escalofr\u00edo cuando descubre estos mismos t\u00e9rminos en la historia del nazismo, en la historia del gulag ruso, en el preludio de los grandes genocidios del siglo XX. INTERNAMIENTO, ILEGALES, DETENIDOS, ESPOSADOS, DEPORTACI\u00d3N. En cualquier caso, y suponiendo con mucho optimismo, que el sentido de estos t\u00e9rminos sea diferente, estos muchachos, son devueltos no a sus pa\u00edses de origen, sino a cualquier lugar del desierto donde puedan seguir muriendo como deben, es decir como seres inferiores, se les atribuye una pobreza natural, de nacimiento, cong\u00e9nita, all\u00e1 cada uno con la suya, ellos se lo han buscado, la pobreza es un asunto privado, solo se convierte en un asunto p\u00fablico cuando se vuelve amenaza, no se tiene en cuenta por humanismo, sino por totalitarismo. Las autoridades aseguran que estos ilegales carecen de entidad como refugiados pol\u00edticos. Como si el hambre y la enfermedad no fueran tambi\u00e9n pol\u00edtica. El hambre de los africanos y del sobrino tambi\u00e9n es pol\u00edtica. Se encuentran unidos por la pol\u00edtica de la exclusi\u00f3n. De las omisiones deliberadas. No me cansar\u00e9 de repetir que la econom\u00eda es una de las formas del crimen. Y relativizar la muerte es una forma de totalitarismo. No hay que tener miedo a realizar este tipo de conexiones aparentemente desconcertantes. Todo est\u00e1 conectado. Y para ello, para conectar al sobrino, con el tiempo de los viajes tr\u00e1gicos, para conectar a los excluidos, utilizaremos una frase de Foucault, de su \u201cHistoria de la locura\u201d, \u201cEl sufrimiento del hambre sigue siendo insondable dolor\u201d. Ang\u00e9lica Liddell, Madrid, Febrero 2007<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Documentos relacionados<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Obras<\/h5>\n\n\n\n<p><em><a href=\"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2007\/07\/05\/perro-muerto-en-tintoreria-los-fuertes\/\" data-type=\"post\" data-id=\"703\">Perro muerto en tintorer\u00eda: Los fuertes<\/a>,<\/em> Ang\u00e9lica Liddell, 2007<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ang\u00e9lica Liddell, 2007<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":734,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[102,39,100],"class_list":["post-10538","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-es","tag-afectos","tag-cuerpo","tag-dolor"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10538","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10538"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10538\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10543,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10538\/revisions\/10543"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media\/734"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10538"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10538"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10538"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}