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Torre de Babel (2018)

Conferencia performativa presentada en el Seminario Internacional Un teatro del Presente. Retórica y Poder en Palabras ajenas de León Ferrari, el día 12 de abril de 2018, de 19.30 a 21.30 horas en el hall del Auditorio 200 del Museo Reina Sofía.

Participantes: Amaia Bono Jiménez, Ana Luiza Fortes,  Andrea Dunia, Cristina Cejas, David Fernández Vargas, Eliana Murgia, Fernando Mena, Gisela Cortés, Ignacio de Antonio Antón, José A. Sánchez, Juan Pablo Fuentes, Katty López Soto, A,  Noemi R. Oncala, Laila Tafur Santamaría.

Palabras ajenas es un collage textual que inaugura un modo singular de teatro político. Presenta coincidencias con el teatro documental, pero también, más oblicuas, con el “happening”. Durante el proceso de trabajo en la puesta en escena a lo largo de 2017 surgieron dudas sobre la conveniencia o no de actualizar documentos, referencias o temáticas. Concluimos que la obra dialogaba con el presente de manera clara sin necesidad de intervenciones explícitas. Sin embargo, nos quedó el deseo de apropiarnos del método Ferrari para hablar de lo que hoy nos afecta. Y ahí apareció el “babelismo”. Torre de Babel” (1963) es una escultura de alambre realizada por León Ferrari dos años antes del inicio de Palabras ajenas; la idea de “babelismo” surgió poco después: “hacer una cosa sin unidad, con diferentes sensibilidades […] o hacerla entre varios.” Y esto nos hizo pensar que el autor compuso Palabras ajenas en solitario porque lo movilizaba la urgencia de la guerra, la violencia y las torturas y no podía esperar a convertirse en productor. Con un poco más de tiempo, habría optado, como de hecho hizo, por el babelismo. Y si comenzara hoy a idear esa Torre de Babel, ¿cuál serían las guerras del presente? Ninguna, pues todo sufrimiento es singular. Y todas, porque la violencia acumulativa avanza ignorante a lo vulnerable de lo humano y de la vida misma mientras las religiones de uno y otro lado persisten en ignorar la historia y en celebrar la exclusión.

En la Torre de Babel la multiplicidad de lenguas y de lenguajes no son un obstáculo, sino una riqueza. Esta Torre no se eleva a las alturas del cielo, sino que se extiende a ras de tierra, pues quienes la construyen no intentan alcanzar al Innombrable, sino compartirla lxs innombradxs. Y sí, esta Torre tendrá una apariencia desproporcionada y fragmentaria, no porque ningún Dios detenga su construcción, sino por ser resultado de tentativas recurrentemente interrumpidas, para que nadie acapare el discurso.

 

Un teatro del presente / A theatre of the present (2017)

Ensayo sobre Palabras Ajenas, de León Ferrari.

La guerra de Vietnam no está tan lejos. Desde Buenos Aires, León Ferrari pudo escuchar las bombas y dejarse afectar por las torturas. El dolor no ha desaparecido, sigue activo en millones de cuerpos, víctimas de otras guerras y modos más sofisticados de colonización. Palabras Ajenas no es un drama histórico, es un drama del presente. Y ese presente es el nuestro.

Hay lugares que son al mismo tiempo realidades y mitos, es decir, concreción sensible de un relato: Guernica, Auschwitz, Kigali, Sarajevo o Gaza. Vietnam fue en los años sesenta una realidad y una metáfora en la que se hacía dolorosamente visible el Imperialismo. LF no podía adivinar, cuando escribió su obra, que Estados Unidos sería derrotado; tampoco que la amable dictadura anticomunista presidida por Onganía, sería relevada unos años más tarde por la mucho más cruenta de la Junta Militar. El Imperialismo anticomunista había aprendido la lección en Vietnam, y actuó de manera mucho más efectiva en Argentina, y en toda América Latina, con ayuda de los militares locales.

& 21/11/ 66   C. Lodge:  Estamos aprendiendo (195

Yo ya estaba ahí cuando LF escribió PA: mi cuerpo existía, mi corazón latía, mis pulmones se expandían y mis músculos faciales articulaban palabras, llantos y sonrisas. Podría haber sido uno de aquellos niños quemados por el napalm. Pero, entonces, yo sí estaba lejos: no escuché las bombas. Tampoco escuché los lamentos de los presos políticos del franquismo, ni fui consciente del duelo quebrado de decenas de miles de españoles por sus familiares desaparecidos, enterrados en fosas comunes, ni del terror de los represaliados y ejecutados en nombre del anticomunismo y para mayor gloria del Dios católico. Ese Dios que es un padre para los suyos y un verdugo para todos los demás. Yo era de los suyos, así había sido decidido. Y ser de los suyos implicaba tener los ojos cerrados, la boca callada y las manos quietas.

