Disculpen que esta última entrada del profesor Pedro C. Cerrillo no la escriba él, sino su hija, pero quería  dejar concluida la actividad de este blog –que tantas alegrías le daba cuando comprobaba el alcance que tenían sus reflexiones, a pesar del reparo inicial que siempre tuvo para ponerlo en marcha, aunque como en tantas cosas se dejó convencer por sus amigos y colaboradores más cercanos-  y, también, quería despedirme en su nombre.

Mi padre, vuestro Pedro Cerrillo, falleció el 5 de julio tras un año y 3 meses con la enfermedad del siglo XXI, el cáncer. Nunca viene bien, pero esto le llegó muy pronto a una persona como mi padre, con vitalidad, proyectos y ganas de seguir aportando su trabajo de tantos años en su campo de la LIJ, y de continuar compartiendo otra etapa de su vida –la que les acababa de ofrecer la jubilación de mi madre- con su compañera de toda una vida y con su familia, así como ver crecer a sus nietos. Pero la vida te da estos reveses y ahí ha quedado todo, en sanas y admirables intenciones, en felices y ambiciosos proyectos como los que siempre estaban rondando su cabeza y que solía alcanzar con su acostumbrado tesón.

Una vida a la que tanto le quedaba por regalarnos…

Aún así, aunque sus aportaciones en este blog finalicen, así como sus conferencias por medio mundo, su legado es enorme: artículos, libros y publicaciones en las que la gente podrá seguir aprendiendo o estudiando, e incluso entrevistas de televisión y radio, albergadas en este espacio que es Internet y compartidas en tantas redes sociales, donde podremos seguir escuchando su voz. Y su CEPLI con su valiosa biblioteca que siempre nos recordará su nombre, su trabajo y su generosidad.

Me despido con un poema suyo, “El verano en el jardín”, recitado por mi hijo, su nieto Óscar, a quien fue dedicado ese bellísimo libro de poemas titulado El jardín de Óscar. Y con la foto de sus nietos visitando la biblioteca Pedro C. Cerrillo del CEPLI, de la que tenemos el honor que lleve su nombre, que visitaron con emocionada alegría por primera vez hace un par de días, y en la que comprobaron, con esa mirada limpia y pura de la infancia, la bonita que era la biblioteca de su abuelo.

Gracias a sus seguidores y amigos, personales y virtuales.

 

¡Hasta siempre, papá!

¡Hasta siempre, Pedro C. Cerrillo!

Cuenca, 22 de julio de 2018.

María Cerrillo Martínez