{"id":10532,"date":"2003-03-23T17:03:00","date_gmt":"2003-03-23T16:03:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/?p=10532"},"modified":"2026-03-23T17:05:36","modified_gmt":"2026-03-23T16:05:36","slug":"el-retorno-del-espacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/2003\/03\/23\/el-retorno-del-espacio\/","title":{"rendered":"El retorno del espacio"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Karl Schl\u00f6gel<\/h4>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2003<\/h5>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Referencia bibliogr\u00e1fica<\/h5>\n\n\n\n<p>SCHL\u00d6GEL, Karl Schl\u00f6gel.&nbsp;<em>En el espacio leemos el tiempo. Sobre Historia de la civilizaci\u00f3n y Geopol\u00edtica<\/em>, Madrid, Siruela, 2007. Trad. del original Im Raume lesen wir die Zeit. \u00daber Zivilisationsgeschichte und Geopolitik, M\u00fanich-Viena, Carl Hanser Verlag, 2003.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este libro que ahora encaramos nos pasa un poco como a Alesander von Humboldt y a Bonpland en ese momento de perder de vista las costas europeas sin tener ante s\u00ed otro que el ancho mar, donde a uno pueden entrarle mareos de tanto vac\u00edo y lejan\u00eda. Nos gustar\u00eda recuperar el impulso a salir al mundo. Es la hora. El espacio se ha olvidado, ya no lo hay. Presuntamente se ha desvanecido, consumido por una vertiginosa aceleraci\u00f3n. Ya no hay espacio entre rutinas que funcionan, o a lo sumo, cuando por un instante se interrumpen: una cat\u00e1strofe, una detenci\u00f3n forzosa fuera de programa. Entonces, de repente, lo hay: como escena, lugar de los hechos, escenario de la cat\u00e1strofe. Por un instante vuelve entonces el conocimiento de que el mundo tiene agujeros negros y pese a toda aceleraci\u00f3n hay una geograf\u00eda que desempe\u00f1a un papel hoy como ayer. Hay cosas de las que no se habla porque se entienden solas, en todo caso mientras est\u00e9n ah\u00ed calladas o simplemente funcionen. Entre tales obviedades se cuenta el espacio. Ni siquiera hay un lenguaje para \u00e9l. Es un hecho de nuestra vida cotidiana, pero no existe en el lenguaje de la teor\u00eda. Est\u00e1 ausente, reconstruido y recubierto de historia, sucesos, estructuras y procesos en que todo es importante, ecepto esto: que todos tienen lugar, escenario de la acci\u00f3n, lugar de los hechos. El espacio parece colonizado por las ciencias sociales. Ahora se trata de dejarle volver en su ser con toda su enormidad. El mundo espacial est\u00e1 ocupado por int\u00e9rpretes y administradores de textos. El mundo parece metamorfoseado en un gran texto \u00fanico, y de la \u201clegibilidad del mundo\u201d de Hans Blumenberg la mayor\u00eda se ha quedado s\u00f3lo con la letra, no con el esp\u00edritu. Percatarse del mundo significa dejar atr\u00e1s la fijaci\u00f3n exclusiva en el texto y desechar la c\u00f3moda ilusi\u00f3n de que aqu\u00e9l sea un gran texto \u00fanico que hasta cierto punto podr\u00edamos descifrar sin m\u00e1s, desde el escritorio o la mesa del caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Los paisajes no son textos, como tampoco las ciudades. Los textos pueden leerse, a las ciudades hay que ir. Hay que mirar en torno. No puede leerse un lugar, hay que buscarlo para darse una vuelta. Edificios y plazas son sus reproducciones; los interiores, la novela en que aparecen. Se trata de relaciones espaciales, de distancias, cercan\u00eda y lejan\u00eda, medida, proporci\u00f3n, volumen, figura. Espacio y lugar plantean ciertas exigencias; por menos, no se dejan tener. Quieren ser franqueados. Y de ellos no se debe decir palabra que no est\u00e9 fehacientemente acreditada sobre el terreno y en el lugar de autos: lo que no funciona sin adiestrar la mirada, sin estudios de campo, sin trabajo sobre el terreno. Y eso significa tambi\u00e9n que no funciona sin cerrar por un instante los libros, apartar