La ciudad dorada 

La Candelaria. 1973.

Creación colectiva de Santiago García, Patricia Ariza, Graciela Méndez, Elsa Rojas, Inés Preto, Alfonso Ortiz, Juan B. Martínez, Francisco Martínez y José Oberth Gálvez

La obra aborda, con una gran dosis de ternura, la emigración de una familia campesina a la ciudad, donde en lugar del paraíso prometido, hallan hambre, desempleo, engaños y, sobre todo, su desintegración como núcleo humano. Fue realizada con la ayuda de la Central Nacional Providencia y algunos investigadores. Presentaba algunas referencias a La madre de Gorki-Brecht, tratando de crear algunos personajes más constantes en la trama, aunque la mayoría se presentaban aún en boceto, como líneas casi emblemáticas del campesino pobre de la ciudad. Se estrenó en el Festival de Manizales .

«Para La Ciudad Dorada nos relacionamos con las familias campesinas que llegaban a los barrios populares, a Bogotá, y a partir de esas entrevistas fuimos reuniendo una gran cantidad de material con el que comienzan las improvisaciones. (…) Trabajamos mu­cho con las familias, con las gentes de los barrios que nos habían sugerido esta historia. Teníamos ya realizada la segunda parte de la obra (desde que la familia llega a la ciudad, hasta que se desbarata totalmente) pero la primera estaba aún muy mal, muy imprecisa; trataba el abandono del campo, la instalación en un pueblo, en el que establecen un co­mercio, el fracaso de este proyecto y la decisión de irse a la ciudad. Fue entonces cuan­do nos invitaron a una región campesina a participar en un festival cultural y llevamos lo que teníamos, que era la segunda parte. El pueblo estaba en la selva, cerca de Vene­zuela. La mayoría de los campesinos eran exiliados de la violencia, gente venida de Santander, antiguos guerrilleros que fundaron una ‘especie de Colonia. Tenían un grupo lla­mado Grupo de Teatro Campesino de Saravena que era muy sui generis, porque ellos nunca habían visto teatro, y su única referencia provenía de la radio y los periódicos. y habían hecho una obra sobre su problema, que era su traslado a esa región. Nos pro­pusieron que presentáramos la pieza luego de que ellos lo hicieran con la propia, y nuestra gran sorpresa fue que ese trabajo era precisamente la primera parte de nuestra obra. Los campesinos habían hecho una crea­ción colectiva absolutamente espontánea, por una necesidad de comentar su historia: su venida del campo al pueblo, y la necesidad que actualmente sentían de partir hacia la ciudad. Cuando al día siguiente presentamos “la segunda parte, el encuentro de estos dos grupos (uno, que nunca había visto teatro, que hacía un teatro completamente espontáneo, un teatro natural, y el otro, que contaba con toda la experiencia del teatro occidental y de la moderna mecánica teatral, pero que quería empezar a hablar ese mismo lenguaje) el encuentro fue extraordinario y nos ayudó tre­mendamente, tanto a nosotros como a ellos. El trabajo de La Ciudad Dorada fue hecho fundamentalmente con la gente. El libro de Galeano, Las venas abiertas de América Latina sólo había sido un impulso inicial. Y material teórico acerca de esto, no encontramos; ade­más, no vimos en esos momentos la necesi­dad de consultar a sociólogos o antropólogos.

(Santiago García, Teoría y práctica del teatro, CEIS, Bogotá, 1983, p. 138)


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