H 134    Hitler:  Ninguno de nosotros es, sin duda, completamente normal. (182)

En mi casa, se hablaba muy mal de “Pablo VI”; en algún momento se le llegó a llamar “comunista”. Comprendí mucho más tarde que mis familiares se limitaban a reproducir los mensajes dictados por la propaganda del régimen. Roma, que había apoyado sin disimulos el golpe de Estado, y había perdonado todos los crímenes cometidos por el régimen fascista, cambió de política y moderó su doctrina con la llegada de Juan XXIII. Paulo VI fue también crítico con el régimen, pero no hasta el punto de perder los privilegios económicos de la Iglesia en España. Con paciencia vaticana, el Pontífice supo esperar la muerte del dictador. España se liberó del fascismo, pero no del catolicismo, ni de las familias poderosas que siguen dominando las estructuras de nuestra democracia débil, heredera, como la mayoría de las democracias actuales, de aquella democracias formales que fueron inventadas precisamente gracias a los aprendizajes de la derrota en Vietnam, en los años en que el imperialismo militarista se convirtió en neoliberalismo.

M 25/11/65  Reuter:  El Papa Paulo VI ha prevenido a los 400 prelados latinoamericanos que asisten al concilio Vaticano contra las “peligrosas fuerzas” del ateísmo en América del Sur. (44)

PA es un teatro del presente porque se confronta con el poder del presente. El poder es el de quien controla la fuerza (el presidente Johnson), el de quienes controlan la información (los medios de comunicación, aunque hoy habría que añadir la televisión y las redes) y el de quienes controlan las conciencias (el Papa y sus cardenales, aunque hoy hablaríamos de subjetividades y tendríamos que incluir numerosas variedades de la industria publicitaria y del entretenimiento, pero también el diseño de las estructuras y relaciones de trabajo). Finalmente, hay figuras que funcionan como referentes míticos, que justifican el mantenimiento de este poder patriarcal, tanto en la versión histórica de Hitler, como en la versión trascendente de Dios. Del otro lado quedan las víctimas, subyugadas, abusados, silenciadas, agredidos, reducidos a nombre o a dato, a veces a imágenes de cuerpos sin identidad. Frente a ese poder, LF organizó un teatro para hablar con Dios.

BB 854 Ez. 21/9.  Dios: La espada, la espada está afilada y aún acicalada; / Para degollar víctimas está afilada, acicalada está para que relumbre. (109)

[Fragmento: inicio del texto]

+ Ver / comprar libro en la página de la editorial: JRP-RINGIER

+ Información sobre la exposición y la lectura en vivo en REDCAT / LA

 

Palabras ajenas, de León Ferrari (2017-19)

>>>English (The Words of Others)

 

Puesta en escena de Palabras ajena, de León Ferrari. Realizada por primera vez en versión completa en el REDCAT de Los Angeles el 16 de septiembre de 2017, en el marco de Pacific Standard Time. Presentada después en inglés y español en diferentes museos de Miami, Madrid, Bogotá y México.

Palabras ajenas  es un collage compuesto de miles de textos extraídos de prensa y diferentes libros realizado con la intención de denunciar el imperialismo norteamericano, al que se compara con el nazismo, y la responsabilidad de la religión en la justificación de los crímenes contra la humanidad.

La obra fue realizada por León Ferrari entre 1965 y 1967, en plena guerra de Vietnam y en los años previos a la instauración de las dictaduras más duras de América Latina, auspiciadas por la inteligencia de EEUU. Las noticias sobre la guerra y especialmente las imágenes de torturas movilizaron al artista, que asumió la ingente tarea de reunir esos miles de recortes para alzar su voz contra la guerra por medio de las palabras de los otros. El resultado es un inmenso oratorio concebido no para ser representado, sino para ser leído públicamente.

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Tratado de ateología (2005)

Comentario al libro de Michel Onfray

Un libro militante, que pretende luchar contra el dominio de las religiones en el espacio público, no sólo para alcanzar una sociedad laica basada en la separación del ordenamiento social y el religioso, sino para erradicar la ideología religiosa infiltrada en la cultura contemporánea y en los modelos de comprensión de la realidad y la convivencia.

En la primera parte explica lo difícil que resulta aún socialmente ser ateo, el estigma que sigue pesando sobre quienes se consideran ateos, la identificación de ateísmo e inmoralidad.