de ellos los ojos y confiar en \u00e9stos directamente, sin cubrirse, al descubierto. Entonces resulta r\u00e1pidamente que hay otros caminos por andar si uno quiere llegar al mundo. Pero \u00bfcu\u00e1les, por cu\u00e1les? Adoptamos la forma de moverse de quien pretende orientarse en el espacio. Como queremos proceder, avanzar, nos ponemos en pie. Hacemos un plan de viaje, un esbozo, un itinerario. No se trata de la l\u00ednea ortodr\u00f3mica. No estamos construyendo un edificio. No es una indicaci\u00f3n de c\u00f3mo alcanzar la meta, sino un m\u00e9todo de moverse sin perder la orientaci\u00f3n en terreno abierto por todos los costados. No nos apoyamos en deducciones a partir de un concepto que antecede a todo, avanzamos tanteando: de ciudad en ciudad, de una lengua de tierra en otra, de isla en isla, de ensenada en ensenada como por antiguos portulanos. Puede ser bueno enga\u00f1arnos, que tras la pr\u00f3xima lengua de tierra no surja el puerto sino horizonte sin fin, haber echado mal las cuentas, en distancias y en dificultades. No est\u00e1 excluido encallar e irnos pique. Avanzaremos con ayuda de mapas y nos toparemos con que lo dicen todo, o lo callan, para arribar acaso alguna vez a una realidad de la que estamos convencidos es cosa distinta de su representaci\u00f3n y de los discursos que sobre ellas se sostienen. Quien usa correctamente los mapas alcanza alguna vez el mundo para el que est\u00e1n hechos. As\u00ed como no es \u00e9ste un libro de mapas y cartograf\u00edas, tampoco intenta competir con la reproducci\u00f3n de grandes obras cartogr\u00e1ficas, las \u00fanicas en que se puede desplegar la magia que esconden. Carecer\u00eda de toda perspectiva querer medirse con ellas. Quien las haya tenido en sus manos alguna vez sabe que, en cuanto obras de arte, de ciencia y de t\u00e9cnica, s\u00f3lo se les causa perjuicio cuando se las intenta forzar en reproducciones y copias reducidas. Para comprenderlas hay que contemplarlas, tal como se va al museo para contemplar un Rembrandt. El presente texto gira en torno a otro modo de andar a vueltas con mapas, de tratar y de mirar los mapas y el mundo que reflejan. No en torno a la ilustraci\u00f3n sino a la reflexi\u00f3n, no entorno a interpretar im\u00e1genes, sino a c\u00f3mo agudizar y aun producir una mirada y una atenci\u00f3n nuevas a todo cuanto ni est\u00e1 en los textos ni puede estar, lisa y llanamente porque el mundo, algo que se olvid\u00f3 hace mucho, no consiste en textos. \u00c9ste no es un libro para los ojos, sino para cabezas que tengan los ojos para ver o al menos quieran trabajar con ellos. En lo fundamental, gira en torno a un solo pensamiento, a saber, que s\u00f3lo podemos hacernos con una imagen adecuada del mundo si empezamos a pensar otra vez juntamente espacio, tiempo y acci\u00f3n. Como ese pensamiento elemental est\u00e1 olvidado o desterrado hace bastante tiempo, vale la pena ponerlo de nuevo en circulaci\u00f3n. \u00c9l es tambi\u00e9n br\u00fajula y comp\u00e1s del movimiento de b\u00fasqueda que ahora comienza. \u201cAtrofia espacial\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Desvanecimiento del espacio La tesis de que el espacio se est\u00e9 desvaneciendo se funa ante todo en la revoluci\u00f3n de las t\u00e9cnicas inform\u00e1ticas durante los dos o tres decenios \u00faltimos. Incomparablemente m\u00e1s potente que cualquiera de los medios precedentes \u2013vapores, tel\u00e9grafo, tel\u00e9fono, radio o televisi\u00f3n-, nuevas tecnolog\u00edas como Internet, correo electr\u00f3nico, fax o tel\u00e9fono m\u00f3vil no cooperan a un amera contracci\u00f3n del espacio, as\u00ed afirma esa argumentaci\u00f3n, sino m\u00e1s propiamente a que se est\u00e9 consumiendo hasta desvanecerse. Se ha desarrollado toda una literatura en torno a esos t\u00f3picos, el \u201cdesvanecimiento del espacio\u201d o la \u201cinmovilidad vertiginosa\u201d de que