Cuando uno se enfrenta por primera vez o tiene poca experiencia, en realizar entrevistas de trabajo uno de los aspectos que más nos inquieta son las llamadas “preguntas difíciles”. Pero ¿en realidad existen un grupo de preguntas que son difíciles? ¿depende de la valoración del candidato? ¿siempre se plantean estas preguntas en esta prueba selectiva? … A través de esta entrada resolveremos estas cuestiones que nos ayudarán ahuyentar las dudas e inquietudes con respecto a este tema.

En una entrevista de trabajo valorarías estas preguntas como difíciles: “¿Qué estarías dispuesto hacer por lograr este puesto de trabajo?, ¿Trabajarías si no tuviera que hacerlo?, ¿Describe la situación más difícil a la que te hayas enfrentado en los últimos meses?, ¿Cuál es el sueño de su vida?, Si te despiertas una mañana con más de 1.000 emails por responder y sólo puedes responder 300, ¿cuáles responderías?, ¿Podrías nombrar una marca que te representara a ti como persona?, etc.,. Seguramente habrá diversidad de opiniones en función de la experiencia y vivencias de cada uno en este tipo de prueba. Tal vez, para resolver esta cuestión deberíamos empezar por lo más elemental, ¿qué es una pregunta difícil en una entrevista? Desde nuestro punto de vista, realmente depende de la perspectiva y percepción de cada uno; serían aquellas que nos hace sentir incomodos, que son inesperadas, que como se dice cotidianamente “nos descoloca”, esas que hace que nuestro cerebro funcione al 200% tratando de encontrar una respuesta adecuada, o al menos una respuesta. Eso no quita, que posiblemente exista un grupo de cuestiones que para la mayoría se puedan clasificar como difíciles por el cariz que tiene o por lo que implica su respuesta.

Claro, ante esto que acabamos de exponer, pensaremos que no podemos prever qué preguntas nos resultarán difíciles y cómo contestarlas. Lo mejor es prepararse, confiar en uno mismo y adquirir una competencia comunicativa bastante útil para resolver esta situación, llamada argumentación. De primeras, todos podríamos valorarlo como algo sin mayor problema, que podríamos hacer sin mucha dificultad, de hecho, lo hacemos cotidianamente. ¿Estás seguro? … Te propongo que cojas una cualidad personal y que trates de argumentar por qué consideras que la posees. Seguramente podrás justificarla, con una frase, pero ¿podrías apoyarla en un discurso rico en contenido suficientemente eficaz para expresar verdaderamente esa habilidad? Ahí está la clave, argumentar es exponer razones sobre una cuestión concreta que nos demandan, tratando de justificar o dar validez a tal afirmación, basándonos en nuestro criterio, opinión y conocimientos, por lo tanto, no vale con una simple respuesta.

Ahora posiblemente aparezca por nuestro pensamiento la idea de si somos buenos argumentando y qué estrategias utilizamos para hacerlo. Por si no lo tenéis muy claro, os dejamos seis puntos fundamentales para hacer una buena argumentación:

  • Que el contenido sea sencillo, es decir, decirlo de forma simple, sin usar muchas palabras ni repetir lo mismo.
  • Evita irte por las ramas, sigue en la misma la línea hasta el final. No abandones tu idea principal.
  • Busca tu propio estilo y elabóralo. Te sentirás más seguro porque se adaptará a tu modo de comunicarte.
  • Valora las diferentes opciones de vías argumentales que tienes y escoge la que mejor se adapte a ese momento.
  • Mantén una actitud abierta, exponlo desde una visión flexible, a modo de “esta es mi opinión pero que estoy abierto a otras opciones”.
  • El éxito vendrá de la eficacia y calidad de las razones que avalen esa justificación, no es mejor por basarse en opiniones externas. La fuerza vendrá de nuestra propia seguridad.

Solo hay que trabajar en ello y una vez manejes esta herramienta estamos totalmente convencidos que ya no habrá tantas cuestiones difíciles, sabrás contestar cualquier pregunta, sólo tendrás que buscar y elaborar esa argumentación, ofreciéndoles lo que buscan, información justificada y apoyada en razones sólidas. Por ejemplo, a la pregunta “Si pudieras ir a comer con cualquier personaje histórico, ¿a quién elegirías?”, en principio puede sonar complicada porque primero habría que localizar un personaje histórico del que conociéramos los suficientes datos como para alegar que nuestra elección esta apoyada en razones de peso. Pero si sabemos usar esta habilidad lo importante será escoger cualquier personaje del que sepamos algo y le busquemos un razonamiento lógico y contundente que deje ver claramente el motivo de esa opción (“Colón, porque considero que fue una persona, con altos conocimientos en navegación y geografía campos, que me atraen muchísimo, pero en los que no soy muy experto y podría aprender mucho, con cuantiosas inquietudes que haría que hubiera conversación dinámica y constante, y con vivencias únicas que el conocimiento de éstas supondría para mí una experiencia tremendamente importante, porque conocería ciertos aspectos que hasta los historiadores desconoce”)

Así es que, a partir de ahora no se nos resistirá ninguna pregunta y no nos parecerá difíciles, simplemente “diferentes”.

“No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas” SÉNECA