La vida en su remolino de cambios nos presenta situaciones y vivencias que a veces nos dan la vuelta del revés y nos dejan mirando para otro lado, pero depende de cómo lo interpretemos y la actitud que adoptemos nos influirán o no. Es decir, te ocurrirán cosas, pero lo importante será cómo dejarás que te afecten.

No hay mejor ejemplo que la situación que estamos viviendo actualmente, ha cambiado estructuras, formas y modos en todos los aspectos de una persona. Pero resultado y consecuencias serán distintas dependiendo de lo que leamos entre líneas. Por lo tanto, parece que por suerte o por desgracia somos dueños de nuestras decisiones, estamos solos con la inmensa responsabilidad de escoger como interpretaremos, sentiremos y actuaremos ante lo que nos suceda.
Cuando te sientes mal por algo que el destino pone en tu camino, por alguna cuestión que te ha sucedido en el trabajo, que te han dicho en tus prácticas o te ha hecho alguno de tus compañeros de clase, todo alrededor se va contaminado de ese malestar y llegando incluso a anclarse en nuestros pensamientos y emociones haciéndonos la vida más difícil. Es decir, que un hecho concreto aislado afecta a toda nuestra existencia ¿crees que tiene la suficiente importancia como para que influya en nuestra vida de manera tan poderosa? ¿consideras que puedes solucionarlo y por tanto gestionar mejor tus pensamientos, emociones y acciones?… Tal vez es el momento de replanteárselo y tomar cartas en el asunto.
Para ello te sugerimos ciertos consejillos que te pueden servir para hacer esos cambios, pero no olvides que el primer paso es querer y proponérselo para llegar a hacerlo:

1. Si no puedes modificarlo, CAMBIA TU.
Muchas veces es tremendamente difícil cambiar las circunstancias y la forma de actuar y pensar del de enfrente. Por eso si no tienes opción, cambia tu. Puedes pensar que es injusto, pero la otra alternativa es seguir como estas, pasándolo mal y aguantando. Es un proceso de cambio lento pero seguro, las primeras veces serán difíciles, pero poco a poco te verás reforzado por la propia sensación de control y bienestar.

2. La ACTITUD el componente mágico.
Este ingrediente en cualquier faceta de tu vida mejorará la receta. Pero para que tenga el efecto que esperamos no solo hay que tener la intención, sino hay que creer en ello y luego pasar a la acción. Si falla alguno de estos tres factores la actitud no modelará de la forma que deseamos las circunstancias o vivencias que a las que queremos enfrentarnos. Merece la pena ponerle “actitud positiva a la vida”. Trabájalo y no seas demasiado duro/a contigo mismo/a.

3. Aprende del gran maestro, el ERROR
Tenemos una tendencia general a ocultar y avergonzarnos de nuestros errores, cuando son los que verdaderamente nos enseñan y nos ofrecen la oportunidad de mejorar. Busca en los errores del pasado aquellos que te hayan ayudado a cambiar y esos otros que que se quedaron como una cicatriz marcándote por no querer sacarlos a la luz, analiza que te han aportado. Y para darte el último empujón ¿conoces a alguien que no se haya equivocado nunca?

4. Dale descanso al CONTROL
Hay aspectos que queramos o no se nos escapan de control, ya que la vida nos pone límites, además, las cosas no salen siempre como queremos. El tratar de tener el control de todo lo que sucede en tu entorno agota, tanto que no eres consciente de ello hasta que sientes la maravillosa sensación de dejarlo de tener. Prueba hacerlo, vivirás más tranquilo/a y podrás dedicar tus esfuerzos a otras cuestiones que sean más productivas para ti.

5. Aléjate de lo negativo, céntrate en lo POSITIVO
A veces, sin ser conscientes de ello, tenemos a nuestro alrededor personas, ambientes y relaciones tóxicas que nos impiden o dificultan avanzar, vivir e incluso “respirar”. Es el momento de poner distancia con aquello que nos “trae mal rollito” y conectar con eso que nos hace sentir bien, nos refuerza y hace que ofrezcamos nuestra mejor versión al mundo.

6. A la caza de los malos PENSAMIENTOS
Acostúmbrate a detectar y detener aquellos pensamientos que empiezan como una pequeñísima nube en nuestra cabeza a la cual no se le da mayor importancia y poco a poco se va haciendo cada vez más grande y gris, convirtiéndose en un nubarrón que se va enganchando a otras nubes de mayor tamaño, llegando a obnubilar nuestro pensamiento y desembocando en un tornado imposible de detener y obligándonos a aguantar el tormentón. Pero si por el contrario ante el primer pensamiento raro tomamos medidas y cogemos el paraguas las botas de agua y el chubasquero, estaremos preparados y podremos gestionar y modificar esas ideas. Por eso cuando aparezca un pensamiento negativo actúa rápidamente transformándolo en una idea razonable y aceptable.

7. Quiérete, PROTEGETE
Recuerda que nada de esto tendrá valor si realmente no consideras que te merece la pena y que lo importante eres tú. Conócete, cuídate, déjate llevar, valórate, se justo/a contigo mismo, siéntete bien con lo que eres y date el lujo de ser lo que quieras.

Todo lo que te molesta de los demás es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”. SIDDHARTA GAUTAMA BUDA