habla Paul Virilio: \u201cLa idea de que las telecomunicaciones avanzadas, que precisamente no est\u00e1 en disminuir ese \u201crozamiento\u201d que es la distancia, sino en quitarle todo significado. Si el tiempo que se precisa par comunicarse a diez mil millas no es discernible del requerido a una milla, se ha llegado a la convergencia de \u201cespacio-tiempo\u201d en alguna magnitud fundamental. Y como toda relaci\u00f3n geogr\u00e1fica se basa impl\u00edcita o expl\u00edcitamente en ese rozamiento que la distancia genera, resulta forzosamente que negarlo en todas sus formas pone en cuesti\u00f3n la base en que la Geograf\u00eda descansaba hasta ahora como en algo obvio\u201d ( ). Pero aun esta concepci\u00f3n va demasiado lejos para los te\u00f3ricos del ciberespacio. Pues no hay duda, ciertamente, de que \u201clas tecnolog\u00edas de informaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n interrumpen abruptamente la l\u00f3gica de la sociedad moderna, pero no la dejan simplemente inv\u00e1lida. La Geograf\u00eda sigue desempe\u00f1ando un papel, a t\u00edtulo de principio organizador y constituyente de relaciones sociales; no se la puede eliminar totalmente\u2026 No es admisible pasar por alto que los seres humanos siguen viviendo en un mundo material y necesitan alimento, vivienda y trato humano\u201d. Seg\u00fan esto, la revoluci\u00f3n de los medios lleva m\u00e1s bien a que el espacio geogr\u00e1fico se ampl\u00ede o se estratifique, no a que se desvanezca: \u201cAl geogr\u00e1fico se superpone un espacio virtual que permite as\u00ed a personas y organizaciones reaccionar con m\u00e1s flexibilidad al espacio geogr\u00e1fico real. Creemos que esas formas de acumulaci\u00f3n y movilidad espaciales, acrecentadas y flexibles, indica que vivimos una era en que la l\u00f3gica espacial es ya modernidad tard\u00eda, un \u00e1rea en que se construye un nexo socioespacial nuevo\u201d. De todos modos, ese argumento u opini\u00f3n de que el espacio se desvanece es m\u00e1s antiguo que las recientes revoluciones tecnol\u00f3gicas, y se apoya en estratos m\u00e1s densos, con mucho, que ese progreso t\u00e9cnico que quiere hacer constar, con toda raz\u00f3n. La cuesti\u00f3n gira en torno a una forma de pensar, un h\u00e1bito, una fa\u00e7on de parler. Una en que el horizonte temporal y la narrativa hist\u00f3rica imperan sin m\u00e1s, como si ello fuera obvio. Su materia prima es el habla, el texto, el discurso. Reinhardt Koselleck ha hablado de una primac\u00eda del tiempo sobre el espacio aceptada espont\u00e1neamente, como cosa comprensible de suyo. \u201cPuesta ante la alternativa formal tiempo o espacio, una abrumadora mayor\u00eda de historiadores optar\u00eda por una hegemon\u00eda te\u00f3rica del tiempo sin m\u00e1s que una d\u00e9bil fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica\u201d ( ). Y Edward Soja coloca en el centro de su proyecto de geograf\u00eda posmoderna la tesis del desvanecimiento del espacio, como reflejo inverso del triunfo de un historicismo que s\u00f3lo ahora toca a su fin: \u201cMi meta es espacializar la narrativa hist\u00f3rica (to spatialize the historical narrative), vincular la dur\u00e9e con una Geograf\u00eda Humana duradera y cr\u00edtica\u2026 hacer que an\u00e1lisis y teor\u00eda social contempor\u00e1neos tomen conciencia de una perspectiva espacial cr\u00edtica. Al menos durante el siglo pasado, tiempo e historia han tomado posesi\u00f3n de un puesto privilegiado en la conciencia pr\u00e1ctica y te\u00f3rica del marxismo occidental y la teor\u00eda cr\u00edtica. Comprender c\u00f3mo se hace historia fue la m\u00e1s importante fuente de conocimiento emancipatorio y conciencia pol\u00edtica pr\u00e1ctica, recept\u00e1culo amplio y variable de interpretaciones cr\u00edticas de la vida y pr\u00e1ctica sociales. Aun as\u00ed, hoy son consecuencias del espacio antes que del tiempo las que nos est\u00e1n