Reconoce su deuda con Bataille, que concibió el proyecto de una Suma ateológica (1950). Hace una breve historia del ateísmo, reivindicando la herencia de la Ilustración, pero proponiendo recuperar a autores menos conocidos y más radicales, como el barón Holbach, en contraste con otros autores ilustrados que más bien habrían propuesto un laicismo deísta. Se detiene inevitablemente en Nietzsche, pero expone a continuación un cierto fracaso del proyecto más radical de Nietzche en su superación del nihilismo y la pervivencia del cristianismo en las sociedades occidentales, incluso en las formas de un ateísmo cristiano. Onfray se decanta por luchar contra esos restos de ideología cristiana en el ateísmo contemporáneo. Y aquí es donde se introduce una de las denuncias más certeras del libro: la persistencia de una concepción del cuerpo escindido y jerárquicamente constituido por una parte mental (o espiritual), que se prioriza, y otra orgánica (o carnal), que se desprecia como baja, grosera o pecaminosa.

El objetivo de la ateología, como el autor explicita al final de esta primera parte, es crear las condiciones para proyectar una política más fascinada con la pulsión de vida que con la pulsión de muerte y afirmar una intersubjetividad no dominada por la mirada divina. Para ello se propone hacer una crítica en tres niveles: 1) desconstruir los tres monoteísmos y mostrar su base común, el odio a la vida; 2) desmitificar el cristianismo (el judeocristianismo y también el Islam); 3) criticar la teocracia o los regímenes políticos basados en las religiones.

En el capítulo sobre el monoteísmo insiste en la descripción del pensamiento religioso como aliado de la muerte, explica cómo la religión construye su discurso desde el miedo a la muerte que, paradójicamente, desarrolla como un miedo a la vida y como una prohibición de la vida, que se manifiesta en dos grandes odios: el odio a la inteligencia y el odio a la corporalidad. Una de las aportaciones más interesantes de Onfray es la identificación de ese odio a la sexualidad y el placer, que en las religiones monoteístas se traslada a un odio a las mujeres como enemigas de la bondad masculina. La negación del cuerpo se hace en beneficio de una idea de pureza. La negación de la inteligencia se hace en beneficio del control del saber por parte de las jerarquías religiosas (de ahí la memorización, la repetición, etc.). Y a la realidad cognoscible y practicable se oponen realidades imaginadas, que tienen consecuencias nefastas para la vida. Onfray concreta algunas de ellas: la conversión de la mujer en ángel, la negación del placer sexual mediante la mutilación, la promesa de vidas futuras mediante la negación de la presente.

La tercera parte es una crítica histórica del cristianismo: de su origen, su desarrollo y de su Iglesia. Tras observar algunas imprecisiones y contradicciones del Evangelio, la crítica más fuerte de Onfray se produce al calificar este libro como “performativo”: “Para decirlo en términos de Austin: la enunciación crea la verdad. Los relatos de los Testamentos no se ocupan en absoluto de la verdad, lo verosímil o lo verdadero. Revelan, más bien, el poder del lenguaje, el cual, al afirmar, crea lo que enuncia.” (137) Pero la crítica más virulenta de Onfray se dirige contra Pablo de Tarso, “el histérico”, a quien describe como un personaje acomplejado, bajo, calvo, barbudo, afectado por una enfermedad, que desarrolla un odio a sí mismo que se traduce en un odio al mundo. Ese odio al mundo se concreta en un odio a la carne y al cuerpo, en un elogio de la mortificación y la esclavitud y en un odio a la inteligencia. Pablo crea el catolicismo que con el tiempo daría lugar a lo que Onfray califica como el primer estado totalitario de la historia tras la adopción del cristianismo por Cosntantino como religión oficial. A continuación da una serie de datos de las atrocidades perpetradas por el poder real cristiano a lo largo de la historia.

En la cuarta parte habla del poder real, de lo que llama teocracias. Comienza con una nueva crítica del Libro y en las utilizaciones perversas que se han hecho de él, incluida la que hizo Hitler. Critica la pulsión de muerte presente en la Biblia y en el Corán, la justificación que ambos hacen de las guerras. Denuncia el apoyo a guerras reales, la complicidad del cristianismo con el nazismo, o el apoyo del cristianismo a los genocidios cometidos durante las colonizaciones y los atentados a los derechos humanos que justificaron.

Finalmente, hace una crítica del islamismo, insistiendo en su dimensión más sangrienta. Sostiene la imposibilidad de entender los preceptos islámicos al margen del contexto social y geográfico en que surgieron y acaba calificando esta religión como “arcaica”. Y concluye con la propuesta de un laicismo poscristiano, en defensa de los valores de la Ilustración, y en defensa de una convivencia liberada del sustrato ideológico religioso.

