Quienes en España tienen la responsabilidad de la legislación educativa –parece ser que asesorados por los “mejores y más modernos” pedagogos, suelen hacerlo a golpe de impulsos, cuando no de “graciosas” ocurrencias.

Sirva como ejemplo más reciente la idea, manifestada públicamente, del Ministro de Educación y Cultura de proponer a la directora general de la Unesco que las tapas españolas (las de comer no las de pisar) sean declaradas Patrimonio de la Humanidad. Pues ea… Mientras, desde el mismo ministerio han hecho desaparecer de la educación obligatoria la filosofía y la música, las humanidades son consideradas minucias perfectamente prescindibles y la formación de los docentes se basa en adquirir competencias y no conocimientos, olvidando –bueno, creo que no lo saben– que no se pueden enseñar competencias sin enseñar conocimientos y que, lo que es peor, qué competencias se pueden tener sin tener conocimientos.

Pero, como siempre, no pasa nada. La campaña electoral arranca sin que vislumbremos posibilidades de acuerdos razonables, y sin que estos asuntos aparezcan en los programas de los partidos. Solo nos queda el consuelo de saber que, pronto, el “mixto” de boquerón en vinagre y anchoa de Santoña será Patrimonio de la Humanidad mundial, como los glaciares patagónicos, la pirámide de Chichén Itzá, Venecia, la Mezquita de Córdoba o la Cuenca medieval.