ocultas, antes \u201chacer geograf\u00eda\u201d que hacer historia lo que le mundo pr\u00e1ctico y te\u00f3rico pone ante nuestros ojos. Ah\u00ed est\u00e1, apremiante, el requisito y promesa de la geograf\u00eda posmoderna\u201d. Seg\u00fan Edward Soja, en adelante la cuesti\u00f3n est\u00e1 en \u201cintentar deconstruir y recomponer de nuevo la r\u00edgida narrativa hist\u00f3rica, escapar de la prisi\u00f3n que es la temporalidad del lenguaje y de la teor\u00eda cr\u00edtica convencional de un historicismo similarmente carcelario, para dejar espacio a intuiciones de una Geograf\u00eda Humana comprensiva, a una hermen\u00e9utica espacial. Con ello se cortar\u00eda el flujo de lo secuencial una y otra vez y se desviar\u00eda a recuperar y componer simultaneidades y yuxtaposiciones de mapas, con que ser\u00eda posible subirse a la narraci\u00f3n casi en cualquier punto a voluntad sin perder de vista el planteamiento general del trabajo, que podr\u00eda parafrasearse as\u00ed: crear accesos cr\u00edticos al vinculaci\u00f3n de tiempo y espacio, historia y geograf\u00eda, \u00e9poca y regi\u00f3n, sucesi\u00f3n y simultaneidad\u201d ( ). La obsesi\u00f3n del siglo XIX fue el historicismo, el tiempo: dur\u00e9e, no espace. El historicismo conceb\u00eda el cambio en t\u00e9rminos de consecuci\u00f3n temporal, no de yuxtaposici\u00f3n. Despleg\u00f3 la imaginaci\u00f3n social, a veces hasta la hipertrofia, en tanto la geograf\u00eda sigui\u00f3 en todo momento entumecida y en una posici\u00f3n perif\u00e9rica. Soja habla incluso de sometimiento del espacio por el pensamiento social cr\u00edtico. Tambi\u00e9n Nicolaus Sombart remite a un estrato situado mucho m\u00e1s hondo si se trata de describir y luego explicar abreviaturas textuales y temporales de nuestras interpretaciones en ciencias del esp\u00edritu e historia de la cultura: \u201cNuestra hermen\u00e9utica se cuenta entre las ciencias del esp\u00edritu. En otras palabras, se refiere a textos y a su cronolog\u00eda a la manera de Maim\u00f3nides, del Talmud, del protestantismo; interpreta el mundo como un libro, conforme a una secuencia de p\u00e1ginas; en el orden de sus letras intenta descifrar un sentido secreto que supone oculto tras ellas. Todo gira siempre en torno al \u201cdesvelamiento\u201d. En torno a la interpretaci\u00f3n del sentido de un fen\u00f3meno cultural que es siempre cifra, en que siempre hay que seguir indagando \u201cm\u00e1s atr\u00e1s\u201d El mundo de la vida, con toda su concreci\u00f3n sensible, no se toma en serio. Es s\u00f3lo apariencia que oculta al ser. La d\u00e9marche cient\u00edfica tiene por meta dar con indicios de alg\u00fan enga\u00f1o al que pillar con las manos en la masa. El \u201cdesvelamiento\u201d se torna en \u201cdesenmascaramiento\u201d, \u00e9se es el gesto de la cr\u00edtica cultural moderna. Donde presentar pruebas quiere decir por lo general aducir pasajes textuales. La interpretaci\u00f3n se aferra a la letra. La topolog\u00eda d esa hermen\u00e9utica carece de lugar. Frente a ella se alzar\u00eda una hermen\u00e9utica de las ciencias de la cultura que piensa en cuerpos, referida al espacio, tridimensional, morfol\u00f3gica, geogr\u00e1fica. El mundo del ser humano es el planeta con sus continentes y oc\u00e9anos; su historia y su destino terreno est\u00e1n ligados a lugares y espacios concretos. La t\u00f3pica de ese herm\u00e9utica es topograf\u00eda. Cada lugar ha de ser entendido m\u00e1s all\u00e1 de la iconograf\u00eda a \u00e9l asignada. No son \u00e9pocas y transcurso temporales lo decisivo, sino cuerpos sociales y c\u00edrculos culturales. Se buscan patrones de sentido en terrenos y referencias espaciales y geogr\u00e1ficas, se percibe el fen\u00f3meno in situ, como formas y figura que es. No hay, desligados del mundo sensible, unas ciencias y un mundo del esp\u00edritu que s\u00f3lo existen en un espectral mundo de esp\u00edritus como el