Archivo de la categoría: Poesía 2019-20

Poemas

ANDREA ESPADAS UREÑA

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OJALÁ

Ojalá y todas las desavenencias, trifulcas, discusiones y tristezas se quedasen enterradas en el pasado y no aflorasen en bares, tiendas y escaparates que me recuerdan que preferiste ser memoria y destrucción de ilusiones.

Ojalá y este dolor que tengo aquí en el pecho no existiera o lo que le da cabida no tuviera razón de ser en la voluptuosidad de este cuerpo que se ha olvidado de tu nombre, pero no lo de lo que este supone.

Ojalá y poder borrar las huellas que dejaste en los recovecos de este pozo profundo, retumbante y sonoro que lucha por dejar de albergar los ecos de tu imagen.

Ojalá y el olor de tu perfume pudiera distorsionarse por la distancia, de igual modo que el viento del sur y el Mediterráneo lo han hecho con tus palabras.

Ojalá y dejar de recrear el contorno de tus labios susurrándome que lograste resurgir de añejas tierras y dejar de ser un trozo de tela rasgado gracias a mí.

Ojalá y el espejo en el que me miro dejase de devolverme un reflejo en el que mis ojos son los tuyos y las manos que acarician este cuerpo ausente no supieran al tacto de tu piel.

Ojalá y el Muelle de San Blas no me trasportarse a la tarde florentina en la que adquirí conciencia de que ni se necesita muelle ni tampoco un barco zarpando desde Nayarit para morir de amor por ti.

Ojalá no haber sido la Meryl Streep de Los puentes de Madison y haber podido entregarme en plenitud al egoísmo y complacencia de la carne sin remordimiento alguno, dando rienda suelta al lado más animal que invita al goce.

Ojalá y no fuera la lluvia la que me ahoga entre sus brazos sino tú, con tu cabello y mirada salvajes.

Ojalá y la tinta que te escribe no brotara de mis lágrimas sino de la pluma que complacido me entregaste.

Ojalá no permanecieses en el olvido por mantenerte en el recuerdo; ojalá pudiera abandonar esta lucha de la que me siento vencida y en la que me veo sumida por tu mirada constante; ojalá no verte tanto, ojalá no verte siempre, en todos los segundos, en todas las visiones…

Ojalá que ese ojalá de Silvio Rodríguez no te toque ni en canciones.

ANDREA ESPADAS UREÑA

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SIN TÍTULO

En el ocaso que disuelve los días
y la luz de antaño en el reposo marmóreo,
un hálito de labios jóvenes y Cavafis
alumbran de esperanza esta sangre confundida.

¡Qué adorable tentación tenerte a la hora puntual,
entregada a un nombre que abriste al sueño!
Aquí tengo el azul sucesivo de los ojos
que te miran negociando su entrega,
con óxido alegre en las arterias de la memoria,
para nacer de nuevo en tu cadáver precoz,
cuya muerte de delicada humedad en las ingles
sigue traicionando a la sombra como boca inagotable.

Con olor a sur en las entrañas, aquí descanso,
en tu noche transparente y con estrellas pensadas,
denunciando a la soledad en el espejo
cuando tú, de vidrio gentil y casi ilícito,
sorteas el mundo con labios soberanos.

RUBÉN ALONSO

∇∇∇

24601 recuerdos y olvidos

Recuerdo el mar de la playa.
Recuerdo los versos que mi abuela cantaba,
las coplillas de mi abuelo
y los edificios de mi querida Barna.
Recuerdo hasta seis decimales del número pi,
pero no recuerdo a mis primeros amigos.
Recuerdo el estribillo de «Je veux»,
pero he olvidado mis versos favoritos de Bécquer.
Jamás olvidaré el primer beso
ni el verso que escribí cuando lo vi.
He olvidado mi relato favorito,
pero puedo recitarte otros de memoria.
No recuerdo el nombre de la gente,
pero puedo olerles en mi mente.
He olvidado qué es moverme por Barcelona,
pero jamás olvidaré los 734 kilometros que me separan de ella.
He olvidado las normas de acentuación
y hasta la tercera declinación,
pero jamás olvidaré el 24601 de Los Miserables.
Olvido las contraseñas de casi todo,
pero jamás olvidaré mi discurso de graduación.
Recuerdo la playa helada de las costas gallegas,
pero he olvidado todos los pasos que di.
No recuerdo haber empezado a andar
ni las primeras palabras.

Recuerdo leer por mi abuela
y recuerdo leerle las cartas a mi abuelo.
Recuerdo verle en el museo
y recuerdo verle llorar.
Recuerdo las últimas veces que los vi.
Recuerdo la tristeza de perderlos,
pero cada vez su recuerdo se desdibuja más.
Siempre recordaré quererlos.

Hay mucho que recuerdo y mucho que olvido.
No son cincuenta ni doscientas cosas,
y mucho menos las 24601
pero con todas ellas, soy y siempre seré.