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Cuerpos Ajenos. Ensayos sobre ética de la representación (2017)

Con este título se ha editado en España el libro Ética y representación, publicado previamente en México.

   

«“Poner el cuerpo” es una decisión ética que abre una acción política. “Poner el cuerpo” es un acto de libertad».
Estas palabras podrían condensar cuanto en este ensayo se dice de la confluencia entre ética y representación en las artes escénicas, el cine y la literatura.

José A. Sánchez comparte sus ideas en torno a una serie de asuntos neurálgicos relativos a los mecanismos con los que se construye hoy la ficción: ¿qué significa representar?, la sinceridad, la violencia, la memoria, el humor, la fascinación del mal, el cuidado, o bien, qué incomoda más la poesía o el documento… Reflexiones y preocupaciones que el autor va devanando en capítulos que pueden ser leídos en secuencia o en el orden que se prefiera.

Cuerpos ajenos traza así un relato crítico de la historia de las artes escénicas, la literatura y el cine a partir de la obra de creadores como Angélica Liddell, Yuyachkani, Las Yeguas del Apocalipsis, Roberto Bolaño, Rabih Mroue, Waalid Raad, Susan Sontag, Albertina Carri, Basilio Patino, Apichatpong Weerasethakul o Mapa Teatro.

«Alguna vez Foucault dijo que debía estarse ahí donde surgen las ideas, donde estallan con toda su fuerza, y eso constituye esta obra de José A. Sánchez: la oportunidad de asistir al estallido de propuestas no sólo de Iberoamérica, sino también de Asia, Europa y países árabes en una reflexión sobre prácticas escénicas que ofrecen maneras desafiantes y relevantes de examinar o responder a problemáticas sociales de las últimas décadas.»   Leticia García Urriza

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Ética y representación (2016)

La posibilidad de una ética de la representación implica, en primer lugar, el reconocimiento del artificio que toda representación conlleva, es decir, aceptar que las representaciones no son contrastables con criterios de verdad, y que el sentido de las representaciones radica en su utilidad. Pueden ser útiles en cuanto medios de conocimiento, en cuanto medios de manifestación de realidades invisibles, en cuanto juegos o divertimentos, en cuanto generadoras de placer estético o en cuanto instrumentos para la creación de comunidad.”

Con rigor conceptual y argumentativo, pero con un formato interesante y ligero (43 capítulos breves que pueden leerse por separado, en el orden que interese al lector o en un orden propuesto por el autor, distinto del consecutivo, para seguir el hilo de ciertas temáticas), José A. Sánchez presenta, desde diversas perspectivas, aspectos clave de la intersección entre ética y representación en la práctica escénica actual.

Alguna vez Michel Foucault dijo que debía estarse ahí donde surgen las ideas, donde estallan con toda su fuerza, y eso constituye esta obra de José A. Sánchez: la oportunidad de asistir al estallido de propuestas no sólo de Iberoamérica, sino también de Asia, Europa y países árabes en una selección y reflexión sobre prácticas escénicas que ofrecen maneras desafiantes y relevantes de examinar o responder a problemáticas sociales de las últimas décadas.

Juicio al Señor Antonin Artaud (2015)

Revista de Occidente nº 405. Febrero 2015

El señor Antonin Artaud quiso destruir el teatro para que aconteciera la vida. Quiso expulsar del teatro a los actores que hacen como si fueran otros para que sobre el escenario actuaran solo quienes realmente creen ser ellos mismos. Quiso expulsar también a los literatos, pues sus palabras concebidas en soledad reprimían los gritos e inmovilizaban la carne. Pensó que nada podría salvar el teatro de su tiempo, porque la podredumbre lo corroía. E imaginó un futuro en que los actores europeos aprenderían a desprenderse de su egoísmo para practicar la crueldad de los balineses, ese rigor necesario para manifestar lo divino. Se propuso con tal fin desarrollar un atletismo afectivo que les permitiera realizar directamente la puesta en escena sobre el escenario, sin la tiranía de autores ni de escenógrafos. Esos actores, poseídos por una lucidez emanada de su hígado, ya no representarían, sino que harían visible y audible, con sus voces y sus gestos, el único drama que para el señor Artaud merecía la pena vivir y del que derivan todos los otros dramas: el conflicto entre el yo y el no yo, entre la carne y el espíritu.

Podría haber expresado sus críticas de manera correcta. No tenía por qué ofender a los autores dramáticos. ¿Por qué llamarles cerdos? Si de verdad quería cambiar el teatro, tendría que haber sido más prudente. Pero el señor Artaud fue imprudente, dijo las cosas sin disimulos y sin miramientos. Se declaró enemigo del teatro y quiso privarlo de dignidad para convertirlo en un negocio de cuerpos. A los directores los llamó idiotas, locos, invertidos, gramáticos, tenderos, antipoetas, positivistas por someter la puesta en escena y la realización escénica al texto? El señor Artaud debe saber que, sin ser la mayoría, siguen siendo los más respetados, los más queridos y en consecuencia los mejor pagados. Por algo será. Y no cabe el argumento de que sirven al poder, porque no siempre es así. Conozco a directores y dramaturgos muy críticos, que se la juegan desde sus sillones, e son incluso honrados con premios que les conceden sus compañeros de profesión, aunque los reciban de manos de los poderosos.

Je suis l’ennemi / du théâtre. / Je l’ai toujours été. / Autant j’aime le théâtre.

Inicio del texto publicado en Revista de Occidente como parte del monográfico “El arte y el mal”, coordinado por Fernando Castro Flores

Descargar texto completo: Juicio al señor Antonin Artaud

Etica de la representación (2014)

El presente artículo se funda en la pregunta de si acaso la representación admite o no una ética. Examinando las tensiones entre ambos conceptos, que a primera vista parecieran irreconciliables, el texto propone pensar en una ética de la representación en la esfera donde la política y las artes se entrelazan. Desde el terreno de las artes escénicas, en específico, se sugiere que el conflicto entre ética y representación parece distenderse cuando los creadores ponen (literal o metafóricamente) el cuerpo en escena e invitan a los participantes en el acontecimiento escénico a asumir cierto riesgo. por la relación real de los cuerpos sobre el escenario. El poner en cuerpo tiene una dimensión tanto práctica, como ética y política. En este marco, la relación entre representación y ética precipita el desplazamiento de la obra a la práctica artística y de una ética de la representación a una ética del cuerpo.

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Publicado en Apuntes de Teatro (Santiago de Chile) nº 138, pp. 9-25.

 

Published  in English in the book:

Practising the real on the contemporary stage (2014)

 

Publicado en italiano en traducción de Davide Carnevali:

Stratagemmi Prospettive Teatrali n º 35, pp. 55-78.