Imágenes olvidadas y veneradas

En la Edad Media, el culto a la Virgen María conoce un esplendor extraordinario en toda Europa. En la península Ibérica, en el contexto de la conquista cristiana, las órdenes militares comenzaron a venerar a María como abogada en sus empresas. Afortunadamente, la provincia de Ciudad Real atesora algunas de estas imágenes medievales, en posición sedente, con el niño Jesús en su regazo.

Virgen de las Nieves (Montiel), Virgen de Villajos (Campo de Criptana) y La Porterita (Ciudad Real)

La Virgen de las Nieves de Montiel, la “Porterita” de Ciudad Real y la de Villajos de Campo de Criptana son esculturas exentas, talladas en madera policromada. Las tres presentan características tardorrománicas como el hieratismo, la frontalidad y la rigidez. No obstante, encontramos de manera incipiente ciertos rasgos naturalistas que marcan la transición al gótico, con un afán de humanizar el icono sagrado.

En todas ellas, María aparece en majestad, como trono del niño. Esta iconografía procede del arte bizantino: un modelo llamado Theotokos, que significa “Madre de Dios”. Este fue desarrollado a partir del Concilio de Éfeso en el año 431, donde fue proclamada la Maternidad divina como dogma de fe, lo que significa que María no solo sería venerada como madre de Jesús, sino como Madre de Dios. De esta manera, la Theotokos porta en su mano derecha la esfera terrestre, una fruta o una flor. Por su parte, Cristo niño bendice con la diestra, mientras con la izquierda sujeta el Evangelio o el orbe. Madre e hijo pueden aparecer coronados, aunque algunas coronas fueron sustituidas posteriormente por otras de orfebrería. Asimismo, es habitual encontrar restos de policromía y estofados, si bien muestran intervenciones posteriores.

La imagen que ha sido menos alterada por el paso del tiempo es la hallada en 1982 en el santuario del Cristo de Villajos, en Campo de Criptana, durante unas obras de albañilería. La Virgen había sido introducida en la pared, a la altura del coro de la iglesia. También se encontraron dos esculturas de menor tamaño, conservadas en el Museo Diocesano de Ciudad Real, cuyo estado fragmentario ha impedido su identificación iconográfica.

La ermita actual fue construida en el siglo XVII sobre un templo precedente, registrado en las Relaciones Topográficas de Felipe II como “un sitio donde está la Señora de Villajos”. Probablemente, la devoción a un Cristo crucificado arrinconó el culto de la imagen mariana, que fue retirada y escondida a los pies de la iglesia.

Virgen de Villajos. Campo de Criptana

La Virgen de Villajos se debió realizar entre los siglos XIII y XIV, ya que la aldea fue repoblada de forma definitiva en 1214 por la Orden de Santiago. Además, los estilemas corroboran su hechura en este lapso de tiempo. En cualquier caso, hablamos de una época muy avanzada del románico. Deteriorada y con faltas en la policromía, fue restaurada por los hermanos Cruz Solís en Madrid. En la actualidad, se venera en la capilla sacramental de la iglesia parroquial de Campo de Criptana.

Esta obra constituye una verdadera anomalía, puesto que su ocultamiento ha impedido que fuera modificada con el paso del tiempo. De hecho, a partir del siglo XVII, la mayoría de las vírgenes medievales se adaptan al gusto barroco, un hecho propiciado por una renovación de la devoción popular. Y es que entre 1545 y 1563 tuvo lugar el Concilio de Trento, una ofensiva hacia la Reforma protestante, en cuya última sesión se valoró el poder de las imágenes como vehículos a la divinidad. Si Lutero negaba el culto a María y rechazaba la veneración de los iconos, la Reforma católica consolida más aún estos ritos. La reafirmación de la Iglesia de Roma coincide con los siglos del Barroco, donde las nuevas obras de arte son concebidas como propaganda al servicio de la fe. Asimismo, antiguas tallas son intervenidas y se les añaden ropajes y orfebrería, con vocación de familiarizar más aún la imagen sagrada con el fiel. En la provincia de Ciudad Real se conservan algunas tallas románicas que fueron adaptadas al nuevo gusto: la Virgen de las Cruces de Daimiel, la de Oreto o Zuqueca de Granátula de Calatrava y la de la Antigua de Villanueva de los Infantes. Aunque su estado primigenio de todas ha sido alterado, sí ha perdurado su devoción a lo largo de los siglos.

Paradójicamente, algunas vírgenes han sido devueltas a su aspecto prístino, en un proceso de restauración nunca exento de polémica. Otras han sido intervenidas para reparar los avatares que han sufrido con el paso de los años. La Virgen de los Mártires, por ejemplo, fue recuperada a partir de los fragmentos de la primitiva efigie de mármol dañada en 1936. Con todo, las vírgenes medievales de la provincia de Ciudad Real son imágenes de devoción, veneradas u olvidadas, cuyas tallas, más o menos modificadas y restauradas, son testigos parlantes de sus propias peripecias históricas.