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esCENAS TEATRALES 2019-2020

RUBÉN ALONSO

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(El escenario es una escena de París, hay una baranda que da al río, una pareja se sitúa frente a ella. La chica va muy bien vestida, pero el chico lleva ropa menos formal, en un lateral hay un coche negro y un señor sentado en él. ARTISTA está situado más cerca del público, pero de espalda. Se escucha el sonido de una cámara. La pareja se mueve molesta y el hombre del coche sale de él, pero se congelan y un foco alumbra al ARTISTA, mientras que el resto quedan en penumbra).

ARTISTA: (Se gira al público). Este fue el inicio del fin, como tantas veces se ha dicho. Era un fotógrafo, no de demasiado renombre, pero sí había dado mis pinitos por aquí y por allí, alguna revista importante, algún medio rico que me llamaba para su boda. (Suelta un suspiro. Se mete las manos en el bolsillo de la chaqueta y mirando al público suelta poco a poco la arena que tendría dentro). Pero todo eso ahora es solo olvido. Miradme, aquí plantado frente a mi obra maestra. La foto perfecta. La pareja quieta, sorprendida ante mi acto. Me miran molestos (Los señala), pero no entienden que han servido a un bien mayor. No. No. (Se mueve por el escenario incómodo. Hay algo que quiere decir, pero no sabe cómo). No. Desde luego que no ha sido para un bien mayor. Ha sido mi muerte.

(La pareja y el hombre del coche empiezan a quitar todo el decorado y se sustituye por una mesa con una máquina de escribir y material de escritura.

El ARTISTA sigue hablando mientras esto sucede).

ARTISTA: Dulce pensamiento traemos las personas, dueñas nos creemos de todos nuestros movimientos, de todas nuestras decisiones. Ya dijeron que polvo somos y en polvo volveremos. He pensado en aquel día desde que hui, apresurado, ante las amenazas de unas personas ingratas. Pero ahora me siento en mi escritorio (Mientras se dirige a la silla y se sienta), frente a esta inútil máquina de escribir (Empieza a teclear palabras) incapaz de escribir por sí misma mientras yo deseo perderme entre los licores de la vida que ya no tengo (Da un trago largo a una botella de alcohol que hay en la mesa). Preguntarme quién soy o qué es la vida o si la muerte es vida sería redundar en otro ejercicio, en otra obra de luces y sombras. No. Tengo claro que la vida ha sido siempre vida y que la muerte ha sido mi última estación. Ahora solo puedo quedarme encadenado en unas palabras que ni siquiera sé cómo decir. (Se pone de pie, pero apoya las manos sobre el escritorio). ¡Qué triste es la vida! ¡Qué triste es la muerte! Sin esperanzas deja al artista y al poeta que narran en versos profanos la historia de hombres necios. No menos necio fui yo. No menos engañado por palabras de belleza e idolatría estuve yo.

(Se apaga la luz un segundo y se ve la proyección de la fotografía de París. Un foco ilumina al artista, pero tiene menos fuerza).

ARTISTA: He aquí mi obra, he aquí lo que yo he creado. Pero ella me mira. Me mira y se pierde entre mis manos como la arena y el polvo. Se pierde entre mis manos como las babas del diablo que persigo vislumbrar, se pierde como lo efímero del reloj. (Suspiro con pesadez. Está cansado, pero a la vez siente cierto miedo. No termina de acercarse a su foto. La proyección cambia de vez en cuando). ¡MIRADLA! Mirad a esta hija indeseada, a esta promesa. Yo la capturé en el momento de su nacimiento, yo la hice, yo la vi nacer. En ese día, en esa escena, en ese paraje. ¡Miradla! Encerraos vosotros conmigo en esta cárcel de la que no soy capaz de salir, entre estos barrotes de la no vida. (Se sienta de nuevo en el escritorio e intenta de nuevo escribir. Pero no lo consigue y acaba por tirar los papeles). ¡Por qué es este mi castigo, mi pena!

(Entra OBRA DE ARTE. Va de negro y lleva una máscara).