de los textos can\u00f3nicos. Todo es localizable. Podr\u00eda hablarse de hermen\u00e9utica topogr\u00e1fica. El patr\u00f3n fundamental a que se incorporan todos los datos del continuo hist\u00f3rico-social son los cuatro cuadrantes de la rosa de los vientos con los rumbos del cielo, Este y Oeste, Norte y Sur; en el centro, con los dos pies en la tierra, la cabeza bien alta, el ser humano en la tridimensionalidad de su cuerpo, desde el que se define arriba y abajo, delante y detr\u00e1s, derecha e izquierda. \u201c (nota 15) [\u2026] Visto desde ese rico programa de una geograf\u00eda segura de s\u00ed entorno a 1830, el desarrollo posterior semeja un continuo descenso, o mejor, marginalizaci\u00f3n de una disciplina entera. En cualquier caso los pesos se desplazan. Paralelamente llega a su desenlace la incontenible ascensi\u00f3n del historicismo, que es a la vez la historia e la expulsi\u00f3n y marginalizaci\u00f3n de lo espacial. Una que no gira tanto en torno a una hostilidad y una imposici\u00f3n de hegemon\u00eda francas, manifiestas y declaradas, sino ante todo a un desvanecerse en silencio, un \u201csilencing spatiality\u201d (Edward Soja), a un desinter\u00e9s en trance de volverse constitutivo. Las relaciones espaciales ya s\u00f3lo son a modo de container, black box, escenario pasivo para actores hist\u00f3ricos. Mientras la historia y sus actores se ponen en escena a s\u00ed mismos con el mayor derroche y aparato y la mayor fidelidad en los detalles, la escena como tal sigue muerta. No tiene ni historia ni tiempo propios. En lo que no dejan de tener parte de culpa la Geograf\u00eda y los cient\u00edficos del espacio que han naturalizado y en ocasiones aun petrificado y \u201cgeologizado\u201d las relaciones espaciales, sin tener una mirada siquiera para el hecho de que hab\u00eda influencias humanas, no s\u00f3lo un making of history, sino tambi\u00e9n un making of geography. En Hegel todo concepto y tradici\u00f3n firmes se hacen fluidos, se lic\u00faan en componentes y trances de un proceso, el movimiento por s\u00ed solo del esp\u00edritu absoluto. Con todo, aun su dial\u00e9ctica del proceso hist\u00f3rico estaba referida a un lugar, un territorio: el Estado burgu\u00e9s nacional alias reino de Prusia. En el vuelco marxista de esa dial\u00e9ctica el capital es promovido a motor de la historia universal, a t\u00edtulo de absoluto que se pone a s\u00ed mismo y refiere allende a s\u00ed mismo; y nadie habr\u00eda celebrado con m\u00e1s entusiasmo que Marx la misi\u00f3n hist\u00f3rica del capital en la producci\u00f3n de un mundo en figura de mercado mundial. Cierto que Marx dej\u00f3 a deber a los lectores una exposici\u00f3n por extenso del cap\u00edtulo anunciado sobre el \u201cmercado mundial\u201d, pero sus observaciones dispersas apuntan a que dispon\u00eda de una comprensi\u00f3n extremadamente fina de los condicionantes naturales de la g\u00e9nesis del modo capitalista de producci\u00f3n; todo habla en favor de que ten\u00eda v\u00edvidamente en su cabeza el proceso de producci\u00f3n de un espec\u00edfico espacio capitalista e imperialista. En el conjunto de su obra domina desde luego el proceso de producci\u00f3n y plusval\u00eda, de autoconciencia y autodestrucci\u00f3n, que incluye la producci\u00f3n de aquella clase que habr\u00eda de conducir a la salida del capitalismo. En el marxismo que sigui\u00f3 a Marx, sin que se le pueda hacer responsable de ello, el proceso de formaci\u00f3n social y de clase, la ejecuci\u00f3n de \u201cleyes hist\u00f3ricas\u201d y el sujeto revolucionario ascendido a colectivo singular alcanzan plenamente el lugar central de \u201cel\u201d marxismo. El discurso cr\u00edtico y la vulgata materialista siempre hab\u00edan apostado por la mutabilidad de ser humano, sociedad y naturaleza, y se hab\u00eda revuelto contra universalizaciones abstractas y ahist\u00f3ricas tales como \u201cnaturaleza