Relato a partir de un inicio dado (2017-2018)

ANDRÉS CASTELLANOS GALLEGO

Conocí a Dean [Swolmon] poco después de que mi mujer y yo nos separásemos. Acababa de pasar una gran enfermedad de la que no me molestaré en hablar, exceptuado que tenía algo que ver con la insoportable separación y con mi sensación de que todo había muerto. Tampoco me detendré en relatar el momento en el que le vi por primera vez, pues lo he olvidado, lo que revela la poca importancia real que tuvo. Lo que sí remarcaré es que nunca había conocido a nadie como él: un tipo atractivo, alto, atlético, seguro de sí mismo, alguien en quien se podía confiar… Lo que comenzó siendo una relación de simple cordialidad acabó desembocando en verdadera amistad y me permitió conocerlo mucho mejor. Quedábamos en el bar Monster cada día, a eso de las ocho de la tarde. Dean me contaba que la rutina le oprimía cada vez más y que estaba deseando salir, alzarse contra todo y contra todos, “sentir la fucking vida”. Esa mezcla de español e inglés era muy típica de Dean Swolmon, especialmente con cualquier sustantivo que se pudiera adjetivar con fucking.
Yo apenas hablaba, salvo para pedir las cervezas o la cuenta. A veces pensaba en Kathy y en cómo rechazaría a una persona como Dean, pero me encantaba escucharle y contagiarme con aquellos deseos de libertad. Agobiado y deprimido como estaba, las charlas con Dean elevaban mi ánimo de forma sorprendente. Realmente me sentía capaz de desafiar a toda injusticia que me rodeara. Esto fue lo que me llevó a aceptar las primeras propuestas de rebelión de Dean.
-Vamos a hacer un fucking simpa. Saca la llave y píntale una polla al nuevo descapotable del desgraciado de tu jefe. Pasa de las pastillas hoy, no las necesitas, que ningún matasanos te diga cómo tienes que morir. Llama y di que hoy no vas, que te has cogido una fucking gripe del copón. Mira a esa piba, lánzale un piropo, a ver si hay suerte. ¡Pero no seas burro, capullo! Vámonos del súper sin pasar por la fucking caja. ¡Corre, coño, corre! ¡Agarra bien los fucking huevos!
Parecíamos dos críos recién salidos del instituto, de los que creen que se van a comer el mundo cuando este ni siquiera ha enseñado sus dientes. Pensándolo fríamente, hacíamos gilipolleces, ninguna de ellas era de especial relevancia. A Kathy no le hubieran gustado nada, pero lo pasábamos bien. Por eso creo que cuando Dean Swolmon me puso una pistola en las manos, apenas fui consciente de lo que iba a significar.
-Te dicen que les des tu dinero y luego no vuelves a ver nada -me susurraba mientras terminaba de afeitarme-. Te prometen un paraíso creado por sus fantasías de mierda y eres tú quien tiene que comer estiércol mientras esperas, siempre esperas. Que le den al fucking mundo.
Y yo tan solo respondí mecánicamente: “Que le den al fucking mundo”.

Cuando la policía llamó a Kathy para informarle de que su ex marido, Ned Monslow, había sido detenido por intentar atracar un banco, ella apenas se sorprendió. Tampoco lo hizo cuando le preguntaron por Dean Swolmon, al que no se había localizado y quien, según su marido, había sido el cerebro de la operación.
-¿Conoce al señor Swolmon? -le inquirieron- ¿Tiene idea de dónde puede estar?
-Claro que lo conozco -contestó Kathy, al tiempo que gemía ligeramente al pasar de la cama a la silla, que emitió un sonido metálico y estridente de queja al recibir su cuerpo-. Me casé con él.