Prólogo

Ediciones Muntanyola se fundó en Barcelona en ¿1916 o 1917? por Antoni Muntañola i Carné, especializándose en la publicación de libros ilustrados infantiles en castellano y catalán, siendo su primer título Bernardo y el gigante (1917). La editorial contó desde sus inicios con la colaboración de grandes artistas plásticos, como Joan Vila, Lola Anglada, Junceda, Barradas, Opisso o Josep Obiols.

La edición facsimilar que ahora publica Ediciones de la UCLM se ha realizado sobre un ejemplar de la Biblioteca del CEPLI (Barcelona, s/a, con créditos de Edicions Muntanyola de J. G. Viladot, S.L.), en la que no consta el nombre del autor. En cubierta aparecen el título, Griselda la campesina, y la referencia a las ilustraciones de J. Obiols (Barcelona 1894-1967, pintor, dibujante, muralista y grabador). Ya en el interior el encabezamiento del relato va precedido de Griselda, la campesina avispada (cuento toscano).

Con los mismos titulares, Griselda, la campesina avispada en cubierta y Griselda, la campesina avispada (cuento toscano) en interior, la Biblioteca del CEPLI tiene otra edición, la misma que está documentada en el catálogo de la Biblioteca de Cataluña, fechada con interrogante en 1919 (fecha dada, quizá, por la propia biblioteca) y con la descripción de 16 páginas, ilustraciones a color y tamaño 27 x 20 cm., formando parte de la colección “Premio” de la misma editorial (Vid. http://cataleg.bnc.cat/search*cat/?searchtype=o&searcharg=.b2352599x). Con idéntico título el libro aparece en el catálogo de la Biblioteca circulante de niños de la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, sección primera (para niños de 7 a 9 años), según consta en el núm. 410, de noviembre de 1925, de Escuela Moderna, “revista pedagógica y administrativa de primera enseñanza”. Hay referencias indirectas e inconcretas a otras ediciones en los años 20 y 30 del pasado siglo, no constando ninguna en la Biblioteca Nacional entre 1917 y 1943, y sí una en catalán, de 1933 de Muntañola/Gráficas Viladot (La eixerida Griselda). Tanto en la edición de ¿1919? como en esa de 1933 figura como autor, no en cubierta pero sí en la portada interior, Juan Laguía Lliteras, lo que no sucede en la edición que ahora presentamos (no aparece su nombre ni el de ningún otro posible autor); además, los créditos ni son iguales ni se colocan en el mismo lugar: va en contracubierta Edicions Muntanyola de J. G. Viladot, S.L., mientras que en las otras va Editorial Muntañola, S.A. en cubierta; el número de páginas varía también (16 en todas, menos en esta, en la que son solo 14); igualmente, varía la ilustración de cubierta y la estructura de la maqueta interior; por último, tampoco se incluye el título de la colección “Premio”, que sí aparece en las demás. Estas singularidades son las que han influido para que hayamos elegido esta edición en lugar de la de 1919, con toda probabilidad anterior, como después explicaré.

Juan Laguía (Valencia, 1890-Madrid, 1936) fue periodista, escritor, traductor y sindicalista comprometido (cofundador de Unión de Sindicatos Libres); autor de varios cuentos editados por Muntañola en los años 20 (entre ellos los titulados La serenata milagrosa y Perico el de los palotes, ilustrados por Barradas), y de una traducción de las Fábulas de La Fontaine publicadas por la misma editorial con ilustraciones de Vayreda. Fue, además, director de Iván de España, “semanario para muchachos españoles”, creado en Madrid a finales de 1933, y redactor de La Nación, al parecer periódico oficioso de la dictadura de Primo de Rivera. Laguía fue fusilado en 1936 en Madrid, como lo fueron otros redactores de La Nación; incluso la sede del periódico fue quemada en mayo del mismo año, en los dramáticos enfrentamientos políticos y sindicales previos a la Guerra Civil (Vid. Riba, C. et al. Cartes de Carles Ribas, I, 1910-38. Barcelona: Institut d´Estudis Catalans, 1938). La cercanía del periódico al gobierno de la dictadura quizá fue lo que provocó que Laguía tuviera problemas laborales en algunos momentos de los años de la IIª República, como pudiera interpretarse de un anuncio que él mismo insertó en ABC (12 de mayo de 1933) para buscar trabajo: “exconcejal Ayuntamiento de Madrid, exvocal Junta Central de Abastos, exconsejero técnico de España en Confederación Internacional de Trabajo, exdirector de Unión Obrera, etc., necesita y pide trabajo intelectual o manual. Dirigirse, por escrito, a Juan Laguía Lliteras, calle…”; a lo mejor fueron los mismos motivos los que hicieron que Muntañola silenciara su nombre en nuestra edición, probablemente fechada en aquellos años 30, quitando la portada interior en la que aparecían el nombre del autor y el título de la colección (lo que reducía el número de páginas de 16 a 14).