humana\u201d, \u201cla esencia de la sociedad\u201d y similares, denunciando cualquier alusi\u00f3n que recordara constantes antropol\u00f3gicas o \u201ccondiciones naturales\u201d como determinisita, ahist\u00f3rica, y en consecuencia pol\u00edtica, fatalista. Todo ello llev\u00f3 a convertir calladamente lo espacial en tab\u00fa, o como lo llam\u00f3 Edward Soja, a una \u201ccreation of critical silence\u201d. En Lenin, quien verdaderamente no perd\u00eda de vista un momento la topograf\u00eda social de metr\u00f3polis y periferias europeas, tambi\u00e9n predomina \u201cel\u201d imperialismo en toda su expansiva extensi\u00f3n, pero en realidad no convierte centro y periferia en tema; ni siquiera referido a Rusia, la tierra extensa par excellence y el lugar de un vivo discurso sobre la relaci\u00f3n mutua entre geograf\u00eda e historia, desde Piotr Chadaiev hasta Piotr Kropotkin. Cierto que aparecen en su discurso \u201cciudad\u201d y \u201ccampo\u201d, pero nunca desarrollados espacialmente, sino enajenados siempre en conceptos como \u201cproletariado\u201d, \u201cburgues\u00eda\u201d y \u201ccampesinado\u201d. As\u00ed, no hay propiamente en Lenin aldea, gran pa\u00eds ni Rusia alguna, s\u00f3lo el lugar abstracto de una abstracta configuraci\u00f3n de clases. En parte alguna aparecen horror vacui, miedo al espacio y angustia de perderse en el inmenso Imperio ruso con m\u00e1s claridad que en ese callar de la infinitud del espacio ruso. Domino significa aqu\u00ed desde el principio dominio sobre los campesinos, sobre la aldea, sobre el spacio inmensurable en que s pierden los enclaves urbanos. La sistem\u00e1tica eliminaci\u00f3n de la Geograf\u00eda en el pensamiento productivista y terrorista de la \u00e9poca de Stalin, o la mera atolerancia en figura de \u201cGeograf\u00eda econ\u00f3mica\u201d s\u00f3lo son otro indicio de que aqu\u00e9l ni siquiera en sue\u00f1os podr\u00eda permitirse pensar en mirar cara a cara las relaciones reales, o habr\u00eda estado perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>El r\u00e9gimen del terro res tambi\u00e9n intento desesperado de no capitular ante la extensi\u00f3n, de someterla a cualquier precio. Tambi\u00e9n en otros grandes pensadores de la \u00e9poca venidos a figuras de las que hacen historia, \u00c9mile Durkheim, Max Weber, Georg Simmel, dominan procesos, estructuras formaciones tipol\u00f3gicas, aparatos, colectivos singulares, met\u00e1foras de producci\u00f3n, desarrollo de abajo arriba, la ilusi\u00f3n evolucionista de la \u00e9poca, a veces revolucionariamente pasada de revoluciones. Y con todo, por lo que tiene de tajante y unilateral no es sostenible la tesis de Edward Soja, una despacialization que recorre el pensamiento de los siglos XIX y XX. El mismo siglo que hizo del historicismo lugar com\u00fan produjo tambi\u00e9n oposici\u00f3n al mismo, y su figura opuesta, una conciencia agudizada del espacio con todo lo que conlleva: acu\u00f1aci\u00f3n del moderno Estado nacional y territorial, producci\u00f3n de mental maps que lo respalden \u2013 desde la aparici\u00f3n de las modernas fronteras estatales hasta la edici\u00f3n obligatoria de un atlas nacional, establecimiento del mercado mundial e interiorizaci\u00f3n de todos o emblemas de poder de una civilizaci\u00f3n y una cultura mundiales, sometimiento y cartografiado del mundo por los poderes coloniales, descomunal necesidad de medios para someter, medir y cartografiar, impregnaci\u00f3n cultural de territorios ultramarinos adquiridos por la violencia, apertura al tr\u00e1fico del mundo entero mediante vapores, expresos de Oriente, transiberianos y transcontinentales de la Union Pacific, ferrocarril, comercio, tr\u00e1fico, y por \u00faltimo auque no en importancia, ej\u00e9rcitos y flotas: cabe conjeturar que nunca en la historia se hab\u00eda dado tan gran necesidad de mastering space, vencer, dominar, esclarecer e investigar el