Algunos motivos para bailar

Ángels Margarit

1990

Me gustaba la danza. La escogí porque danza es acción, actividad, fisicalidad, precisión.

Durante un tiempo pensé que por este motivo la danza escapaba los artificios de la palabra, al fingimiento de la interpretación.

En la danza cada movimiento reclama una energía precisa, una dinámica, una intensidad, que surge o se genera a partir de un estado de ánimo determinado, de una emoción. Esta unidad, este todo orgánico de la danza era lo que me fascinaba.

Pensaba, organicidad = verdad.

Más tarde aprendí que los artificios y fingimientos, así como la verdad, son más bien fruto de una actitud del alma que de un lenguaje determinado.

Me gusta la danza porque es como la vida, se consume en sí misma, no queda nada, un trazo, una corriente de aire.

El movimiento es el presente del tiempo en el espacio. Coreografiar es realizar un cuadro que se dibuja en el tiempo. Cada color, cada trazo borra al anterior; se inscribe en la retina del espectador, deja huella en su memoria.

Me gusta la danza porque es inmediata, un trago de agua cuando se tiene sed.

Me gusta la danza porque da memoria a mi cuerpo, lo vuelve inteligente, intuitivo, sensible, es como si las capacidades del cerebro estuviesen fragmentadas o multiplicadas, diluidas por mi cuerpo. A menudo advierto una rodilla inteligente tomando decisiones o un codo que se quiebra emocionado.

Esta actitud física aligera y libera al cerebro de su tarea y me hace pensar de una manera física, sentir lo que pienso, pensar lo que siento.

Me gusta la danza porque envejece y tiene medida humana. Muy poca coreografía, muy poco lenguaje sigue vivo una vez muerto el coreógrafo o el bailarín que lo creó. Es un arte generoso, efímero, ecológico, que no llena el mundo de trastos venerables, no lo carga de objetos, ni feos ni bonitos.

La danza se transmite de persona a persona mientras se transforma y regenera. La danza se da.

Me gusta la danza porque es infinita y cada cuerpo único y diferente.

Bailo porque bailar me explica cómo soy y cómo son los otros…

Todos estos argumentos demuestran que la danza se hace con el cuerpo pero no tiene cuerpo, no tiene materia, es liviana, frágil, se deshace como el aire, como el humo, como el tiempo.


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