Aunque presentado por la editorial como “cuento toscano”, Griselda, la campesina es un magnífico ejemplo de cuento maravilloso, con elementos propios del género: la indeterminación espacial (“una vez era…”) y temporal (“En una viña…”), el objeto maravilloso, las pruebas por las que debe pasar el padre de Griselda, superadas por esta con gracia e ingenio, para alcanzar alguna “merced” del rey, el final feliz (cuatro deliciosos versos que “resumen” la historia: Este es el cuento de oro / de Griselda, la moza campesina, / que supo hacer de Reina, sin desdoro, / por buena, por hermosa… y por ladina).

Como es habitual en la tradición de los cuentos maravillosos, también en este, las pruebas son superadas, triunfando la inteligencia, la bondad o la picardía del protagonista (en muchos casos femenino, como en Griselda) frente al poder, la autoridad y la arbitrariedad de reyes, príncipes o similares.

Es muy interesante comprobar cómo el episodio de las pruebas –que es el núcleo argumental del cuento– se mantiene desde hace siglos. Quien primero lo trató por escrito fue Giambatista Basile en Pentamerone. El cuento de los cuentos (1634), en el relato “Sol, luna y Talia”, construido a partir del motivo principal de La bella durmiente. Desde entonces, las pruebas las hemos leído en muchos otros cuentos de tradición popular. La segunda prueba de Griselda, la del mandato de que vaya a ver al rey “ni comida, ni ayuna, / ni peinada, ni greñuda, / ni vestida, ni desnuda, / ni a pie, ni en cabalgadura”, bajo la amenaza de que “os va en ello la vida” que profiere el rey al padre de la campesina, es muy conocida, pues aparece en diferentes lugares y lenguas, con leves variantes: pondré como ejemplo el de La niña que riega la albahaca, en donde son tres las pruebas que debe pasar el padre de la chica protagonista, pruebas que varían según la versión que leamos. Así, en Cuentos populares españoles de Rodríguez Almodóvar (Anaya, 2002) son “vestido/desnudo”, “a caballo/a pie” y “con las 3 hijas preñadas”; sin embargo, en la versión mexicana de Mª Teresa Castelló (Baulito de cuentos de Pascuala Corona, Norma, 2003) dos de las pruebas son diferentes (“bañada/no bañada”, “peinada/no peinada”), coincidiendo solo en “a caballo/a pie”.

Por otro lado, el motivo del encuentro casual del objeto mágico (el almirez de oro sin la “mano”) aparece como tema central en La inteligente hija del campesino de los hermanos Grimm (Cuentos de niños y del hogar, I. Madrid: Anaya, 1985), en el que las tres pruebas del rey para casarse con la campesina son “ni vestida/ni desnuda”, “ni a caballo/ni en coche”, “ni por camino/ni por fuera”), y en el que las coincidencias con nuestro cuento son el premio, el ejercicio injusto del poder, la reparación del daño, el bebedizo del rey y el final feliz con el triunfo de la inteligencia de la campesina.

También Perrault recogió un cuento, en verso, con el mismo nombre de la protagonista (La paciencia de Griselda), en el que aparecen las pruebas, pero cuya trama argumental es diferente, pues está relacionada con la historia de Griselda, mujer bíblica paciente, resignada y constante, muy difundida en el siglo XVI y que, en diferentes versiones habían recogido por escrito, ya en el siglo XIV, Chaucer en los Cuentos de Canterbury y Boccaccio en el Decamerón. Es decir, que esta Griselda del cuento toscano que aquí presentamos, aunque solo coincide con el cuento de Perrault en el nombre, tiene un largo recorrido previo y estaría en la tradición del que incluyeron en su colección los hermanos Grimm.

Continuando con el trabajo de rescatar buenos libros infantiles españoles que, de otro modo, es muy difícil encontrar, el Servicio de Publicaciones de la UCLM, el Patronato Universitario Cardenal Gil de Albornoz y el CEPLI ofrecen este facsimilar de Griselda, la campesina para disfrute de los lectores del siglo XXI.

Pedro C. Cerrillo

Catedrático de Literatura y Director del CEPLI