El último artículo semanal de Javier Marías en El País se refería a Gloria Fuertes como una poeta sobrevalorada, y creo que se equivoca, porque si este año se está escribiendo más de ella es, sin duda, por un hecho puntual, el primer centenario de su nacimiento, con motivo del cual algunos hemos querido poner en valor la importancia de la poesía adulta de una escritora a la que su éxito televisivo en los años setenta del siglo XX y sus aportaciones frescas, originales e irónicas a la Literatura Infantil, sobre todo a la poesía para niños, provocaron un cierto encasillamiento de su escritura y, con él, el olvido del mundo académico y literario.

Madrileña de Lavapiés, de origen humilde, Gloria Fuertes supo llegar desde su peculiar voz ronca y su sencillez cercana y amigable a niños y mayores con una poesía personal, autobiográfica, realista, creativa, sugerente, siempre desde posiciones comprometidas, feministas, luchadoras, pacifistas, solidarias y emotivas.

Su poesía para adultos, compuesta en la larga posguerra y durante todo el franquismo es, de algún modo, una poesía no solo social, sino también contestataria, casi siempre relacionada con situaciones de injusticia, que en la España de aquellos años abundaban; de ahí, quizá, procedan algunos de los problemas que esa poesía tuvo con la censura, a la que intentó rodear mediante el humor, la parodia y un originalísimo uso del lenguaje, todo lo cual propició que en su escritura poética se perciban variados registros (humor, realismo social, denuncia, creatividad, imaginación, a veces vanguardia; en este caso, como a otras mujeres poetas nacidas antes de la Guerra Civil, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez o Concha Zardoya, a Gloria Fuertes se le relacionó con el postismo y el postsurrealismo por sus innovaciones técnicas y formales, apareciendo representada su poesía en las mejores antologías de la poesía española de los 50, algo que no sé si Marías conoce lo suficiente, pues esas apariciones son un reconocimiento a su poesía, años antes de que empezara a extenderse su éxito como escritora para niños; poemas suyos aparecen en las antologías poéticas más influyentes: José Mª Castellet (Un cuarto de siglo de poesía española, 1939-1964. Barcelona: Seix Barral, 1966), José Batlló (Antología de la nueva poesía española. Barcelona: Lumen, 1968), Mª Dolores Asís (Antología de poetas españoles contemporáneos. 1900/1936. Madrid: Narcea, 1977), Fanny Rubio y José L. Falcó (Poesía española contemporánea, 1939-1980. Madrid: Alhambra, 1981), o José Mª Balcells (Ilimitada voz: antología de poetas españolas, 1940-2002. Cádiz: Publicaciones, 2003).

Acabada la Guerra Civil, junto con los buenos poetas “garcilasistas” de la llamada “Juventud creadora” (Juan Panero, Leopoldo Panero, Felipe Mª Vivanco, Luis Rosales,…) que reivindicaron un regreso a la poesía clásica, en fondo y forma, surgieron voces que, desde la poesía, quisieron mostrar que no podían permanecer indiferentes ante la dramática situación que vivía España. La aparición de dos libros en 1944 de dos poetas del Grupo del 27 (Hijos de la ira, de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre), calificados pronto como “poesía desarraigada”, fue el primer paso para que se fueran editando libros de poesía con contenidos claramente críticos, a los que en muchos ámbitos se les etiquetó como “poesía social”: Cantos de vida y esperanza de Victoriano Crémer (1951), Pido la paz y la palabra de Blas de Otero (1955) o Cantos iberos de Gabriel Celaya (1955). Pues bien, la antología de poesía social que hizo Leopoldo de Luis (1965) incluyó poemas de Gloria Fuertes, aunque ella misma afirmaba al respecto:

Yo no sé si mi poesía es social, mística, rebelde, triste, graciosa o qué. Trato, quiero –y me sale sin querer– escribir una poesía con destino a la Humanidad. Que le diga algo, que le emocione, que le consuele, que le alegre. Otras veces, al señalar lo que pasa, denuncio o simplemente aviso. (Luis, 1965: 167)

Hay, sin duda, rasgos que marcan diferencias en la poesía de Fuertes con respecto a la poesía comprometida o testimonial de un momento concreto que está en la base de la “poesía social”; quizá los más importantes son los que se refieren a las preocupaciones que la escritora manifiesta y que se relacionan más con un estado general de la vida que con una circunstancia histórica determinada: son preocupaciones críticas, pero también éticas (la injusticia, el feminismo, la marginación, la solidaridad, el pacifismo, el cuidado de la naturaleza).

A diferencia de los conocidos versos de Celaya (“La poesía es un arma cargada de futuro”, en Cantos iberos, 1955), Gloria Fuertes reivindica una poesía solidaria, abrazadora, alentadora, con capacidad para estremecer. No creo que sea cierta esa sobrevaloración de la que habla el buen novelista Marías; al contrario: creo que ha sido insuficiente y, quizá, injusto el tratamiento que se le ha dado hasta ahora a su poesía para adultos.