Fabrica de paños de Guadalajara

Por Carmen Teresa Maján Sesmero

Al finalizar la Guerra de Sucesión en 1719, Felipe V decidió premiar a Guadalajara por la fidelidad mostrada y mandó instalar en ella una manufactura real: una Real Fábrica de Paños. El lugar elegido fue el Palacio de los Marqueses de Montesclaros, frente a la fachada del Palacio del Infantado. Se utilizaron materiales procedentes de los restos del Alcázar pues necesitaba algunas mejoras y adaptaciones. Con ella también se pretendía sacar a la ciudad de la crisis sufrida en el siglo XVII y aumentar su población.

Además de la ya nombrada fidelidad borbónica hubo otras condiciones que propiciaron la instalación de dicha fábrica en Guadalajara: proximidad a la corte, ubicación casi en el centro geográfico de la Península, presencia de tierras fértiles, leña y agua en abundancia gracias al paso de un río caudaloso. De su instalación se hizo cargo el barón Juan Guillermo de Riperdá facilitando la llegada de trabajadores especializados, fundamentalmente de tierras holandesas puesto que él era descendiente de una familia de Holanda. En 1731 la Junta de Gobierno asumió la dirección de la fábrica y durante unos años ésta sufrió una importante expansión.

En poco tiempo hubo que ampliar el edificio debido a la enorme producción y se presentaron proyectos para erigir nuevas fábricas en Brihuega (1750) y San Fernando de Henares (1749). También se propuso aumentar el tamaño de la actual ocupando terrenos del Alcázar, cuyos restos fueron derruidos parcialmente para albergar las nuevas instalaciones bajo el diseño de Diego García, maestro de obras de la Real Fábrica. Fue entonces cuando tomó un nuevo nombre: Real Fábrica de Sarguetas de San Carlos. En 1757 los Cinco Gremios Mayores de Madrid pasaron a controlarla durante diez años.

La prosperidad se instaló en la ciudad: gracias al aumento de trabajo aumentó también su población; se construyeron más casas y sus habitantes gozaron de una mejor calidad de vida disfrutando de buenos trajes y calzado. Además se hizo presente entre ellos cierto aire de satisfacción. El progreso fue tal que desaparecieron ociosos, pobres y vagabundos. La fábrica dio trabajo a más de un millar de personas en un principio, llegando en unos años a casi cinco mil. Aumentó a la par la red de hilanderas que se distribuían por las provincias de Guadalajara, Cuenca, Madrid, Soria, Toledo y Ciudad Real.

No todo fueron buenas noticias durante estos años ya que la imagen de la fábrica se vio amenazada por la primera huelga obrera en 1730; este movimiento reivindicativo llevado a cabo por los trabajadores ante los frecuentes impagos, puso de manifiesto la conversión de Guadalajara como eje de la conflictividad social de la España del siglo XVIII. Además se encareció la vida en la ciudad como consecuencia de la numerosa población empleada en la fábrica a la que había que alimentar. Incluso se llegó a sobrepasar los precios existentes por entonces en Madrid en algunos productos básicos.

Cuando la monarquía retomó la dirección de la fábrica en 1767 se vivieron grandes años ya que se mejoró la calidad y se aumentó y diversificó la producción. En 1808 fue saqueada con motivo de la ocupación francesa y en 1822 cerró sus puertas generando un decaimiento de la ciudad y propiciando una dura época para la clase trabajadora de la misma. En 1833 se instaló allí la Academia Militar de Ingenieros de Guadalajara lo que conllevó una gran reforma realizada en 1860 para adaptarla a las nuevas necesidades. Finalmente en 1924 el edificio desapareció víctima de un incendio.

 

Fuente: http://engranandopalabras.blogspot.com

FUENTES:

– Calero Delso, Juan Pablo y Higuera Barco, Sergio “Historia Contemporánea de la provincia de Guadalajara 1808-1931”. Páginas 37-39. Consejería de Cultura de laJunta de Comunidades de Castilla La Mancha. Toledo 2008.

– González Enciso, Agustín “Estado e Industria en el Siglo XVIII: La Fábrica de Guadalajara”. Páginas 267-276. Fundación Universitaria Española. Madrid

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