Lo más válido de este Tratado es aquello que propone en positivo: su defensa de una política de la vida y la liberación del ojo que vigila, representado en las iglesias y en los poderes reales que se apropian de la verdad trascendente. Son divertidos los ataques furibundos que realiza, especialmente su ataque a Pablo de Tarso, fundador del catolicismo, que puede tener o no un rigor histórico pero que indudablemente corresponde a una psicología muy extendida en el ámbito de la Iglesia católica. Y también es importante recordar la complicidad de las religiones con regímenes totalitarios y su silencio ante múltiples casos de genocidio. Más allá de la precisión histórica, están apuntando a una verdad: las religiones no son una garantía de moralidad, de mantenimiento de valores. Uno de los grandes miedos de muchos ciudadanos el miedo al nihilismo. Con el argumento de que la educación religiosa sigue siendo la única garantía de mantener una base ética, padres no creyentes siguen enviando a sus hijos a clases de religión y aceptan las liturgias que consagran los cambios sociales: bautismo, matrimonio, funeral. Pero lo cierto es que el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, y especialmente ésta última, que es la religión que más poder real ha tenido, han sido cómplices de los mayores crímenes contra la humanidad. ¿Qué garantías hay de que una Iglesia con esa historia pueda ofrecer una ética más positiva para la humanidad que la ética que pueda proponer los ateos? El miedo al nihilismo, a la vida sin valores, es un miedo históricamente injustificado.

Pero Onfray va más allá: no admite la posibilidad de un cristianismo laico, ni siquiera de un laicismo que conserve algunos principios éticos del cristianismo. Y ésta puede ser una de las propuestas más problemáticas. Es cierto que deben ser criticados y denunciados los idealismos subyacentes que siglos y siglos de dominación cristiana han infiltrado en el ordenamiento público, y especialmente, como Onfray observa muy acertadamente, en relación con la corporalidad, la sexualidad, la relación entre el placer y el trabajo. Pero no podemos olvidar que el cristianismo sin Iglesia es una de las religiones más avanzadas en la liberación de los hombres respecto a la dominación de Dios. Y que estando de acuerdo en liquidar el cristianismo y la trascendencia, resultaría empobrecedor prescindir de la herencia de quienes, siendo cristianos, musulmanes o budistas, han pensado la convivencia no en diálogo con Dios, sino en diálogo con los hombres y han volcado su práctica al enriquecimiento de la intersubjetividad. Todas las prácticas humanas y todas las tradiciones contienen valores o herencias positivas que hay que identificar tanto como denunciar las negativas. El desprecio general de una religión y los calificativos monolíticos (“histérico”, “arcaica”) pueden ser una táctica necesaria en determinados contextos, pero no una buena estrategia para la aceptación real del ateísmo poscristiano en el espacio público contemporáneo. No se trata de ser condescendientes con el poder real ni con la infiltración ideológica, pero sí efectivos en la búsqueda de aliados en el pensamiento y en la práctica.

No obstante, este libro debería ser de distribución gratuita entre los jóvenes y adolescentes, y estar disponible en las mesillas de los hoteles, junto a las Biblias, Coranes y Evangelios.

Londres 2010

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La libertad y las delicias (2008)

Cuando los fundadores de Legaleón aprendieron las técnicas de los bufones del Rey hace ya más de veinte años, no podían imaginar la vigencia que cobraría en el siglo XXI el arte de la bufonería. Su retorno tiene que ver con la visibilidad cada vez más obscena de modos de opresión del individuo contra los que el bufón visceralmente se rebela. La necesidad imperiosa de reinventar mecanismos de protección de la libertad individual anima a recorrer el único camino que permite discurrir honestamente sobre la libertad de todos. A Voltaire, descendiente ilustrado de los bufones barrocos, el camino le condujo a Ginebra, donde, citándose a sí mismo, exclamó: “¡Oh qué feliz siglo este siglo de hierro!”. Y es que la libertad, como hace doscientos cincuenta años, sigue siendo accesible a los individuos dispuestos a dar un paso al lado (aunque ese paso, en ocasiones, obligue a saltar un par de fronteras). Con humor incombustible, y con una razón cada vez mayor pero amasada por los rebeldes sesenta, L’Alakran practica la indisciplina de los bufones e invita infatigablemente al espectador a sumarse a ese anarquismo cálido que desde la escena (o desde la sala) defienden.

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Conferencia pronunciada en el Festival BAD, Bilborock, Bilbao, 22 de octubre de 2008