Muerte en el Ironman

 

El balance de agua y sales del cuerpo a veces juega malas pasadas. Aunque en circunstancias normales el ajuste se realiza perfectamente, hay situaciones en las que se sobrecargan demasiado los mecanismos de control del volumen y la osmolaridad del cuerpo. Este es el caso que ocurrió en el Ironman de Frankfurt de 2015, descrito en un   artículo de un periódico digital de triatlón.

Para los más osados, la descripción -en alemán- de un periódico de Frankfurt es más detallada.

El triatlón Ironman consiste en nadar 3,8 km, seguidos de 180 km de bicicleta y finalmente se corre 42 km –una maratón-. En las pruebas de resistencia extrema como ésta se suele pesar a los participantes antes de empezar. En caso de problemas médicos durante la carrera, se pesa de nuevo al atleta para orientar el diagnóstico y saber si se ha deshidratado (pierde peso) o si se ha sobrehidratado (aumenta su peso).

En el caso del artículo, el atleta británico, que corrió durante 19 horas a temperaturas de unos 35 grados, bebió demasiada agua pero no suficientes sales para compensar las pérdidas por el sudor. Cuando el cuerpo suda pierde agua y sodio; si no se reponen ambos en la proporción adecuada, cambia la osmolaridad del plasma y de los líquidos corporales. El trastorno que sufrió el atleta se denomina sobrehidratación hipotónica. La osmolaridad del líquido extracelular disminuye a menos de 280 mOsm/litro y, por tanto, entra agua a las células por ósmosis hasta que se iguala la concentración de todos los líquidos. Aunque en la mayoría de tejidos esto no es muy grave, el aumento del volumen intracelular del cerebro, encerrado en los huesos del cráneo, causa hipertensión intracraneal.  Cuando el atleta llegó a la meta, empezó a sufrir convulsiones y entró en coma. Aunque se tomaron las medidas necesarias, no se pudo salvar su vida.