espacio, y a escala mundial. Por eso la instauraci\u00f3n de los espacio de los modernos Estados nacionales y la red de dominio de potencias europeas sobre el mundo entero le sigue como una sombra un movimiento de reflexi\u00f3n cuyo n\u00facleo constituyen, en lo cient\u00edfico, el nacimiento de la Geograf\u00eda moderna, y en lo pol\u00edtico, el de la moderna Geopol\u00edtica. No es azar que se concentre en torno a 1900 la entrada en escena de los adelantados de la Geograf\u00eda moderna, quienes por su parte hab\u00edan de crear significadas escuelas nacionales: Friedrich Ratzel, Paul Vidal de la Blache, Frederick Jackson Turner, Piotr Semionov-Tian-Schanskiy. No es azar que en esa \u00e9poca se viniera a institucionalizar la Geograf\u00eda y un dar sociedades geogr\u00e1ficas casi al mismo tiempo en todos los pa\u00edses adelantados, Gran Breta\u00f1a, Francia, Alemania, Rusia o Jap\u00f3n. Y no es azar que arrastrada por el torbellino de la gran pol\u00edtica tome forma una disciplina con sus figuras principales, Mackinder, Mahan, lord Curzon, Karl Haushofer o Rudolf Kiell\u00e9n. As\u00ed, el imperialismo del siglo XIX y comienzos del XX no s\u00f3lo trajo despacializaci\u00f3n y deslocalizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n una agresiva conciencia territorial. Algo queda de cierto en la cr\u00edtica de Edward Soja y otros a la \u201cdesespacializaci\u00f3n\u201d: que las cuestiones tocantes al espacio han sido desterradas o desplazadas del pensamiento social e hist\u00f3rico, de suerte que el balance de resultados que soci\u00f3logos cr\u00edticos como Allan Pred, Pierre Bourdieu, Henri Lef\u00e8bvre o Anthony Giddens ofrec\u00edan al finalizar el siglo XX ten\u00eda su parte de acierto: \u201c[\u2026] la mayor\u00eda de teor\u00edas sociales han descuidado tomar suficientemente en serio no s\u00f3lo la condici\u00f3n temporal de las conductas sociales, sino tambi\u00e9n sus cualidades espaciales. A primera vista nada parece m\u00e1s banal y sin alcance que afirmar que el comportamiento social tiene lugar en el espacio y en el tiempo. Pero ni tiempo ni espacio se han incorporado al centro de la teor\u00eda social, antes bien han sido tratados como \u201centorno\u201d en que aquel comportamiento se incluye\u201d (29). Y una vez m\u00e1s, en palabras de Anthony Giddens, \u201ca excepci\u00f3n de los trabajos geogr\u00e1ficos m\u00e1s recientes\u2026 los cient\u00edficos sociales han descuidado remodelar su pensamiento en sus modi, espacio y tiempo, en que est\u00e1 constituido todo sistema social. En cambio quisiera reafirmarme en mi posici\u00f3n de que investigar ese problema no es un tipo especial o un campo particular de la ciencia social que uno puede tomarse en serio o desear destacar. Antes bien se trata del coraz\u00f3n de la teor\u00eda social, y debiera contemplarse como asunto de extraordinaria importancia a la hora de llevar a cabo investigaciones emp\u00edricas en ciencias sociales\u201d (30) p. 48<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Karl Schl\u00f6gel, 2003<\/p>\n","protected":false},"author":561,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[179,445,57],"class_list":["post-10532","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos-es","tag-ciudad","tag-espacio","tag-politica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10532","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/561"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10532"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10532\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10537,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10532\/revisions\/10537"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10532"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10532"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.uclm.es\/archivoartea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}